Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 29 de septiembre de 2017

Mirar allí donde la vida no es habitualmente mirada mientras preguntamos dónde está Santiago Maldonado

Ayer me detuve en un fragmento de un reportaje a Milagro en el que decía (no es textual) que cuidarla a ella era cuidar a la patria (que es el otro), y para eso había que estudiar y militar. 
Yo agregaría hacer obra. La que sea que nos convoque. De modo que estamos frente a una gran tarea y una gran responsabilidad, en especial quienes ya somos gente con alguna edad (como diría Soraya Polonara, o adaptando su decir).
En esta etapa me parece que no podemos darnos el lujo de quedarnos en casa y no ponerle el cuerpo a ciertos reclamos y tampoco podemos no intentar pensar, poner en cuestión nuestros saberes y discursos. Nuestras escasas certezas incluso. Leer y leer (ensayo, poesía, literatura, periódicos, escritura académica, series, canciones, guiones, pelis, posteos en redes, sin "o", más bien con "y"). 
Conversar, discutir.
Usar redes y las calles (no es "o").
Escuchar. 
Hablar con otras personas que no sean de nuestro palo y de nuestra tribu.
Mirar allí donde la vida no es habitualmente mirada (por ejemplo, como hace Cristian Secul Giusti, y desde ya Fernando Fernando Peirone. También sugiero Elvira RomeraAlejandro Donnantuoni) además de lxs autores que nos gusten y nos ayuden a reflexionar habitualmente.
Tratar de recordar en horas de desesperación que hay historia y prospectiva. 
Hubo Alejandros amando a sus conquistados persas.
Hubo siglos de Sefarad o Al andaluz, de hegemonía inca y azteca.
Hubo expulsiones, pogromos, conversiones forzadas y brujas quemadas.
Y zares déspotas y crueles y revoluciones ardientes y rojas.
Y japoneses torturando chinos.
Que hubo genocidio de pueblos originarios, Auschwitz, y Campo de Mayo también porque de algún modo se olvidó en la memoria colectiva.
Pero hubo Primo Levi y hubo juicios de la Memoria, la Verdad y la Justicia. 
Que si la policía amenza a un maestro y la Gendarmería secuestra a Santiago Maldonado, tenemos que poder sostener que donde vayan los iremos a buscar.

jueves, 28 de septiembre de 2017

The Handmaid's Tale, ¿el futuro es una pesadilla?

Obispos y Papas en el siglo XXI  
Leo por ahí que un grupo de conservadores, especialistas en teología, denuncian que el Papa Bergoglio ha cometido varias (siete, para ser más precisos, número cabalístico seguramente con una carga especial) herejías en su última encíclica,  Amoris Laetiti (La alegría del amor).
Habla allí  precisamente de aquellas cuestiones vinculadas al matrimonio, al divorcio, a los castigos, perdones y leyes que regulan lo que la Iglesia (católica romana) acepta, espera, aprueba de sus feligreses. Es decir, la moral que rige la vida común y también la vida privada, la moralidad de las costumbres seculares como causal superior a cuestiones espirituales y éticas más propias de la vida religiosa y los verdaderos preceptos cristianos, como el amor al prójimo, la compasión, la vida ligados a otros y religados. Pareciera un baño de espiritualidad, ya que lo del Papa refiere a principios humanizantes y humanizadores que no tienen que ver con por dónde la pasa el goce sexual a las personas sino con cómo entiende los vínculos humanos, cómo entiende la humanidad y el lazo de amor que puede establecerse para afrontar los males del mundo, los males del mal. De esta materia todavía están hechas las discusiones del siglo XXI, parientas lejanas de aquellas de siglos pasados, aunque ahora convivan con problemas globales y complejos relativamente nuevos que auguran apocalípticos escenarios. O tal vez por eso mismo. En tiempos de hegemonía de un monoteísmo totalitario como es el capitalismo en su fase actual, retornan preguntas y debates acerca de qué es aquello que nos hace humanos, de qué está hecho nuestro espíritu, nuestra identidad, nuestra unicidad, y en todo caso, el sentido de nuestra vida.
Tengo para mí que hay más herejía (o al menos, perversión) en la regulación pormenorizada de los actos sexuales propios y ajenos que en la tolerancia a la violencia, a los genocidios, a la explotación de los hombres por parte de otros hombres, a la trata de personas, a la pedofilia, a la destrucción del planeta y de las millones de vidas consideradas "prescindibles". Es decir, a casi todos los aspectos estructurales del capitalismo.
También leo por ahí que el obispo ultra conservador de La Plata una vez más lanza diatribas contra los homosexuales. Los desprecia, los estigmatiza, se obsesiona con ellos de un modo que da lugar a sacar más conclusiones respecto de los oscuros deseos de este hombre que de los preceptos de la institución eclesiástica en el siglo XXI, cuando además la religiosidad de millones de católicos ha sido capturada por iglesias de lo más diversas, la mayoría posiblemente más vinculadas a los negocios y las matrices ideológicas estadounidenses que a las tradiciones cristianas más ligadas al mundo latinoamericano, sobre todo en sus versiones emancipadoras: esas tradiciones cristianas tercermundistas ligadas a la Teología de la liberación y los movimientos de sacerdotes que optan por defender a los pobres y se preocupan bastante menos de si los fieles cojen entre personas del mismo sexo o distinto sexo, siempre que no sean niños/as y que consientan.

 Mujeres, sexualidades y libertades
Las redes sociales y las plazas explotan semana semana con noticias de femicidios, de pibas secuestradas, de mujeres abusadas, de cuerpos femeninos devenidos objeto, ya sea para explotarlas sexualmente, ya sea para explotarlos laboralmente, ya sea para explotarlas como úteros andantes, ya sea para los múltiples y diversos fines en los que el poder patriarcal somete a las mujeres, a la par que las condena (a veces incluso a muerte directa o indirectamente) cuando estas deciden libremente sobre sus cuerpos, su sexualidad, su reproducción, su progenie.
Te mato/condeno/acuso si cojés, sino cojés, te mato/condeno/acuso si te embarazás, te mato sino lo hacés, te mato si abortás. 
También el espacio público y discursivo empieza a alojar y visibilizar formas de organización y resistencias de las mujeres, múltiples feminismos que hacen acto, que hacen palabra, que hacen música, que hacen política.
Pero todos (o casi) son de algún modo hijos de un dolor, de una herida, de una tragedia.
De una chica desangrándose en una camilla de un hospital por un aborto ilegal.
De una mujer madura mutilada en un quirófano porque para la ciencia y para los médicos es más fácil extirpar un útero que escuchar, o que investigar las causas de las muchas enfermedades que las mujeres padecemos no a causa de una maldición bíblica sino a causa de una serie de políticas empresarias y médicas.
Mujeres violadas, mujeres que ya ni cojer por placer pueden de tan exigida que tienen la vida, tan a la vista todo, tan señaladas por ser demasiado jóvenes, o demasiado viejas, o demasiado gordas, o demasiado flacas, o demasiado intelectuales, o demasiado bellas, o demasiado verborrágicas, o demasiado histéricas. osea, demasiado mujeres.
A la vez, no sé si por cuestiones ligadas a la estadística, a la alimentación, a las condiciones de vida urbana en el mundo actual, cada vez más parejas tienen problemas con la fertilidad. Las personas ricas compran soluciones a este tema, como se vende y se compra cualquier otra mercancía en el mundo capitalista. Los estados más democráticos, debaten estas cuestiones con tiempo, construyen sistemas de regulación ligados a los derechos humanos, controlan mejor la voracidad de las empresas, aunque desde ya no por eso se libran del negocio de la salud, del negocio del deseo de satisfacer las necesidades personales aunque eso implique el avasallamiento del otro, su explotación, su uso, su destrucción.

