Último verano en Stalingrado, novela

domingo, 10 de diciembre de 2017

Esa flor

A veces es la desesperación la que empuja un cuerpo al abrazo de otro, es el impulso de llenar el vacío que ha dejado otro cuerpo, es el pez que ya fuera del agua se sabe muerto pero todavía boquea.
Es la vida que puja por sobreponerse a la tormenta.
(Te veo y se me rompe el corazón en mil pedazos y creo que no hay fuerza de la naturaleza capaz de producir la energía suficiente para recuperarlos, porque te veo y en tu mirarme se adivina esta pena que tenemos por lo que no pudimos.
Y se instala esa piedra en el pecho que es como ahogarse sin palabras, y ambos bajamos la mirada para evitarnos uno al otro ese llanto que se nos va formando en la garganta y quiere salir).
Era tan lindo cuando sabíamos reírnos y nos lamíamos las heridas uno al otro.
Sé que este dolor que ahora nos une es algo mucho mejor que no haber amado, pero cuántas ganas a veces tengo de liviandad.
A veces es necesario enamorarse unas horas o unos días de alguien más para olvidar el desgarro, la mirada que nos persigue de aquel que se adueñó de nuestras células y vive ahí, aunque creamos que no podremos soportarlo, aunque deseemos el olvido casi tanto como le tememos.
Es como Sabina Spilrein y su drama de amor con Jung, que nunca le dará lo que ella quiere, si es que eso que ella quiere es el hijo, la vida, y sólo puede darle dolor y muerte y ella aun así lo ansía.
Se irá, se alejará, hará un oficio de curar y de educar de lo que la locura, el amor también enloquecido que él le inspira y el rechazo le enseñaron.
Amará a otros hombres, llegarán las hijas, incluso tendrá mejores amantes posiblemente. Pero no dejará de añorarlo, no dejará ese anhelo.
Es esa flor única, esa promesa de pura belleza que retorna a empañar los atardeceres de domingo, será que será.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Si en vez de

Si en vez de escribir como una loca mientras camino por la calle caliente de la city escuchando canciones tristes.
Si en vez de eso me sentara en uno de esos bares cooles y pidiera una limonada con menta y jenjibre (y soportara la música de mierda que pretende ser ambient pero es sólo de mierda).
Y me pusiera los anteojos.
Si en vez de marchar me quedara mirándolo por la tele.
Si en vez de tantos libros hubiera comprado un split cuando convenía.
Si en vez de esperar noticias tuyas te guardara en el archivo del segundo subsuelo y me fuera a pasear con el chico que me invitó justo a tiempo cuando me iba a desvelar pensando en vos hasta que no.
Si me leyeras...pero quiero decir, si de verdad me leyeras sin buscarte donde no estás o sin encontrarte donde te hablo solo a vos; si dejaras el ego un rato de lado, si olvidaras mis tonterías y exageraciones de este pathos que es y no es lo que soy; si pudiéramos acordarnos al mismo tiempo de que somos tan crudamente y divinamente mortales y todavía tenemos cuerpos.
Si en vez de esta maldita Capadocia tomada por los apóstoles del odio y reclamada por laburantes cuyos lideres leyeron mal a Marx (y a todos los demás) y se equivocaron de siglo.
Si en vez de eso me vieras parada en esta esquina escribiendo en un telefonito, te darías cuenta que esto es una comedia y no un drama ruso?
Te darías cuenta que además de faltarle a este teclado toda una gama se signos de puntuación imprescindibles y (la Itálica!) me sobra urgencia porque fui y volví de unos avernos, y tengo unas cicatrices que lo cuentan mal y es por eso que trato de aferrarme a la lucha de la vida y no a las gozosas pero sosobrantes aguas de la melancolía?
Y justo cuando entro al bar ponen Beatles.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Como Ana K pero al otro lado del río

"Y Vronsky procuraba recordarla tal como era cuando la encontró por primera vez,
 también en la estación, misteriosa, espléndida, enamorada, 
buscando y procurando felicidad, 
no ferozmente vengativa como la recordaba en el último momento". 
(León Tolstoi, Ana Karenina)





Si yo fuera una poeta escribiría una letra para una canción. Y le pediría a los músicos que en alguna parte sonaran dos guitarras a la vez, una voz masculina, una voz femenina, algunos intervalos breves solo instrumentales.
Siempre, en algún momento, un pianito. Tal vez un saxo o un violín, no es imprescindible, pero si lo es un solo de batería, algo que levante.
Porque mi letra tendría ese peso de las telas aterciopeladas, azules, verdes, que se tornasolan según les de la luz.
Y diría algo así, como que cómo es posible que seas el mismo día la luz de una mañana de primavera, de esas donde por la ventana entra un perfume de gardenias, o de jazmines, o de lavandas. O el olor del pasto mojado y los colores de un arbusto de hortensias.
Y la noche del invierno lluvioso y húmedo, que es como la niebla que se posa en la copa de los árboles en los bosques, en las plazas y en las montañas en las madrugadas. Y abro mi boca como si fuera a besarte pero sólo sale el humo que el contraste de temperaturas crea entre nosotros: nubes de humo que se esfuma, y desdibuja lo que no fuimos, y me doy vuelta y abrazo al que está al lado para calentar la cama, y mis pies cansados.
Mi letra lograría hablar en tres versos cortos de cómo te extraño cuando te vas de viaje a Marte y me quedo acá, cuidando mi pequeña y hermosa huerta; leyendo ensayos sobre los locos y los artistas que transforman el mundo, o comiendo, bebiendo y riendo con mis amigos, amando estos atardeceres en la ciudad de los jacarandaes y los trenes que van y no vienen y enamorándome de los extraños en las estaciones de subtes en la ciudad de los más ricos y los más malos.
Y que te olvido cuando te montás a esos satélites que se fugan hacia los agujeros negros, tal vez peleando batallas ancestrales, tal vez escapando de una pena de amor o de un fantasma que te acecha desde la infancia, o tal vez buscando la aventura de los marineros, los astronautas o los naturalistas.
Te pongo nombres, te dibujo arrugas y barbas, te invento oficios, te observo las manos, te afeito. Te saco los lentes, te veo como si tuvieras 15 años y se me llena el alma de ternura, y de compasión, y de sentimientos que bordean al amor, pero un amor que podría ser llamado de otra forma, un amor que no anhela, sino que cuida y cura.
Pero cuando no sos luminoso, cuando no te parecés al conde Vronsky ni un poquito, o te parecés tanto que podría terminar peor que Ana, me aferro como loca a la vida, a todo lo que de ella me emociona y me atrapa, y te recorto como si fueras una foto en una revista, te saco de la escena, de mi escena, te arrugo como al papel, te tiro al tacho de basura...
Pero...
Sophie Marceau en el filme Anna Karenina, 1997
Tu insistencia en retornar me está cansando.
Ni que fueras love of my life o algo parecido. Te querés hacer pasar por un amor más largo, o un amor más sensual, a un amor amante de lengua poderosa y melodías que hacen bailar toda la noche con los pies descalzos.
No creas que no sé perfectamente que sos uno de los que hacen que pasemos de un territorio a otro, ahí estás, en la frontera entre el ayer y el mañana. Debo sortear los obstáculos, el desierto, el río, los animales salvajes que acechan, la luna llena que convoca a mis deseos más primitivos.
Lo haré, lloraré unas lágrimas sinceras por lo que pude quererte y lo que no me quisiste, pero lo haré, dejo de molestarte, te dejo atrás para cruzar al otro lado del río, y desde ahí poder nadar hacia mar abierto.
Lo haré, la canción no lo dirá pero voy a dejarte tranquilo y haré este duelo en un dos por uno, este y aquel otro y todos los duelos que hay que duelar cuando se ha vivido ya un tiempo, aunque  tenga que acostarme con dos o tres extraños que escuchan rock&roll para no pensar más.
Remar, nadar, cantar en la canoa, la mano se desliza por el agua marrón.
Y entonces del otro lado quizá, haya otras canciones y otros encuentros con menos noche y un viento que infla ya mis velas.



jueves, 30 de noviembre de 2017

Dale, okey

Dale, okey. Vamos a vernos corazón.
Dejemos los peros y los superyós en algún cajón.
Las gramáticas de él, ella, ellos. Los de antes, los de ahora. Hagamos un recreo en la gran urbe, Babilonia también alberga algunos refugios, sólo es cuestión de buscarlos y tomar posesión unos momentos.
Seamos unas horas nosotros. Hagamos nuevas canciones y nuevos recuerdos para las horas negras y los duelos. Como ese del jardín, o aquel de la cocina, el que vos quieras.
Para calentar los pies en el invierno.
Hagámoslo.
No necesitamos mentiras ni promesas, ya nos sabemos.Ya sabemos en lo que somos felices un instante de tregua.
Una vez por década por lo menos, riamos como niños o, mejor, como esquimales.

