Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 30 de diciembre de 2011

Palabras para los lectores de este blog

Los rituales festivos que celebran la terminación del ciclo suelen darnos buenas excusas.
Fin de año, balances, análisis, repasos.
Nada de eso habrá aquí.
Sí un saludo a los lectores de este blog.
En primer lugar, a los que van y vienen pero persisten.
También a los ocasionales, a los que llegan por otro camino y caen en un post, leen dos renglones y se van o hacen una recorrida y ya no regresan.
Algunos son por completo desconocidos. No sé qué encuentran en este espacio, ni siquiera sé si buscan algo.
A todos les agradezco su presencia, su constancia  inconstancia, su intervención y aportes en estos "diálogos" virtuales que completan los retratos, ideas, "cuentitos", impresiones, reseñitas de libros, chismes históricos, recomendaciones de espectáculos, impresiones.
Cada tanto me sorprendo al encontrarme con alguna persona que me dice: yo leo tus Palabrascromáticas. Sigo tu blog. O me dice una frase cómplice de la que fui autora, aunque ya no lo recuerde.  Me pongo medio tonta y pudorosa, y me lleno de alegría de saber que para algún lector/a he sido por un rato compañía.
A ellos y a ellas, ¡feliz año nuevo y ojalá nos sigamos encontrando en estos textos que se escriben solos sin corrección ni prolijidad, sino siempre con la urgencia de los ansiosos! ¡Vivan los  Beattles!

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Un poco de mierda

Imposible negarlo: "todos tenemos que comer un poco de mierda cada tanto" le dice un amigo a otro en la película Fast Food Nation .
Pero claro, a veces uno se cansa.
La mayoría la vamos llevando. Por cierto, nos enfermamos de estrés, melancolía, intolerancia a la injusticia, resentimiento, como sea, que se expresa en adicciones, neurosis y dolencias (me gusta esa palabra, "dolencias", es vieja, pero muy precisa) como el cáncer, la esclerosis, la hipertensión, la artritis, el sida, la endometriosis, la infertilidad (es), el hipotiroidismo, el asma, las infecciones crónicas, la diabetes, la celiaquía, los problemas prostáticos, la obesidad, la anorexia, y un largo etcétera.
El cuerpo y el alma, separados ya por los griegos, (como bien dice E) se chumbean como perros que tratan de amigarse pero se desconfían porque se desconocen.
A veces uno se harta.
A veces se vislumbra el día de furia que amenaza quebrantar los diques, irrumpir bajo la forma de la locura, la ira, la venganza.
Recuerda esa frase y se tranquiliza un poco: no se vuelve loco el que quiere sino el que puede.
Pero a la vez uno se sospecha habitado por mil demonios, maníacos, depresivos, suicidas, asesinos, brutales.
Mira al ciruja que tambalea su borrachera en medio de los colectivos y coches de la gran avenida porteña. Nadie lo registra más que como escoria, marginal, un caso perdido, un loco, un border que ya cruzó la línea.
Fuente imagen
Sus ojos miran si ver, dos globos vacíos, húmedos. Pasan por encima nuestro. Escalofríos. ¿No ha sido también él un niño, un joven, un hombre, con sueños, con derechos, con expectativas? ¿Sus proyectos valen menos que los del señor de la netbook o el turista alemán que lo observan sorprendidos desde la mesa de la cafetería? ¿No son los homeless y los marginales los habitantes de todas las ciudades, los locos del pueblo convertidos en anónimos ejércitos callejeros a los que nadie registra?
¿Será que él simplemente un día se cansó de comer mierda, tanta mierda, se puso incorrecto, dijo lo que no debía, tuvo su jornada de furia, quemó las naves, dejó su palacio-hogar, abandonó a su Penélope, y en el camino naufragó para siempre?
Se acerca con una libretita, huele a alcohol y a pis, y a transpiración y a mugre, y saca de un bolsillo de un saco roído como por las lauchas una birome y con sus dedos retorcidos de artritis y sus uñas largas y negras de suciedad escribe, me mira, me dice: acá anoto todo, todo, todo,todo,todo,todo. Acá anoto los nombres de todos, los que me robaron, los que le robaron a usté, y a ella, y a aquella, y a todos. Todos, todo. De mí no se salvan, por más que esté loco. Me dicen loco, porque anoto todo. Los nombres de todos. Todo todo, para llevárselo al Juez, al de arriba, al que los juzga a todos, a todos, a usté, a ellos, a mí. Hay que portarse bien, por eso, hay que anotar todo y no olvidarse. Todo, todo.
Y yo le digo, esperanzada: decime, si yo te doy un par de nombres, ¿vos no los anotás por mí? Es que yo soy medio cobarde, tengo miedo.
Todo, todos, todo.
Y anota los nombres que yo le digo.
Y ya no los olvidará ni él, ni yo.
Porque a veces uno tiene que empezar a largar algo de toda la mierda que se ha tragado, aún a riesgo de volverse loco.

martes, 27 de diciembre de 2011

Cambios de paradigmas

Sería una tontería, además de una subestimación, analizar acá el sabido asunto de los paradigmas científicos en las distintas épocas.
Aclarado lo cual, sólo diré que como hay formas de interpretar la realidad y entender el mundo, cosmovisiones, de las que no sabemos o supimos nada, o que hemos olvidado, entregados al presente y al pensamiento contemporáneo como el único posible.
Olvidamos los mundos paganos y sus reglas, pese a que algunas de sus festividades populares y sus rituales perduraron hasta hoy, mestizándose con los rituales de otros paradigmas perdidos como los del cristianismo, en sus diversas formas, e incluso con los dominantes de marketing capitalista, todo lo cual podemos reconocer en estos días de Navidad.
Se ha explicado e inexplicado el mundo de tantas formas....
La teoría de las correspondencias retomada por Swedenborg ,   cuya noción más general puede resumirse en la idea de que en el orden natural y humano todo se corresponde con el orden espiritual, tanto sea que se las considere como conjunto como a cada cosa o persona en particular. El cosmos y la humanidad encierran por debajo de la apariencia un significado metafísico y cada planta, mineral, animal o asunto humano tiene un sentido interior y espiritual que coexiste con su realidad externa. Y desde ya, el orden interno y externo se corresponden.
Una gárgola barcelonesa. Foto de Xavier Vargas
Conocemos por supuesto otras explicaciones, hemos bebido de otras fuentes propias de la Modernidad (y sus "después"): el positivismo, el idealismo, el materialismo, el marxismo, el psicoanálisis, la Teología de la Liberación, la pedagogía del oprimido, la educación por las artes, el justicialismo, el New Age, el ateísmo militante, el ambientalismo, el hippismo, el punck, etcétera, etcétera.
Seguimos sin saber casi nada, apenas sospechamos y entonces nos sorprendemos  cuando el mal se expresa, en su versión más banal, demonios sin colas, ni formas, ni colores, ni voces, ni trucos de demonios. Se presenta el mal ya no en las formas colectivas de las grandes "tragedias" humanas/climáticas (tsunamis, hambrunas, guerras, terremotos, contaminación nuclear).
En medio del devenir cotidiano, de nuestra insignificante existencia (tan valiosa sin embargo para nosotros), una delación sin motivo, una traición inexplicable, una indiferencia salvaje ante nuestro dolor, una mentira que nos causa un daño irreparable, incapaces de explicar porque se nos quedan cortas las teorías modernas y no conocemos las antiguas...Y ya no creemos en nada, pero es mentira porque todavía nos aferramos a la amistad, al amor, a algunos valores éticos para regir nuestra vida, toleramos los errores ajenos y propios, tenemos algunos ideales políticos, somos sensibles a la injusticia hasta rozar la ingenuidad...
Cómo duelen las traiciones.
Cómo duelen ver convertirse en burócratas y besapies de los patrones de turno a quienes, junto a nosotros, como nosotros, vimos marchar y soñar con destinos no digo heroicos, no digo sublimes, ni siquiera nobles, pero sí dignos, si solidarios, sí colectivos.
Cómo duele ver excudarse y excusarse debajo de discursos de un republicanismo pacato y zonzo (que de paso es cómplice y funcional a todas las injusticias del contexto), o de un cinismo resignado y cobarde, a quienes hemos creído compañeros, en el más amplio y esencial sentido.
Y las gárgolas siguen asomadas y nos observan desde lo alto, riéndose de nuestra fatua incredulidad.