Falsas promesas de felicidades imposibles

Converso y leo por acá y allá, vemos surgir empresas que disfrazan su afán de lucro con discursos seudo espiritualistas que venden el trajo espiritual como quien vende una pastillita para dormir. Todo ese new ageismo nefasto, vinculado a los negocios transformacionales que atraviesan todos los dispositivos de poder, sobre todo, el de la política-espectáculo. Ya no sabemos si nos gobiernan pastores de cartón pintado mezclados con show man televisivos o políticos. Manipulan emociones con el principio de venta del discurso publicitario y nada tiene que ver eso con cualquier trabajo o recorrido espiritual verdadero, que implica un esfuerzo, un trabajo de toda la vida, algo de lo que los griegos implicaban en el oracular "Conócete  ti mismo". ¿Quién prometió que sería un trabajo sencillo, y sin costos no comprables y vendibles con dinero?

Leo a Siri Hustdvedt, que se define como feminista, como novelista, y muy interesada en la ciencia, preguntándose por qué se le asignó un papel preponderante a la ciencia (¿tal vez por la facilidad para percibir los resultados directos de su aplicación, sean estos buenos o malos?) y no así al arte, a la literatura. ¿Acaso, se pregunta Siri, no produce efectos, no produce grandes transformaciones en las personas la lectura de una novela, la vista de un cuadro, el escuchar determinada obra musical?
Hace unos cuantos años leí una novela que se salía del registro habitual de su autora, famosa por sus policiales: me refiero a Children of the men, de P.D. James, distopía situada en un futuro donde la humanidad se ha vuelto masivamente infertil, y de la que luego se hizo una película muy buena también, dirigida y co guionada por Alfonso Cuarón.

Dicho todo lo anterior y en esa misma línea, provocando quizá por eso una inevitable  fascinación empecé a ver  The Handmaid's Tale (El cuento de la criada), serie  estadounidense creada por Bruce Miller y que se basa en la novela homónima (de 1985) de Margaret Atwood, que se transmite por una plataforma que aún no se ve en América Latina,  Hulu, y cuenta con una temporada de 10 episodios estrenados en 2017, y con una segunda temporada que se estrenará el año próximo.

Al igual que en Children...en un futuro no lejano cae drásticamente la natalidad y estallan una serie de conflictos como los que en la actualidad estamos atravesando: contaminación ambiental, cambio climático, enfermedades epidémicas de transmisión sexual, guerras ... Para afrontar estos problemas una parte de Estados Unidos, bajo la conducción de una secta que enarbola los principios conservadores y una concepción de la mujer y la familia similar a la del obispo platense, se rebela, voltea al gobierno e impone una dictadura militarizada. Vivir en este mundo de Gilead,  gobernado por una elite de poderosos millonarios con doble moral y doble discurso (¿cuándo no?) que se sostiene mediante la delación, el espionaje, el disciplinamiento de los cuerpos femeninos mediante la tortura,  una violenta fuerza militar que elimina cualquier acto de rebeldía y una doctrina religiosa ultra conservadora,  (la clásica unión entre los hombres ricos, el poder militar y la religión oficial al servicio de éstos) es una experiencia opresiva y muy difícil para quienes aún aman y recuerdan sus vidas pasadas. Vidas en las que el consumismo, la desigualdad social y los problemas mencionados (cambio climático, contaminación, infertilidad) creaban muchas dificultades, pero se ejercían derechos y había posibilidades de ser y elegir quien ser. De enamorarse, de cultivar la amistad y la solidaridad, de estudiar, de hacer política.

¿El futuro es una pesadilla?
El nuevo fanatismo  nada tiene que ver con la tradición compasiva de la religiones, sino que es deudora de un moralismo puritano que regula con perversos (muy perversos) rituales la vida sexual  y reproductiva de las parejas, y de las pocas mujeres fértiles, tomadas como "criadas" (handmaid), esclavas que mantienen relaciones sexuales con sus amos varones para garantizarles a sus amas mujeres un hijo/a.
Todo ese mundo está además regido por prácticas cotidianas de vestuario, alimentación, domésticas, que semejan el pasado, a la vez que toda clase de simbolismos autoritarios en la moda, la pérdida de la individualidad que incluye hasta la pérdida del nombre propio o la posibilidad de elegir un color para vestirse o un tema de conversación, de estas mujeres secuestradas y prisioneras del nuevo orden social.
El tema de la religión, el problema de la libertad, siempre en tensión con la seguridad, el amor como motor e impulso de vida en contraposición al control totalitario de los ricos (el amor como un vínculo humano subversivo y revolucionario) son estetizados con una elocuencia narrativa visual sofisticada y muy original, con guiñes hacia el comic y el animé. No es fácil, en la era de las series, producir una obra tan original en su fotografía, la música, el clima que logra sostener y el manejo del tiempo, que podría resultar muy lento para quienes no se deleiten en los detalles.
Entre monocromías del paisaje de una ciudad nevada, como Boston, entre mansiones victorianas, o bosques de arboledas grises y cielos nublados, los rojos del vestuario de las criadas, los verdes de las señoras, los marrones de las "Marthas" (las criadas de limpieza) difieren de los colores que propone la novela, pero causan la misma efectividad narrativa, y más aún. La sociedad en la que la protagonista y narradora June Osborne (Elisabeth Moss) renombrada como Offred, está organizada por líderes hambrientos de poder, un jerárquico fanatismo y nuevas clases sociales. En ella las mujeres son subyugadas, por ley no tienen derecho a trabajar, a leer, a controlar dinero o propiedades. De acuerdo a una "interpretación extremista" de un versículo de la Biblia, cada handmaid es entrenada y sometida  para luego ser "asignada" a los hogares de los altos gobernantes, donde serán mensualmente víctimas de una violación ritualizada por sus amos.
June Osborne (Elisabeth Moss, de Mad men y Top of the lake) es la sirvienta asignada a la familia del Comandante Gileadan Fred Waterford (Joseph Fiennes) y  a su esposa Serena Joy (Yvonne Strahovski), referentes importantes tanto del surgimiento como de la organizaicón política de Gilead, pero a su vez tienen tensiones con las condiciones de ese mundo que han ayudado a crear. Por supuesto, surgirá una resistencia, una rebeldía clandestina, la sororidad clama por batallar ante tanta muerte.
"Solo queríamos hacer un mundo mejor", le dice el Comandante Waterford a su criada. "pero mejor no significa mejor para todos. Para algunos siempre es peor".
Veremos en las próxima temporada donde queda la política y la resistencia.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Las Gárgolas, de Diana Rogovsky y Luis Menacho


Ayer fui a ver Las Gárgolas, obra de música y danza de Diana Rogovsky y Luis Menacho. Se trata, según lo que leo en su página de Facebook, de  "Una obra de música y danza entrelazadas desde su propia génesis; surgió de preguntas y diálogos artísticos desde las propias disciplinas hacia la pintura y la poesía, al misterio del cuerpo y sus superficies y sonidos enmarcados en la presencia constante que sobrevuela la catedral gótica de la ciudad de La Plata, ciudad donde vivimos.
La dualidad propia del gótico se reactualiza en la oposición y el contraste de elementos que transitan umbrales, del silencio a la sonoridad abrumadora, como asimismo en los materiales tímbricos escogidos: la linealidad vocal femenina y la percusión, lo acústico y la electrónica.
Las Gárgolas propone con estos elementos aludir y sugerir vínculos con diversas lecturas del cuerpo, el saber, las pesadillas y sus fantasmas y el amor en la historia del arte. Así sonido y cuerpo, piel, carne, sombras, luz y un universo sonoro de reminiscencias medievales invita a revisitar un pasado de actuales resonancias".
Foto de la página de Las Gárgolas
Los y las espectadores familiarizados con la historia del arte, la mitología y la arquitectura platense, o con estudios culturales, estéticos y biopolíticos la disfrutarán incluso no siendo habitués de la danza. La obra admite múltiples lecturas y entradas. No sólo por el notable trabajo de todos los intérpretes en escena (bailarines, cantantes, músico) o la iluminación, el vestuario, la puesta y desde ya, la composición y la dirección de música y danza. No sólo porque integra también al público en algunos momentos de clímax, sino también por el repertorio de referencias que implican a los diversos sentidos y a las diversas significaciones que estos convocan. Oímos, vemos, sentimos. Por momentos, la acción transcurre íntegramente en el escenario, por momentos, nos envuelve, se diluye, nos desespera.
Y al mismo tiempo que moviliza la dimensión sensible, se trata de una obra que indudablemente surge de un trabajo intelectual, de un esfuerzo creativo singular.
Con referencias múltiples en los diversos lenguajes entramados (danza, música, escenografía, canto, vestuario) a mitos clásicos de varias tradiciones, se puede ver allí también en clave metafórica una inquietante interpelación a la deshumanizacion de los vínculos en el mundo contemporáneo. La disolución de la subjetividad que imponen ciertos dispositivos algo caníbales de la desde sociales, que nos proponen una exposición extenuante que puede empujarnos a la intemperie y a la soledad; la violencia de los sátiros de la mitología griega reconvertida desde el gótico en la violencia machista que acaba con tantas vidas de mujeres.
Foto de la página de Las Gárgolas
Las gárgolas góticas, oscuras, congeladas, inertes, mutando, verbigracia del demiurgo musical, en payasos, en guasones, en caníbales, en perseguidores de una etérea ninfa nórdica celta y en adoradores algo brutales del florecer de una diosa pagana dionisíaca, con intervalos donde se vuelven amantes condenados al eterno encuentro/desencuentro con que el amor humano nos afecta. Las mujeres y lo femenino tienen un enorme protagonismo en esta obra que una y otra vez pone el cuerpo en escena sin eludir a Eros en su potencia, pero tampoco esquivando lo tanático.