domingo, 26 de noviembre de 2017

No soy tu cofre de plomo

Te estoy agradecida, no lo dudes. Por este frescor de primavera, quién podría no tomarlo, bocanadas.
¿Pero de qué cuidan tus abrazos, tus caricias -que son como una piel de lobo para sobrellevar un invierno de guerra-, cuando empiezan el verano y los tiros?
Pero también la fiesta, dulce fiesta, el baile, eros naciente, el cuerpo que pide.
Bailar como una joven desnuda pintada por una artista alemana que murió a principios del siglo pasado, y más.
¿De qué me acunan tus brazos fugitivos cuando todo es miedo, si tu fuga está hecha de silencio?
Yo no puedo con tu [no lo diré, he aquí mi lealtad], ni con tu [su contrario], sin palabras.
No puedo (casi) nada sin palabras.
Con palabras soy valerosa, incluso, puedo hacer por un rato el papel de heroína.
Puedo adaptarme a otro guión cuando quieras.
Con palabras, a veces, me arrojo a la osadía y tomo los riesgos sin calcular, aunque termine como una presa que ya sabe de antemano que tiene pocas chances, porque desde tres lados distintos la persigue un cazador chino. El cazador chino deja una alternativa abierta a la esperanza, a la inquietud de la vida: hay una posibilidad de escapar por un flanco. Se huye hacia el futuro, se huye hacia otro amor, se huye a un escenario donde ya se despliega un nuevo libreto que interpretaremos lo mejor que podamos mientas duren los carnavales.
Te estoy agradecida por el vino, ese, el primero, y esa charla sin tanta mascarada (parecía, era mi deseo que inventaba realidades donde no las había, pero había una pequeña verdad, había tus palabras).
El capricho a veces impone la voluntad de ser salvaje y ser al mismo tiempo tan urbanos como poetas que no saben escribir pero añoran el siglo XX, y sus pinturas y sus sueños, incluso, sus tragedias, porque hasta cierto punto esas tragedias tenían otra escala.
Escucho la palabra envolvedora del filósofo poeta, me lleva a mundos que yo quisiera no abandonar nunca jamás, donde hay conversaciones que todo lo trastocan, lo oscuro y turbio, por momentos, resplandece como si alguien iluminara repentinamente con una linterna mis soles negros.
Te vas, te estás yendo, pero yo no soy Marcel y claramente no sos Albertine, porque, mal que nos pese, el mundo nuestro y aquel, tan romántico, tan humanista, no se parecen como quisiéramos.
Pero si tal fuera el caso, somos más Sodoma y Gomorra que muchachas y muchachos en flor.
Aunque es suave tu piel y honesta mi risa. Y lindas las horas que ya no son y que fuimos siendo. Y bello, tu plumaje desplegado para la conquista, a qué negarlo. Ese abrazo que no llegó a ser beso, ese que termina en punto y aparte como una sonata inconclusa o como el movimiento de una bailarina que olvida la coreografía y se deja llevar, es el que mejor nos define, tal vez lo sabíamos, pero...Porfiados.
Quisimos ser gerundio porque el pasado siempre es imperfecto. Y no daba, no estábamos dando.
Te estoy tan agradecida, que ni siquiera cuando me enojo o cuando te olvido, lo pierdo de vista.
Zarpan naves, se hunden submarinos, matan pibes.
Y dicen que hay por ahí alguien que una vez más (incesantemente) nos reclama nuestra libra de carne.
Yo la entrego si es el precio a pagar.
Y ojalá encuentres tu cofre de plomo.
(Yo soy de plata, no soy para vos).

martes, 21 de noviembre de 2017

Como ella quiere, y no sabiendo


"El saber no sabiendo es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo jamás le pueden vencer;
que no llega su saber a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo".
(Sor Juana De la Cruz)


"Es la ley de Lol. 
Una demanda que hace que ella reclame ser besada sin pedirlo. 
Hold lo dice: ella quiere estar con él, pero como ella quiere".
(Mónica Torres, "La solución Duras")

Leo del ser de a tres de Duras, según Lacan, según Miller,* leyendo ambos a Lol V. Stein y su arrebato de amor, del que ya he escrito aquí.
Noises off, P. Bogdanovich, 1992
Puede que no entienda casi nada, pero si leo a Duras soy allí, como Lol o como un personaje de Silvina Ocampo que ama desesperadamente porque imagina, y cuanto más imagina más cela, y cuanto más cela, más desea.
Y es por eso que nos resistimos al amor. Porque nos resistimos al dolor,y es imposible una cosa sin la otra, el precio a pagar con una libra de carne de nuestro corazón.
Son tiempos de retaceo y negociación, regateamos como si vendiéramos mercancías en una feria de un pueblo costero, un toma y daca que nos deja a todos más pobres, más solos, pero (otra falsa premisa) más seguros.
Y encima, en las redes, todo lo imaginario se amplifica: los pequeños comercios de afectos expuestos, puestos en escenas, escarceos y despliegues de plumajes propios y ajenos, cortejos semi públicos,mascaradas para encubrir los verdaderos romances, persecuciones torturantes, indiferencias extenuantes, espionaje detrás de cortinados y trampillas virtuales donde -por más que nadie roce a nadie, todos vemos y miramos-, e igual van a parar allí los cadáveres, los gusanos, los prejuicios, los deshechos y las entrañas heridas de muerte de los que se atreven a salir de libreto.
Un poco de comedia que hace llorar, un paso de tragedia que hace reír.
Una pieza dentro de otra pieza, como si fuera una comedia de enredos de Lubitsch, Bogdanovich o DaríoVittori.

John Everet Millais, Ofelia. 1851.
Óleo sobre lienzo, 76,2×111,8 cm. Tate Britain. Londres
***********
Pero a la vez no soy ellas, ni Lol ni los personajes de Silvina, (ni mucho menos ninguna Ofelia, aunque aveces pueda acudir en tu ayuda) que aveces recogen -y gozan de hacerlo aunque lo padezcan- las migajas que sus amantes les destinan luego de amar en otras.
Incluso, si sus amados (también, o más) aman a otras, estas Silvinas que nos habitan, arden más hasta consumarse y consumirse.

De amar sé menos cada vez, pero quiero hacerlo a mi manera, quizá sea toda la sabiduría amorosa (si es que tal cosa existe) que una mujer pueda encontrar.
Pero, acaso, amar, gozar, desear, ¿es posible vivir algo de esto como si no existiera toda la literatura y el arte que nos construyen (a nosotras, a nuestro deseo, al prisma a través del cual comprendemos y sentimos la experiencia?).
La otra, la escena temida, el ser de a tres, no sé qué es para los señores genios del lenguaje y del inconsciente deseante.
Apenas sé (yo) que en ese espejo puedo perderme, puedo pasar a un mundo más fantasioso que el de Alicia, puedo amarte incluso solo a condición de que sigas siendo de ella, pero, ¡ay de mí, ay de nosotras! Me he cansado.
No quiero saber más de ella, mi fantasma, tu goce, mi tortura.
Ser o ser, E. Lubitsch, 1942.

*********
¿Me atrevo?

Quiero estar en la escena,quiero ser yo sin esa otra.

¿Será posible?

Nada sé.

Pero por favor, haceme reír esta primavera, con eso bastará.







* Ver más en http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/002/template.php?file=arts/variaciones/torres.html

lunes, 20 de noviembre de 2017

Que todo sea música y poesía

Camille Claudel, El gran vals, 1905
"Had we but world enough, and time..."

(Andrew Marvell, A su esquiva amada, alrededor de 1650: "si tuviéramos tiempo y mundo suficientes")

Cuando te pienso sos tan real que mi piel lo sabe antes que yo.
Sabe de qué estamos hechos, sabe del dolor que nos constituye, sabe de lo irremediablemente perdido que añoramos a veces, de los duelos que hemos hecho por lo que pudo haber sido.
Y del galope de los caballos salvajes.
Pero también sabe que estamos hechos, según dijo el poeta perro latinoamericano (y yo misma  tergiverso), de sangre, carne, semen, flujo, risas y lágrimas.
Cuando te pienso mis ojos saben antes que yo de qué estás hecho.
Se sosiega un poco el caos, hablamos, entonces pasamos de ese estar en medio de una pelea injusta y brutal de todos contra todos, para solaz de los amos, a un cierto orden de los cuerpos. No se trata de un orden controlado, es más bien una sustancia organizada por el deseo. Una pequeña tregua, un mínimo acto de arrojo.
Cuando nos abrazamos el mundo parece un poco más alegre, o menos triste, que es casi lo mismo pero distinto.
Cuando estás cerca hay más libertad. Hay más belleza en estos movimientos, la sangre fluye, nos desplazamos hacia alguna parte que puede ser externa a nuestro abrazo pero habita a la vez en nuestro sistema nervioso.
Ninguna ciencia sabe cómo explicar esto que estamos siendo nosotros y el mundo.
Nosotros somos también los nuestros y los que fuimos antes de encontrarnos. Y lo que imaginamos, incluso, todo eso que nada tiene que ver con este hic et nunc, que existe como posibilidad de un mañana que no podemos saber si llegará.
Somos todos los hombres y las mujeres de nuestros linajes, pero somos únicos.
Tu olor es como una propuesta que acaricia.
Suena The zombies.
No quiero saber más nada de los demonios por un tiempo.
Quiero irme al mar, al bosque, a la montaña, al río sin orillas.
Me hundo en el agua de un lago en la cordillera y el frío golpea mi pecho.
Eso fue en otro tiempo pero también es ahora, porque la palabra puede hacer esa magia.
(Inventarnos también a fuerza de decir: vos, yo, nosotros.
Necesitamos pronunciar nombres, enunciar una gramática que nos de forma y sustancia para escapar al vacío y a la nada que apenas sospechamos).
Paula Becker,
Niña en un bosque de abedules