lunes, 19 de diciembre de 2011

Diez años es mucho (una pequeñísima anécdota)

En 2006 tuve oportunidad de participar de la Ronda de Consulta para la nueva Ley de Educación Provincial en la Dirección General de Cultura y Educación de la prov. de Buenos Aires. En una oportunidad nos reuníamos en un salón del edificio de la sede central, en La Plata, unas 60 personas, la mayoría adolescentes y jóvenes militantes. Recuerdo que un joven de unos 20 años, que militaba en uno de los tantos movimientos sociales que surgieron para cubrir el casi infinito vacío y abandono del Estado que había comenzado a gestarse en los 90, exclamó antes de hacer su exposición respecto a la Ley: ¡Pensar que la única y última vez que vine acá fue para prender gomas en la calle, en 2001, cuando pedíamos comida y zapatillas, ni siquiera escuela! Y acá estoy, hablando de la nueva ley para el futuro.
Se ha mejorado mucho desde el 2006. No sé dónde estará ese pibe. Tal vez estudiando en la universidad, tal vez trabajando. Seguramente mucho mejor que en 2006. Y en otro universo que el que habitaba en 2001.
No sólo hay que honrar a los que murieron a manos de la represión mandada por De La Rúa, Reutemann y otros que hoy gozan de total libertad y fortuna, en Rosario, en Buenos Aires. También a los miles que murieron de hambre, enfermedad, indignidad y tristeza. Para ellos, para nosotros, para nuestros hijos también, Memoria, Verdad y Justicia.

Informe revista La vaca 19 y 20: los días que parieron una década

Moralina apolillada

Máscara femenina teatro japonés
No pudo sostenerme la mirada.
Se amparó en las sombras, o más bien, en las sombras que eran para mí esas "amigas" en las que se apoyaba: gente que estaba al lado de ella mientras pudieran obtener algo a cambio.
Había estado argumentando por ahí en mi contra, me contó alguien que metió la pata, pues nos quería mucho a ambas.
Yo no quería creerlo antes y tampoco ahora, porque la quería. Incluso ante esas miradas furtivas fingí ceguera.
Sino, tendría que haber admitido que, en nombre de vaya a saber qué "ética", que en verdad no era ética alguna, sino un rejunte hecho de los restos inertes de una moralina pasada de moda que había heredado (¿de la familia?) como quien hereda un tapado de piel que ya no se usa y es políticamente incorrecto, sin entender su significado además. Una moralina que era como la piel  apolillada del animal muerto y no el símbolo de pertenencia a un determinado ambiente cultural, a la vida según ciertos preceptos éticos.
Ella, tal vez para sostenerse, se aferraba a los reglamentos como los milicos que no le hacen asco al robo y la tortura pero se escandalizan cuando alguien llega tarde al trabajo.  ¿Se había vuelto como ese tipo de personas que, aún con la responsabilidad de los funcionarios públicos (por ejemplo, docentes), se burlaba de quienes tenían faltas de ortografía pero no estaba dispuesta a hacer nada para terminar con el analfabetismo?
Para justificar sus ascensos junto a un ladrón de guante blanco o un malvado que explotaba a los trabajadores, se encogía de hombros y sonreía, entregada a un resignado cinismo que parecía decir: ¿qué puedo hacer yo? ¡Es la naturaleza humana!
Sin embargo, aplicaba esa extraña vara de moralina para golpear a aquellos a los que podía someter, castigar o temer.
Hace 10 años, cuando se incendiaba el país, ambas temíamos, repudiábamos y nos compadecíamos de las mismas cosas.
Yo no quería creerlo antes y tampoco ahora, porque la quise. Incluso ante esas miradas furtivas fingí ceguera.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Antípodas

Leo: "El Gobierno nipón y la operadora de la planta nuclear dañada de manera severa tras el tsunami de marzo pasado, anunciaron el "apagado en frío" de la central. Sin embargo, ecologistas aseguran que es una burda mentira."(http://www.cronica.com.ar/diario/2011/12/16/18292-casi-10-meses-despues-apagan-fukushima.html)
Esta madrugada la Cámara de Diputados Nacional, en Argentina, dio media sanción, entre otras leyes, a una que viene a poner fin a más de 30 años de expropiación de una empresa que fue, por un lado, robada a sus legítimos dueños mediante la tortura, el secuestro de una sociedad entre los agentes del terrorismo de Estado y los de La Nación y Clarín.
También dio media sanción a una Ley que pretende equiparar a los trabajadores rurales con seres humanos y ya no con los esclavos que muchos de ellos son aún hoy. Y otra ley que pone límites a la extranjerización de las tierras nuestras.
Cuando éramos chicos se nos decía que Japón estaba en las antípodas de Argentina. Antes de dormirme a veces me imaginaba que si trazaba una línea hacia el centro de la Tierra desde debajo de mi cama lograría llegar hasta el debajo de la cama de una niña japonesa, que a esa hora, como allá era de día, estaría levantada.
(Y el mundo sigue girando)