Ficha técnica:
Máquina Secreta presenta a Diana Rogovsky en dirección de danza y Luis Menacho en composición musical, con Anyelén Demichelis, Ludmila Lobato, Alejandro Lonac, Gabriel Lugo, Mónica Menacho como bailarines; Alejandra Cabral, Alejandra de Olano en canto y Daniel Viera en percusión, en Las Gárgolas, una obra de música y danza.
Con material de danza de los bailarines y Leonor Martorell, Victoria Parada y Florencia Riafrecha.
Diseño y realización de vestuario: Sofía Camparo.
Diseño gráfico: Adán Cohen.
Video y fotos: David Menacho
Diseño de Iluminación: Paula García.

Fechas
Domingo 10/9 20hs.
Viernes 29/9 21.30hs.
Domingo 1/10 20hs.
En el Galpón de La Grieta, calle 18 y 71 La Plata.
Con el acompañamiento del Programa PAR Secretaría Arte y Cultura UNLP.


sábado, 12 de agosto de 2017

¿Dónde está Santiago Maldonado?

Es como llevar en los huesos el peso de la memoria de lucha y llanto de todas esas madres que constituyeron las Madres.
La princesa inca y sus servidoras hermanadas,  contemplando todas, en la confluencia de la incredulidad y la desesperación, el asesinato de toda su prole, la carne mutilada de los nacidos de su entraña.
La muchacha irlandesa que pare el hijo del patrón inglés violador y lo cría, sobreponiéndose a la vergüenza con amor, para verlo partir hacia el fin del mundo, allá en el sur de América donde todo es posible, y perderlo en una trágica semana de lucha y represión de obreros.
Es como sentir en la piel el ancestral dolor renovado de la joven madre rusa que mira caer uno a uno sus hijos, soldados revolucionarios alzados contra el fascismo alemán, y cuando logra salvar a uno, verlo torturado en un basural donde fusilan a los trabajadores que levantan cabeza en nombre de Perón.
Es como si en nuestra sangre corriera el plasma de esas madres que estiran las manos en las noches de buenos sueños, sueños que les traen a sus hijos como eran y debieron ser: vivos. 30.000 sueños secuestrados, torturados, desaparecidos y abortados por los predicadores del odio y el anti aborto, justamente.
Es como si los que desaparecieron dos veces a López acecharan como lobos salvajes, pero con esa crueldad que ni la fiera más hambrienta es capaz de realizar. La crueldad de su perversidad al servicio de patrones cuyas almas no conocen la piedad sino solo la insaciable sed de riqueza a como de lugar.
Es el cuerpo mutilado de Luciano Arruga una y mil veces en los barrios de las grandes urbes donde los narcos y sus socios prostibulares se llevan a nuestras pibas para explotarlas.
Los mismos que financian campañas amarillas, los matadores de Emilia que se sientan a la mesa de las actrices de la posverdad y bancan con la violación de las pibas la política de las hienas humanas.

La plaza duele.
Las madres y las Madres. Las de 80 y 90 cuyas voces y cuerpos tiemblan del cansancio sin descanso de reclamar.
Habla Sergio Maldonado.
Habla la cuñada de #Santiago Maldonado.
Cómo es que estamos otra vez acá, cantando que "resulta indispensable aparición con vida y castigo a los culpables"?
Quién abarazará el desconsuelo de esa madre, allá en 25 de Mayo, rogando no pasar a formar parte de las madres y las Madres que buscan la verdad y la justicia, que buscan lo que no quisiera buscar ninguna madre?
Una madre a la que el Estado tiene que darle muchas explicaciones.
Pero no.
Porque ese estado está en manos de los desaparecedores y sus socios.

Llora la noche.
Llora la Plaza.
Lloran nuestras moléculas.
Dónde está Santiago?