Pero aun así, esto es la vida: zambullirse, emerger de un salto y llenar el pecho de ese aire que todavía conserva la memoria de sus remotos orígenes.
No quiero leer los diarios ni los portales ni mucho menos ver tele. Apenas las redes. Algo de radio.
Quiero que todo sea música.
Bailar hasta que me duelan las piernas.
Correr hasta que el cuerpo lo quiera.
Quiero leer poesía. Quiero escuchar las canciones que me envuelven cuando te pienso, te invento, te imagino, te encuentro, te detesto, te olvido.
Quiero una tregua que calme todo este asunto del vivir encarnados y ensartados por esta brutal manga de seres desalmados y enfermedades inventadas por la codicia.
Siento, como Paula Becker o la desesperada Camille Claudel y tantas antes que yo, que es preferible tomar riesgos a tener la vaca atada.
Es preferible escribir tonterías y deambular por ahí como las  artistas "locas" de principios de siglo que encadenarse a la muerte del desencanto y el desamor entre sábanas de seda y comodidades que enmascaran agonías.
No es romanticismo, lo juro, es supervivencia, es mi corazón que se niega a dormirse antes de tiempo.
Quienes están seguros y confortables quizá me miren con desdén o compasión. Nada saben del gozo (efímero, claro que lo sé), que muta a abismos profundos cuando el frío invierno llega; y aun así elijo cada vez.
Caer.
Prefiero caer, caer y perder, perder una vez más.
Sospecho que hay más calor en la caída que en  esas casas calefaccionadas rodeadas de alambres de púas y juguetitos TEC  para sentirse menos solos y menos angustiados.
Más calor en un abrazo de dos cuerpos que mienten lo menos posible, que se animan a quitarse las máscaras que usamos para no ir tan desarmados en medio de la jungla de predadores.
Respiro.
La libertad de llegar a ser quienes somos al menos un instante mientras el río sigue corriendo y el mundo escupe sus cadáveres.
Te miro. Sonreís. Sonrío.
Y eso a veces es suficiente para seguir: el movimiento de la vida en movimiento hacia todo eso que nunca sabemos.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Como esos astronautas

Ilustrador: lourenço mutarelli
Toda esa estética tan #RobberMiloLockett
todo robado, todo impostado, nada genuino.
Todo mentira y simulacro.
Todos esos ricachones de #cartónpintado, que ni para esnobismo les da el piné
y se ponen sus zapatillas hechas por manos de niños y niñas esclavas y se creen que eso les da estatus social y
son más esclavos que los esclavos, me dijo. Así, sin pausa, sin tomar aire para respirar.
Esclavos que gozan someterse al amo.
Entra un pibe, nos vende su mercadería: hilos de coser, pañuelos de papel, linternas que duran unos pocos días.
Todo hecho en China.
Él es una mercancía que vende mercadería.
Nosotros mercancías que compramos su mercancía para sentirnos menos peor.
Es la mercancía de cualquier gran urbe latinoamericana.
Fea, berreta, mugrienta.
Tiene un piercing en la nariz, no llega a los 10 o los 11, o tal vez sí, pero está desnutrido y eso confunde.
Sin embargo sonríe como si todavía le quedara un resto de inocencia oculta en las mitocondrias de las células de su epidermis.

Le pregunto algo para entablar conversación.
Nadie me mira, nadie me habla, me dijo una vez un vendedor callejero de medias.
Nadie nos registra.

Eso es lo peor.
Nadie te ve, nadie te ama, nadie se preocupa si no llegás a casa.
Si total sos una putita.
Un faloperito.
Si sos minita.
Si sos un negrito.
Es como cuando tu mamá no te da bola, pero mil millones de veces peor.
Es como si tu amante te ignorara, pero un trillón de millones de veces más doloroso.
Es como estar condenado a deambular eternamente en un desierto sin oasis, sin día, sin noche, sin tregua.
Como esos astronautas que arrastra la gravedad hasta el infinito.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Caprichito cariñito

I
Nada.
Eso queda.
Un vacío, un estertor.
Un pequeño nudo en la garganta pero, también
un anticipo de otra primavera.

Hubo quizá miles de cientos de partículas y moléculas que hicieron entre nosotros miradas.
Miel en bocanadas.
Agua en el desierto.
Todo lo que quisimos que hubiera, todo lo inventamos, todo lo que deseamos y lo que no deseamos, ¡ay! también...
Se pueden vivir mil vidas en dos días y mil muertes en un instante.

Mirame.
Quereme.
Cantame.
Cojeme.
Nombrame.
Y después, sigamos adelante.

II
Infancia entre las plantas, trepamos a los árboles como si no hubiera un final, la tierra en nuestras manos, caracoles, perros, inmensos cielos y frisos de castillos medievales poblaron nuestras imaginaciones de futuros dispersos.
Es como ser muchos contados por esta voz, es como ser otros y ser nosotros, los que fuimos, los que no pudimos o no quisimos ser, los que olvidamos.
Hermanados en nuestra desdicha y en nuestra esperanza, sucumbiendo a aquel cariño que crea filtros y engaños.
Puentes y abismos.
Creemos que los demás siempre viven en paraísos, que son amados y que el infierno es nuestro país cuando algo nos duele. Así lo siente la infancia, así se marca en esos pequeños corazones que tiemblan.
Tu casa se desmorona, tu padre te abandona, la muerte te visita, secuestran a los jóvenes.
Habitamos el planeta de lo oscuro y ominoso, tortura y cacería,
bombas y milicos genocidas, exilios, viajes, silencios, secretos, desapariciones.
Pero nuestras manos dibujan animales de colores, y nuestras miradas brillan puras  y expectantes.
Corremos en los jardines robados.
Teníamos el arenero y la infancia clandestina, la amada niña sin madre, el pibe Huckleberry Finn, la que tenía televisión en color, el que se murió demasiado pronto, la bella rubiecita, "las más grandes".
Ese calor nos habita todavía.
El caballo de los GS.
La tortuga mordedora.
Los gusanos de seda.
Seda: tu mano acariciando mi estío.
#Nuestrapiel.

III
(Ya la olvido, a vos, y a tu mano, a la caricia, pero no al deseo. Lo escribió el gran poeta florentino: "que en mujer muy poco el fuego dura como el tacto y la vista no lo enciendan", o algo sí, lo cito de memoria, no lo googleo)
Me vuelvo estatua de mármol, tus labios no me besan pero tampoco los anhelo.
Nada sobrevive cuando nadie lo cuida.

IV
Sabíamos las capitales del mundo, paralelos y meridianos y cuentos que eran como viajes intergalácticos.
Y a Poe, y al romancero español.
Y El país de las sombras largas.
Quise reír junto a vos, pero tu risa se escapa al inframundo.
No sé de qué sustancia además estamos hechos.
¿Vos te pusiste oscuro ni bien se te apagó la infancia o fue después?
Mucho tiempo pasó.
No me di por enterada, no sucumbí a tu encantamiento.
Teníamos sueños revolucionarios y mochilas livianas para irnos de viaje, y no para aplastar a otros con palabras venenosas y silencios cobardes.
Entonces, aunque ahora inventemos otra historia, me dejabas fría como la piedra, e indiferente.
Si claro, hay un poco de cariño, corazón, por los tiempos pasados.
Por esa, tu arrogancia adolescente que podía tener cierto atractivo para algunas chicas que no eran yo.
A mí, la nada misma.
Tal vez ahí intuía un dolor que me causaba empatía, una desesperación, un borde hacia alguna clase de abismo.
Todos éramos un poco parias, todos un tanto desesperados, sólo que todavía no lo sabíamos.
Después por suerte tuvimos bastante rock, y militancia para entender y desentender y olvidar lo que sabíamos.
Vos podrías creés que estás acá, en mis palabras que no leerás,
pero yo escribo para inventarte.
Tu ego te mutila.

