Último verano en Stalingrado, novela

jueves, 28 de abril de 2011

Amores confidenciados

Hay amores que logran perdurar en el tiempo tal vez porque son inconstantes y no se dejan ensuciar por todos los claroscuros que imprimen las relaciones comprometidas. Algunos surgidos en la adolescencia logran atravesar las fronteras que a nuestras vidas les imponen las elecciones de la vida adulta, las responsabilidades y los azares que nos llevan a cambiar nuestros lugares de residencia, nuestra configuración familiar, el modo en que nos ganamos la vida, el hombre o la mujer que elegimos para formar una familia, tener hijos, compartir lo cotidiano.
Gustav Klimt
Imbuidos de un halo de romanticismo y misterio, pervive en ellos la energía de la primera juventud y la curiosidad de los primeras pasiones, muchas veces amorfas, polimorfas y confusas, en las que no siempre intervienen dos, sino más bien muchos más.
Amores que nos han atravesado, deseos de cuando no sabíamos siquiera desear o reconocerlos. Un encuentro nocturno en una carpita canadiense en el fin del mundo, un polvito rápido en un sillón del hogar paterno, un chocolate envuelto en un poema, un buen lento en la madrugada, una zambullida desnudos en la pileta del vecino, una franela tremenda que nunca llegó a más, un largo viaje en colectivo espiando con supuesto disimulo, intercambio de promesas eternas que murieron en los amaneceres costeros o los regresos a casa. Corazones locos desbocados y despedidas en las fronteras de la adolescencia-juventud. Amores que evocan esas primeras traiciones de las que fuimos víctimas o victimarios.
Amores que se crecieron y se alimentaron también con cartas y confidencias a las amigas, amores confidenciados y llorosos, ansiosos, dudosos, inseguros, misteriosos. Desengañados pero optimistas.
Amores que repican como campanas de escuela en las confidencias re actualizadas de la adultez, ya sin tostadas con dulce de leche y Nesquick, sino con cigarrillos y caipirinhas o vinos. Y por supuesto, chocolate.

"Hoy la censura es el mercado." Liberales eran los de antes

E. Delacroix, "la libertad guiando al pueblo", 1830

óleo sobre lienzo, 260- 325 cm. – París, Louvre.
En estos tiempos de sobrecarga informativa, uno navega de sitio en sitio, redes sociales, interrumpidos por mensajes de texto, entrevistas radiales, llamadas telefónicas, un mail que llega con un adjunto, etc. La extraña mecánica cerebral para procesar esta sobrecarga se me escapa, los ojos navegan a gran velocidad por sobre textos, videos, imágenes, se confunden, se enloquecen, es difícil establecer jerarquías y prioridades. Sin embargo, entre las cientos de páginas escritas en torno a la presencia de Mario Vargas Llosa en la Feria del Libro, más o menos parecidas unas a otras, el artículo publicado el 26 de abril en Página 12, escrito por Rodolfo Alonso, "¿Es Mario Vargas LLosa liberal?" es de destacar. Sale por encima del laberinto (quizá por ser el autor un poeta y no un analista político) y eleva la discusión política, al poner en cuestión la categoría "liberal" y su bastardización. Dice allí:

"Desenmascarar a los seudoliberales de esta época, que no se amilanaron en propiciar o ser funcionarios de dictaduras sangrientas, como las de Videla y Pinochet por citar sólo las dolorosamente cercanas, es precisamente la tarea de cualquier liberal. Porque no fue Martínez de Hoz, sino León Trotsky quien afirmó: 'El liberalismo fue, en la historia de Occidente, un poderoso movimiento contra las autoridades divinas y humanas, y con el ardor de la lucha revolucionaria enriqueció a la vez la civilización material y la espiritual`. Y no fue Domingo Cavallo, sino Adam Smith quien aclaró: 'Ninguna sociedad puede prosperar y ser feliz si en ella la mayor parte de los miembros es pobre y desdichada'.¨[...] ¿Es ése un punto de vista 'liberal'?, me animaría a preguntarle a Vargas Llosa, si confiara en su voluntad de responderme. Pero quien lo hace sin duda, de antemano, es uno de los últimos grandes humanistas europeos, un firme devoto de la mejor literatura: George Steiner, para quien: 'Hoy, la censura es el mercado'."

Creo que podríamos extender este análisis a varias de las categorías políticas comúnmente usadas. Como peronista, siempre he creído que pocos movimientos políticos son tan difíciles de entender y de explicar como el nuestro. Se nos han señalado a lo largo de la historia, con buena o mala leche, nuestras innumerables contradicciones. Siempre que discutimos con alguien que no es compañero, nos las vemos negras para explicar qué es y qué no es peronismo, entre otras cosas básicas. Sin embargo, a partir de esta lectura, observo que lo mismo es aplicable a muchas otras corrientes ideológicas e inscripciones partidarias. En nuestro país, los "radicales" han sido conservadores, los "liberales" defienden los monopolios y a la Iglesia católica; los partidos marxistas carecen de bases obreras, los "conservadores" defienden el libre mercado y varios dirigentes y partidos de izquierda y centroizquierda son aliados coyunturales o estructurales de la  Sociedad Rural.
Tal vez es por aquella famosa frase del General: "peronistas somos todos." Contradictorios también. 
Fuente

