Último verano en Stalingrado, novela

sábado, 28 de septiembre de 2013

Lo que acepto

Dibujo de Juan Antonio Tancredi, 2013
Acepto casi todo
los hornos eternos de la muerte
los enterramientos masivos de cuerpos de niños
la delación de los quebrados por el hambre y la tortura
la madre pariendo sobre los azulejos
y la adolescente clavándose la aguja
el vivir atados al miedo como si fuera un siamés inoperable que nos acompañará para siempre.
Acepto las traiciones y agachadas propias y ajenas
la muerte arrebatada que se lleva lo que más amamos
las agonías torturantes
la sangre entre las piernas que clausura el futuro
las nubes como elefantes que nos amenazan desde la cúpula de lo que era el cielo prometedor
la mirada inquisidora de los inocentes y corderos sacrificados.
Acepto que la lluvia ya no sea poesía ni deseo de amarnos en la siesta hasta que se nos canse el cuerpo
acepto que los limoneros se pongan amarretes
y a nuestro cuerpo se le seque la savia
y el espacio íntimo ya no exista
y el hogar ya no sea un espacio habitable
acepto sus casitas de cartón
y el tsunami de viento y terremoto, lluvia y sustracciones
con tal de me dejen un poco de música y novelas
dibujos y caricias
un par de zapatos rojos y un labial de fuego para imaginar que te beso ahí 
esperanza de encontrar en el corazón humano un lenguaje
para reencontrarnos.
Acepto todo
la canción que nadie me escribió
el hijo que no tuvimos
el desprecio de tus palabras como cubitos de hielo en un trago mal mezclado
no fumar más
no confiar en la justicia humana
si puedo ver a mis amigas
ver crecer un poco más a los hijos
acepto todo
menos la desesperación
de la falta total de fe.


miércoles, 25 de septiembre de 2013

Hace 37 años…




Conmemoración Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia
Integran compilación de Minicuentos x la Identidad.
En esta edición la consigna era escribir textos brevísimos (de 140 caracteres aproximadamente), titulados “Hace 37 años”


Hace 37 años…

…en el basural, dicen que mi padre gritó mi nombre antes de caer. Sigo buscando ese grito que guarda la clave de mi linaje. (Cintia Rogovsky)

Hace 37 años…

… la bibliotecaria corre por la diagonal cuando la bajan a metralla y cobardía. Todavía nadie la escuchó gritar su nombre. (Cintia Rogovsky)

martes, 24 de septiembre de 2013

"Lo bueno y lo malo" , a very hurt hart y el perfume de los jazmines

"...el tiempo se pasa y los años me cansan
de ver la mentira que trae gente mala
mi tiempo está en vilo no sé qué pasa,
Foto de Ruth Fernández Cobo (que parece una pintura al óleo)
mentiras, palabras todo es una farsa
no tengo un momento de ansias, con ganas
quisiera decir lo que siento en mi alma
que la vida pasa,
hoy pasa.." 
("Lo bueno y lo malo",  Ray Heredia)