V
Si no hay amor,
que haya al menos palabras.
Haremos un poquito de literatura tal vez, en otra vida.
Las canciones son armas de doble filo: a veces enamoran, a veces desencantan.
Los hombres casi nunca entienden el deseo femenino.
El arrebato.
La complacencia.
De pronto el éxtasis nos hace sucumbir: un tono, una palabra en el oído en el momento del amor, un olor que nos causa un escalofrío en la médula.
La nuca, territorio sensible.
Nada de lo que ustedes creen.
Todo distinto.
Y de pronto, ese gesto que todo lo destroza, cae el ángel, se vuelve un pequeño demonio de la legión de los turbios,
mientras tanto yo
escribo para poder quererte un poco.
Te dibujo con palabras que te hacen mejor y peor de lo que sos.
Más importante, (casi verdadero) de lo que nunca serás.
Caprichito.
Cariñito.
Te sentirás tan poderoso, así retratado
pero nadie es acá, somos palabras imaginadas.
Te invento así para poder quererte y después odiarte.
Y rápidamente olvidarte.
El maltrato no seduce a las personas, solo las envilece.
Pero está tan de moda
que dan ganas de zambullirse en el mar hasta que un tornado se lleve toda esta mala leche.



miércoles, 8 de noviembre de 2017

Una tuna en primavera






"Me he de comer esa tuna 
Me he de comer esa tuna 
Me he de comer esa tuna 
aunque me espine la mano".



Me comí una tuna,
o al menos eso intenté.
Me enseñaste el fruto,
moví la cola, perra al fin.
Mi deseo quedó a la vista.
A tu juego te llamé.
Rápido, demasiado rápido
me espiné la mano.
Un dolor superficial que convoca a otros dolores más profundos.
Una gotita de sangre roja como tus labios en mis sueños.

Ahora, a despinarse.
Saco una espina: tu risa se acalla.
La pulpa del fruto aún me tienta.
Saco otra espina: tu nombre estalla como una supernova enana, los fragmentos dan vueltas por el universo y se alejan hacia la galaxia de la nada.
Tal vez alguna espina se haya hundido debajo de la piel, (malditas canciones), pero estamos a tiempo de resolverlo.
Una espina hoy, otra mañana,
no hay daños mayores.
A pesar de eso, la primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido.

domingo, 29 de octubre de 2017

Deseo y seducción

 "El deseo es inconcebible sin una herida. 
Si hubiera alguien sin heridas en este mundo, viviría sin deseo". 
(John Berger, Esa belleza)

Podría escribir un mini road movie, que no sería exactamente un road movie, pero tendría algo de esa velocidad, de ese tiempo fuera del tiempo que constituye la materia de los viajes por carreteras y del deseo cuando este encuentra cauce. Como el dique que desborda, como el paroxismo de lo que nace como un pequeño gesto.
En los road movie y las historias de los poetas beatnik en dos días puede suceder una vida. Todo puede ser vertiginoso e intenso: dos ladrones que huyen de la ley, adolescentes en fuga hacia la muerte o hacia el futuro; un hombre que está a punto de pasar de largo y algo accidental lo detiene para que conozca a esa mujer con la que emprenderá una pequeña aventura.
Las pequeñas aventuras pueden convertirse en epopeyas, o simplemente en encuentros casuales en la carretera, nadie lo sabe, salvo los guionistas.
Y los guionistas son seres tan mitológicos como los que habitan cualquier otro panteón.
La gente puede dejarse tentar por la vanidad, o la ansiedad, la inseguridad, o por toda esa increíble gama de sentimientos que caben en los corazones humanos: incluso esos que todavía no tienen nombre porque nadie aún los ha sentido. Al tentarse, confunde ficción con realidad, se encuentra donde no está, se pierde en su propio hogar.
Se queda pegado en su propia trampa, telaraña auto tejida para protegernos de aquello que quema como el fuego pero también calma como un oasis inesperado en un desierto marciano.
Nos gana el miedo.
A veces somos incapaces de apreciar esas palabras que, mezcladas entre otras muchas, son como flechas que Artemisa (concedo que a vece es el pequeño diablito que acompaña a Venus, quién sabe) ha disparado exclusivamente para captar nuestra atención.
Fui al cine. A ver la de Sofia Coppola, El seductor. Debería de servirles de advertencia a esos magos de la conquista que no perdonan a ninguna presa.
El tratamiento que hace del deseo es extraordinario.
Pero es un deseo condenado por un exceso de racionalidad, de pragmatismo o especulación que mata cualquier amor antes de que empiece incluso a germinar.


Y aún así:
la mano que lava al herido.
(Tu mano que calma mi herida).
La luz mortecina de los rojos atardeceres sureños.
El canto de los pájaros cuando el mundo no conocía muchos más sonidos que los de la naturaleza.
Y esas mujeres que desesperan por un poco de placer, un simulacro de amor, o un amor que realmente las haga sucumbir.
Pero.
Llueve, siempre llueve en Ringuelet.
Las tormentas me asustan.
Algunos silencios pintan sombras que solo quisiera disipar.
Con canciones alegres, con melodías sencillas que hablen de la gente que viaja por carreteras primaverales, con el viento despeinándole las penas del pasado, con un roce de una mano y una pierna capaz de limpiar algunas heridas de esta guerra que es la vida.

jueves, 26 de octubre de 2017

El amor a veces es como dos islas

Encontré la cartera azul
y también un chat donde una vez más nos regalamos promesas como convites
porque ahí, a nuestro modo, nos comprendemos,
erotizando el teclado.
La imaginación coopera con recuerdos de vidas pasadas donde éramos bellos, y jóvenes alados que todo lo podíamos, incluso amarnos tanto como para subir a un bondi y dar cien mil vueltas para llegar a Plaza Italia en Palermo o en La Plata.
Siempre hay una Plaza Italia para los jóvenes enamorados.
Vos, asegurando que algún día me vas a escribir la melodía y la canción, el hitazo tantas veces reclamado entre sábanas y risas.
Yo, que te obsequiaría con eso que tanto conmigo te gusta.
Mientras tanto la vida sigue.
Encontré el pañuelo nuevo y las sandalias que me hizo L y me puse todo, con la esperanza de mejorarle al día su abrumadora catarata de palizas.
Fui la mujer herida y la indiferente, la que te deja sin haberte jamás tenido, la que se sonríe escuchando la música que nunca le pertenece, pero es de ella.
Encontré algunas de las fotos que resistieron al diluvio. Había bosques, fogatas, lagos, piedras y old boy friends.
Yo te dibujo con palabras y podrías creer que sos vos o que es otro, y en realidad, nada de eso tiene importancia.
Me preguntás si ya me quiere alguien nuevo.
Y cómo saberlo, nunca sé esas cosas, una vez me dijiste que me hubieras elegido como madre de los hijos que nunca tuvimos.
Y no tenías idea de cuánto lo había deseado, pero como un millón de milenios antes de que lo dijeras.
Aprendí hace poco que hay ambientes insulares donde la evolución sigue su propio ritmo.
El amor a veces es como dos islas: tan lejanas como para que no haya especies comunes, pero tan cercanas como para que esa ajenidad duela.
Yo te evoco en esas, tus mil caras, como si recordara las vidas pasadas por otras que no son yo, como si fueras ese que no sos vos.
Y nunca serás, ni seremos, tal vez fuimos.
Tal vez se trató solamente de una música que sonaba una mañana de sol.
Hay uno que sueña con ovejas eléctricas, y eso lo humaniza hasta que una lágrima rueda por su mejilla robótica. Hay quien sueña con anguilas congeladas.
Yo sueño despierta algunas veces en primavera.
Cae una noche enlloviznada de estrellas oriónicas.
Me escaparía con vos al campo
Me escaparía sola al fin del mundo.
Con un libro, junto al mar, sería yegua, caballo, tormenta de verano.
Encontré la cartera azul.
El mundo está estallando.
Un ejército de flores ponzoñosas ha invadido los corazones de los capitanes y la soldadesca, los conventos y las escuelas, la noche, el día, las casas de los gauchos insufribles y de los poetas rabiosos.
Las palabras se han cargado de veneno, la tele, la caricia que ayer te hizo gozar es pura hiel hoy.
Hemos destruido todo,
asesinaron a un pibe y lo escondieron 77 días.
Nos queda un poco de amor en el último cajón del placar.
Nos queda un refugio para el amor, allá, horneado en la infancia.
Los amigos nos cobijan y nos dan de beber en este desierto infinito de iniquidades.
Te haría el amor bajo las estrellas hasta quedarnos dormidos.
Y están los hijos,
que son como tsunamis de amor y de dolor por lo que viene.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Mirar allí donde la vida no es habitualmente mirada mientras preguntamos dónde está Santiago Maldonado