jueves, 1 de diciembre de 2011

El amor, la igualdad y Huckleberry Finn


Mark Twain cumpliría hoy 176 años y en varios sitios de Internet  se lo conmemora, por ejemplo, recordando su frase: Dicen que soy revolucionario por simpatías, nacimiento, crianza y principios. Me pongo siempre del lado de los revolucionarios porque jamás existió una revolución sin que existieran previamente circunstancias opresivas e intolerables contra las que rebelarse”.
(Esa frase de algún modo resume por qué me hice peronista, como tantos otros argentinos, y por qué me siento profundamente identificada e integrada con el proyecto kirchnerista.)
Anoche, cuando luego de varios debates en las comisiones, cuando después de años de luchas invisibilizadas, en las calles, las escuelas, los hogares, las comisarias, las cárceles, los centros clandestinos de detención de la dictadura, etcétera, se le dio en Diputados media sanción al derecho a la identidad de género, sentí ese alivio, esa alegría que acompaña los escasos momentos en que en las sociedades humanas se consigue justicia.
Y eso es algo que hemos experimentado, en estos años, varias veces. 
Al mirar en las gradas del recinto de la Cámara de Diputados y festejar a los militantes de las organizaciones de transexuales, gays, lesbianas, travestis, pensaba que estamos haciendo posible un país un poco más peronista, en el sentido del amor y la igualdad, en el sentido del amor cristiano, en el antiguo sentido del humanismo. Pensaba que no se trata de promover una política de vanguardia o posmoderna, hijas en tal caso del capitalismo de posguerra.
Pensaba más bien en la simpleza de la tradición peronista de estar con los más oprimidos y postergados. En la revolución, que ya se llevó mucha sangre y ha requerido mucha paciencia, de los derechos. De los pibes y pibas castigados por sus familias, por sus maestros, por cada uno de nosotros que les da vuelta la cara. Pensaba en la vida futura de esa pareja de pibes que me asesoró en materia de piercing, tatuajes y expansores, una vida un poco menos cargada de estigmas y dolores.
Si frente a cada uno de los grandes debates políticos actuales en materia de derechos, pensemos como pensemos, nos tomáramos realmente el trabajo, como ciudadanos responsables, de informarnos y de ponernos en el lugar del que sufre o tiene un problema (sea una mujer que no quiere parir un hijo, sea una pareja que desea gestar, sea un ciudadano que merece un DNI que lleve su nombre de acuerdo a su identidad, etc), dejáramos de lado nuestros pre conceptos, escucháramos, dispuestos a aprender de otros, a modificar lo que pensábamos...
Si pudiéramos imaginarnos vivir un día la vida de otra persona....Si nos entregáramos a la aventura con el Huckleberry Finn de nuestra infancia y ayudáramos a otro, y a nosotros mismos, a escapar de la esclavitud...

"Yo pertenezco a un mundo que se fue" (Nicanor Parra)

Yo pertenezco a un mundo que se fue
Yo todavía creo en el ser humano
Yo todavía creo en Dios y en el Diablo
Para decirlo todo de una vez
Yo soy
Uno de esos engendros modernistas
Que confundieron el Ser con el Ente
Ni progresista ni conservador
Sino todo lo contrario Sr. Rector:
Ecologista muerto de susto:
Una pulga en el oído del Minotauro:
¡Mi reyno x un par de muletas eléctricas!
Vivo no me pondrán en el ataúd:
Al cementerio x mis propios pies 

(fragmento del Discurso pronunciado por el poeta Nicanor Parra en la Entrega del Premio Bicentenario,
Salón de Honor de la Universidad de Chile, el 28 de mayo de 2001)

No sé nada de poesía, apenas tengo algunas debilidades, poemas memorizados por amor en la infancia, largos romances españoles, versos de rebeldes latinoamericanos, algo de un Borges apenas comprendido, que me sonó a música, o a cachetada.

http://garciamadero.blogspot.com/2008/12/caligramas-de-nicanor-parra-para.html
Así que como no sé nada, como he leído poca poesía, confío en las recomendaciones de aquellos escritores como Roberto Bolaño, que apasionadamente leía y recomendaba a Nicanor Parra. Y como hoy leí la noticia de que Parra se ganó el Premio Cervantes me emocioné al imaginar alguna ironía inteligente que podría haber dicho Bolaño para felicitarlo.

Y es curioso como uno puede apenarse por una ausencia que nunca fue presencia más que en los libros, es curioso porque una extraña a ciertos escritores contemporáneos como si fueran amigos que se han ido, una se queda esperando el próximo libro (que tal vez llega como negocio editorial u homenaje familiar, pero no se sabe bien con qué objeto) y una se queda haciendo su duelo por esas novelas y cuentos que ya no serán.
Porque, como Parra: " Yo pertenezco a un mundo que se fue//Yo todavía creo en el ser humano//Yo todavía creo en Dios y en el Diablo"


martes, 22 de noviembre de 2011

Ellos dos, los hijos y los fantasmas

Eran una de esas parejas que en otra época se hubiera considerado, tal vez, rara.
A él le gustaban los varones y a ella, bueno, creo que ella no le interesaba mucho el sexo, ni el propio, ni el ajeno, era más bien indiferente al universo erótico, o, según algunos decían, sólo le calentaba "ocupar un lugar en la sociedad" fuera lo que fuera lo que aquello significaba. Ella era claramente fálica: ganaba bastante dinero, manejaba la camioneta familiar y competía con sus compañeros de trabajo por los ascensos haciendo gala de una importante sangre fría. Los dos tenían gustos burgueses hogareños. Cuando no trabajaban, les gustaba quedarse en casa mirando películas, comiendo pizza con cerveza y helado, tirados en el sillón del living. A veces esas veladas terminaban con un encuentro sexual que, sin ser el paraíso, tampoco era desagradable. Así habían nacido los chicos. Ambos querían tener descendencia.
(Nunca hablaban de estas cuestiones, ni entre ellos, ni con otras personas. Hay diques que es mejor mantener cerrados.)

Vilhelm Hammershoi

A él le gustaban mucho los niños, hubiera querido ser maestro o entrenador de algún deporte. Se divertía jugando con los sobrinos, los hijos de los amigos y los vecinos. Y los chicos se divertían con él.
A ella no le disgustaban, aunque prefería a los niños ya crecidos, que controlaban esfínteres, hablaban y se bañaban solos. Era un tanto reacia a las actividades domésticas y a las demandas de los bebés vinculadas a la alimentación y la excreción. A él no le molestaba ocuparse de esos quehaceres. Pasaba mucho más tiempo que ella en la casa aunque a veces emprendía sus “aventuras”. Una travesía en moto o en bicicleta, un viajecito en velero, que lo mantenían unos días lejos de casa. Ella contrataba entonces full time a una empleada que además de la limpieza, se ocupaba de los chicos.
Un día el pacto se quebró.
Nadie dijo nada.
El no volvió.
Fue justo para la época en que a ella la ascendieron. Algunas noches regresaba a casa tan tarde y se iba tan temprano a la mañana siguiente que los chicos ni siquiera sabían si había pasado la noche allí.
Las preguntas de los niños no recibían respuestas creíbles de los adultos dispuestos a hablar (la empleada de limpieza, la tía de ella, la vecina del piso de abajo) y su mundo se pobló de fantasmas.
La infancia siempre se termina de un modo o de otro.




domingo, 20 de noviembre de 2011

Casas sin libros

Cuando visito casas sin bibliotecas me siento como un viajero abandonado en pleno desierto sin cantimplora.
Kilómetros y kilómetros de vacío y sed.
En las casas sin libros me cuesta imaginarme cómo se divierten sus habitantes.
Tengo la impresión de que es gente que se está privando de casi todo lo que vale la pena en esta vida.
Hay casas sin libros para adultos, que tienen libros de texto o libros para niños, como si su presencia obedeciera solamente al mandato burgués del sistema escolar.
Las casas sin libros que me hacen sentir más melancólica son las casas lujosas de la gente con dinero.
Son como esos abrumadores paisajes perfectos de los libros de turismo, o de las revistas de decoración o de arquitectura. Muestran los esqueletos (a veces, de una extraordinaria belleza) pero lo que dicen de sus habitantes es de una ausencia de vida que me resulta inefable.
Algo que me deprime más  que visitar una casa sin libros es visitar una casa que sólo tenga los libros "correctos" de los escribidores de moda.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Perdida en Buenos Aires

