Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 26 de julio de 2010

Evita, siempre

Una disputa entre académicos

Me encanta leer a Figes. Pocos libros tan académicos de historia resultan al mismo tiempo tan atractivos para lectores que no somos especialistas. Se ve que él también le parece fascinante su obra, a juzgar por una noticia publicada en Internet:

"Orlando Figes: el profesor, su esposa y la pluma venenosa

Posted by Anaclet Pons en Abril 26, 2010
Ya lo habrán leído en las noticias de agencia:
Londres, 24 de abril (EFE).- El historiador Orlando Figes, una de las figuras académicas destacadas del Reino Unido, ha admitido haber sido el autor de unos comentarios anónimos favorables a su propio trabajo pero muy crítico con los libros de sus rivales.  En esos comentarios,  remitidos a Amazon, los trabajos de Figes eran calificados de “fascinantes”, mientras se tildaba de  “horribles” a los de otros historiadores. Figes ha admitido su “total responsabilidad” por estos comentarios: “He cometido -ha dicho- algunos errores tontos, y pido disculpas de todo corazón a todos”.
En fin, concluyen así dos semanas de divertida polémica. Añadamos que todo empezó cuando Rachel Polonsky revisó los comenatarios que distintos lectores habían hecho en Amazon a propósito de su libro sobre la cultura rusa, Molotov’s Magic Lantern. Al repasarlos, advirtió que, junto a los numerosos comentarios favorables, había justo muy crítico que lo condenaba por “denso” y “pretencioso”, uno de “esos libros que te hacen desear que no se hubiera publicado” (ese lector también denostaba las obras de Robert Service y Kate Summerscale ).  A partir de ahí, la cosa se fue complicando. Polonsky echó mano de algún amigo informático y prontó llegó a la conclusión de que al autor estaba en el entorno familiar de los Figes.  Y así pareció confirmarse finalmente con la atribución de tales opiniones a Stephanie Palmer, esposa de Figes. Este último llegó incluso a reconocerlo, como indicaba  The Guardian y recogieron con recocijo y estupefacción IndependentSunday TelegraphMail on SundayGuardian,  Guardian Books Blog y el Times por partida doble, entre otros. A su vez, Figes amenazó con acciones legales a quienes le acusaban. (ver más)

Una visita de Lenin

Cuando llegó el papá de V. a buscarlo estábamos tomando mate con R. y hablando de libros y películas.  Los chicos jugaban en el fondo, inmunes al frío como sólo puede estarlo quien tiene las hormonas a tope.
El papá de V. es lo más parecido a Lenin que he visto (cara eslava, ojos chiquitos, expresión inteligente y concentrada, pelado, barbita en punta). No sé cómo salió la charla, me cuenta que su abuelo vino de Ucrania en el 37. Ah, le digo yo, sumergida en los libros de Figes, Zweig, Grossman, ¿era kulak o comunista? Se sorprende. Nos miramos: el año de la Gran Purga estalinista. El abuelo era trotskista.  Me habla del genocidio en Ucrania, de Aushwitz, los nazis y Stalin. Me recomienda ver Holodomor, sobre la gran hambruna. Yo, a mi vez, In tranzit y Enemigo al acecho. R., cinéfila como es, anota todo y surge una invitación colectiva para comer barenikes en Berissso.
A la noche nos disponemos con A. a ver una película que nos prestaron pero justo cuando enciendo la tele están dando Leningrado. Los coletazos de la muerte, el terror y las guerras se sabe cómo empiezan, pero nunca cómo terminan.

Reflexiones para valientes

 Diccionario Bolaño
"CENSURA (o AUTOCENSURA), esta lúcida consideración  de Bolaño: 'Estoy en contra de la censura y de la autocensura. Con una sola condición, como dijo Alceo Mitilene: que si vas a decir lo que quieres, también vas a oír lo que no quieres."
(Herralde, Jorge, Para Roberto Bolaño, Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2005, pág.91)