Ayer me detuve en un fragmento de un reportaje a Milagro en el que decía (no es textual) que cuidarla a ella era cuidar a la patria (que es el otro), y para eso había que estudiar y militar. 
Yo agregaría hacer obra. La que sea que nos convoque. De modo que estamos frente a una gran tarea y una gran responsabilidad, en especial quienes ya somos gente con alguna edad (como diría Soraya Polonara, o adaptando su decir).
En esta etapa me parece que no podemos darnos el lujo de quedarnos en casa y no ponerle el cuerpo a ciertos reclamos y tampoco podemos no intentar pensar, poner en cuestión nuestros saberes y discursos. Nuestras escasas certezas incluso. Leer y leer (ensayo, poesía, literatura, periódicos, escritura académica, series, canciones, guiones, pelis, posteos en redes, sin "o", más bien con "y"). 
Conversar, discutir.
Usar redes y las calles (no es "o").
Escuchar. 
Hablar con otras personas que no sean de nuestro palo y de nuestra tribu.
Mirar allí donde la vida no es habitualmente mirada (por ejemplo, como hace Cristian Secul Giusti, y desde ya Fernando Fernando Peirone. También sugiero Elvira RomeraAlejandro Donnantuoni) además de lxs autores que nos gusten y nos ayuden a reflexionar habitualmente.
Tratar de recordar en horas de desesperación que hay historia y prospectiva. 
Hubo Alejandros amando a sus conquistados persas.
Hubo siglos de Sefarad o Al andaluz, de hegemonía inca y azteca.
Hubo expulsiones, pogromos, conversiones forzadas y brujas quemadas.
Y zares déspotas y crueles y revoluciones ardientes y rojas.
Y japoneses torturando chinos.
Que hubo genocidio de pueblos originarios, Auschwitz, y Campo de Mayo también porque de algún modo se olvidó en la memoria colectiva.
Pero hubo Primo Levi y hubo juicios de la Memoria, la Verdad y la Justicia. 
Que si la policía amenza a un maestro y la Gendarmería secuestra a Santiago Maldonado, tenemos que poder sostener que donde vayan los iremos a buscar.

jueves, 28 de septiembre de 2017

The Handmaid's Tale, ¿el futuro es una pesadilla?

Obispos y Papas en el siglo XXI  
Leo por ahí que un grupo de conservadores, especialistas en teología, denuncian que el Papa Bergoglio ha cometido varias (siete, para ser más precisos, número cabalístico seguramente con una carga especial) herejías en su última encíclica,  Amoris Laetiti (La alegría del amor).
Habla allí  precisamente de aquellas cuestiones vinculadas al matrimonio, al divorcio, a los castigos, perdones y leyes que regulan lo que la Iglesia (católica romana) acepta, espera, aprueba de sus feligreses. Es decir, la moral que rige la vida común y también la vida privada, la moralidad de las costumbres seculares como causal superior a cuestiones espirituales y éticas más propias de la vida religiosa y los verdaderos preceptos cristianos, como el amor al prójimo, la compasión, la vida ligados a otros y religados. Pareciera un baño de espiritualidad, ya que lo del Papa refiere a principios humanizantes y humanizadores que no tienen que ver con por dónde la pasa el goce sexual a las personas sino con cómo entiende los vínculos humanos, cómo entiende la humanidad y el lazo de amor que puede establecerse para afrontar los males del mundo, los males del mal. De esta materia todavía están hechas las discusiones del siglo XXI, parientas lejanas de aquellas de siglos pasados, aunque ahora convivan con problemas globales y complejos relativamente nuevos que auguran apocalípticos escenarios. O tal vez por eso mismo. En tiempos de hegemonía de un monoteísmo totalitario como es el capitalismo en su fase actual, retornan preguntas y debates acerca de qué es aquello que nos hace humanos, de qué está hecho nuestro espíritu, nuestra identidad, nuestra unicidad, y en todo caso, el sentido de nuestra vida.
Tengo para mí que hay más herejía (o al menos, perversión) en la regulación pormenorizada de los actos sexuales propios y ajenos que en la tolerancia a la violencia, a los genocidios, a la explotación de los hombres por parte de otros hombres, a la trata de personas, a la pedofilia, a la destrucción del planeta y de las millones de vidas consideradas "prescindibles". Es decir, a casi todos los aspectos estructurales del capitalismo.
También leo por ahí que el obispo ultra conservador de La Plata una vez más lanza diatribas contra los homosexuales. Los desprecia, los estigmatiza, se obsesiona con ellos de un modo que da lugar a sacar más conclusiones respecto de los oscuros deseos de este hombre que de los preceptos de la institución eclesiástica en el siglo XXI, cuando además la religiosidad de millones de católicos ha sido capturada por iglesias de lo más diversas, la mayoría posiblemente más vinculadas a los negocios y las matrices ideológicas estadounidenses que a las tradiciones cristianas más ligadas al mundo latinoamericano, sobre todo en sus versiones emancipadoras: esas tradiciones cristianas tercermundistas ligadas a la Teología de la liberación y los movimientos de sacerdotes que optan por defender a los pobres y se preocupan bastante menos de si los fieles cojen entre personas del mismo sexo o distinto sexo, siempre que no sean niños/as y que consientan.

 Mujeres, sexualidades y libertades
Las redes sociales y las plazas explotan semana semana con noticias de femicidios, de pibas secuestradas, de mujeres abusadas, de cuerpos femeninos devenidos objeto, ya sea para explotarlas sexualmente, ya sea para explotarlos laboralmente, ya sea para explotarlas como úteros andantes, ya sea para los múltiples y diversos fines en los que el poder patriarcal somete a las mujeres, a la par que las condena (a veces incluso a muerte directa o indirectamente) cuando estas deciden libremente sobre sus cuerpos, su sexualidad, su reproducción, su progenie.
Te mato/condeno/acuso si cojés, sino cojés, te mato/condeno/acuso si te embarazás, te mato sino lo hacés, te mato si abortás. 
También el espacio público y discursivo empieza a alojar y visibilizar formas de organización y resistencias de las mujeres, múltiples feminismos que hacen acto, que hacen palabra, que hacen música, que hacen política.
Pero todos (o casi) son de algún modo hijos de un dolor, de una herida, de una tragedia.
De una chica desangrándose en una camilla de un hospital por un aborto ilegal.
De una mujer madura mutilada en un quirófano porque para la ciencia y para los médicos es más fácil extirpar un útero que escuchar, o que investigar las causas de las muchas enfermedades que las mujeres padecemos no a causa de una maldición bíblica sino a causa de una serie de políticas empresarias y médicas.
Mujeres violadas, mujeres que ya ni cojer por placer pueden de tan exigida que tienen la vida, tan a la vista todo, tan señaladas por ser demasiado jóvenes, o demasiado viejas, o demasiado gordas, o demasiado flacas, o demasiado intelectuales, o demasiado bellas, o demasiado verborrágicas, o demasiado histéricas. osea, demasiado mujeres.
A la vez, no sé si por cuestiones ligadas a la estadística, a la alimentación, a las condiciones de vida urbana en el mundo actual, cada vez más parejas tienen problemas con la fertilidad. Las personas ricas compran soluciones a este tema, como se vende y se compra cualquier otra mercancía en el mundo capitalista. Los estados más democráticos, debaten estas cuestiones con tiempo, construyen sistemas de regulación ligados a los derechos humanos, controlan mejor la voracidad de las empresas, aunque desde ya no por eso se libran del negocio de la salud, del negocio del deseo de satisfacer las necesidades personales aunque eso implique el avasallamiento del otro, su explotación, su uso, su destrucción.

Falsas promesas de felicidades imposibles

Converso y leo por acá y allá, vemos surgir empresas que disfrazan su afán de lucro con discursos seudo espiritualistas que venden el trajo espiritual como quien vende una pastillita para dormir. Todo ese new ageismo nefasto, vinculado a los negocios transformacionales que atraviesan todos los dispositivos de poder, sobre todo, el de la política-espectáculo. Ya no sabemos si nos gobiernan pastores de cartón pintado mezclados con show man televisivos o políticos. Manipulan emociones con el principio de venta del discurso publicitario y nada tiene que ver eso con cualquier trabajo o recorrido espiritual verdadero, que implica un esfuerzo, un trabajo de toda la vida, algo de lo que los griegos implicaban en el oracular "Conócete  ti mismo". ¿Quién prometió que sería un trabajo sencillo, y sin costos no comprables y vendibles con dinero?

Leo a Siri Hustdvedt, que se define como feminista, como novelista, y muy interesada en la ciencia, preguntándose por qué se le asignó un papel preponderante a la ciencia (¿tal vez por la facilidad para percibir los resultados directos de su aplicación, sean estos buenos o malos?) y no así al arte, a la literatura. ¿Acaso, se pregunta Siri, no produce efectos, no produce grandes transformaciones en las personas la lectura de una novela, la vista de un cuadro, el escuchar determinada obra musical?
Hace unos cuantos años leí una novela que se salía del registro habitual de su autora, famosa por sus policiales: me refiero a Children of the men, de P.D. James, distopía situada en un futuro donde la humanidad se ha vuelto masivamente infertil, y de la que luego se hizo una película muy buena también, dirigida y co guionada por Alfonso Cuarón.

