Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 12 de noviembre de 2012

Claroscuros y matices

 Compañeros, “avivados”, cómodos ingenuos y otros

"El mundo es demasiado peligroso para vivir, - no por las personas que hacen el mal, sino por la gente que se sienta y deja que suceda".
Albert Einstein (1879 - 1955) 

  1. Fiesta menemista

Todos conocemos oportunistas de toda laya, se meten en la política como si fuera una empresa y la usan para acumular bienes. Los hay en todos los partidos y espacios políticos. Muchas veces tienen, incluso, un discurso antipolítico. En jerga de entre casa (citando a una amiga  por esa estética de nuevos ricos a la que sucumben en general), los llamo "fiesta menemista". Suelen aprovecharse de quienes tienen verdadero compromiso con su militancia. Actúan como mercenarios, nunca son leales a una ideología o a un proyecto, ni a un liderazgo. Solo son leales al dinero y entienden la construcción de poder político no como la condición para transformar la sociedad, sino como un medio para enriquecerse.
En los 90 se pavoneaban como exhibicionistas, ahora intentan disimularse, pero son los mismos. Personas indiferentes al sufrimiento de sus prójimos, que solo piensan en su propio bienestar: nunca les alcanzan los bienes que tienen, jamás han sacrificado su tiempo ni sus recursos en ninguna tarea solidaria. A veces dan una limosna, que es una manera de reafirmar su posición de privilegio y poder. Se creen con derechos pero no con responsabilidades, detestan pagar impuestos y reclaman que hay corrupción mientras se benefician de ésta sin "ensuciarse".

2. Cómoda ingenuidad

Otros conciben a la Nación, a la república y a la sociedad de manera abstracta, no se interrogan acerca de la historia ni de las relaciones de poder. No quieren responsabilizarse por el conjunto, creen que pagando impuestos se hacen acreedores de todos los derechos ciudadanos por su sola pertenencia de clase. Se trata de sujetos que, pese a haber tenido todas las oportunidades de educarse como ciudadanos, persisten en una terca ignorancia.   
Mantienen posturas confortablemente ingenuas, como si el hecho de que otros la pasen mal o bien no tuviera relación con su situación. Aunque declaran no soportar la violencia (que siempre es de los otros) y se consideran a sí mismos moderados, sobrellevan sin que les quite el sueño la violencia lacerante de la injusticia social. Pronuncian frases del tipo “igualar para abajo”, ¡cómo si fuera posible distribuir la riqueza de algún otro modo que no sea afectando intereses! Parecen habitar un mundo de puras certezas y algunos, incluso, hablan cual si estuvieran imbuidos de una superioridad moral: acusan, señalan, juzgan pero rara vez se miran en el amargo pero revelador espejo de la autocrítica.

3.Discutidores

También conozco gente y tengo amigos que no soportan a este Gobierno que yo, en cambio, siento mío y admiro, (aún cuando reconozco mis diferencias con algunas políticas). Si son discutidores como yo, discutimos. La reconozco como gente que piensa distinto a mí en muchas cosas, pero no por eso deja de ser valiosa, capaz, comprometida, responsable, jugada. A veces, al calor de las discusiones, nos vamos de mambo, ellos, o yo. Y reculamos un poco porque nos queremos, nos respetamos, nos sabemos buena leche y  no queremos que los desacuerdos políticos puntuales nos separen en otros aspectos. A la hora de los bifes, estaremos del mismo lado probablemente.

4. Compañeros

Y además, tengo compañeros/as que me enorgullecen, que nunca han hecho de la política un negocio, que están comprometidos con sus ideas (que son las mías también), que siempre, aún en distintos contextos y ámbitos, han actuado solidariamente, se han involucrado con los otros, combatido la injusticia social, sacrificado energías, tiempo, recursos materiales, para ayudar a quienes más lo necesitan.
Compañeros que saben que el solo hecho de poder comprar dólares, o viajar, pone al desnudo la injusticia del sistema y nos compromete a trabajar para modificarlo, incluso si eso implica renunciar a algunos privilegios con los cuales nos favoreció la fortuna.

5. Los míos

Con muchos de estos últimos nos sabemos contenidos en el proyecto que conduce Cristina. Lo sentimos cuando eso significaba quedarse muy solo y aislado y lo sentimos cuando arrasó en las urnas en 2011. Por supuesto que debatimos, y a veces nos peleamos, y tenemos contradicciones, cobardías, oscuridades, matices. Nos reímos de nosotros mismos, y coincidimos a veces con compañeros que están en otros espacios,  analizamos, nos equivocamos y nos hacemos el aguante. 