Te lo dije.
A veces soy como un personaje de una novela de Bellow.
No es que me sienta como uno de ellos. Sencillamente lo soy.
No te interesa Bellow así que hiciste como tantas veces, dejaste el cuerpo ahí, la expresión fija como si escucharas, el gesto de asentimiento preparado y tu mente ya vagaba por otros mundos.
Son tantas las cosas que nos separan, pienso.
Cómo puede ser que no te interese Bellow, por ejemplo. Pero la lista sería interminable, si cada uno la hiciera acerca de todas las cosas "fundamentales" de la vida que el otro ni siquiera sospecha.
(A esta altura de los años y el amor creo que me basta con que respetes mis pequeñas y grandes pasiones. Mi arrebato bellownsesco de esta tarde, pues mañana seré otra.)
Entonces, de ahí en más qué sentido tenía contarte.
Que yo iba corriendo por la Avenida Corrientes, con mis plataformas de 10 cm y mi mochila que pesa cien kilos de netbook y papeles, despeinada como siempre, con la cabeza quemada de números y transacciones y cálculos de horarios del maldito micro Plaza cuando. La gente camina en mi mismo sentido y en el opuesto y es como una película ruidosa que se desliza a mis lados, confundiéndose con las marquesinas de los teatros y las bateas y vidrieras de las disquerías y librerías.
(Si supieras todas las cosas que voy pensando, como en interminables oraciones subordinadas que originan los múltiples estímulos visuales, auditivos, olfativos.)
De pronto lo veo. Está ahí parado, mi amigo, junto al super lujoso hotel Gay Friendly, habla por teléfono, me ve, se acerca, sigue hablando, caminamos junto, él corta, hace mucho que no nos vemos, ¿vas a la presentación del libro?, va Cristina, me pregunta; no, estoy cansada, me vuelvo pa'las casas, y no sé cómo en tan sólo tres cuadras pasa de ahí a me separé, yo arriesgo algunas hipótesis -se lo ve tan sonriente que yo pienso en el tío Benn de Son más los que mueren de angustia (Emecé, 1988), sonriente bajo el hechizo del amor de una mujer nueva en su vida- y él  me da el crédito, sorprendido;  me cuenta intimidades que a mi no me incomodan porque me doy cuenta que necesita contarlas en voz alta pero...
La gente nos lleva por delante, estamos cerca del obelisco, las ciudades tan grandes, tan intensas, nos arrojan en medio de las multitudes en la más absurda soledad y quizá por eso, como los personajes de Bellow, de pronto soy un cura católico que escucha la confesión de quien necesita ser escuchado (en medio de una multitud que se mueve, como una gran medusa con sus tentáculos, en ese centro material y simbólico de la Argentina que es el obelisco) y a la vez enunciando mi mea culpa por si mi amigo que es y no es real (al final esto son ficciones, interpretaciones, imaginaciones), sintiera que algo de estas palabras le molestan.
Después, claro, subo al micro y ya de regreso a casa voy dejando atrás al cura; al intelectual neoyorquino; a la mujer que se resiste al casamiento, al paso del tiempo y a la vida burguesa; a la mujer comprometida y sensible  que se preocupa por el mundo contemporáneo: la injusticia sin fin, el capitalismo desaforado,  la finitud humana, la muerte, la política, la literatura rusa,  la condición judía  y los hijos que nacieron o no, pienso en qué voy a preparar de cenar esta noche.
Y entonces, ya en casa, tu mano me tiende una copa de vino (tregua que acerca a dos desconocidos que viven juntos y se aman) y tal vez no importe tanto que no entiendas lo que me ocurre con Bellow, cuando me pierdo en la gran ciudad.

María Renati, Los placeres y los días

 Difícil traducir en palabras los mundos que habilitan los grabados de esta artista marplatense que hoy reside en otras lejanas costas marinas.


Tal vez en esa vecindad con lo inabarcable del océano se encuentra la causa del contraste entre su obra y el mundo del mar, junto al que se crió María y al que nuevamente eligió para vivir y formar una familia, luego de sus años de estudio y ejercicio docente en la Facultad de Bellas Artes de La Plata, en los intensos años que fueron del fin de los ochenta y al comienzo de los noventa.
Contraste éste expuesto en las imágenes de una obra que nos propone gozar de la belleza sensual que vive en lo pequeño, lo íntimo y lo cotidiano. Aquello de lo que está hecho cada instante en la vida de cualquiera, siempre que se esté atento para observar lo que nos rodea, con la misma curiosidad que lo hace esta artista en sus grabados que, por momentos, cruzan el límite que les sugiere su materia y se transforman en pinturas o dibujos.
¿Qué nos atrae en su obra, siempre fresca? Imposible no asociarlo con un título de Proust, Los placeres y los días. O con la calidez amable de una buena comida que se comparte con amigos, ya que de ese modo disfrutamos de los intensos colores de los tomates o los alcauciles, convertidos en protagonistas de una escena que puede verse en cualquier verdulería, en cualquier lugar, tanto un barrio argentino como en un pueblo de Bretaña y que, al mismo tiempo, no está en ninguna parte fuera de la obra.
Así nos estremecemos un poco ante el sentimiento de abandono melancólico que nos contagia la contundencia de una camisa olvidada en esa silla thonet. O nos distraemos de la tristeza que nos causa, quizá por efecto metonímico, esa rueda de bicicleta a la que le falta su compañera al distraernos con las flores amarillas que casi podemos oler. O nos quedamos como hipnotizados mientras el viento que se ha detenido un instante que dura para siempre, mece la ropa blanca que cuelga de la soga. Y también así nos dejamos invadir por la nostalgia, frente a la soledad de una lámpara antigua, ya en clave monocroma.
Y así, extraviadas en medio de estos placeres sensuales, se escriben estas palabras que apenas y caprichosamente, son un intento de invitar a compartir este paseo por lo íntimo.

