Último verano en Stalingrado, novela

miércoles, 13 de enero de 2016

Los perfectos y las perfectas


"Lo perfecto no deja entrar a nadie. "(Elías Canetti)

La Argentina es un país que está lleno de coimeados pero no existen los coimeadores.
Es el país de las muertes en mal llamados accidentes de tránsito, pero donde nadie pasa semáforos en rojo ni excede la velocidad.
Es el país de la "corrupción política del adversario"  pero nadie de las empresas, la sociedad, los medios, es responsable de consentir que  se violen leyes y se ahoguen chicas o se incendien boliches.
Está plagado de ñoquis pero todos somos trabajadores muy cumplidores y excelentes.
Está lleno de acomodados pero no hay nadie que haya accedido a ningún beneficio por acomodo.
Se denosta al Estado y a la burocracia, pero nadie habla de las mega estafas y chanchullos de las empresas privadas del mundo y de acá.
Etcétera, etcétera, etcétera.
A lo largo del último tiempo he leído y notado una abundancia de argumentaciones morales para explicar las preferencias políticas y para los debates. No me interesa ni me siento en posición de dar discusiones de ese tipo. La moral es algo privado. 
Sin embargo, hay quienes provocan desde ese lugar. Puede que un día se me salte un tornillo y terminemos cayendo en el juego. Nadie está libre.
Hay que tener el pasado personal muy pero muy limpio para estas osadías.
El pasado personal y el familiar, yo diría, si uno va a hacer uso y abuso de este discurso acusador moral y estas generalizaciones. 
Y ya sabemos, la perfección no es constitutiva de lo humano. Todos estos perfectos y perfectas, reglamentaristas de lo superfluo, suelen cometer algunas aberraciones éticas y políticas, en nombre de la moral. Sobran los ejemplos.
Si esa fue la base argumentativa de su voto al macrismo, ¿no es de esperar que salgan a reclamar lo mismo ahora? ¿O eran todas mentiras? Y entonces, moralmente es repudiable, y políticamente se trataría de una estrategia electoral fundada en esconder los verdaderos proyectos. Como dice A, están los que hicieron la propaganda política como publicidad bancaria, los cínicos, que vendieron alegría y globos para ocultar el proyecto de empobrecimiento, persecución política revanchista, devaluación  y endeudamiento. Y están los que la compraron.
Están consintiendo violaciones a las leyes, y mientras siguen jugando el jueguito del debate porongón, de la imposibilidad de pensar por fuera de sus matrices, o de tan siquiera ponerlas en duda, están celebrando a los verdugos.
Nadie les pide tanto, incluso en regímenes más opresivos, en situaciones más límite, siempre se pude tener gestos de dignidad política.

Me cansé de escuchar a trabajadores del Estado, (ya sean de la educación, del sistema de salud, judiciales, policías) renegar por el ingreso de otros trabajadores "a dedo". Y cuando les he preguntado por sus oportunos ingresos por concurso de antecedentes, sus capacitaciones, sus currículum, miraron para otro lado.
Me cansé de escuchar el discurso meritocrático de gente que heredó (o hizo) dinero por el hecho de nacer en tal cual o familia;  abusando de posiciones de poder, malversando fondos del Estado. Gente que aunque desde ya no es responsable personalmente de los delitos de sus antepasados, pero sí lo es socialmente, diría H. Arendt. Como es responsable políticamente un gobierno de gobernar.
Cierro con un ejemplo: mi moral me lleva a rechazar visceralmente que se oculte, proteja u oculte a violadores de niños. Me parece un delito que está en la cima de lo más aberrante.
Y en este caso, hay también una ética social, legal y política me acompañan.
Puede que políticamente sea más grave otra cosa.
Pero ¿vos pondrías a alguien que proteja a violadores de niños a cuidar los relaciones internacionales de tu país?, sería la pregunta política. ¿Por qué? Porque alguien que en nombre de la seguridad o la política considera que algo así debe ser ocultado, está dispuesto a hacer cualquier cosa en nombre de la política y la seguridad.
Por eso me causan un estremecedor rechazo físico, moral, intelectual, los actos de los cuales se la acusa a la Canciller Malcorra.
Pero es la política la que puede discutir si un país democrático puede tener como responsable política de sus relaciones internacionales a alguien que ha sido denunciado en varios miembros de la ONU por este acto criminal desde el punto de vista de las leyes internacionales. Ya no es mi moral, es la ley, y es la política internacional.
Creo que para poder discutir cuestiones políticas hay que partir de algunos acuerdos tácitos o explícitos previos, sino, no vale la pena. 
Uno de ellos es que no podemos posicionarnos en una supuesta superioridad moral para discutir política, porque ya ahí estaremos entrando en otro terreno.