jueves, 27 de julio de 2017

El Negro Muiña, una parte de la ciudad, una parte de nosotros

Se murió el Negro Muiña, y estos recuerdos vinieron a mí.
Andaba yo por los 22 o 23 años, a punto de recibirme, trabajaba en la por entonces Subsecretaría de cultura provincial y tenía un jefe entrañable y que estaba lo suficientemente loco como para confiar grandes responsabilidades a pibes y pibas que apenas estábamos floreciendo.
Claro, por entonces no lo sabíamos, algunos de nosotros ya habíamos pasado por la fe absoluta en la revolución colectiva, la conversión desde un progresismo izquierdista al peronismo, la militancia política barrial, los talleres, el nihilismo y el existencialismo; y mientras el menemismo sacudía los cimientos de nuestros sueños, hacíamos arte, leíamos poesía y escribíamos artículos, cuentos y novelas impublicables.
Bancábamos a las Madres y las Abuelas, al principio, eso nos hacía sentir raros y algo aislados de las mayorías. Después fue diferente.
La política nos daba cachetazos, pero el rock nos acogía, y  aunque no teníamos un céntimo y había que patearla todo el día o combinar el tren y la bicicleta, aunque se podía vivir una semana entera con arroz, yerba y cigarrillos armados o Achalay, mis amigos pintaban, grababan, esculpían, tocaban la guitarra, dibujaban.
Íbamos a recitales de Spinetta, de Charly, de Pat Metheny, de los Redondos, de Fito Paéz, de Virus.
Teníamos mucho sexo, teníamos amor, y por lo general, teníamos las dos cosas.
Al igual que mi hermana y otras amigas, a los veinte ya tenía un recorrido laboral. El primer empleo: de moza (no se decía camarera entonces) a una edad prematura, todavía en secundaria. Como iba a un colegio de las élites de la clase media profesional universitaria platense, era poco lo que allí trascendía del barro en el que a veces se hunden las más bellas y prometedoras familias.
A los 16 servía ginebra y cerveza a las "estrellas" de rock locales, y a muchos que luego lo serían, y mis amigos y mis amigas me hacían el aguante, y cada tanto caía algún novio, o ex novio o futuro novio, a sorprender la noche platense del triángulo de bares.
De todo ese material estaba hecho mi círculo social y afectivo, y tal vez por eso cuando mi jefe L. me tiró el desafío de convertir el hall central de la casa donde funcionaba Cultura en una sala de exposiciones para que los artistas jóvenes hicieran su primera muestra, lo tomé con la naturalidad con la podemos tomarnos las cosas a los veinte, creyendo que lo podemos todo.
Y algo pudimos. Hicimos Espacio Joven, ganamos muchos amigos -y algunos poderosos enemigos de los cuales no teníamos ni la menor conciencia. Luego la tuvimos, claro. (Cuando alguien con poder se decide a humillar a alguien más débil y más joven, se aprende rápido. Esas cosas son inevitables, como las decepciones.)
Empezó así, con una muestra de unos amigos, y siguió, con la ayuda inestimable de H, y muy pocos más, pero de los que valen la pena, y se convirtieron en cinco años y más de 90 muestras de artes plásticas de jóvenes desconocidos, en la capital provincial y en un organismo público de cultura.
Todavía no estaba terminado el Teatro Argentino, había muy pocas salas, casi no existían espacios culturales, estábamos construyendo algo que no existía, y no nos dábamos cuenta.
A la mañana, hacía mi trabajo de oficina, vestida o disfrazada de más grande, porque a veces me iba a dar clases luego, a gente que en su mayoría me llevaba varios años y era mi perfomance para sentirme segura.
La jornada se hacía larga porque cuando llegaba H, nos convertíamos en un equipo de montaje, dejaba los taco aguja y lo ayudaba, él la tenía clara: nos subíamos a las escaleras a dos metros, colgábamos los cuadros, acomodábamos las obras, muchas veces con participación de sus autores y familiares.
Mis compañeros de trabajo formaban distintos agrupamientos: los que se escandalizaban de semejante uso del hall de la Subsecretaría (de cultura), en especial cuando las muestras eran extremadamente vanguardistas para la época (los noventa), los entusiastas y curiosos, y los indiferentes. Curiosamente, pese a trabajar en un ámbito cultural, la mayoría estaba lleno de prejuicios respecto a la plástica.Un grupo minoritario se sumaba, colaboraba, quería ser parte. Eso siempre ayudaba, porque me hacía sentir respaldada y acompañada. Animarse a ciertas cosas siempre paga un precio, lo sabemos. Pero entonces todavía no lo entendíamos.
Nacieron nuevas amistades, posiblemente con otras personas que estaban dispuestas a pagar el precio de su deseo, como el caso de V, y otros más.
Foto de Florencia Olivieri, publicada por Martín Basterretche
Más tarde, en la época en que vivía cerca, iba hasta mi casa, me bañaba, me cambiaba en menos de una hora y regresaba, porque a la hora de la inauguración fungía de anfitriona y ayudaba a servir algún ágape o atender a la poca prensa que se acercaba. Lalo Painceira, por ejemplo, siempre.
Mi jornada había empezado a las 7, había atravesado distintos roles, y llegaba a la noche. En el medio, casi todos los días de inauguración (tres por mes), me hacía una escapada hasta Capítulo, a la vuelta, en calle 6, y charlaba con Perla o, sobre todo a esa hora, con el Negro.
Todo eso ocurrió -si mi memoria, siempre caprichosa, no me juega alguna trampa- antes de que mis amigos se hicieran a su vez amigos de él, antes de que se cruzaran relaciones familiares, sociedades comerciales, crisis, problemas de negocios y de enfermedades.
Todo eso fue como en la prehistoria. A él lo conocía todo el mundo en la ciudad. En mi caso, desde niña, porque mis padres compraban libros en Capítulo y mi madre tenía amistad con Perla. Eran tiempos de cero cadenas y pocas, y muy buenas, librerías.
El Negro era curioso, sonreídor y seductor, le encantaba conversar de libros, pero también de arte, de política, de chismes platenses. Y por entonces compraba la milésima parte de los libros que deseaba, y en general, los compraba en librerías de usados o los leía prestados, así que no era una buena clienta, ni posiblemente nunca lo fui, porque en los años siguientes, cuando tuve un poco más de ingresos, compré mucho libros en Buenos Aires, en calle Corrientes, y cuando realmente mi situación fue más holgada (¡pesada herencia!) y pude comprar libros, las cosas ya habían cambiado mucho en la librería.
Y en nuestras vidas, claro.
Quienes conocen mi trama familiar y social podrán preguntarse por qué elegí este recuerdo tan lejano para evocar al Negro. Quizá porque como aprendimos de Proust, la personas con las cuales mantenemos vínculos de amistad o sociales durante tantos años se nos van revelando en sus -y nuestras- diferentes facetas y miradas, y es muy difícil recuperar esas primeras sensaciones, esos recuerdos despojados de todo los claroscuros de los que están hechos los vínculos humanos sostenidos en el tiempo.
Lo que sé es que en el entramado cultural de La Plata, el Negro Muiña y la librería Capítulo -con P., por supuesto, también con mi querido amigo E., con C., con todos quienes dejaron allí sus marcas- tuvieron una centralidad maravillosa y allí varias generaciones de lectores, estudiantes, docentes, descubrieron nuevos mundos y aventuras.
Y hoy, cuando vi en el muro de mi amigo M. la noticia de la muerte de Jorge, el Negro Muiña, me acordé de un tarde, nublada como la de hoy, a punto de inaugurar quizá la tercera o cuarta muestra, ya un poco más segura, yendo a dejarle unos volantes a la librería para difundir (en tiempos donde no había Internet), y me acordé del Negro, sonriente, que no paraba de preguntarme cosas de la muestra, de los artistas, de la vida, mientras me recomendaba tal vez La conjura de los necios, o alguna otra novela.
Se va una parte de nuestra amada ciudad de La Plata.

lunes, 19 de junio de 2017

Esta mujer celeste y blanca


"-¿Qué querían hacer?

-Fondearla en el río, tirarla de un avión, quemarla y arrojar los restos por el inodoro, diluirla en ácido. ¡Cuanta basura tiene que oír uno! Este país está cubierto de basura, uno no sabe de dónde sale tanta basura, pero estamos todos hasta el cogote.
-Todos, coronel. Porque en el fondo estamos de acuerdo, ¿no? Ha llegado la hora de destruir. Habría que romper todo".
(Rodolfo Walsh, "Esa mujer", 1966)



A comienzos del año 2000 unos compañeros de trabajo que militaban en el Frepaso me invitaron a una cena con una diputada patagónica que se le había animado, casi en soledad, al menemismo.
Tenían que juntar 100 personas para una cena que se hacía en Club Español, frente a la Plaza San Martín, La Plata. No voy a decir quienes me invitaron, porque algunos ya no están y otros hoy trabajan para el neoliberalismo salvaje, pero sí recuerdo que no era fácil sumar 100 personas.
Muchos de los que dentro de mi ámbito declinaron la invitación, con los años llegaron a ser no solo seguidores de "esa mujer", sino incluso funcionarios.
Me acuerdo que había que tratar de sumar gente, pero nadie entre mis amigos de la militancia estaba muy interesado. Era un día de semana, eran tiempos de mucho escepticismo, no sé... Fui con mi querida amiga Maria Renati, que hace años vive en Francia. Y si bien nunca compartimos espacios políticos, allí coincidimos con mi madre, Monse Lapalma, que había ido por invitación de Nora Cesar. Me acuerdo que mi madre,feminista pero no peronista, me dijo que admiraba mucho a la única oradora de esa noche.
Salí de ahí cautivada. Sintiéndome una privilegiada que había sido beneficiada al poder escuchar a una dirigente que se destacaba y por encima de todos/as los que conocía. Fue como me pasó una vez que habíamos ido a ver a Virus en un club en Buenos Aires y cuando ya se iba todo el mundo y quedábamos pocos apareció Cahrly y tocó como seis o siete temas para un público privilegiado, en tiempo en los que estaba presentando La hija de la lágrima.
Jorobé a medio mundo durante varios meses explicándoles que si hubiera muchos como ella, que no sabían lo que era, que era super inteligente, valiente, jugada, que tenía una visión a futuro, que no mentía, que era linda, que hablaba como ninguna.
Me decían que "era la mujer de", pero yo la escuché y a los dos minutos supe que no era la mujer de nadie, era la compañera de su compañero.
Y si le pertenece a alguien, es a nosotros, al pueblo argentino.
Desde entonces la vengo siguiendo.
La admiro, la quiero, la respeto, a veces la puteo.

