Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 23 de julio de 2007

Soy Charlotte Simmons

Le recomendé una novela a algunas personas, pero no les gustó. Se trata de una novela larga de Tom Wolfe que se llama Soy Charlotte Simmons. Me la regalaron para mi último cumpleaños y yo, con mi acostumbrada debilidad por las novelas muy largas, me sumergí con placer en su lectura, a pesar de la espantosa traducción gallega de la jerga de los estudiantes norteamericanos contemporáneos, sobre la que fui advertida.

F. me dijo que al comienzo le había gustado, pero que luego se repetía y se repetía más de lo mismo. Creo que fue cautelosa, porque el libro se lo había prestado yo y, por cortesía, no se animó a decirme lo que realmente pensaba: que esa novela era un bodrio o algo por el estilo.
A., en forma coincidente con F., me dijo que, si bien le había resultado entretenida, se parecía demasiado a una telenovela. En palabras de A. eso no es precisamente un elogio. Por el contrario, a mí el género de la telenovela me gusta mucho, al igual que Soy Charlotte Simmons.

Cuenta, sin ahorrar detalles, la historia de una muchacha brillante, aunque bastante ingenua, nacida y criada en una familia pobre e inculta de un pueblito perdido en medio de las montañas, creo que en Virginia, que ansía encontrar su lugar en el mundo por medio del conocimiento. Para ella, todo lo que desea está simbolizado por la exclusiva universidad a la que ingresa, gracias a que es una de los estudiantes más destacadas de todo el país. En cambio, encuentra todo tipo de miserias humanas, tanto en los hijos de los más poderosos empresarios, políticos e intelectuales estadounidenses, como entre los marcketineros deportistas de elite y los jóvenes intelectuales radicalizados y anti sistema. Mucho sexo, poco erotismo; mucho exceso, poco hedonismo y una gran desilusión intelectual.
Creo que mucha gente joven debe sentir y experimentar algo muy parecido a Charlotte Simmons y que esta lectura puede ser más disfrutable, como novela iniciática, para un adolescente o bien, como lectura placentera, para una persona mayor que haya vivido intensamente la juventud. Me atrevo a decir que, aunque en la forma literaria resulte casi antagónico, algo del espíritu de Sallinger esté presente en este texto, como también cierta melancolía de Carlson Mc Cullers y algo de la ironía y la sofisticación de T. Capote también. Sospecho que a quien le haya gustado Dickens durante su infancia, seguramente le gustará esta novela.

1 comentario:

rochi dijo...

A mi me gusta mucho Dickens de adulta....Pero no te veas obligada a prestarme el libro, y luego, no te sientas culpable por no hacerlo!.