miércoles, 21 de julio de 2010

La vida que aquí perdiste, novela de Marcelo Rodríguez Gaitán

Si siempre es difícil recomendar un libro u opinar acerca de éste, lo es más aún cuando se trata de un escritor conocido. Nos asaltan desde el temor de equivocarse o lastimar a alguien que uno aprecia hasta las inseguridades de la propia falta de sapiencia crítica y de cómo puede repercutir en otros, que también conocen al autor. Con esas aclaraciones, me adentro en el comentario acerca de La vida que aquí perdiste, del platense Marcelo Rodríguez Gaitán.
Las primeras líneas están muy bien escritas, desde el punto de vista del estilo y por la velocidad con que nos introducen en los personajes y el clima en el que está el narrador-protagonista. Sin embargo, confieso que me dije: es una clásica novela “iniciática” (opera prima), la que todo escritor platense de cierta edad debe escribir para exorcizar ciertos fantasmas literarios. Después, mi propia reserva, mi propia duda, se convierte en tema de la novela y entonces todo cambia. Al avanzar en la historia me fui olvidando del escritor y entré en el mundo del narrador y su entorno y eso, creo yo, es el primer logro de esta novela. Acepté a la ciudad (de La Plata, en este caso, carcelaria por momentos, contradictoria siempre, que genera a todos expectativas muy altas y una buena dosis de frustración) como un personaje más de la obra y eso está muy bien planteado en todo el texto. El lector, después de todo, se identifica en este aspecto con Félix, el joven  protagonista, se apropia como él de los lugares, o los rechaza, recorre (y re interpreta) los territorios urbanos con su misma asfixia, su expectativa, su desilusión, su incomprensión, sus deseos.
Si el clima de época son los noventa y cierto “reviente” platense, eso está muy bien logrado y allí habitan Félix y sus amigos, su ex novia Inés, artista plástica; Malena, una mujer poco convencional y siempre caminando en la cornisa con sus dos hijos, su ex esposo y su amiga Isabel; Miriam, su compañera de vivienda, y todos van vinculándose en una trama algo perversa en la que Malena suele llevar la voz cantante. 
Hay aspectos clásicos en la aventura que emprende el personaje de Félix que me interesaron desde el comienzo, impulsado quizá por su falta de recursos materiales, su crisis interior, el conflicto acerca de su vinculación con el arte, quién es, qué espera de la vida. Climas de Auster (no encuentro otro modo de nombrarlo) en su caída del sistema, su vagar por la ciudad, la pérdida del empleo, la casa y la novia, tocar fondo y abandonar los atributos burgueses.
Los diálogos son buenísimos. Con giros humorísticos y alternancia de un lenguaje algo impostado (como clasicismos u homenajes literarios, no sé si conscientes o no y no tiene importancia) y otros muy contemporáneos, pero siempre cada personaje habla por sí mismo, en su hablar nos dice quién es, cómo ve el mundo, dónde está. Quizá predomina en toda la novela una mirada (palabra medio feita) masculina. Hay algunos rasgos que comparten Félix y sus amigos, que así lo muestran: la búsqueda del éxito social o el prestigio, la aprobación (el propio escritor, valiente, que escribe y publica y se expone al juicio ajeno), la pregunta que sobrevuela todo el tiempo, acerca del valor artístico de la obra (en primer lugar, de esta propia novela), luego, de las crónicas de Félix, la pintura de Inés, la vinculación con el establishment cultural. La ironía acerca de ciertas “consagraciones”, la envidia, la preocupación por el dinero. No digo que sean atributos o preocupaciones exclusivamente masculinos, pero sí lo es el modo en que estos se presentan y cómo los viven los personajes. Se convierte en tema, de este modo, me parece, el temor del escritor de la obra respecto al juicio de los lectores. 
¿De qué habla la novela? ¿De la falta de fe, de la salida tanática a la imposibilidad de conectarse afectivamente con los otros, del sufrimiento de un joven que no transita el paso a la adultez en las mejores condiciones internas y externas? ¿Ya desde el comienzo hay señales que anuncian cuál será la salida a la angustia que encontrará Félix hacia el final de la novela? 
Un mundo pequeño, irrespirable por momentos, con muchas exigencias de un entorno que se cree muy superior a la media, muy soberbio, muy platense...Pero a la vez común para cualquier lector contemporáneo.Me encantó la novela. Quisiera leer la próxima, la espero.

Ilustrada por Juan  Soto y publicada por El Amanuense Ediciones, se consigue en Librería Atenea (49 # 467, La Plata) o se puede contactar al autor, en Facebook.

martes, 20 de julio de 2010

Matrimonio igualitario (2)

Salía con una amiga del trabajo y nos topamos con  la marcha convocada por el Cardenal porteño en contra de la igualdad de derechos. Ninguna tenía ánimo de confrontar con  nadie, así que cuando a mi amiga le entregaron un volante que apelaba a la supuesta conformación "normal" y "natural" de la familia (una naturalidad que de ser tal, y no cultura, debería reivindicar la poligamía, las relaciones sexuales ocasionales entre "especímenes aptos para la reproducción", el incesto y otro sinfín de mandatos naturales) amablemente lo devolvió diciendo que ella pensaba de otro modo. Eso suscitó una reacción furiosa de la señora que en nombre del amor cristiano (que se supone es paciente, comprensivo, tolerante, generoso) comenzó a increparnos de manera violenta. Nos acusó de no respetar ni a Dios ni a la familia.
Apelando al más elemental de los mandamientos cristianos, le respondí que para mí Dios era amor. Más me hubiera valido decirle que era una embajadora de Satanás, a juzgar por la ira que eso le produjo. Comenzó a interrogarme acerca de si tenía hijos y cuando le contesté que sí, me amenazó: ¿qué vas a hacer? ¡Con esta ley, tu hijo va a ser gay! (como si me maldijera con una enfermedad). Si mi hijo fuera gay, le dije, espero que pueda crecer en un país donde no lo discriminen.
Entonces comenzó a gritarnos asegurándonos que nuestro destino sería el Infierno.
Yo no sé si hay Paraíso, pero cada día estoy más convencida de que, como escribía Swedenborg, para algunas personas el Infierno es su propia mente. Dios,que es un enorme e infinito misterio, se apiade de ellos.