Sitio web de María Renati: http://www.mariarenati.com/
Muestra La Plata-Brest, MACLA, Sala 8, Pasaje "Dardo Rocha", La Plata.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Furia justiciera

No sé de dónde sale esta furia justo ahora, en qué lugar la tenía escondida, cuál carta astral la vaticinó en mi nacimiento, si son los genes, los astros, la cultura la familia.
La biología molecular, al igual que la religión y la psicología no son más que eso, intentos, apenas, de explicar algo de la existencia humana. A veces confiamos en el arte, nos mecemos en sus acariciadores cobijos o nos envalentonamos en sus provocaciones subversivas.
La música nos expresa, nos calma de esta furia animal con la que saldríamos a matar ya no a los que no nos aman y nos rechazan (eso quizá nos pasaba de jóvenes, el deseo de verlos sufrir) si no a los abusadores, los que pasan por este planeta para dejar más sufrimiento e injusticia del que ya había, a los poderosos que matan, violan, torturan.
Pero no todos tienen o necesitan el poder supremo para causar daño. Basta con un chiquitín de poder: una directora de escuela primaria, urbana, platense, puede causar tanto daño en tantos niños, daños irreparables con sus abusos, mentiras, injusticias. Lo mínimo que enseña es el doble discurso, la deficiencia ética de quien abusa de la autoridad. (Después, esta buena señora va a una charla o seminario en el que se discuten los porqué de la "violencia escolar", lo irrespetuosos que son los chicos, en fin.)
El empleado de seguridad con poder por un día, que aprieta una valla sobre el frágil cuerpo de una mujer a la que si pudiera, alcanza con verlo, golpearía o violaría. No se puede aguantar que esa manga de conchudas quiera discutir la despenalización del aborto y no tiene mejor argumento que la violencia, que mostrar su poder de macho, atávico, primitivo, brutal.
El trabajador de la empresa, oprimido identificado con el opresor, que goza maltratando a los pasajeros, contestando mal, se crece en su propia miseria de explotado, resentido, que se desquita con otros sobre los que, por unos minutos, tiene poder.
La maestra que cede a su locura o su temor y renuncia a sus responsabilidades, abandonando a niños tan frágiles que podrían romperse para siempre si una mano adulta no los protege como es su deber.
El policía burlón que perfora con la mirada el culo de una niña, a quien tiene el deber de cuidar, y que ya desde esa pubertad aprende que es un blanco fácil de cierta especie de depredadores disfrazados de personas.
Todos esos monstruos que nos habitan, oscuros, duros, crueles, sádicos.
Y de tanto en tanto, el luminoso descanso de la percepción de un acto de justicia, y volvemos a confiar en lo humano.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Un buen consejo

Si esta noche alguien me pidiera que le dé un buen consejo para sobrellevar la angustia existencial de esta época (aunque no sé por qué alguien haría algo tan estúpido ) le diría: leer a Bellow. Y si la traducción es de César Aria, mejor.De nada.

domingo, 30 de octubre de 2011

NATSUO KIRINO, OUT.


Descorazonada.
O más bien, contemplando estupefacta todo el turbio, denso, veneno que puede albergar el corazón humano.
Leo la novela Out (1997), de la escritora japonesa Natsuo Kirino nacida, como yo, un 7 de octubre (y al descubrir este dato un escalofrío recorre mi médula espinal); a la época, al fracaso del feminismo en tantos aspectos de promesas de libertad, a mi juvenil pasión por Patricia Highsmith, al sucumbir ante la implacable fuerza de la explotación del capitalismo; a los extraños, raros, sangrientos, estoicos, sufridos e imperiales japoneses.
¡La búsqueda de la libertad!¡Cómo si tal cosa fuera posible sin pagar un precio tan alto, pero tan alto, que se parece al infierno y la soledad más absoluta y eterna!
De eso, y de la injusticia, y de la sumisión que sufren las trabajadoras (y trabajadores) en las fábricas, del Japón contemporáneo, del fracaso de lo sueños, del aislamiento, de la evasión por medio del crimen o el consumo tecnológico o de pilchas caras, perfumes, coches último modelo. 
Del vacío abismal al que nos asomamos los adultos, en especial las mujeres, cuando nos atrevemos a mirar o cruzamos un límite sin retorno. Y entonces vemos cómo la vida se nos ha ido en un sinsentido hecho de trabajar y trabajar, parir hijos que un día se convierten en extraños o enemigos, comprar cosas, contraer deudas, lavar la ropa ("hacer la colada", en la traducción al español de Emecé), preparar la comida, limpiar la casa, sacrificar los gustos personales para pagar los estudios, los deportes, los vicios, de nuestros hijos/as, parejas, familias.

Japanese edition, 2002 
¿Novela negra o novela roja? Hay tanta sangre en estas 500 páginas....
Y negra por el género, por la oscuridad en la que viven estas criaturas del turno noche, cuyas rutinas van a contramano de las de sus familias, vecinos y de la mayoría de la gente "normal".
Perversos placeres de sexo con tortura, amor y muerte, cuerpos desmembrados, venganzas de género, bellas y sufridas amas de casa devenidas en temibles asesinas, descuartizadoras o sicarias.
Ese es el clima, mi estado de ánimo en este momento.
No sé si seré guerrera o me dejaré matar, pero al parecer no quedan muchas más alternativas. 
En cuanto al argumento, la novela trata de un grupo de amigas, amas de casa de clase media, de entre 40 y 60 años, que trabajan por horas en el turno noche de una fábrica de comida. Luego de sufrir una golpiza por parte de un marido jugador que se ha gastado todos los ahorros en bacará y putas, la bella y joven Yayoi Yamamoto tomará una decisión que le cambiará la vida a ella, a sus dos hijitos y a las otras amigas: 
Masako Katori, la principal protagonista y uno de los personajes más extraños que he descubierto en una novela en los últimos años (realmente el lector no termina de descubrirla hasta las últimas páginas), convive con un marido y un hijo casi sin hablarse, cada uno aislado en su soledad, desconectados; 
Kuniko Jonouchi, una mujer resentida y envidiosa, acomplejada por su gordura y feo aspecto, que no soporta a su marido y que sólo es feliz con el sufrimiento ajeno y con sus crisis de compradora compulsiva y la sufrida Yoshie Azuma, "la Maestra" una mujer sesentona que debe mantener y cuidar a su suegra inválida, vieja arpía que la maltrató dutrante años cuando estaba sana y en vida de su hijo, a la vez que intentar sacar adelante a su hija adolescente.
Confieso que ya es hora de salir del mundo creado por la habilidosa y tensa narración de Natsuo Kirino, escapar de esas páginas en las que se entrecruzan, con "naturalidad", los detalles de una cotidianeidad mediocre de cualquier ama de casa con una carnicería espantosa para deshacerse de un cadáver en el baño de casa, mientras el barrio despierta, las madres llevan a los niños al jardín maternal, los viejos sacan la basura y los oficinistas concurren a sus trabajos con sus pases del subte, como si el verano y el invierno mudaran sólo para indicarnos que usemos el aire acondicionado o la calefacción y no para medir si una cabeza de un marido violento enterrada en un parque ya estará lo suficientemente descompuesta como para no ser reconocida sin un examen de las piezas dentales, mientras planificamos qué le daremos de cenar a los chicos esa noche o cómo pagaremos la cuota del crédito del auto con un sueldo menos.
(En lo personal y como nota al pie, no aconsejo leer esta novela y salir a la calle si una ha estado manipulando un cuchillo, bisturí, navaja o cualquier herramienta cortante, o bien si hay posibilidades de cruzarse con un machista violento que se crea impune para agredirnos.)

Natsuo Kirino
Out, Editorial Emecé. 551 págs.





jueves, 27 de octubre de 2011

A un año del aluvión K

hace un casi un año, el 29 de octubre, publiqué esto. Va mi homenaje.