sábado, 2 de enero de 2016

Almabellismo en mí, en vos, en ellas, en ellos, en nosotros

“Para Lacan, esto sólo puede facilitar que el sujeto se escude en la posición paranoica del  'alma bella' que denuncia el desorden del mundo sin poder advertir su implicación en ese desorden."
(José Eduardo Tappan Merino)



Y al final llegaba a la conclusión de que tal vez era más simple: era eso, era debido a eso, a tu gozosa posición de alma bella, que no podíamos más que encaminarnos una y otra vez hacia nuevos desencuentros.
Donde vos alzabas (de nuevo) el dedo acusador, parapetado en el  mangrullo de tu moral:
a veces señalabas hacia mí, como en espejo, pero en el reflejo sólo cabía tu imagen, que iba de la autocomplacencia a la vanidad, pero nunca se tomaba un descanso, nunca querías mirar hacia el otro lado oscuro: el tuyo.
Y se armaban esos enredos, que tanto podían ser de moralismo mezclado con política, como de sexo mezclado con reclamos y grandes penitencias, y castigos, y rencores que crecían como hongos en humedales.
A veces eras un ella, y te entregabas a una autocomplacencia de un progresismo intachable, que nunca tocaba lo sucio, lo feo, y aunque se servía de los beneficios de estas prácticas, te sentabas en la poltrona cómoda de ver tele, en el confort de tu hogar bien equipado, sin frío ni calor.
A veces eras en mí, ese almabellismo que culpaba a los otros, que la miraba de afuera y decía: yo no fui, yo no tengo nada que ver, yo no estoy implicada...Y ese arrebatada pasión acusatoria sólo venía a encubrir lo que sospechaba: que yo sí era, que yo estaba implicada, que no estaba a salvo.
Nacimos caídos, pecadores, dice el saber tradicional de las religiones.
Te enfurecen esas metáforas. No importa, hay otras, tenemos también a Freud y a Lacan.
(No hablaré del peronismo, para que no cierres tus oídos con membranas refractantes.)
Te propongo que lo pensemos  así:
"La conciencia de clase puede no ser revolucionaria, puede no ser socialista, pero siempre es algo. De ese ‘algo’ parte el trabajo político, el tuyo y el mío.Y ésta es la cuestión. Tanto para los doctrinarios como para los poéticos. Si las almas bellas se interesaran por esta trama, descubrirían que un genial observador de nuestro mundo, Antonio Gramsci, diseñó con maestría la índole de los escenarios en los que transcurre la política. ¿Cómo articular con los más un espacio que pueda efectivamente disputar el territorio a los de arriba? La manera no puede provenir de mis sueños y aspiraciones. Ni provenir de rígidos principios. Tendrá que nutrirse de los complejos y contradictorios entrelazamientos que las mayorías han conjugado para negociar condiciones de vida que suponen mínimamente aceptables en el marco de ciertas condiciones. Las mayorías son portadoras de una vasta sabiduría que recorre generaciones y continentes. Y no son poéticas ni aventuradas. Pero son los protagonistas. Los protagonistas de la política y de los cambios posibles. A veces pueden equivocarse en toda la línea. Pero sólo desde su experiencia puede buscarse un nuevo camino."*

No soy yo, no es el mundo, no son los otros...Y chau. Listo.
¿Nunca en vos, nada? ¿Ni una duda, ni una pregunta, ni la sombra de una implicación que dijera: este es un hombre, una mujer, un adulto, y podemos tener una conversación?
(Prometo que cuando asome en mí esa alma bella, esa pequeña Dora, la miraré a la cara: vete de mí, cuervo negro.)

* Mario Toer, en Página 12, 2009, http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-126672-2009-06-15.html