Supe siempre que era humana, que cometía errores, que tenía oscuridades, pero a veces uno lo olvida y los grandes líderes les pedimos que sean infalibles, como si fueran dioses, y cuando el poder despliega sus alas, sus rituales, sus liturgias, cuando cae el velo de Apolo, cuando los dioses se humanizan, muchas veces nos desilusionamos, tememos, murmuramos.
Cuando miramos al resto, cuando ese vínculo amoroso, esa palabra que se vuelve significante en el discurso del pueblo, de amor, de justicia, de reparación, de reconocimiento, nos reencontramos nuevamente con esta mujer, la que fue, la que soñamos que fuera y no fue, la que ni imaginamos que podría ser, y fue, y la que necesitamos que sea.
Esa, la de la fuerza del amor, la del coraje.
Gracias a ella, a lo que es, a lo que hizo, a lo que hicieron, a lo que hicimos, a lo que representa, muchos de nosotros tuvimos un respiro, una tregua, una posibilidad de constituir la lucha esperanzada en una experiencia, la praxis política en transformación real.
Los seguí juntos, lo seguí a "él", los seguí.
Desde el 2000 casi no hubo movilización o acto importante a la que no haya ido.
He ido con compañeros/as de organizaciones políticas, sindicales, de laburo.
Con familia, con pareja, con amigos/as, con compañeros/as de trabajo.
Sola.
Estuve en las Plazas de la 125, éramos pocos, nos sentíamos parias, nos agredían, pero también me reencontré con mucha gente allí.

Muchos/as compañeros/as de esos momentos se han ido, y es imposible evocar esos sucesos sin extrañarlos/as.
En 2010, cuando se fue "él", casi nos quedamos a vivir cerca de ella.
El piso tembló bajo nuestros pies.
La esperanza se volvió llanto, el miedo ganó nuestros corazones.

Tuve oportunidad de volver a estar muy cerca y darle un beso, como en aquel lejano año 2000, pero no tengo ninguna foto con ella.
En dos ocasiones le escribí y recibí respuesta, seguramente, por su ceremonial, pero se ocupó de responderme.
Como muchos de ustedes estoy atravesada por contradicciones y críticas.
Intento no hacer lecturas moralistas de la política, obviamente tengo una ética y sé cosas buenas y malas de mucha gente del ambiente político, pero no me interesan los chismes ni las injurias (reconozco que las hay divertidas, pero en otro registro y en ámbitos privados) sino las ideas y los proyectos políticos.
Me equivoco mucho, y seguramente puedo haber hecho daño a otros, pero siempre que puedo intento dar una mano y no me engancho en venganzas personales.
Trato de no confrontar con compañeros en público, pero mantengo apasionados debates en los ámbitos que considero apropiados para eso.
Creo que hay cuadros y militantes respetables y valiosos en distintos espacios del peronismo, incluso en espacios que hoy se enfrentan.
Lo que me parece ya imbancable -y  a esta edad y con los costos personales que he pagado por intentar una coherencia en mi militancia me siento autorizada a expresar- es que esos compañeros/as que han ocupado responsabilidades políticas, que siempre ganan buenos sueldos y no ponen en riesgo nada personal, que se beneficiaron materialmente y que ahora están especulando con toda legitimidad pero también con egoísmo, se hagan los distraídos con el sufrimiento y los problemas de todos los millones de Gutiérrez como yo que la yugamos ayer, como hoy como mañana, y ya perdimos mucho: laburo, tranquilidad, salud, y en lugar de pensar en su rosquita y su kiosquito, se ocupen de nosotros, como nosotros nos ocupamos de militarles las bancas y los cargos que obtuvieron, la mayoría, porque estaban en la foto con "esta mujer" de la que ahora abjuran.
No que critican, no que expresan diferencias, como hacemos todos.
Abjuran, injurian, la niegan.
El futuro es pura ficción.
No sabemos que pasará.
Hace 17 años que sigo a esta mujer.
No es fanatismo, es el resultado de reconocer mediante la razón, el corazón, el aprendizaje de la vida, que fue quien nos mejoró la vida, junto a Néstor.
En 2012 me perdí un acto grande por una operación.
Mañana una gripe maldita no me permitirá honrar a la bandera de la patria (que es el otro y la otra) en Sarandí.
La honro acá.
Con este pequeño homenaje a esta mujer.







jueves, 13 de abril de 2017

Dos letras nuevas

"Se fracasa siempre al hablar de lo que se ama". (R.B)


Tuvo un amante que jugaba a coleccionar nombres.
Le preguntaba: 
- ¿Saliste con algún Gabriel?- ella negaba, o asentía, y el juego seguía.
- ¿Saliste con alguna Maria?
fuente:
Él negaba, o asentía...
Si asentía, ella preguntaba cuándo, dónde, qué hacían, si a él le gustaba (más que ella).
El había salido con dos Haches, con una Ele, con una Ge...
Ella no había salido con ninguna Ge, pero tenía en su pasado cuatro Emes.
- ¿Cuatro Emes?- se sorprendía él....Y le pedía detalles de tiempos, lugares, aspectos .
Dejaron de verse, de amarse, incluso de recordarse.
La vida les puso en el camino alguna letra de esas que se hacen nombre, carne, hijos.
Pasaron mil años y mil desengaños.

Una día de esos de tristeza y abatimiento ella de nuevo miró o fue  mirada (y ese detalle lo cambiaría todo) por una letra nueva.
Venía de un viaje en el desierto, cansada, con sed.
Y al otro día otra mirada, una voz, en otro sitio, conmovió su tarde y era la misma nueva letra en otra versión.
Se acordó del amante que coleccionaba letras.
Se le instaló una sonrisa en la cara.
Y por cinco minutos fue feliz.


martes, 7 de marzo de 2017

Fascismo pornográfico


"En el mundo mis dos enemigos son / mellizos inseparables y mancomunados: / el 
hambre de los hambrientos y la saciedad de los saciados”
( Marina Tsvietáieva)

Glosario:
Fascismo
Sabido es que Mussolini usó el símbolo romano antiguo de las fasces (formado por
un haz de varas de aproximadamente un metro y medio de longitud con un hacha en la parte alta) como parte de la construcción del relato que pretendía dotar de una épica que legitimara a las bandas de delincuentes que componían mayoritariamente los Fasci Italiani di Combattimento (haces italianos de combate) creadas en 1919. Este emblema ya había so usado antes en la Revolución Francesa, pero los pnaes del lider italiano tenían otro sentido; fueron la base para la creación de los Fasci Italiani di Combattimento, la derecha que arrasaría con el comunismo italiano. Pero eso no ocurrió de un día para otro, como todo en la historia humana, fue el resultado de un proceso político complejo, que germinó en ciertos anhelos legítimos de algunas mayorías, y se expresó en prácticas de control, disciplinamiento, persecución, represión, exterminio.[1]

Pornográfico es sinónimo de obsceno, que lo es a su vez de indecente, impúdico, deshonesto, inmoral, procaz, concupiscente, pornográfico, lúbrico, sucio, escabroso.


