Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 10 de agosto de 2015

Para Delfina, para que sigamos mirando árboles mientras nadás mar adentro

1. Delfi
Tu nombre es raza de mujer luchadora y valiente, la guerrera que acompaña al Pancho Ramírez, nuestra doncella guerrera de Sevilla.
Esta bella mujer; Delfina, me honró con su amistad entrañable durante 42 de mis 44 años. Nuestra patria de la infancia estuvo hecha de amor, de juegos, de naturaleza, fútbol, caballos viejos, tortugas locas, poesía, de algunas desmesuras, y de una desafiante vocación política clandestina, que solo pudo terminar cuando ya en la adolescencia la democracia lo hizo posible. Nadie que haya militado en La Plata en los años de la primavera alfonsinista puede haber desconocido a la chica más bella de la UES, con tu larga melena dorada, de la que todos se enamoraban irremediabemente.
Aventurera, libre, deportista, lectora, cinéfila, viajera, inquieta, movediza....
Aunque sus viajes la llevaron por la Patria Grande, y se mudó a Buenos Aires; aunque el neoliberalismo nos pinchó las ganas de militar durante años,....volvimos a encontramos como siempre, en las plazas de Néstor y Cristina; en los cuentos, los poemas, las canciones, las comidas, los vinitos, tus recetas macrobiótcas y tus amables consejos de yoga para una bruta como yo; en nuestras apasionadas charlas de política, nuestro peronismo tantas veces incomprendido, en el personaje de mi novela que, me dijiste, te hizo sentir menos sola en el dolor (y ya con eso todo lo escrito valió la pena).
Extraño ya esos papelones de sentarnos en un bar careta de Belgrano R, y sacar de las mochilas galletitas con jenjibre para cuidar tu salud, tupper con frutas mezclados con estudios médicos, mientras con Lucia nos reímos y lloramos, todo al mismo tiempo.
Te encuentro, te siento, escuchando estos romances tristes, como dice Elena, pero no podemos dejar de cantar; en la sirenita que alegra mi baño, que me regalaste para un cumple, ...en los árboles que observamos en el jardín de Estela, todavía sorprendidas ante el misterio de la vida...y de los finales. Te encuentro, mucho, intensamente, en Lucía Castelli , tu amiga-hermana; en Faustina Gil Soria, tu

hermana-amiga, en tus otros hermanos, tus bellos sobrinos. En cada uno de "los pedagógicos" y tus hermosas amigas de la adultez, Julia, Maribel, Mariana, Jimena, las del Centro Cultural Conti; en algunos de los hombres que tuvieron el privilegio de compartir una parte de tu vida y de tu amor....
La muerte pone fin al dolor querida Del, pero el amor es infinito. Y acá estás, en esta foto que tomó Faus, hace apenas dos meses, en Plaza de Mayo, después de esa merienda tan linda que compartimos. Te amamos. Por siempre. Nos vemos au claire de la Lune.


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2. Nosotros y la sudestada
Por eso, mientras damos manotazos para consolarnos con #palabrasmelodíasabrazos; mientras tu madre distribuye dibujos que ha hecho estos tiempos, quizá  para introducir vida en su taller, vida que acunara tu partida; mientras miramos con Lú, con Faus, el arbolito rojo, me llevás hasta él, confundís con nieve las imágenes que la enfermedad y la medicación han instalado en tus retinas, o en tu alma; o quizá algo más misterioso, quizá algo que te conecta con la infancia, tal vez con Tomás, con Juanita, o la escuelita, nuestros queridos "pedamongos", nuestros amigos de siempre, con los que armamos estos rituales de consuelo que saltean las fronteras de nuestras diferencias y siempre logran conectarse en ese amor despojado de máscaras que nos permitió saber desde siempre quienes somos los unos para los otros, y llamarnos después de diez años por nuestros nombres infantiles, y ayudarnos a dejarte partir sin egoísmo ; mientras te acuna la voz de madre, o de Lú, o la mía, leyendo a Herta Müller, o a Murakami, o a Ana Cecilia Prenz, o a Alice Munro, qué más da...es igual, son las voces, nuestras manos acariciando tu adiós...
Los perros dan vueltas por la casa. Una sudestada impuso sus condiciones a tu partida: como vos, rebelde, desordenadora de lo pautado, despeinadora, intensa.
Miro a tus padres y quisiera salir corriendo, poder propiciarles algún consuelo, quién podría...Ahí están, junto a vos, tus hermanos, Daniela, todos acariciando el misterio del final con rasguidos de guitarra criolla y acordes de hojitas rojas en árboles cercanos que el viento mueve, como aquel sauce... Titina con las flores que alegran el cuarto, Julia con su amistad casi siamesa,  Jimena más allá del océano, Mariana, las de los rulos y las lacias, Maribel, Lola, Elena, Chuje; Irupé, la cubana, Sofía....Nuestro amor se agranda, se hace puente, intenta animarse a soltarte, para que puedas ir, dejar este dolor que nos abruma.
Cantemos, mi querida, cantemos https://soundcloud.com/andr-gravat/sets/canciones-romances-y-baladas
Y entonces, encuentro este poema, lo pongo a tus pies, mi nadadora, que se aleja, mar adentro.

3. Poema
arbolito de Delfina
"Miro un árbol.
Tu miras lejos cualquier cosa.
Pero yo sé que si no mirara este árbol
tú lo mirarías por mí
y tu sabes que si no miraras lo que miras
yo lo miraría por ti.
Ya nos basta
mirar cada uno con el otro.
Hemos logrado
que si uno de los dos falta,
el otro mire
lo que uno tendría que mirar.
Sólo necesitamos ahora
fundar una mirada que mire por los dos
lo que ambos deberíamos mirar
cuando no estemos ya en ninguna parte."

(R. Juarroz, Sexta poesía vertical)