Cada uno está ahí para agradecer algo:
Vine por la jubilación.
Vine porque yo siempre fui antiperonista, pero con Néstor volví a creer. Lo que hizo en América Latina, lo que hizo por los derechos humanos...(y el viejo se pone a llorar como una criatura).
Vine porque nos dio a la juventud becas para estudiar, las ganas de participar y de hacer política.
Nadie hizo tanto por los portuarios.
Soy ama de casa y me pude jubilar.
Vine por el matrimonio igualitario.
La defensa de la democracia en Ecuador.
El cuadro de Videla.
La Corte.
Se le plantó a Bush y el ALCA a la mierda.
Me hacía reír.
Los mocasines, los malabares con el Bastón presidencial, los besos. Se mezclaba con el pueblo.
Era uno de nosotros.
Nos quería.
Dio su vida por el pueblo.
Se le plantó a la SRA.
Le dijo basta a Clarín.
La dignidad.
El trabajo.
La asignación universal.
La autoestima.
Somos los Negros de Mierda.
Somos los Putos Peronistas.
Las Madres de la Plaza.
Los Hijos.
Los Trabajadores.
Los Estudiantes.
Los veteranos de Malvinas.
Los pueblos originarios.
Gracias Lupo.
Néstor, no te vamos a olvidar.
¿Van a decir esta vez que vinimos por el chori y por el plan?
Che gorila, te lo digo una vez más, si la tocan a Crsitina qué quilombo se va a armar.
Néstor Kirchner no te voy a olvidar.
Somos el pueblo. Néstor es nuestro. Néstor vive. Si la tocan a Cristina va a haber quilombo. Ni lo intenten. Millones de lágrimas censadas.
Andate Cobos la puta que te parió.
A los traidores ni justicia.
Néstor con Perón, Cristina con el pueblo.
Cristina corazón, acá tenés los pibes para la liberación.
Soy argentino, soy soldado del Pingüino.
Por los principios sociales que Perón ha establecido el pueblo entero está unido.
Oh juremos con gloria morir.
Compañera Cristina, nos encolumnamos detrás tuyo.
Compañero Néstor Kirchner presente, ahora y siempre.
¡Viva la Patria, viva Perón, viva Néstor!
¿Recibirán el mensaje de este pueblo que está de pie los traidores y los necios que quieren hablar en nombre del pueblo y nunca lo comprendieron?

miércoles, 26 de octubre de 2011

ESMA

Qué reparadora es la sensación de justicia.
A veces pareciera que la vida de los seres humanos estuviera gobernada por la injusticia, la crueldad, el mal, el dolor, el cinismo.
Es increíble de todos los modos en que los hombres infringen sufrimiento a los demás, ensañándose con los más débiles, violando a mujeres, niñas y niños, robando bebés, humillando, ofendiendo, denigrando.
Hay explicaciones sociológicas, filosóficas, económicas, políticas, religiosas. 
inscripción de Horacio Maggio,  detenido, muro en la ESMA

No me explayaré ahora en eso.Para el genocidio perpetrado en nuestro país en la década del 70 también la hay.
Sencillamente, trato de evocar una última mirada que vio, una herida que sangró, un vientre vaciado, un hueso quebrado, un último suspiró que suspiró, un terror, un deseo, una esperanza, que se perdieron para siempre en la oscura y perversa noche de los lobos, en la ESMA.





lunes, 24 de octubre de 2011

Todos K

Hay un maremoto de palabras en los medios de comunicación, las redes estallan, los sms, las charlas improvisadas en los negocios, las oficinas, los medios de transporte. 
pingüirami diseñada por Ariel Tancredi
"Histórica", "demoledora", "arrasó", "peligro de hegemonía", "se autoinventó", entre otras.
Las redes sociales estallan.
Los corazones estallan.
Los militantes nos saludamos como sonámbulos, estamos cansados, estuvimos de acá para allá en la campaña, llegamos al final con el resto, (en especial los que ya somos grandes), laburamos en la larga jornada de ayer como fiscales,  encargados de edificios, cargando datos, coordinando información, recorriendo nuestros pequeños o grandes territorios, lo cales, UB, festejos.
Sabemos que nos esperan más reuniones, análisis, tareas.
Varias veces entre ayer y hoy escuché, leí, percibí, la queja, adornada con una sonrisa, de los que la pasamos muy mal en estos años, cuando era completamente "out" ser K, cuando te peleabas con tus amigos de toda la vida por eso, te ibas de la casa de tus parientes sintiéndote un paria, te insultaban en las marchas de apoyo a NK y CFK,  éramos tan pocos, después fuimos creciendo. No existía 6, 7 , 8. Néstor sí estaba. Te llenaban la casilla de mail, amigos, conocidos y extraños, con una mezcla de patoteada, argumentación, insulto o persuasión, para explicarte que si estabas con los K eras una pelotuda (en el mejor de los casos), lo mucho que sufrían los pobres productores de soja, el déficit de AA, la censura que encubría "la ley de medios K", lo crispados que estábamos . Te decían que eras demasiado inteligente para comerte el discurso K. Que lo del campo se había manejado para el orto. Te corrían, como escribí tras la derrota del 2009, por izquierda y derecha.
Cuando Néstor murió aparecieron, desde debajo de las baldosas. Algunos de los que nos sentíamos tan solos nos empezamos a relajar, a sentir que no éramos tan  pocos. 
Por cierto, a veces da bronca que un boludo porteño (por ejemplo) con tarasca te arme una "agrupación" K como si fuera un producto de publicidad, te diga en la cara que se hizo kirchnerista después del 27 de octubre del  2010 y munido de un importante cotillón y un par de eslogan se suba excitado al carro de la victoria sin haber transitado ni una derrota, ni una pequeña humillación, ni una discusión dolorosa, ni un sacrifico, ni un acto o gesto de solidaridad social.
Que un conocido que te ninguneó o sopapeó en público finja demencia y te salude con la V en medio de una manifestación, sin hacerse jamás cargo de nada.
Sí.
Sobre todo por la volubilidad que se esconde detrás de esas conversiones repentinas, fanáticas, fundamentalistas, que señalan acusadoramente nuestras contradicciones (sí, las nuestras, que venimos poniendo el cuerpo desde hace años incluso con esas tremendas contradicciones).
No hablo de los que nos equivocamos, de los que tenemos contradicciones. Hablo de los cínicos. De esos que da rabia ver cómo se quedan de nuevo con una parte del poder, (siempre se quedan con una parte), y sobre actúan su filiación al proyecto, (todos son hijos o padres del modelo y del proyecto, pero algunos son de esos hijos o padres tan abandónicos, ¿no?). Más que rabia, hay que estar atentos, porque esos son como el cáncer que corroe desde adentro y ya están pronto agazapados tramando cómo quedarse con una parte más de poder, traicionando al que sea. Esos no son ni kirchneristas, ni compañeros, ni nada. Son mercenarios y cortesanos sin convicciones, siempre los hay y siempre los habrá, saben hablar, pueden tener buen aspecto, se camuflan y reciclan en toda época y lugar. También están los "dueños de la verdad", con sus peronómetros, kirchnerómetros y medidores de convicciones. (Yo de esos medidores no tengo, pero reconozco a mis compañeros/as no sólo por sus dichos sino por sus acciones, porque no son egoístas, ni individualistas, compartimos las tres  banderas, nos sentimos comprometidos con un proyecto colectivo de inclusión.)
Todo eso está. Estamos hechos, los seres humanos, de una materia tan blanda y dura, influenciables,  generosos, corrompibles y a veces inconmovibles ante el dolor.