1.
Pienso en las prácticas de este gobierno y muchos de sus socios mediáticos, en lo ocurrido con las recientes amenazas a los hijos de un dirigente sindical docente, y solo se me ocurre una categoría: fascismo pornográfico.
Ampliado, pantallizado, repetido, en cientos de redes, en miles de dispositivos, los rostros de las víctimas sugeridas para el sacrifico.
Amaso esta idea del fascismo pornográfico en diferentes viñetas.
La exposición pública de la intimidad de quienes no eligieron una vida pública, fundada en relatos mentirosos, para tapar los chanchullos de grandes mafias o de grandes cínicos.[2]
Pienso en todos los que cambiamos nuestros perfiles en las redes, u opciones de seguridad, no ya por paranoia, sino por este fascismo pornográfico, que nos hizo saber, desde el momento de su asunción, no ya lo que sospechamos de la vida en el panóptico global del siglo XXI, sino la explicitación porno de que nos espían, nos vigilan y eso tiene y tendrá (y ya tuvo en muchos casos) consecuencias sobre la conservación de tu trabajo.
Si me críticás, si osás oponerte, si hacés uso de tus derechos (a la libertad de expresión, a la huelga) serás castigado con el despido, con el encierro, con la injuria o el desprestigio, la amenaza, la persecución.
Novecento, de  Bernardo Bertolucci, 1976
No a cualquiera. Cierto, el "enemigo" y la metáfora siempre bélica y violenta elegida hace del significante "ultr K" (el ultra remite  fanatismo irracional, a locura, a estupidez, a violencia o intolerancia, es justamente volver siniestro lo diestro).
"Ultra k", construcción de equivalencia discursiva que al principio refería al 49 %  de los votantes que se identificaba con las políticas del kirchnerismo, y luego, a cualquiera que se oponga a las políticas de saqueo y de transferencias de recursos de los trabajadores a los grandes capitalistas y de conculcación de derechos sociales, económicos, educativos, de género...
Escribo apurada, no tengo el tiempo que si aconsejaría a cualquier otro: tiempo para revisar, corregir, dejar macerar, darle forma de artículo. No le llego ni a la sombra de los talones, pero sí me identifico con el aullar sin ruido y el borrar huellas que es el escribir para la gran deseante Marguerite Duras.
Ya llegará, hoy es la urgencia, hoy hace falta retomar la palabra en una de sus primordiales funciones, narrar lo perdido, lo robado, lo que está en disputa, antes de que el fuego y las hogueras arrasen con la memoria de lo que fuimos y pudimos ser.
Y a la vez, para someter estas palabras al juicio de aquellos que pueden o no creerme, compartir mis ideas, pero que estoy segura en la hora de la hora no estarán del lado de los verdugos.
Nunca del lado de los que violan, matan, secuestran, reprimen, a los pibes, a las mujeres, a los putos, a los inmigrantes bolivianos, peruanos, paraguayos; a los pueblos originarios; a los gremialistas que luchan por sus representados (no a los transeros ni a los chantas); a los pobres sobre todo, a los pobres.
En sus ansías de negar el pasado y construir un relato épico y auto-halagador, para justificar la persecución de los adversarios políticos, tal como en su momento en Argentina hizo la llamada revolución libertadora, que no sólo fusiló los cuerpos de los opositores, sino que intentó fusilar las palabras, es decir, el lenguaje, allí donde perviven los sentidos de las memorias populares, de los mitos populistas a los que tanto les teme el fascismo real, que acusa de totalitarismo a todo movimiento no liberal que se basa en satisfacer y aglutinar las demandas de los sectores populares y las minorías marginadas en los dispositivos de poder de las democracias liberales contemporáneas. Y a su vez, le niega esa condición a las prácticas totalitarias que propone o auspicia el poder, ya sea explícitamente (ponográficamente), ya sea abonando el zeigest que así lo habilita.
¿Qué son? Mejor lo expresó el filósofo Gustavo Varela.

2.
Amaso esta idea del fascismo pornográfico en diferentes viñetas.
La lucha del capital contra el trabajo se ha expresado de maneras extrañas en movimientos que supuestamente defienden a los trabajadores, como el fascismo italiano de Benito Mussolini, y en realidad se dedican a perseguir, silenciar, abusar, destruir toda organización de las bases, de los trabajadores (trabajadores de las manos, las palabras) para beneficiar a los amos.
Natalia Ginzburg, que pagó el precio por su amor a Leone,  por sus convicciones, el precio que se paga en cualquier fascismo para quienes a pesar del miedo -quien no tiene miedo no es valiente, es inconsciente o idiota- , lo pagó perdiendo a manos de los verdugos a sus esposo y padre de sus hijos, lo pagó con el exilio de parte de su amada familia, lo pagó con el empobrecimiento y la dificultad para vestir y alimentar a sus pequeños hijos, no lo pagó cediendo su libertad de decir, de escribir, de trabajar con las palabras.[3]
No lo pagó entregándose a una pereza intelectual o estética, no renunció a ser quien era.
No lo pagó yendo a dar clases para enseñarle a sus alumnos la sumisión al poder, la desesperanza, la renuncia.

3.
Amaso esta idea del fascismo pornográfico en diferentes viñetas.
Lo he visto crecer en  las redes, ámbito de la comunicación política referida por este gobierno que lleva adelante ese proyecto.
Proyecto que vulnera en Milagro la carne, la idea, lo construido por una mujer pobre, india, desclasada y marginada desde hace por lo menos 500 años por el patriarcado machista que se siente poderosos siempre que se reproduzca una y otra vez la escena primaria de la desigualdad pedagógica en América Latina, como dice otra nueva "proscrita" de la formación docente del ministerio nacional, Adriana Puiggrós, la escena de Requerimiento.[4]
Escribo porque no se banca más.
Porque de un día a otro en la ciudad de los masones, la ciudad del proyecto racionalista y positivista de la generación del 80, en la cuidad que luego se volvió del pueblo y de Eva Perón, en la ciudad que en proporción entregó más hijos a la hecatombe de los verdugos del 76 (verdugos cuyos patrones y mandantes siguen en el poder, y hoy además, en el gobierno), en esa ciudad, en la plaza central, a pocos días de asumir un gobierno local baleó a trabajadores, a los trabajadores más humildes, a los cooperativistas que limpian la mugre de todos los demás. Los echó, los humilló, les disparó.
Y lo dejamos pasar.
La mayoría lo dejó pasar.
Porque el fascismo se alimenta de la indiferencia y de miedo paralizante, que crece en cada uno de nosotros. El fascismo se llevó a Emilia (Yésica Emilia Uscamayta Curí) en esta ciudad, y lo dejamos pasar aun sabiendo que los responsables son muy cercanos al gobierno local y al provincial.
Emilia Uscamayta Curí

Y luego, balearon a los pibes en la murga de una villa porteña, en la ciudad Babilonia donde residen los más ricos del país, y aún así, construye muros y abandona a sus hermanos más empobrecidos (no pobres, empobrecidos, porque alguien se quedó con lo que es de ellos).
El fascismo se vuelve pornográfico cuando se vive en una democracia  limitada. Cuando el Poder ejecutivo incuso desconoce una constitución liberal, gobierna a decretazos a espaldas de los otros poderes, cuando no puede comprarlos .
Es pornográfico este fascismo de la posverdad, del capitalismo desaforado del siglo XXI que ha hecho del cinismo un valor político positivo, que propone e discurso del engaño, la trata de la comunicación publicitaria y de la puesta escena de mascaradas en un "como si" fuera eso la política.
El decir sin sostener, la narrativa de una ficción que se repite una y otra vez, con el esquema de las promesas de las religiones del más allá aggiornadas -sufra ahora, que hay un futuro que nunca llega pero será compensados- por que el dios dinero es el dios más auoritario y cruel que se haya conocido. Gobierna a través de sus Cresos y ni siquiera deja la esperanza del amor, del sacrificio por otros Ayn Rand , filósofa leída y venerada por estos que se declaran liberales pero practican el  fascismo porno, canta las loas al egoísmo y al individualismo.
El fascismo porno ataca el corazón del sistema de formación docente y las políticas educativas, culturales y de salud que pueden construir prácticas y discursos contrahegemónicos, luego de haber recuperado para los oligopolios los medios de comunicación tradicionales (televisión, gráfica) y cerrar los negocios con los nuevos: las multinacionales como Google, Facebook, que no solo rinden en bienes materiales, sino que inciden en la construcción simbólica de sentidos y operan sobre las subjetividades del sujeto contemporáneo.
Es como en la ucronía de P. Dick, como El hombre en el castillo, como un gran campo de experimentación de los totalitarismos porno.
La subjetividad tramada por las prácticas de la comunicación global de las TIC garantiza, como vislumbró Philip Dick, como el arte capta, como en Black Mirror, es desvitalizada, pusilánime. El fascismo porno te dice en la cara: te espío, porque sos un gil que me cuenta todo en Facebook. Te espío, porque te rendís a todas las prácticas y ansiedades de la racionalidad capitalista, te someto porque sos un consumidor complaciente, indiferente, desvitalizado. Ni siquiera deseas, a lo sumo cojés de tanto en tanto, pero no deseás, para desear hay que estar vivo, para vivir hay que tomar decisiones, hay que asumir la pérdida, la falta, la lucha por ser quienes somos, y no por ser objetos.

