Último verano en Stalingrado, novela

miércoles, 6 de julio de 2016

Eutanasia y pseudo-neurociencia para los condenados de la tierra

Hablando de eufemismos......sabemos que la disputa por la construcción de hegemonía se batalla en el orden discursivo, y que las prácticas también son discurso significante. Sabemos -gracias al arte y la literatura, creo yo, incluso antes que las ciencias de la comunicación, el psicoanálisis y el análisis del discurso- que es en ese orden donde se crean categorías que cristalizan, nos modelan, nos hacen pensar el mundo de determinadas maneras, con determinados habitus.

Te van metiendo el lenguaje de las pseudo religiones capitalistas posmodernas: degradaciones de la neurociencia, degradaciones de prácticas de sabiduría ancestrales, mercantilizadas y resignificadas por el new age en un perpetuo "como si" fueran lo mismo. No, no es lo mismo la práctica del yoga inscrita en una cultura, con una determinada cosmovisión que la mercantilización del "arte de vivir", vulgar, obsceno. No es lo mismo un cambio de paradigma en la forma de pensar cómo se construye y se transmite el saber y el conocimiento, la educación, el vínculo entre sujetos, ciencias, cuerpos, Estado, comunidad, familias, educadores que "capital mental", o estar colonizados pro el discurso del capital, en cuerpo y mente... los discursos hegemónicos crea sentidos políticos.
Se amparan en categorías que son polisémicas, significantes complejos y descontextualizados, para hacer aparecer viejas disputas como nuevas: inmersos aún en el paradigma cartesiasno, incluso resisten los saberes de la poética aristotélica -¡y se creen modernos!-, también del mundo que inaugura Montaigne -¡y se dicen "nuevos"!-; ignoran casi todas las discusiones que las ciencias y otras formas de saber como el arte, la religión han debatido en los últimos cien años...¡Y se autodenominan modernos, al repetir con uno o dos siglos de retraso ideas que la propia modernidad ya discutió consigo misma, con el pasado -que ésta creó- y con el futuro que imaginó. 
Debajo del discurso de la neurociencia degradado, emergen las ideas de pedagogías de comienzos del siglo XX....y las venden como venden todo, como vendieron a su candidato, como venden a Milo Lockett, ocultando engañosamente no ya su construcción por fragmentos  -como artefactos olvidados en casas de remate donde quedaron las malas copias de buenos originales olvidados- sino sus mentiras y engaños.
Milo Lockett no cita, no hace homenaje, sino que le roba a J.M Basquiat, pero la mayoría de los "consumidores", el "público" compra ese velo porque no sabe la podredumbre que hay abajo.
Compra neurociencia como espejitos de colores, como magia, con ese goce por la "novedad" tan antiguo, siglo XIX...Si hubiéramos leído más a Balzac, al menos a Paul Auster, tal vez a P. Dick, a Orwell, a Bioy , a Borges, a Huidobro, a Marechal, a Poe -mirá que soy amplia- estos plagiadores seriales del corte y pegue nos engañarían menos.
Vuelven los electroshock para disciplinar a los enfermos mentales....
Vuelven los positivistas a escarbar las neuronas para encontrar los genes desmotivados y el gen de la felicidad.
Vuelve Hitler, y su maravilloso programa "vida digna", su Ley de Prevención de Enfermedades Hereditarias", su  "Ley para proteger la salud genética del pueblo alemán"...Al igual que lo que sucede ahora, su masivo programa de exterminio por eutanasia fue precedido por la construcción discursiva del enfermo crónico, el discapacitado, como un parásito, como una carga, como un problema social, un subsidiado, alguien que se enferma para cobrar el subsidio, una carga para el Estado y para la familia....como esas que se embarazan para cobrar la AUH, como esas indias que se gastan nuestros impuestos en piletas y escuelas para los indios, como las nuestras..... ¡Basta de esas pedagogías de la compasión, de tanta universidad para esos vagos!
El costo de alimentar a un enfermo crónico con patología hereditaria.
Construyendo hegemonía para que "la gente" apoye la eutanasia masiva,
 Alemania años 30.
Su masivo plan de eutanasia con el cual experimentó con antelación la "solución final" , -otro hermoso eufemismo, ¿verdad?, para mí que HL lo debe envidiar-, hay que decirlo,  contó con la tolerancia -y apoyo en menor medida- de gran parte de la sociedad alemana que miró para el costado, y de gran parte de la sociedad europea en general, porque ¿acaso debe el Estado gastar en el cuidado de esos individuos que no aportan, no producen, no tiene méritos? Y acaso, ¿no les hacían un bien a las familias deshaciéndose de ellos? ¿Te suena? Eso "sinceró" el problema de qué hacer con los discapacitados, los enfermos terminales y los enfermos mentales. Son los mismos que rechazan hoy a los inmigrantes, a toda alteridad que ponga en cuestión el orden y el statu quo del poder.....son los negros de mierda, los musulmanes, los condenados de la tierra
Y todos los lugares comunes de la ciencia y la pedagogía ("estimular"; "motivar", ayudar a pensar", pero sin el cómo, quiénes, cuándo, dónde), retornan. Sin una sola interpelación disruptiva al orden del caos pulsional, que pueda intervenir en esta conversación entre lobotomizadores.
¿Dónde quedarán aquellas funciones básicas de tomarnos tiempos para pensar, organizados, ritualizados, en las escuelas, en otros espacios, donde no compremos todo lo que se nos vende sin detenernos al menos unos instantes a intentar comprender algo?
Esas medidas educativas tomadas de urgencia, esas traslaciones del paradigma médico al pedagógico no conducen a un mundo cada vez más orwelliano?, se pregunta por ejemplo Philippe Meirieu (2016)-
¿O no nos ha hecho ya bastante daño el modelo fármaco-médico en la educación?
¿Están dormidos los maestros y las maestras de la patria, como para dejarse engañar una vez más por estos vendedores de humo caro y tóxico?