Por estos días me costaba salir del mundo de los cadáveres prisioneros de jergones de papel y eternos hornos, de Necrópolis, de la prosa perfecta de Pahor para narrar el más absoluto desamparo del alma humana y el poder aniquilador del mal.
Salía de allí, y me iba al mundo del cuerpo enfermo, de las moléculas que gritan: acá estamos, somos materia, somos reales y podemos aniquilar órganos, deseos, espasmos de vida, esperanzas de toda clase, somos metástasis, somos necrosis, dolor, mutilación, energía consumida antes de tiempo, cuando todavía la vida nos reclama, nos seduce.
Un mundo de mierda, con estallidos de guerras incesantes, con ganas de quedarse en la cama, fumarse lo que sea y no levantarse más.
El acto en el Liceo, las fotos de tantos asesinados cuando apenas asomaban la cabeza al mundo de los vivos gritando: acá estoy, soy, quiero. Y esa Chicha que no agacha la cabeza aunque las células envejezcan y la justicia que nunca llega, siempre hay que esperar un poco más.
Pero.
Perfume de jazmines entra por las ventanas del barrio inundado y cede el olor a cloaca, a mierda, a abandono, a caos.
Jóvenes artistas que ilustran, pintan, ejecutan sus instrumentos, sacan fotos, cuentan historias, bailan, actúan, escriben con coraje, no esperan las dádivas ni las migajas del mercado ni se bajan los pantalones ante el primer falso mecenas/mesías. Trabajan. Luchan. Se esfuerzan. 
Obra de Juan Manuel Fiuza
Como el pibe del negocio de teléfonos que no está resignado a ser un engranaje del mercado y nos advierte de todas las mecánicas con las cuales la empresa va a estafarnos. Un guiñe de confianza esperanzador, y así charlando, nos cuenta que estudia muralismo.
(¡Muralismo! No puede ser casualidad, pienso yo en CT y su exposición del otro día en El Puente Arte y Cultura, en la cual mencionó a Catito, la abuela de L.)
Como la piba que limpia la oficina, las cagadas de otros, baldea el patio, para pagarse sus estudios de grabado, para viajar a Bolivia, orgullosa de su arte y sus ancestros afro.
 O el #pibequizáyanotanpibe que es un maestro de la imagen, alguien valiente (lo sabemos, lo sabe, pero eso no paga las cuentas). Percibo un asomo de un very hurt hart pero aún latiendo de potencia creadora. Y resistiendo.
Y subimos con JA al micro (como decimos los platenses a toda honra!) y encuentro a mi amiga R, llorando a su amigo chofer de la 273. 
Y existen las canciones (incluso esas que todavía no se han escrito).
"Y pasa, la vida pasa..." , como canta Dolores Solá con La Chicana en Lo bueno y lo malo.



domingo, 15 de septiembre de 2013

Los pibes al matadero, lápices inimputables

"El ritmo con el que se despierta la 
conciencia humana es desesperadamente vago"
(Boris Pahor, Necrópolis)*