Pero hoy, al menos por unas horas, celebremos compañeras y compañeros.


viernes, 21 de octubre de 2011

No les creo nada, Kadafi y Philp Dick

"Llegará un momento en que no será 'me están espiando a través de mi telefóno'. Eventualmente será: 'mi teléfono me está espiando a mi'", escribió P.K.. Dick. 


En nombre de los valores democráticos los Estados Unidos, durante los últimos 60 años por lo menos, han invadido, masacrado, asesinado, torturado y conspirado en el mundo entero. (También fabrican y venden teléfonos "inteligentes")
Enarbolando las banderas de la libertad, han ejercido su poder imperial con todos los atributos de los totalitarismos, siempre en registro espectacular (en el sentido de espectáculo), con la explotación de todas las herramientas creativas de los medios audiovisuales que, por cierto, utilizan con una maestría increíble.
Desde la invasión a Iraq para destruir unas falsas armas químicas hasta el asesinato de Kadafi (o Khadafi o Gadafi) ayer, todo lo que se nos informa, exhibe obscenamente cual espectáculo, puede o no ser verdad. Que sea verosímil, que esté guionado, montado, actuado, fingido, es lo que con todo derecho podemos admitir como cierto. Cualquier teoría conspirativa, desde el asesinato de Kennedy hasta aquí, es tan creíble como las versiones oficiales del Imperio.  
"(...) la idea de una 'conspiración' viene a llenar un vacío cuando no encontramos respuestas coherentes con nuestra necesidad de dar una explicación racional a un acontecimiento", sostiene el Dr. Patrick Leman, psicólogo de la Universidad Royal Holloway de Londres, en el mismo sitio de la BBC en el que se afirma que "En Estados Unidos, por ejemplo, las encuestas dicen que el 80% de las personas cree que Lee Harvey Oswald no actuó solo en el asesinato de J.F.Kennedy." Muchos no creen que haya habido alunizaje o que Elvis haya muerto, por ejemplo. No pocos argentinos dudan respecto a la muerte de Yabrán. El propio Walter Graziano en su libro "Hitler ganó la guerra" da cuenta de varias de las hipótesis conspirativas que dieron vueltas en torno a los atentados en las Torres Gemelas.
El cine y la literatura han enriquecido todas esas posibilidades, ya sea que se inspiren en la necesidad de sostener a los gobiernos del Imperio, ya sean críticos. Podemos nombrar a grandes directores como Clint Eastwood (Absolute power, 1997), a famosos documentalistas como M. Moore, o a otros menos conocidos, como la reciente "Fair game" (acá "Poder que mata", sobre la operación de Bush para justificar la invasión a Iraq) de Dog Liman (con Sean Penn) , y tendremos una gran variedad de versiones para explicar las distintas masacres que han ejecutado adentro y afuera.

Pensando en estos límites entre fantasía, ficción, espectáculo y conspiración, imposible no recordar al gran Philip Dick, en particular, la muy buena biografía que Pablo Capanna escribió en 2005, Idios Kosmos (Granada, Grupo AJEC, 2005. 240 p). Más allá de lo que creamos respecto a si es necesario para comprender la obra de un escritor analizar su vida y, en tal caso, si hace falta recurrir a documentos, testimonios y otros aportes para realizar un análisis literario, en el caso de Dick podríamos decir que sí, ya que él mismo mostró experiencias de su vida, incluso cosas muy íntimas, en sus obras. "Capanna ofrece en este libro una respuesta al planteo: si leemos a Dick sin referencias concretas sobre su vida y sus peripecias, nos quedarán ocultas numerosas claves, las que se esfuerza en desplegar Idios Kosmos." 
Cosas inquietantes, que vienen al caso en este post, como su paranoia respecto a ser espiado y perseguido por la CIA, desestimada por muchos debido a su condición de enfermo psiquiátrico, adicto a las anfetaminas (por no mencionar que era un paranoico con crisis místicas legendarias). Según creo, terminó por probarse que tenía razón cuando hace no mucho tiempo se desclasificaron algunos archivos.

           Como escribe un apasionado lector y crítico de PKD, Rodrigo Fresán:  "'Vivimos en una sociedad cuya espuria realidad es construida por los medios, por los gobiernos y por las grandes corporaciones. Somos bombardeados por seudorrealidades manufacturadas por gente muy sofisticada utilizando mecanismos electrónicos sofisticados. Y no desconfío de sus intereses. Desconfío de su poder', escribió Dick, mucho tiempo antes de Mulder y Scully, de 'Los Expedientes X'. 'Su escritura está basada en la conspiración, pero sólo ahora, después de Watergate, el affaire Irán-Contras y muchas otras conspiraciones gubernamentales, el gran público puede ver las cosas como él las veía', explicó Aranofsky, el director de Pi. 'El primero y más evidente de los temas trenzados en su obra se refiere a la división planteada entre la humanidad y todas las complejidades de sus creaciones, una de las preocupaciones esenciales de todo escritor consecuente. Sin embargo, Dick cambió la pregunta ‘¿qué es ser humano?’ por la de “¿cómo es no ser humano?’”, se lee en el prólogo a los cinco tomos que compilan los cuentos completos del autor de los inquietantes androides de Blade Runner."

A mí, por lo pronto, me encantaría saber qué diría el gran maestro de los asesinatos mediáticos de Sadam Husein, Bin Laden y Kadafi.

lunes, 17 de octubre de 2011

17 de Octubre


"Enemigos del pueblo son también los ambiciosos. Muchas veces los he visto llegar hasta Perón, primero como amigos mansos y leales, y yo misma me engañé con ellos, que proclamaban una lealtad que después tuve que desmentir. Los ambiciosos son fríos como culebras pero saben disimular demasiado bien. Son enemigos del pueblo porque ellos no servirán jamás sino a sus intereses personales. Yo los he perseguido en el movimiento peronista y los seguiré persiguiendo implacablemente en defensa del pueblo. Son los caudillos. Tienen el alma cerrada a todo lo que no sean ellos. No trabajan para una doctrina ni les interesa el ideal. La doctrina y el ideal son ellos." (Eva Perón, "Mi mensaje")

Perón mediante, gráfica peronista del periodo clásico, La Marca Editora, Bs As, 2011

miércoles, 12 de octubre de 2011

Downton Abbey, series


"El sol se eleva detrás de Downton Abbey, una casa grande y espléndida en un parque grande y espléndido. Pareciera que la forma de vida que representa durará mil años. Pero no será así.” 