6. Egoístas quejosos

Respeto a todos los que están dentro de los límites de una ética democrática. 
Sin embargo la palabra, el análisis, la queja, el reclamo de los ciudadanos que nunca han hecho algo por otros, que esperan que las soluciones lleguen siempre “de afuera”, que no se consideran responsables por el conjunto, que siempre priorizan su bienestar a cualquier precio y que solo se involucran en lo político cuando perciben que sus bienes o sus posibilidades de prosperar encuentran límites, para mí es palabra devaluada. Como la del conductor que protesta por el caos de tránsito mientras comete varias infracciones al día, como la del que evade impuestos a la vez que  reclama más educación y más salud, como la de los grandes chorros de este país que se quejan por la inseguridad jurídica.
Caravaggio, Cena en Emaús. 1606. Óleo sobre lienzo. 141 x 175 cm. Pinacoteca de Brera. Milán. Italia



jueves, 1 de noviembre de 2012

¿La tenemos adentro?

 ¿Tendremos adentro un/a enano/a del Tea Party? (algunas obviedades del #8N)

En otra época se decía que todos teníamos adentro al enano fascista. Y lo teníamos, si bien algunos más adentro que otros.
Ahora sucede lo mismo con algunas ideas básicas del liberalismo meritocrático encarnadas en el sentido común. (La más detestable y reciente muletilla mediática del garca gurú de los ricos y los bobos: "si sucede conviene"). ¿Tendremos adentro un/a enano/a del Tea Party?
Me molesta cuando gente "educada", sostiene, muy suelta de cuerpo y convencida, que sus privilegios son derechos adquiridos o incluso, que sus derechos son resultado de una suerte de mérito personal y/o familiar y no de luchas y sacrificios colectivos, y del factor suerte.
Fuente
¿Saben que sostienen posturas como las de Ayn Rand, filósofa del gusto de tipos como Macri, grandes promotoras de la vieja idea del egoísmo en su sentido más atávico:  la exaltación de la construcción personal, de un supuesto heroísmo y creatividad en cómo se construyela propia vida, en paralelo al rechazo de la solidaridad y la promoción de la crueldad con los pobres?
Ponele que te dicen: mis abuelos eran inmigrantes, se pelaron laburando y yo por eso nací en casa propia (¡cómo amamos la propiedad privada! ¡Qué seguridad nos da!), pude estudiar hasta en la universidad (que es pública y se sostiene en gran medida por el aporte impositivo de los más pobres). ¿Y? ¿Cuál es el mérito? ¿Que teniéndolo todo servido lo tomaste?
¿Y cuántos de los coterráneos de tus abuelos perecieron sin poder escapar/emigrar? ¿Y qué condiciones tenía el país que los recibió, que les permitió prosperar? ¿Y cuál es el mérito de no nacer en África, o en una villa miseria, o de una madre adicta al paco, o de un padre golpeador y abusador, o en medio de un barco que se hunde o en el desierto de la Sonora tratando de cruzar la frontera o en un campamento palestino en pleno bombardeo? ¿Y qué mérito tenés en que tus padres, o uno de ellos, viviera y haya deseado (y podido) amarte, criarte y mantenerte?
 Ponele que te sostengan: yo que aporté toda la vida me jubilo con lo mismo que esa/ese que no aportó.
¿Y qué mérito tiene haber tenido la oportunidad de acceder a un trabajo en blanco con aportes de ley frente a una persona que se las tuvo que rebuscar con condiciones laborales precarias e injustas?
Si  hay injusticia social (¿y alguien puede negarla cuando el 10 % de la humanidad se queda con más del 83 % de la riqueza?) no hay acceso a ningún bienestar como resultado del mérito.
Fuente
Claro que no le resto valor al esfuerzo, a la capacidad de luchar y sobreponerse a las adversidades. Pero sobre todo, ¿no se tratará de construir colectivamente los recursos sociales que fortalecen a los ciudadanos, a los sujetos?
¿Qué gran mérito es nacer con todos los sentidos funcionando, con dos piernas, con dos brazos, sanos y amados?¿Eh? ¿Qué clase de persona sos?
¡Dejáte de joder y de buscar excusas para justificar tu rechazo a las medidas inclusivas del Gobierno de CFK! ¡Asumirse como un egoísta y defensor de privilegos no puede ser tan terrible, si después de todo, la tenés adentro! Andá nomás al #8N con Pando, con Amadeo, con Macri, con Patricia Bullrich, con unas esvásticas bien impresas.
Mejor lo dice Gore Vidal: «Rand siente una gran afinidad por las personas que se hallan a sí mismas perdidas en una sociedad organizada. Son personas renuentes a pagar impuestos, que no soportan al estado y sus leyes y que sienten remordimientos frente al dolor ajeno pero buscan endurecer sus corazones. A estas personas ella les ofrece una solución muy atractiva: el altruismo es el origen de todos los males, el interés individual es el único bien. Si alguien es estúpido o incompetente, ese es su problema».

Perdón por estas obviedades que a veces no parecen tan obvias.