Con los niños, las niñas y los adolescentes, la humanidad ha hecho y hace de todo. Son como el campo de experimentación del mal, y de tanto en tanto, también de fuerzas que surgen de lo mejor de nosotros.
La humanidad ha explotado a los niños (y lo sigue haciendo en las factorías y los campos de concentración que son las fábricas de las grandes multinacionales invisibilizadas a los ojos de los consumidores, o las guerras que requiere el propio sistema para sostener su mercado de armas, energías, alimentos, drogas, espectáculo). Los ha torturado. Los ha violado, abusado, vendido, criminalizado, utilizado como carne de cañón para guerrear, traficar drogas, armas, personas, secretos. 
Santoro , Día del niño,Carbón sobre papel, 120 x 80 cm
2011
Hemos dejado que se ahoguen en las riberas de arroyos putrefactos o en las calles de una ciudad moderna y civilizada que debía protegerlos.
Cuerpos vulnerables habitados todavía por voluntades con cierta ingenuidad, niños y niñas que deberían seguir leyendo historias de aventuras o fantasías, acunados por sus madres, o sus abuelas, o sus tías, alimentados y protegidos por los adultos, guiados en la ley por sus padres, son sometidos todos los días, lo hacemos, a toda clase de vejaciones.
En todo el mundo, desde que lo habitamos, incluso durante los miles de años de historia humana en los cuales las categorías niñez y adolescencia ni siquiera se pensaban, la concepción de los derechos no existía y los "menores" eran, a lo sumo, eso, menores: un bien o una propiedad de sus progenitores, familias o comunidades, para ser utilizados como prendas de alianzas matrimoniales, formar ejércitos, cultivar los campos, producir. Vigilados, usados, castigados.
Es reciente el tiempo en que disminuyó el promedio de la mortalidad materno-infantil, en que empezaron a masivizarse métodos de control de la natalidad, en que después de las grandes carnicerías del Siglo XX se pensara en avanzar en legislaciones internacionales que protegieran a los niños.
Nosotros, tal vez por la tradición judeo-cristiana, (religiosa, filosófica, artística), tenemos esa imagen piadosa de la madre que cuida al niño inspirada en la Virgen María o en los mitos populares de las madres italianas y las madres judías; y esa imagen del niño, del cordero de Dios victimizado en rituales que buscan expiar nuestros pecados, internalizada.
Tenemos a Evita, que aún sin ser madre en lo biológico, fue madre protectora de todos los privilegiados, instalando esa categoría que representa la fuerza institucionalizada de los derechos, normas que expresan sentires y saberes populares. ¿Hubiera consentido Evita un instante, la de la mirada de fuego y la de la mirada de ternura, que se acribillara a los niños, que se los penalizara como a adultos, que se los abandonara al delito, que se los condenara  solo por ser pobres, negros, cumbieros, villeros?. **
Aprendimos.
Algo aprendimos.
Homenajeamos en el recuerdo de  Claudio de Acha, Horacio Ungaro, María Claudia Falcone, María Clara Ciochini, Daniel Racero y Francisco López Muntaner, a todos los pibes y pibas militantes asesinados por la dictadura cívico-militar argentina, con el consentimiento de una gran parte de la sociedad.
Pero seguimos matando pibes: de hambre, de miedo, los condenamos a ser delincuentes y los entregamos a las fuerzas oscuras, mientras el paco los socava desde adentro, las  fuerzas de inseguridad (ilegales y las que siendo legales se entregan a este pillaje) lo hace desde afuera.
Mientras tanto, mientras miles de ellos van cada día al matadero de su destino, miles de trabajadores, de desocupados, de madres y padres, de curas villeros, de maestros, de profesores, de trabajadores sociales, de enfermeros, de médicos, de artistas populares, se esfuerzan por cuidar, curar, proteger, educar. 
Invertimos muchos dinero en dar herramientas para el futuro de estos pibes y pibas, a la vez que consentimos que se los use, se los victimice (en el sentido de la víctima que es elegida al azar para ser sacrificada sólo por su condición infantil, o juvenil).
Les enseñamos la violencia y a violentarse ente ellos y a otros, y después miramos el espectáculo horrorizados, como sino tuviéramos nada que ver, nada que decir o que hacer, como no sea esconder la cabeza, acusarnos, violentarlos aún más matándolos, encarcelándolos, reprimiendo el monstruo que cada día alimentamos, como si nuestro laberinto de Cnosos y su Minotauro alimentado de sangre joven, se repitiera hasta el infinito.
Cada homenaje a los militantes detenidos desparecidos en la Noche de los Lápices obliga a recordar eso, que los derechos son conquistas (con sus mártires, sus batallas culturales, su tarea pedagógica, sus traidores). Defenderlos es una tarea del día a día, del no consentir (nos) ser el mal, aceptarlo, ser como ese hombre europeo que describe Boris Pahor que "a pesar de sus frases grandilocuentes, en realidad es negligente y temeroso, y también está cada vez más acostumbrado a buscar la comodidad en todo y sistematizarlo todo..." (pág.127)
Ser el mal nosotros, habilitar a políticos, a sacerdotes y/o pastores abusadores; a formadores de opinión y dirigentes sociales o sindicales mercenarios. Legitimarlos, a los lobos disfrazados de corderos. Prometen represión para protegernos del miedo. Ser el mal, perdonar las agachadas y traiciones de los que se enriquecen con lo que le roban a los chicos cada día y construyen sus mansiones sobe la sangre de esos cadáveres que los pibes serán, los que se quedan con el futuro que le escatiman, con sus bienes, con su tiempo. Miramos y consentimos. Cómodamente en nuestra fortalezas, mirando la tele, sintiéndonos seguros porque si afuera avanzan los pibes (pibes chorrotizados) un policía mal pago, al que en general miramos también con desprecio, hará el trabajo sucio por nosotros. Y después lo culparemos, como si nuestra pasiva aprobación no hiciera ninguna diferencia.