4.
El fascismo porno goza en especial de quebrar a quienes luchan. Goza de someter, de extorsionar, de hacer ceder, goza al violar.
Novecento, de  Bernardo Bertolucci, 1976
Goza al detener a las militantes feministas que convocan al paro internacional del 8M, como si estuviéramos en dictadura, en esta democracia cada día más acotada, ajustada, reducida hasta la asfixia para muchos.
Goza cuando el miedo hace claudicar las convicciones, la solidaridad entre compañeros trabajadores, la falta de palabra, la delación.
El fascismo en todas sus versiones rinde pleitesía a la delación, que es parte de su liturgia. El fascismo pornográfico hace de la delación una virtud pública, promueve a los voluntarios de la delación y en el reino del imaginario, los eleva hasta el panteón de estrellas porno.
Goza del sufrimiento ajeno, es perverso, es pajero, es espectador pero no actor, no se ensucia, es pusilánime.
Se limpia la simiente derramada, que nunca da frutos, y mira para otro lado, "yo no fui".
Y cuando no puede, elimina, encierra, castiga.
Goza porque es obsceno, y le gusta exhibir su triunfo, como el macho que la tiene corta y finita, y es impotente, entonces se toma la pastilla, se casa con el opresor, se cree que en vez de un empleado o una herramienta al servicio de éste es alguien por una vez, que la tiene grande , e impunemente declarar: te echo por tus ideas, te echo porque puedo.
Pero en verdad no puede.
Puede que te la haga pasar mal, que te haga pasar hambre, miedo, frío.
Pero igual no se le para.
Porque sigue siendo payaso.
L. Von Trier, Anticristo, 2009.
Impotente.
Su poder es delegación del amo, nada tiene, todo lo toma por la fuerza, no le pertenece, no es.
Imposta, miente, sube imágenes a facebook y otras redes en los que construye una fachada, una apariencia, un alarde que es solo una pieza más en la trama del reino del imaginario: un interminable anonimato de sonrisas y consumos como remedos de vidas felices. Fotos de felicidades compradas pagando un costo alto, porque siempre se paga tarde o temprano, y no siempre con billetes. Cuerpos desalmados, en paraísos donde nadie es inocente.
Y aun así, el dueño del circo se sirve del payaso y luego los deshecha, como al final de la película Novecento de Bertolucci (con perdón de María Schneider, abusada por este maldito y genial director).
Como dice NE, somos las mujeres que Lars Von Trier retrata, somos las antorchas ardientes mil veces quemadas en hogueras encendidas por machos muertos de miedo.
Ginzburg, Natalia, Léxico familiar, Barcelona,
Penguim Random House, 2016.
Miedo quizá a esa potencia atávica que habita en nuestros úteros, que no son los de carne, sangre y nervios sino las metáforas. No esos órganos que la medicina patriarcal nos arranca, o nos hiere, para hacernos sentir menos, humillarnos, en nombre de la salud. No esas matrices sin las cuales, o  que sin sus frutos, nos quieren hacer creer que no somos nada. No señores, no amos, no patrones, no fachoceócratas. No somos las histéricas, brutos quemadores de brujas.
Somos.
Punto.
Hemos llegado a ser quienes somos.
la flecha de Apolo cruzó el océano de Poseidón, libró batallas y fertilizó esta tierra antigua donde reinan Dionisio y las mujeres.
Acá estamos.
Violadas, quemadas, humilladas.
De pie.
Marchamos todas ayer, marchamos hoy, marcharemos mañana. Y el 24.
Marchamos con miedo, temblando de miedo, pero la frente bien alta.
Y que conste que ese plural femenino incluye a todos los varones que acompañan nuestra lucha y se revelan contra el facho porno.
Esos son nuestros compañeros, amantes, amados, padres, hijos, esposos, amigos, alumnos, profesores, representantes políticos, sindicales, sociales.
Porque el fascismo crece lento, adentro, seduce y conquista los detalles, pero la esperanza, aunque se equivoque, también.


Notas:
[1] 

ver más sobre las fasces romanas: http://imperioromanodexaviervalderas.blogspot.com.ar/2015/05/que-eran-las-fasces.html
[2] Como el caso de Sonia Caudet, docente que por haber explicado su adhesión al paro docente del 6 y 7 de marzo en un pograma de telvisión, fue expuesta y difamada por gobernadora Vidal y las redes. Cfr. en http://www.enorsai.com.ar/politica/21174-filtran-el-video-de-una-docente-que-encaro-a-vidal-en-plena-reunion-y-la-desmintio-en-la-cara.html
[3]Cfr. Forn, Juan "El día que me quiera", 8 de marzo 2013, recuperado en https://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-215311-2013-03-08.html
[4] Rogovsky, Cintia, para Equipo Especialización (2016). Modulo Pensamiento Pedagógico latinoamericano. Clase 2. El campo pedagógico y su objeto (educación). Especialización en Enseñanza de Escritura y Literatura para la escuela secundaria. Ministerio de Educación y Deportes de la Nación. "Adriana Puiggrós sostiene que la educación latinoamericana nace desde una concepción de un vínculo desigual entre educador/educando -un vínculo que expresa una relación desigual de poder, dirá Paulo Freire-que configura una matriz que dejó profundas huellas en nosotros. Esto es consecuencia de aquella escena original del Requerimiento, ¿la recuerdan? El Requerimiento -llamado en realidad “Notificación y requerimiento que se ha dado de hacer a los moradores de las islas en tierra firme del mar océano que aún no están sujetos a Nuestro Señor-era un documento realizado por orden de Fernando II de Aragón, para responder al debate surgido debido a los sermones del dominico fray Antonio de Montesinos que defendía la idea de que los indios debían aceptar de formal y libremente la dominación española. En posición humillante, con la mirada baja frente al español, se les leía este requerimiento en una lengua que la mayoría no comprendía y por medio de la cual recibían el mandato de reconocer la autoridad europea como súbditos libres, y aceptar el cristianismo. Toda negativa o toda tardanza en aceptar estas demandas entrañaba la guerra inmediata (Guerra justa), haciéndoles reos de muerte o de esclavización como rebeldes. De este modo se instala la idea de que en América hay dos clases de sujetos, uno superior, el conquistador blanco, y uno inferior, que no puede levantar la mirada, el indio (Puiggrós, 2003: 22)".