Dicho todo lo anterior y en esa misma línea, provocando quizá por eso una inevitable  fascinación empecé a ver  The Handmaid's Tale (El cuento de la criada), serie  estadounidense creada por Bruce Miller y que se basa en la novela homónima (de 1985) de Margaret Atwood, que se transmite por una plataforma que aún no se ve en América Latina,  Hulu, y cuenta con una temporada de 10 episodios estrenados en 2017, y con una segunda temporada que se estrenará el año próximo.

Al igual que en Children...en un futuro no lejano cae drásticamente la natalidad y estallan una serie de conflictos como los que en la actualidad estamos atravesando: contaminación ambiental, cambio climático, enfermedades epidémicas de transmisión sexual, guerras ... Para afrontar estos problemas una parte de Estados Unidos, bajo la conducción de una secta que enarbola los principios conservadores y una concepción de la mujer y la familia similar a la del obispo platense, se rebela, voltea al gobierno e impone una dictadura militarizada. Vivir en este mundo de Gilead,  gobernado por una elite de poderosos millonarios con doble moral y doble discurso (¿cuándo no?) que se sostiene mediante la delación, el espionaje, el disciplinamiento de los cuerpos femeninos mediante la tortura,  una violenta fuerza militar que elimina cualquier acto de rebeldía y una doctrina religiosa ultra conservadora,  (la clásica unión entre los hombres ricos, el poder militar y la religión oficial al servicio de éstos) es una experiencia opresiva y muy difícil para quienes aún aman y recuerdan sus vidas pasadas. Vidas en las que el consumismo, la desigualdad social y los problemas mencionados (cambio climático, contaminación, infertilidad) creaban muchas dificultades, pero se ejercían derechos y había posibilidades de ser y elegir quien ser. De enamorarse, de cultivar la amistad y la solidaridad, de estudiar, de hacer política.

¿El futuro es una pesadilla?
El nuevo fanatismo  nada tiene que ver con la tradición compasiva de la religiones, sino que es deudora de un moralismo puritano que regula con perversos (muy perversos) rituales la vida sexual  y reproductiva de las parejas, y de las pocas mujeres fértiles, tomadas como "criadas" (handmaid), esclavas que mantienen relaciones sexuales con sus amos varones para garantizarles a sus amas mujeres un hijo/a.
Todo ese mundo está además regido por prácticas cotidianas de vestuario, alimentación, domésticas, que semejan el pasado, a la vez que toda clase de simbolismos autoritarios en la moda, la pérdida de la individualidad que incluye hasta la pérdida del nombre propio o la posibilidad de elegir un color para vestirse o un tema de conversación, de estas mujeres secuestradas y prisioneras del nuevo orden social.
El tema de la religión, el problema de la libertad, siempre en tensión con la seguridad, el amor como motor e impulso de vida en contraposición al control totalitario de los ricos (el amor como un vínculo humano subversivo y revolucionario) son estetizados con una elocuencia narrativa visual sofisticada y muy original, con guiñes hacia el comic y el animé. No es fácil, en la era de las series, producir una obra tan original en su fotografía, la música, el clima que logra sostener y el manejo del tiempo, que podría resultar muy lento para quienes no se deleiten en los detalles.
Entre monocromías del paisaje de una ciudad nevada, como Boston, entre mansiones victorianas, o bosques de arboledas grises y cielos nublados, los rojos del vestuario de las criadas, los verdes de las señoras, los marrones de las "Marthas" (las criadas de limpieza) difieren de los colores que propone la novela, pero causan la misma efectividad narrativa, y más aún. La sociedad en la que la protagonista y narradora June Osborne (Elisabeth Moss) renombrada como Offred, está organizada por líderes hambrientos de poder, un jerárquico fanatismo y nuevas clases sociales. En ella las mujeres son subyugadas, por ley no tienen derecho a trabajar, a leer, a controlar dinero o propiedades. De acuerdo a una "interpretación extremista" de un versículo de la Biblia, cada handmaid es entrenada y sometida  para luego ser "asignada" a los hogares de los altos gobernantes, donde serán mensualmente víctimas de una violación ritualizada por sus amos.
June Osborne (Elisabeth Moss, de Mad men y Top of the lake) es la sirvienta asignada a la familia del Comandante Gileadan Fred Waterford (Joseph Fiennes) y  a su esposa Serena Joy (Yvonne Strahovski), referentes importantes tanto del surgimiento como de la organizaicón política de Gilead, pero a su vez tienen tensiones con las condiciones de ese mundo que han ayudado a crear. Por supuesto, surgirá una resistencia, una rebeldía clandestina, la sororidad clama por batallar ante tanta muerte.
"Solo queríamos hacer un mundo mejor", le dice el Comandante Waterford a su criada. "pero mejor no significa mejor para todos. Para algunos siempre es peor".
Veremos en las próxima temporada donde queda la política y la resistencia.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Las Gárgolas, de Diana Rogovsky y Luis Menacho


Ayer fui a ver Las Gárgolas, obra de música y danza de Diana Rogovsky y Luis Menacho. Se trata, según lo que leo en su página de Facebook, de  "Una obra de música y danza entrelazadas desde su propia génesis; surgió de preguntas y diálogos artísticos desde las propias disciplinas hacia la pintura y la poesía, al misterio del cuerpo y sus superficies y sonidos enmarcados en la presencia constante que sobrevuela la catedral gótica de la ciudad de La Plata, ciudad donde vivimos.
La dualidad propia del gótico se reactualiza en la oposición y el contraste de elementos que transitan umbrales, del silencio a la sonoridad abrumadora, como asimismo en los materiales tímbricos escogidos: la linealidad vocal femenina y la percusión, lo acústico y la electrónica.
Las Gárgolas propone con estos elementos aludir y sugerir vínculos con diversas lecturas del cuerpo, el saber, las pesadillas y sus fantasmas y el amor en la historia del arte. Así sonido y cuerpo, piel, carne, sombras, luz y un universo sonoro de reminiscencias medievales invita a revisitar un pasado de actuales resonancias".
Foto de la página de Las Gárgolas
Los y las espectadores familiarizados con la historia del arte, la mitología y la arquitectura platense, o con estudios culturales, estéticos y biopolíticos la disfrutarán incluso no siendo habitués de la danza. La obra admite múltiples lecturas y entradas. No sólo por el notable trabajo de todos los intérpretes en escena (bailarines, cantantes, músico) o la iluminación, el vestuario, la puesta y desde ya, la composición y la dirección de música y danza. No sólo porque integra también al público en algunos momentos de clímax, sino también por el repertorio de referencias que implican a los diversos sentidos y a las diversas significaciones que estos convocan. Oímos, vemos, sentimos. Por momentos, la acción transcurre íntegramente en el escenario, por momentos, nos envuelve, se diluye, nos desespera.
Y al mismo tiempo que moviliza la dimensión sensible, se trata de una obra que indudablemente surge de un trabajo intelectual, de un esfuerzo creativo singular.
Con referencias múltiples en los diversos lenguajes entramados (danza, música, escenografía, canto, vestuario) a mitos clásicos de varias tradiciones, se puede ver allí también en clave metafórica una inquietante interpelación a la deshumanizacion de los vínculos en el mundo contemporáneo. La disolución de la subjetividad que imponen ciertos dispositivos algo caníbales de la desde sociales, que nos proponen una exposición extenuante que puede empujarnos a la intemperie y a la soledad; la violencia de los sátiros de la mitología griega reconvertida desde el gótico en la violencia machista que acaba con tantas vidas de mujeres.
Foto de la página de Las Gárgolas
Las gárgolas góticas, oscuras, congeladas, inertes, mutando, verbigracia del demiurgo musical, en payasos, en guasones, en caníbales, en perseguidores de una etérea ninfa nórdica celta y en adoradores algo brutales del florecer de una diosa pagana dionisíaca, con intervalos donde se vuelven amantes condenados al eterno encuentro/desencuentro con que el amor humano nos afecta. Las mujeres y lo femenino tienen un enorme protagonismo en esta obra que una y otra vez pone el cuerpo en escena sin eludir a Eros en su potencia, pero tampoco esquivando lo tanático.


Ficha técnica:
Máquina Secreta presenta a Diana Rogovsky en dirección de danza y Luis Menacho en composición musical, con Anyelén Demichelis, Ludmila Lobato, Alejandro Lonac, Gabriel Lugo, Mónica Menacho como bailarines; Alejandra Cabral, Alejandra de Olano en canto y Daniel Viera en percusión, en Las Gárgolas, una obra de música y danza.
Con material de danza de los bailarines y Leonor Martorell, Victoria Parada y Florencia Riafrecha.
Diseño y realización de vestuario: Sofía Camparo.
Diseño gráfico: Adán Cohen.
Video y fotos: David Menacho
Diseño de Iluminación: Paula García.