En el plano del debate, me parece interesante seguir con este tipo de discusiones. En el plano de las prácticas políticas, prefiero detenerme en las medidas concretas que un gobierno toma, aun con contradicciones, para evaluar la coherencia ideológica y estimar si contribuye más o menos al bienestar de la Nación y la felicidad de su pueblo.
La posición acusadora es por cierto, una posición más liberal, en el sentido original del término. Siempre y cuando cuestione a todos los poderes, a riesgo de llegar a una postura anarquista, por cierto mucho más romántica en tiempos en los que eso no conlleva mayores riesgos.
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lunes, 18 de abril de 2011

La "escuelita"

"(...) y nadie está dispuesto a entrar en una casa donde está seguro de que lo van a herir", escribe Carson Mc Cullers en El corazón es un cazador solitario, cita que no recordé textual al conversar con Delfina y Lucía hace un par de días, en una extraña noche en la que los arcanos del tiempo y la memoria se desanudaron hasta lograr que una parte de las personas que fuimos en la infancia se encontraran en nuestros cuerpos y actualidades de adultos. (Voy a la biblioteca, busco el libro, aún está marcada la frase leída hace ya unos años.¿Casualidades?)
Esa noche fue al revés. Estábamos todos seguros de haber entrado a una casa donde nadie nos iba a herir, sino llenarnos de cálidos momentos. Incluso, se verbalizaron disculpas y reparaciones de sucesos tan lejanos en el tiempo (ese que se mide arbitrariamente en días y años) pero que, quizá, dejaron más huella en quienes cometimos(ieron)  las faltas que en quienes sufrieron(imos) las heridas. O no. Quién puede saber de estas cosas.
Siempre he creído que la memoria es un capricho, una selección tan subjetiva como cualquier otra idea, pensamiento o sentimiento. Al confrontar los recuerdos propios con los de los otros uno puede llegar a creer que nunca estuvo en el mismo lugar ni vivió la misma experiencia, o también lo opuesto. De pronto lo que era oscuro se llena de chispas, lo inexplicable encuentra su relato, lo que era heavy se desvanece en el aire y nos aliviamos de mochilas que no deberíamos haber cargado. Saber, no saber, trampas mentales y juegos de la psiquis. Qué bien hace reírse tanto.
Una foto, un deseo que encuentra otros deseos, serendipity y celebración.
Miro las caritas en blanco y negro, y en las expresiones de las mujeres y hombres que hoy somos, descubro el mismo gesto, la curiosidad, alguna lejana huella de inocencia y la capacidad de sorprendernos en la alegría, incluso con todas las muertes y pérdidas que cada uno ha tenido que atravesar en estos años.
Miro los perfiles en Facebook y encuentro, como en la charla, coincidencias en gustos cinematográficos, musicales, literarios. No sé como cada cual procesó la increíble experiencia de "la escuelita", ese mundo paralelo y cerrado en que nos movíamos en los años en que el país era una mierda total. Qué atesora o rechaza cada uno, cuántos romances y madrigales acunaron sus noches de infancia o se volvieron pesadillas, cuánta disciplina o caos aplicaron a su vida, a criar a sus hijos. Cuánto hay de amor a las plantas, de respeto por el trabajo intelectual y manual, de vocaciones artísticas, de caballitos blancos y de otros colores. No sé si se han preguntado qué hacíamos allí, quiénes eran los maestros, por qué nuestros padres eligieron ese camino, cuántos se fueron o se quedaron. Si han tenido que dar en su educación posterior extrañas explicaciones acerca de la escuela a la que fueron, los métodos pedagógicos que se aplicaban o si guardaron la experiencia en el cajón del olvido de lo incómodo.
Un tema de La Chicana  se llama "Ayer, hoy era mañana".Nadie conoce el futuro y el pasado también de algún modo es fantasía, de modo que sólo resta desearles:
¡Salud y hasta prontito!

martes, 12 de abril de 2011

Carol, un amor lésbico con final feliz

Patricia Highsmith (1921-1995) ha sido una de las mejores escritoras norteamericanas y es una de mis preferidas. Sin embargo, una de sus primeras novelas, Carol (1948), no gozó de popularidad por la decisión de sus editores que, tras el éxito de la película Extraños en un tren, para la cual Hitchcock se basó en su novela homónima, la "etiquetaron" dentro del género de suspenso o policial. Entonces no quisieron publicarle Carol, una historia de amor entre mujeres. 