De los mismos creadores Oscar Julian Fellowes  que la película Gosford Park (dirigida por Robert Altman, 2001), esta serie inglesa transcurre en el micromundo habitado por los aristócratas y millonarios Crawley, en su mansión campestre, en el "arriba" (en los pisos altos, repitiendo la metáfora de la película), y el "abajo", configurado por el mundo de los criados al servicio de la familia. Y por supuesto, los cruces, tensiones, conflictos y alianzas entre los habitantes de ambos niveles. Pequeño mundo (que bien puede representar al contexto europeo),  que a pesar de sus rígidas jerarquías, su supuesta previsibilidad y aparente orden de placidez en la bella campiña, está a punto de derrumbarse para dar comienzo al más corto y sangriento siglo de la historia humana, al decir de Eric Hosbawm. 
La primera temporada comienza, y no por casualidad, en 1912, con la muerte de los herederos de la mansión en el hundimiento del Titanic. Ese hundimiento hará que comience a irse a pique a la vez el mundo de los Crawley y los planes del jefe de familia y su esposa, condes de Grantham (interpretados por Hugh Bonneville y Elizabeth Mc Govern). A partir de ello, los Crawley,  que tienen tres hijas mujeres casaderas (Lady Mary, Lady Edith y Lady Sybil) pero que por su condición de mujeres no pueden heredar, se verán forzados a aceptar como legítimo heredero a un lejano y desconocido primo,Matthew Crawly (Dan Stevens)abogado de clase media e ideas "modernas", a la vez que comienzan una infructuosa búsqueda de un adecuado pretendiente para Mary, la hija mayor, quien es, por cierto, bastante inconformista, fría e inteligente, sin llegar a ser rebelde como la"sufragista" y apasionada de la política,  la más joven, Sybil.


Es así como, arriba y abajo, en la mansión y en algunas escenas en el pueblo y en Londres, se sucederán intrigas, secretos susurrados detrás de las puertas o en pasillos prohibidos, muertes inesperadas y ocultadas para evitar escándalos. El relato, que de algún modo narra la decadencia de la aristocracia, también se ocupa de mostrar el fin de un mundo que en el presente solemos calificar como muy injusto y cruel, poco democrático y sin derechos para las mujeres, los trabajadores, los sectores medios, etc, pero que en lo personal a veces se me hace mucho menos impiadoso que el actual, que ha profundizado y multiplicado la injusticia, y es más cínico porque lo hace enarbolando un discurso pseudo democrático. 
Los recursos de lenguaje  que utiliza la serie (que además tiene un casting muy apropiado conformado por un elenco mayoritariamente inglés), de fotografía, vestuarios y escenografías, son muy cuidados.
La segunda temporada, que comenzó hace un par de meses, arranca con el estallido de la Gran Guerra (Primera Guerra Mundial) y promete muchos acontecimientos inesperados.



Downton Abbey es una producción de Julian Fellowes, el mismo creador de la película Gosford Park (2001).La serie ha sido alabada por la crítica y ya ha ganado dos Bafta y cuatro Emmy. Downton Abbey es transmitida acá los jueves, a las 21.00 horas, en Film & Arts.


lunes, 10 de octubre de 2011

Soldar para vivir, muestra de Rodrigo Mirto

Ya sea que en mis asociaciones me sienta en el huerto planetario de una galaxia soñada por Rodrigo Fresán a la vez que en el fondo de una casa, cualquiera, en mi barrio.
Ya sea que la mesa, con la comida (el guiso o la sopa, el plato de fideos, los utensilios, incluso la soldadora) me remita a una imagen de la tradición pictórica de los Países bajos o de bodegón platense, conurbanense, allí, a la vuelta, con sifones y jarras pingüino.
Observar la disposición de herramientas y utensilios, que parecen recreaciones de mundo lejanos y tan presentes, "arqueología contextual"
Hay algo del artesano, del artista artesano, que no es posible expresar con palabras, que se sintetiza en el "soldar para vivir". El arte como el antiguo oficio del soldador, el noble trabajo del que suda y saca callos.
Sólo me queda, junto a mi familia, gozar de esta maravillosa muestra.
Maravilla.

la muestra de Rodrigo Mirto "arquelogía contextual/soldar para vivir/ jardines del horto"puede verse del 8 al 30 de octubre en la Sala a del CC Malvinas, 19 y 51, La Plata

viernes, 7 de octubre de 2011

Entre bambalinas y conspiradores

El mundo es un escenario,
y actores son hombres y mujeres

—W. Shakespeare, Como gustéis



En estos días, yendo y viniendo de la lectura de Giorgio Agamben en El reino y la gloria, una genealogía de la economía y del gobiernome pongo e pensar en la teatralidad del poder y las tradiciones cortesanas que perviven en las estructuras de las burocracias administrativas actuales. 
(Es imposible no molestarse un poco al ver que cualquier pelele, el más imbécil o corrupto o arribista, un pichiruli cualquiera, oportunista, cínico, en la estructura de poder más pequeña, insignificante o miserable que observemos, repite ceremonias y rituales propios del "Rey", de la "corte", de un poder que en la tierra debiera reflejar al del Reino.)
Agamben me cuesta en este libro, requiere de mí cualidades que tengo disminuidas o que no tengo, si pierdo la concentración ya no entiendo, pero a la vez, hay para mí en su lectura como un mecerme en una canción de cuna con reminiscencias conocidas aunque algunas palabras sean pronunciadas en idiomas y lenguas incomprensibles. Aunque esta obra es un desafío a mi limitado intelecto, es inevitable observar cómo la estructura gubernamental del poder y sus vinculaciones con la liturgia cristiana, la teología y la oikonomía van asociándose en mí con el mundo construido (en mi imaginario, al menos) por los Borja o Borgia, releyendo O César o Nada y viendo la serie, y es inevitable, al transitar determinados territorios donde moran todo tipo de farsantes y escenarios de poder, según el ánimo, reconocer con humor o con tristeza, las cáscaras vacías de los protocolos excesivos para quienes ni los merecen ni los conquistan. Sofisticadas ceremonias despojadas de sus sentidos primigenios, vaciadas, pero que aun así cumplen con la función de otorgar oropeles cortesanos a quienes se suponen pertenecen a la época, la raza, la ideología, de la justicia social y la igualdad. Agamben, con toda su erudición y su originalidad al pensar, analiza la doble estructura de la máquina gubernamental, la relación entre el Reino y el Gobierno, entre la gestión eficaz y el poder como autoridad y majestuosidad, la liturgia (como ceremonia pública) y la teatralidad de los medios de comunicación. Se pregunta por qué el poder necesita la gloria, cuál es la función de la aclamación en la liturgia, por qué asume la forma de la declamación, las ceremonias y los protocolos?
Y sincero mi corazón y digo: soy y quiero ser parte (aunque eso moleste a mis amigos/as no creyentes en este reino) de las ceremonias y los protocolos, las aclamaciones y los rituales del Poder que ha traído a mi país y a mi vida la esperanzada, fundada en varios hechos concretos (la gestión), de que haya un poco de justicia en el reino humano.



Y sincero mi corazón y digo: odio, me da asco, rechazo, que pretendan hacerme partícipe de gestos de besamanos, de cortesanos decadentes, de chupamedias y especuladores, a poderes cipayos, corruptos, que se acomodan hoy buscando el calor protector de la "Reina", y acechan en las sombras para dar (darle, darnos, darme) la estocada fatal en cuanto se presente la oportunidad. Esos, que se ocultan entre las bambalinas o bajo capas de maquillajes y disfraces, que se cuelan en el escenario y logran engañar a muchos espectadores con sonrisas y máscaras, son peores y más peligrosos que los que conspiran afuera.