Fechas
Domingo 10/9 20hs.
Viernes 29/9 21.30hs.
Domingo 1/10 20hs.
En el Galpón de La Grieta, calle 18 y 71 La Plata.
Con el acompañamiento del Programa PAR Secretaría Arte y Cultura UNLP.


sábado, 12 de agosto de 2017

¿Dónde está Santiago Maldonado?

Es como llevar en los huesos el peso de la memoria de lucha y llanto de todas esas madres que constituyeron las Madres.
La princesa inca y sus servidoras hermanadas,  contemplando todas, en la confluencia de la incredulidad y la desesperación, el asesinato de toda su prole, la carne mutilada de los nacidos de su entraña.
La muchacha irlandesa que pare el hijo del patrón inglés violador y lo cría, sobreponiéndose a la vergüenza con amor, para verlo partir hacia el fin del mundo, allá en el sur de América donde todo es posible, y perderlo en una trágica semana de lucha y represión de obreros.
Es como sentir en la piel el ancestral dolor renovado de la joven madre rusa que mira caer uno a uno sus hijos, soldados revolucionarios alzados contra el fascismo alemán, y cuando logra salvar a uno, verlo torturado en un basural donde fusilan a los trabajadores que levantan cabeza en nombre de Perón.
Es como si en nuestra sangre corriera el plasma de esas madres que estiran las manos en las noches de buenos sueños, sueños que les traen a sus hijos como eran y debieron ser: vivos. 30.000 sueños secuestrados, torturados, desaparecidos y abortados por los predicadores del odio y el anti aborto, justamente.
Es como si los que desaparecieron dos veces a López acecharan como lobos salvajes, pero con esa crueldad que ni la fiera más hambrienta es capaz de realizar. La crueldad de su perversidad al servicio de patrones cuyas almas no conocen la piedad sino solo la insaciable sed de riqueza a como de lugar.
Es el cuerpo mutilado de Luciano Arruga una y mil veces en los barrios de las grandes urbes donde los narcos y sus socios prostibulares se llevan a nuestras pibas para explotarlas.
Los mismos que financian campañas amarillas, los matadores de Emilia que se sientan a la mesa de las actrices de la posverdad y bancan con la violación de las pibas la política de las hienas humanas.

La plaza duele.
Las madres y las Madres. Las de 80 y 90 cuyas voces y cuerpos tiemblan del cansancio sin descanso de reclamar.
Habla Sergio Maldonado.
Habla la cuñada de #Santiago Maldonado.
Cómo es que estamos otra vez acá, cantando que "resulta indispensable aparición con vida y castigo a los culpables"?
Quién abarazará el desconsuelo de esa madre, allá en 25 de Mayo, rogando no pasar a formar parte de las madres y las Madres que buscan la verdad y la justicia, que buscan lo que no quisiera buscar ninguna madre?
Una madre a la que el Estado tiene que darle muchas explicaciones.
Pero no.
Porque ese estado está en manos de los desaparecedores y sus socios.

Llora la noche.
Llora la Plaza.
Lloran nuestras moléculas.
Dónde está Santiago?

jueves, 27 de julio de 2017

El Negro Muiña, una parte de la ciudad, una parte de nosotros

Se murió el Negro Muiña, y estos recuerdos vinieron a mí.
Andaba yo por los 22 o 23 años, a punto de recibirme, trabajaba en la por entonces Subsecretaría de cultura provincial y tenía un jefe entrañable y que estaba lo suficientemente loco como para confiar grandes responsabilidades a pibes y pibas que apenas estábamos floreciendo.
Claro, por entonces no lo sabíamos, algunos de nosotros ya habíamos pasado por la fe absoluta en la revolución colectiva, la conversión desde un progresismo izquierdista al peronismo, la militancia política barrial, los talleres, el nihilismo y el existencialismo; y mientras el menemismo sacudía los cimientos de nuestros sueños, hacíamos arte, leíamos poesía y escribíamos artículos, cuentos y novelas impublicables.
Bancábamos a las Madres y las Abuelas, al principio, eso nos hacía sentir raros y algo aislados de las mayorías. Después fue diferente.
La política nos daba cachetazos, pero el rock nos acogía, y  aunque no teníamos un céntimo y había que patearla todo el día o combinar el tren y la bicicleta, aunque se podía vivir una semana entera con arroz, yerba y cigarrillos armados o Achalay, mis amigos pintaban, grababan, esculpían, tocaban la guitarra, dibujaban.
Íbamos a recitales de Spinetta, de Charly, de Pat Metheny, de los Redondos, de Fito Paéz, de Virus.
Teníamos mucho sexo, teníamos amor, y por lo general, teníamos las dos cosas.
Al igual que mi hermana y otras amigas, a los veinte ya tenía un recorrido laboral. El primer empleo: de moza (no se decía camarera entonces) a una edad prematura, todavía en secundaria. Como iba a un colegio de las élites de la clase media profesional universitaria platense, era poco lo que allí trascendía del barro en el que a veces se hunden las más bellas y prometedoras familias.
A los 16 servía ginebra y cerveza a las "estrellas" de rock locales, y a muchos que luego lo serían, y mis amigos y mis amigas me hacían el aguante, y cada tanto caía algún novio, o ex novio o futuro novio, a sorprender la noche platense del triángulo de bares.
De todo ese material estaba hecho mi círculo social y afectivo, y tal vez por eso cuando mi jefe L. me tiró el desafío de convertir el hall central de la casa donde funcionaba Cultura en una sala de exposiciones para que los artistas jóvenes hicieran su primera muestra, lo tomé con la naturalidad con la podemos tomarnos las cosas a los veinte, creyendo que lo podemos todo.
Y algo pudimos. Hicimos Espacio Joven, ganamos muchos amigos -y algunos poderosos enemigos de los cuales no teníamos ni la menor conciencia. Luego la tuvimos, claro. (Cuando alguien con poder se decide a humillar a alguien más débil y más joven, se aprende rápido. Esas cosas son inevitables, como las decepciones.)
Empezó así, con una muestra de unos amigos, y siguió, con la ayuda inestimable de H, y muy pocos más, pero de los que valen la pena, y se convirtieron en cinco años y más de 90 muestras de artes plásticas de jóvenes desconocidos, en la capital provincial y en un organismo público de cultura.
Todavía no estaba terminado el Teatro Argentino, había muy pocas salas, casi no existían espacios culturales, estábamos construyendo algo que no existía, y no nos dábamos cuenta.
A la mañana, hacía mi trabajo de oficina, vestida o disfrazada de más grande, porque a veces me iba a dar clases luego, a gente que en su mayoría me llevaba varios años y era mi perfomance para sentirme segura.
La jornada se hacía larga porque cuando llegaba H, nos convertíamos en un equipo de montaje, dejaba los taco aguja y lo ayudaba, él la tenía clara: nos subíamos a las escaleras a dos metros, colgábamos los cuadros, acomodábamos las obras, muchas veces con participación de sus autores y familiares.
Mis compañeros de trabajo formaban distintos agrupamientos: los que se escandalizaban de semejante uso del hall de la Subsecretaría (de cultura), en especial cuando las muestras eran extremadamente vanguardistas para la época (los noventa), los entusiastas y curiosos, y los indiferentes. Curiosamente, pese a trabajar en un ámbito cultural, la mayoría estaba lleno de prejuicios respecto a la plástica.Un grupo minoritario se sumaba, colaboraba, quería ser parte. Eso siempre ayudaba, porque me hacía sentir respaldada y acompañada. Animarse a ciertas cosas siempre paga un precio, lo sabemos. Pero entonces todavía no lo entendíamos.
Nacieron nuevas amistades, posiblemente con otras personas que estaban dispuestas a pagar el precio de su deseo, como el caso de V, y otros más.
Foto de Florencia Olivieri, publicada por Martín Basterretche
Más tarde, en la época en que vivía cerca, iba hasta mi casa, me bañaba, me cambiaba en menos de una hora y regresaba, porque a la hora de la inauguración fungía de anfitriona y ayudaba a servir algún ágape o atender a la poca prensa que se acercaba. Lalo Painceira, por ejemplo, siempre.
Mi jornada había empezado a las 7, había atravesado distintos roles, y llegaba a la noche. En el medio, casi todos los días de inauguración (tres por mes), me hacía una escapada hasta Capítulo, a la vuelta, en calle 6, y charlaba con Perla o, sobre todo a esa hora, con el Negro.
Todo eso ocurrió -si mi memoria, siempre caprichosa, no me juega alguna trampa- antes de que mis amigos se hicieran a su vez amigos de él, antes de que se cruzaran relaciones familiares, sociedades comerciales, crisis, problemas de negocios y de enfermedades.
Todo eso fue como en la prehistoria. A él lo conocía todo el mundo en la ciudad. En mi caso, desde niña, porque mis padres compraban libros en Capítulo y mi madre tenía amistad con Perla. Eran tiempos de cero cadenas y pocas, y muy buenas, librerías.
El Negro era curioso, sonreídor y seductor, le encantaba conversar de libros, pero también de arte, de política, de chismes platenses. Y por entonces compraba la milésima parte de los libros que deseaba, y en general, los compraba en librerías de usados o los leía prestados, así que no era una buena clienta, ni posiblemente nunca lo fui, porque en los años siguientes, cuando tuve un poco más de ingresos, compré mucho libros en Buenos Aires, en calle Corrientes, y cuando realmente mi situación fue más holgada (¡pesada herencia!) y pude comprar libros, las cosas ya habían cambiado mucho en la librería.
Y en nuestras vidas, claro.
Quienes conocen mi trama familiar y social podrán preguntarse por qué elegí este recuerdo tan lejano para evocar al Negro. Quizá porque como aprendimos de Proust, la personas con las cuales mantenemos vínculos de amistad o sociales durante tantos años se nos van revelando en sus -y nuestras- diferentes facetas y miradas, y es muy difícil recuperar esas primeras sensaciones, esos recuerdos despojados de todo los claroscuros de los que están hechos los vínculos humanos sostenidos en el tiempo.
Lo que sé es que en el entramado cultural de La Plata, el Negro Muiña y la librería Capítulo -con P., por supuesto, también con mi querido amigo E., con C., con todos quienes dejaron allí sus marcas- tuvieron una centralidad maravillosa y allí varias generaciones de lectores, estudiantes, docentes, descubrieron nuevos mundos y aventuras.
Y hoy, cuando vi en el muro de mi amigo M. la noticia de la muerte de Jorge, el Negro Muiña, me acordé de un tarde, nublada como la de hoy, a punto de inaugurar quizá la tercera o cuarta muestra, ya un poco más segura, yendo a dejarle unos volantes a la librería para difundir (en tiempos donde no había Internet), y me acordé del Negro, sonriente, que no paraba de preguntarme cosas de la muestra, de los artistas, de la vida, mientras me recomendaba tal vez La conjura de los necios, o alguna otra novela.
Se va una parte de nuestra amada ciudad de La Plata.