Matrimonio igualitario (1)

Debe haber sido hace unos diez años. Lo recuerdo más o menos así: cenábamos con mi amiga M. en una sandwichería de la diagonal 79 y discutíamos acerca de la igualdad de derechos para personas del mismo sexo, aunque entonces ninguna lo llamaba de ese modo. El argumento de M. giraba en torno a la necesidad de legislar para que los gay pudieran tener a cargo a sus parejas en las obras sociales y otras cuestiones vinculadas. Ninguna discutía la justicia de ese derecho, pero yo le objetaba que una sociedad que ni siquiera garantizaba ese derecho para otros sectores hetero que eran mayoritarios (que se pudiera tener a cargo a los concubinos/as independientemente de si el/la titular de la pareja era mujer o varón y de si estaban casados legalmente)  no estaba preparada para discutir eso. Es decir, ella argumentaba desde la justicia de su posición (alguna vez hay que empezar) y yo, creo, desde la viabilidad política (no estamos listos). Por entonces hacía poco tiempo que, gracias a iniciativas como las que había impulsado su madre en algún momento, ciertas cajas profesionales y obras sociales (excepcionalmente) empezaban a aceptar que una esposa  pudiera poner a cargo a su esposo, pero no todavía en caso de concubinato.
Ha pasado mucho tiempo. Creo que ambas llevábamos algo de razón. Ese tipo de luchas lleva años, así que M. no se equivocaba en que había que empezar como yo tampoco en que no estábamos preparados.
Intercambiando mensajes de texto desde distintas latitudes, el jueves a la madrugada ambas seguimos con exitación la sesión del Senado y un final que nos ha deparado una inmensa sensación de justicia y libertad.

lunes, 5 de julio de 2010

El Tercer Reich, Roberto Bolaño

¿Qué se hace con un joven alemán, (de vacaciones con su novia en la costa española y obsesivo de los juegos de guerra); una hermosa alemana dueña del hotel Del Mar y su marido moribundo, un surfista germano y su chica, algo locos; un par de jóvenes buscavidas españoles y un misterioso hombre quemado (el Quemado) que vive y trabaja en la playa alquilándole patines en dudoso estado (algo como las bici-bote del lago del Bosque en La Plata) a los turistas?
Roberto Bolaño hace una novela. Como Roberto Cereaga dice en su blog, yo también tenía mis desconfianzas. ¿Una novela de Bolaño escrita en 1989 y publicada ahora? ¿Un mero intento de los herederos y/o editores de homenajearlo o ganar unos mangos?
Tentada por el título y fiel a mi pasión por este autor que jamás decepciona, la leí y me sorprendí al encontrarme con una novela distinta, que es Bolaño pero a la vez, es otro (¿más joven?, ¿menos "sofisticado"?) No lo sé. 
Construida como un diario de las vacaciones, el mundo de Udo Berger, su protagonista, el obsesivo campeón que pasa horas y horas participando en torneos, estudiando variantes, analizando y escribiendo artículos sobre juegos de mesa de guerra (wargames), se irá volviendo inquietante a medida que vamos conociendo a los demás personajes que veranean o trabajan en el Hotel Del Mar, donde él pasaba hermosas y añoradas vacaciones en la infancia, con sus padres y hermano, cuando ya germinaba en él cierta pasión por Frau Else, la dueña del Del Mar. 
El mundo de El Tercer Reich (Anagrama, 2010) empieza con un clima que podría recordarnos a un Baywatch en la Costa Brava (el joven y estructurado Udo y su bella novia Ingeborg pasan sus primeras vacaciones juntos en la costa española, donde pronto harán amistad con Charly y Hanna, compatriotas de ellos y con los lugareños El Lobo y El Cordero) e irá volviéndose inquietante y misterioso, con pequeñas señales que indican que algo terrible está por ocurrir, el equilibrado mundo de Udo puede derrumbarse y hay quien trama, en silencio y acechante, una venganza. No falta una desaparición y una muerte; noches de discotecas y borracheras desenfrenadas; un duelo de varios días a todo o nada con el Quemado (que por supuesto, no es español, y tardaremos en saber de dónde viene), en la playa y sobre el tablero de Tercer Reich, mientras un romance empieza a enfriarse y renace otro más bien clandestino y hecho de besos robados a una mujer casada. Y Berlín cae bajo la avanzada de los Aliados y ya no sabemos qué cosas ocurren en el juego y cuáles en la realidad.
Debo decir que el final conforma de las pocas páginas de Bolaño que me han cortado un poco el clímax e ignoro si de haberse publicado en vida del escritor, él no lo hubiera corregido. Tampoco estoy al tanto de por qué no la publicó él en su momento, pero vale la pena leerla.