sábado, 25 de febrero de 2017

Desorientados y a la deriva

Supongamos que pudiéramos tener un recetario para capear tiempos de fascismo liberal.
Supongamos que lo que a uno le calma un poco el terremoto en el alma pudiera servirle a otros,
y entonces confeccionáramos listas de ayuda y autoayuda.
Una receta que sirva para ganarle dos minutos de tranquilidad al estallido de la destrucción.
Donde seguramente incluiríamos:
 juntarse con amigos, compañeros y personas queridas y que nos quieran.
Si es posible, que sean de distintas edades, que no se parezcan entre sí. Es imprescindible que nos quieran y que nosotros los queramos.
Enamorarse si es posible y sino es posible tener al menos un buen amante para las noches de verano.
Luchar junto a otros, no darnos por vencidos ni aun vencidos, como dijo un poeta.
Dar una clase al menos en la vida de aquello que más nos gusta.
No ser indiferente a los hundidos, aunque estemos todavía del lado de la frontera de los salvados.
No traicionar ni traicionarnos, no envilecernos.
Ser piadosos con las propias oscuridades y las ajenas, pero con límites: mantener a raya a los cínicos y los perversos que gozan con el sufrimiento ajeno.
No olvidar a los muertos que nos marcaron y nos amaron.
Y escuchar música y un listado de películas y series.
Bailar con los pies en la tierra y la música a todo volumen. Por ejemplo, escuchando Help.
Tener un poquito de tiempo para disfrutar a los niños.
Andar en bicicleta.
Si se puede, viajar. Sino se puede, leer.
Siempre leer.
Leer por placer.
Zambullirse en una pileta, un río, debajo de una ola, un lago helado, un arroyo que corre como si el tiempo le perteneciera. Nadar. Correr.
Supongamos que todavía lo peor no llegó y aún conservamos algún trabajo, un pequeño jardín, una huerta, algún ingreso un techo donde vivir, alimentos.
Natalia Ginzburg. Fuente
Y una pequeña o gran biblioteca. Esto último es no negociable.
Entonces yo incluiría allí (entre los muchos que incluiría, pero entre los primeros y si fuese el caso de una selección muy limitada, por ejemplo, de sólo cien libros, hoy pondría...) Querido Miguel, de Natalia Ginzburg.
Y para calmarnos un poco te leería:
"Pero todos nosotros en alguna zona de nuestro ser andamos algo desorientados y a la deriva y nos sentimos a veces fuertemente atraídos por el vagabundeo y por el deseo de no respirar otra cosa más que la propia soledad. Y a esa zona es adonde a cada uno de nosotros debe trasladarse para entenderte a ti". (Pág. 190)
"Y este pensamiento es consolador, porque nos calmamos con nada cuando ya no tenemos nada".(pág. 216)


Ginzburg, Natalia, Querido Miguel, Buenos Aires, Acantilado, 2003.

viernes, 27 de enero de 2017

De los nacimientos de semillas de Auschwitz

Un 27 de enero de 1945 el Ejército Rojo, después de la heroica defensa de Stalingrado y de derrotar al enemigo fascista, liberó a los pocos sobrevivientes que quedaban en Auschwitz-Birkenau, el mayor campo de exterminio del aparato de genocidio nazi.


¿Por qué nos atraviesa tanto lo que alguno de sus propiciadores principales dieron en llamar "la grieta"? ¿Por qué al punto de separar familias, amigos, conocidos, de modos bastante irreconcilliables?
Se me ocurre que en cierta forma lo que allí acontece (en ese abismo que se abre bajo nuestros pies) al constatar en el otro cierta ideología, cierta forma de pensar el mundo y los vínculos sociales, políticos, amorosos, económicos, tan extraña a la nuestra?
Ya no se trata de discutir con cortesía, o incluso con apasionada vehemencia, cuestiones de las polis. Se trata de un enfrentamiento profundo entre dos modos excluyentes de entender la vida en sociedad. Uno, que se posiciona en el individuo, alienado del mundo hecho por lxs otrxs, y también de la naturaleza en su face menos agradable, su inclemencia, su intensidad.
Por una lado están aquellos que se nos vuelven ajenos, porque han cruzado un límite que no soportamos. Y ese no soportar no es teórico ni exclusivamente racional, no lo soportamos en el cuerpo. No podemos soportar alguien que ya no solo justifique sino que goce de un orden social donde un par de adultos uniformados -que deberían estar ahí subordinados al poder civil para cuidarnos-, abusan y maltratan a un niño solo porque pueden, solo porque es el único modo en que cierta clase de resentidos logra sentirse bien, que es imponiéndose a otro por la fuerza?
Auschwitz no se construyó en un día.
¿Cómo se podría haber llegado a ese horror sin tantos permisos, habitaciones, contribuciones o indiferencias sociales previas?
Los especialista hablan de la construcción del otro negativo.
El otro no humano.
El otro cucaracha, kuka.
Cualquiera que analice y estudie en serio, y no leyendo panfletos berretas,sino que lo haga desde la literatura, la música, el cine, las ciencias sociales, la pintura, por ejemplo, el periodo previo a Weimar, Weimar y los primeros años del nazismo o del fascismo, tiene que tener los pelos de punta al mirar nuestro país, y gran parte de la región.
Se ha querido instituir el significante populismo para decir algo que refiere a liderazgos típicos de lo que Laclau llamó en todo caso populismo de derecha.
Ya no sé si es eso.
Muerte y Vida, G. Klimt, 1908-1911
Esto es un liderazgo vernáculo que representa tal vez los nuevos modos de liderazgo globales, con elementos y prácticas del fascismo clásico: discilplinamiento social mediante el disciplinamiento económico y laboral; embrutecimiento de las personas, al obligarlas a concentrarse exclusivamente en la supervivencia; espionaje, represión, amedrentamiento, amenazas, censura de toda disidencia, pero con las herramientas de las TIC. No necesitan ejércitos de ocupación ni hacer campos, los ciudadanos hemos perdido en gran medida nuestra capacidad de organizarnos y de comunicarnos por fuera de las redes y de las herramientas del poder.
Lo dispositivos de comunicación educación avanzan sobre nuestra subjetividad, nos despertamos y en los celulares, los Big Brother Band nos dicen qué noticias leer, que temperatura hay, dónde están nuestros afectos, nos arman en dos minutos un cierto mundo mediatizado, a la vez que nos alejan(mos) del mundo que percibimos con nuestros sentidos de manera directa.
Y aunque veamos el dolor, el hambre, la angustia, en a calle, en el micro, en el subte, en los caminos, no empatizamos. Nos conmueve el dolor siempre que esté mediatizado por alguna pantalla.
Y las pantallas, tristemente, no tienen ni la sensibilidad ni la capacidad de los seres humanos de amar, aunque el amor sea na herramienta letal contra el sistema.
El amor en su expresión más extraordinaria, que es el amor al prójimo, es lo más subversivo que se conoce.
Entonces, es eso lo que nos separa.
La vida, como la sentimos y gozamos quienes experimentamos las delicias y los sufrimientos del amor al prójimo (por más que ese prójimo sea feo, tenga sarna, diría Jauretche; huela mal, se coma las eses), y de aquellos que solo pueden amarse a sí mismos.
Para amarse solo a uno mismo, es necesario experimentar una suerte de negación de la condición humana del otro, es necesario olvidar que es igual que nosotros, pero distinto. ¿Cómo matar, torturar, eliminar a otro si lo consideramos humano?

Auschwitz es el extremo, lo insoportable, pero la esencia del capitalismo consiste en eso, en explotar, matar, torturar a millones de seres humanos.
Eso es Auschwitz.
Y el neoliberalismo globalizado engendra cada día semillas de Auschwitz, hay pequeños brotes acá y allá. "El trabajo os hará libres", se leía a a entrada de los campos de exterminio. Pero no es "el trabajo" lo que nos hará libres, al menos, no el trabajo esclavo, no la explotación. Libres nos hará la justicia social, la igualdad.
Cada derrota de la justicia social, cada derrota en lograr sociedades más iguales y democráticas, es una semilla que puede crecer hacia el exterminio. Y cuando digo democráticas incluyo también la idea de democratizar un poco  la economía, repartir una tajadita al menos.
Esa gente que se llena la boca hablando de la Shoá, o de cualquier otro genocidio ocurrido u ocurriendo, lo mismo que los negacionistas, pero permanece indiferente ante las crecientes señales políticas de prácticas fascistas (Milagro Sala es, si se quiere, el emblema, pero hubo los balazos sobre los niños murgueros, sobre muchos trabajadores, muertes, ataques a comunidades mapuches), es decir, cuando el aparato del Estado y las fuerzas de seguridad de manera directa, o bien propiciando y alentándola cuando surge en la sociedad, imponiendo el poder de los ricos, los fuertes, una minoría, por sobre los más débiles: los niños, las mujeres, las comunidades originarias, los viejos, los enfermos, los migrantes pobres....
¿Esa gente, dónde encontrará paz, dónde encontrará un camino de regreso a las prácticas humanizantes si persiste en su complicidad?
Hagan lo que hagan, la vida prevalece.