lunes, 19 de junio de 2017

Esta mujer celeste y blanca


"-¿Qué querían hacer?

-Fondearla en el río, tirarla de un avión, quemarla y arrojar los restos por el inodoro, diluirla en ácido. ¡Cuanta basura tiene que oír uno! Este país está cubierto de basura, uno no sabe de dónde sale tanta basura, pero estamos todos hasta el cogote.
-Todos, coronel. Porque en el fondo estamos de acuerdo, ¿no? Ha llegado la hora de destruir. Habría que romper todo".
(Rodolfo Walsh, "Esa mujer", 1966)



A comienzos del año 2000 unos compañeros de trabajo que militaban en el Frepaso me invitaron a una cena con una diputada patagónica que se le había animado, casi en soledad, al menemismo.
Tenían que juntar 100 personas para una cena que se hacía en Club Español, frente a la Plaza San Martín, La Plata. No voy a decir quienes me invitaron, porque algunos ya no están y otros hoy trabajan para el neoliberalismo salvaje, pero sí recuerdo que no era fácil sumar 100 personas.
Muchos de los que dentro de mi ámbito declinaron la invitación, con los años llegaron a ser no solo seguidores de "esa mujer", sino incluso funcionarios.
Me acuerdo que había que tratar de sumar gente, pero nadie entre mis amigos de la militancia estaba muy interesado. Era un día de semana, eran tiempos de mucho escepticismo, no sé... Fui con mi querida amiga Maria Renati, que hace años vive en Francia. Y si bien nunca compartimos espacios políticos, allí coincidimos con mi madre, Monse Lapalma, que había ido por invitación de Nora Cesar. Me acuerdo que mi madre,feminista pero no peronista, me dijo que admiraba mucho a la única oradora de esa noche.
Salí de ahí cautivada. Sintiéndome una privilegiada que había sido beneficiada al poder escuchar a una dirigente que se destacaba y por encima de todos/as los que conocía. Fue como me pasó una vez que habíamos ido a ver a Virus en un club en Buenos Aires y cuando ya se iba todo el mundo y quedábamos pocos apareció Cahrly y tocó como seis o siete temas para un público privilegiado, en tiempo en los que estaba presentando La hija de la lágrima.
Jorobé a medio mundo durante varios meses explicándoles que si hubiera muchos como ella, que no sabían lo que era, que era super inteligente, valiente, jugada, que tenía una visión a futuro, que no mentía, que era linda, que hablaba como ninguna.
Me decían que "era la mujer de", pero yo la escuché y a los dos minutos supe que no era la mujer de nadie, era la compañera de su compañero.
Y si le pertenece a alguien, es a nosotros, al pueblo argentino.
Desde entonces la vengo siguiendo.
La admiro, la quiero, la respeto, a veces la puteo.

Supe siempre que era humana, que cometía errores, que tenía oscuridades, pero a veces uno lo olvida y los grandes líderes les pedimos que sean infalibles, como si fueran dioses, y cuando el poder despliega sus alas, sus rituales, sus liturgias, cuando cae el velo de Apolo, cuando los dioses se humanizan, muchas veces nos desilusionamos, tememos, murmuramos.
Cuando miramos al resto, cuando ese vínculo amoroso, esa palabra que se vuelve significante en el discurso del pueblo, de amor, de justicia, de reparación, de reconocimiento, nos reencontramos nuevamente con esta mujer, la que fue, la que soñamos que fuera y no fue, la que ni imaginamos que podría ser, y fue, y la que necesitamos que sea.
Esa, la de la fuerza del amor, la del coraje.
Gracias a ella, a lo que es, a lo que hizo, a lo que hicieron, a lo que hicimos, a lo que representa, muchos de nosotros tuvimos un respiro, una tregua, una posibilidad de constituir la lucha esperanzada en una experiencia, la praxis política en transformación real.
Los seguí juntos, lo seguí a "él", los seguí.
Desde el 2000 casi no hubo movilización o acto importante a la que no haya ido.
He ido con compañeros/as de organizaciones políticas, sindicales, de laburo.
Con familia, con pareja, con amigos/as, con compañeros/as de trabajo.
Sola.
Estuve en las Plazas de la 125, éramos pocos, nos sentíamos parias, nos agredían, pero también me reencontré con mucha gente allí.

Muchos/as compañeros/as de esos momentos se han ido, y es imposible evocar esos sucesos sin extrañarlos/as.
En 2010, cuando se fue "él", casi nos quedamos a vivir cerca de ella.
El piso tembló bajo nuestros pies.
La esperanza se volvió llanto, el miedo ganó nuestros corazones.

Tuve oportunidad de volver a estar muy cerca y darle un beso, como en aquel lejano año 2000, pero no tengo ninguna foto con ella.
En dos ocasiones le escribí y recibí respuesta, seguramente, por su ceremonial, pero se ocupó de responderme.
Como muchos de ustedes estoy atravesada por contradicciones y críticas.
Intento no hacer lecturas moralistas de la política, obviamente tengo una ética y sé cosas buenas y malas de mucha gente del ambiente político, pero no me interesan los chismes ni las injurias (reconozco que las hay divertidas, pero en otro registro y en ámbitos privados) sino las ideas y los proyectos políticos.
Me equivoco mucho, y seguramente puedo haber hecho daño a otros, pero siempre que puedo intento dar una mano y no me engancho en venganzas personales.
Trato de no confrontar con compañeros en público, pero mantengo apasionados debates en los ámbitos que considero apropiados para eso.
Creo que hay cuadros y militantes respetables y valiosos en distintos espacios del peronismo, incluso en espacios que hoy se enfrentan.
Lo que me parece ya imbancable -y  a esta edad y con los costos personales que he pagado por intentar una coherencia en mi militancia me siento autorizada a expresar- es que esos compañeros/as que han ocupado responsabilidades políticas, que siempre ganan buenos sueldos y no ponen en riesgo nada personal, que se beneficiaron materialmente y que ahora están especulando con toda legitimidad pero también con egoísmo, se hagan los distraídos con el sufrimiento y los problemas de todos los millones de Gutiérrez como yo que la yugamos ayer, como hoy como mañana, y ya perdimos mucho: laburo, tranquilidad, salud, y en lugar de pensar en su rosquita y su kiosquito, se ocupen de nosotros, como nosotros nos ocupamos de militarles las bancas y los cargos que obtuvieron, la mayoría, porque estaban en la foto con "esta mujer" de la que ahora abjuran.
No que critican, no que expresan diferencias, como hacemos todos.
Abjuran, injurian, la niegan.
El futuro es pura ficción.
No sabemos que pasará.
Hace 17 años que sigo a esta mujer.
No es fanatismo, es el resultado de reconocer mediante la razón, el corazón, el aprendizaje de la vida, que fue quien nos mejoró la vida, junto a Néstor.
En 2012 me perdí un acto grande por una operación.
Mañana una gripe maldita no me permitirá honrar a la bandera de la patria (que es el otro y la otra) en Sarandí.
La honro acá.
Con este pequeño homenaje a esta mujer.