* Pahor, Boris, Necrópolis, (1997) Anagrama, Buenos Aires, 2013, pág. 69.
** Como me hace saber Alejandro Alvarez, en palabras de Alberto Morlachetti:"El Código Penal de 1921 establecía la imputabilidad a los 14 años. Parecía que los académicos no estaban lo suficientemente vivos, para soñar, para arriesgarse a imaginar un porvenir para estos niños. Evita logra que se sancione la ley 14394 que se promulga en 1954: Los niños sólo son punibles a los 16 años. Evita se fue dos años antes, pero nos había dejado su latido en los niños más humildes: los únicos privilegiados en aquel imaginario colectivo.La Revolución del 55 -a punta de bayoneta- mediante el decreto-ley 5286/57 baja la imputabilidad a 14 años. Mientras fusila a Valle y Tanco y deja a los trabajadores resististiendo con el destello rabioso de una mirada."

jueves, 5 de septiembre de 2013

Hablo de esta foto, como humilde testigo

"El sujeto [...] es un continente vacío..." 
(Slavoj Žižek)*

Retrata gladiadores en la playa.
No sé qué ve él, su lente. Tal vez trabajadores de servicios, cuidadores de vidas, guardavidas.
Yo veo gladiadores, hombres fuertes, musculosos, que parecen encarnar aún sin saberlo, la idea de que la arena, la de la playa, como todas las arenas del mundo, evocan el litigio, la valentía de los luchadores que ponen el cuerpo, los gladiadores arrojados a su destino final, valientes en su agonía para complacer el placer de los poderosos.
Y su orgullo.
Y el amor de alguna mujer, o de algún hombre.
Que puede haber quedado o no en tierras lejanas.
Del mundo del espacio o del mundo del tiempo.Veo esta foto hoy, es como una declaración en imagen de Henry James, elíptica, sin adjetivos, somos los lectores/espectadores quienes tenemos que completar lo no dicho, o quizá, interpretar lo que está allí, claramente expresado.
Qué ves cuando ves.
Retrata también a su hermosa mujer, a sus bellas hijas, a los animales que habitan su mundo.
Pero no hablaré de nada de eso.
*****
Hablo de esta foto.
Foto de Germán "Turko Saadi", Muhammad Ali
La pareja que viene hacia la lente de nuestro (su) punto de vista, despreocupados. Pero tal vez no.
El orgullo del trabajador ante la vereda despejada de basura, el orgullo de la tarea cumplida, de la belleza que está en los detalles en los que cada cual pueda encontrarla.
No hablaré yo del edificio, del hierro forjado con reminiscencias italianizadas y art nouveaux, la escalinata breve, la fuga sin fin hacia un fondo de avenida de hoy que podría no serlo (a no ser por los autos, los semáforos, pistas del ojo que muestra y oculta).
Porque Muhammad Ali elude aquella cómoda postura del "artista" (y, paradójicamente, del empresario) de hoy, que promueven un hedonismo que mezcla en la coctelera de sus negocios el placer con un poco de iluminación espiritual, un touch de "busdimo", respiración, y bombardeos, la moda religiosa del capitalismo globalizado contemporáneo"
Él no adjetiva, como el "conservador" Henry James, cuya escritura termina por ser más revolucionaria, su propia estética más disruptiva, que la supuestamente provocadora de los que ya están cómodamente entregados a no ver nada que no sea lo que hay que ver, a no iluminar con su lente, a no hacer foco, a no compartir, a no registrar los detalles, con cierto equilibrio clásico en la composición, que nos emancipa, nos libera del panfleto, nos permita gozar, y pensar.
Su lente hace unas deixis de lugar que nos convierte en testigos de impresiones. Sin olvidar que sabemos y que recordamos, con media sonrisa, aquella frase rebelde de Oscar Wilde: "todo arte es completamente inútil". Y Nabokov que nos propone "acariciad los detalles".
No sé nada de fotografía, pero...
Vuelvo a observar a esta pareja, caminando sobre esa amplia vereda de la gran urbe,esa urbe tan cosmopolita, tan puta, tan gobernada por los liberales, tan seductora, tan dominante, y veo al tipo que barre, orgulloso, la basura.
Y veo.


* "La elección de Kate o el materialismo de Henry James" en Visión de paralaje, CFE, Buenos Aires, 2011, pág. 344.