Según cuenta la autora en el prólogo de una edición muy posterior a la escritura, se inspiró en una mujer muy elegante y bella que se acercó a comprarle, envuelta en pieles, en la sección de juguetería de unas grandes almacenes de Manhattan en la que estaba empleada un verano de sus 27 años.
Un amor narrado con la misma destreza para crear climas de intenso suspenso como hay en todas las tramas de Highsmith, para contar la historia de la joven escenógrafa Therese que trabaja circunstancialmente como vendedora mientras intenta romper con un novio que no la comprende y Carol, mujer rica, sofisticada y madre de una niña pequeña que acaba de divorciarse tras un matrimonio infeliz.
Cuando se publicó en 1953 en una edición de bolsillo,  Highsmith comenzó a recibir cientos de cartas de gays y lesbianas estadounidenses que le agradecían por haber escrito esa historia, probablemente la primera que contaba un amor homosexual con final feliz. Hasta ese momento,  [en las novelas estadounidenses] "los hombres y las mujeres homosexuales tenían que pagar por su desviación cortándose las venas, ahogándose en una piscina, abandonando su homosexualidad (al menos, así lo afirmaban), o cayendo en una depresión infernal.", escribe la autora en el prólogo de la re edición de 1989.
Tuve mi época Highsmith, en la que casi no podía leer otra cosa que sus atrapantes novelas policiales. Lo mismo me pasó con Carol, que descubrí allá por el 97 o 98, en una edición de Anagrama.

miércoles, 6 de abril de 2011

Mar de Fondo

Ornamentos de urnas funerarias griegas
A veces soy un océano revuelto de incertidumbre. Allí habitan recuerdos, deseos y fantasmas que forman arrecifes de corales bellísimos y peligrosos. Tengo una pequeña colección de caracoles que encierran unas pocas certezas. Tienen que ver con los amores incondicionales, las amigas leales, ideales políticos y gustos literarios. Todas estas extrañas criaturas se ocultan en el mar de fondo y sólo a veces se dejan observar. Los deseos son como cardúmenes de peces de colores, en mares cálidos viajan juntos a gran velocidad y no resulta fácil distinguirlos. Se mezclan con predadores como el orgullo y un narcisismo siempre herido y siempre en proceso de reconstrucción.
L. tira una red y me pesca, saca a la superficie un deseo que está atrapado en ese mar de contradicciones y lo rescata, con palabras y cariños que tienen ecos de voces de la infancia. Me convierto en sirena, mamífera al fin, salgo a la superficie, tomo una bocanada de aire, lleno mis pulmones y me zambullo de nuevo a espiar entre los corales, entre sombras y luces, los espejismos del fondo del mar.

viernes, 1 de abril de 2011

Un experimento con el tiempo

No sé porqué sucede, pero a veces nos quedan grabadas en la memoria frases o títulos de libros o películas que descubrimos hace veinte años y de repente,¡pum! Irrumpen en nuestra mente. No sé en qué andaba mi cabeza cuando recordé el título de Un experimento con el tiempo, de John W. Dunne, leído por turnos con mis hermanos en un verano ya muy pero muy lejano.
Creo recordar, no estoy segura, que teníamos una edición prologada por Borges, de quien por entonces yo había estado leyendo algunas cosas vinculadas con esa extraña cosa a la que llamamos "tiempo", sin que nunca sepamos del todo a qué nos referimos.
Googleo un poco para aligerar el peso de mi desmemoria, porque en mis recuerdos se mezclan los climas oníricos con el relato científico del ingeniero aeronáutico Dunne.
Quien más, quien menos, los que leímos este libro, del que veces hablamos con A., hicimos la prueba de ejercitar la escritura inmediata de los sueños y de tener la libretita a mano en la mesa de luz. No sin asombro, descubrimos en alguna ocasión, que la tesis de Dunne podía comprobarse y que nosotros, humildes ignotos, éramos también capaces de navegar en las dimensiones del pasado y el futuro y soñar premoniciones.
Y por más recuerdos y lecturas, cada vez sé menos y entiendo menos esas categorías que, por no dejarnos vencer por el misterio, llamamos pasado, presente y futuro, entre risas o escalofríos.

Leyendo a Alice Munro, Secretos a voces

Estoy leyendo cuentos de Alice Munro.
Los leo un poco así, con la misma cadencia que esos textos proponen. En medio del caos de la vida. En un rato en que viajo en el colectivo. Mientras hago la cola en la obra social o espero en el auto a mi hijo.
No los leo como suelo leer otras obras literarias, llena de ansiedad e indiferente a todo lo que me rodea, sino que más bien la voz de Alice y sus personajes se van mezclando con el entorno, con la cara del muchacho que viaja a mi lado conectado a su I Phone, con el paisaje móvil de la Avenida 9 de Julio atestada de autos, con las nucas de los viejos que esperan sentados delante mío.
Así son un poco los personajes de Munro. Gente común, de esa que podemos ver en cualquier pueblo o ciudad, a la que no le pasa nada en apariencia interesante y sin embargo...
Alice dedica su libro, Secretos a voces, "a las amigas fieles." Hago mía la dedicatoria en este post. Las mujeres de sus cuentos son un poco como mis amigas, pueden parecer convencionales a primera vista, pero llegado el momento demuestran que están dispuestas a todo con tal de seguir sus deseos y entusiasmos. Incluso al desprestigio, una dosis no menor de desequilibrio emocional, la pérdida de cierto confort burgués, una generosidad desmesurada.
Las mujeres de Munro, de un modo u otro, siempre parecen dispuestas a escapar de un destino preconfigurado por la familia, el entorno y la sociedad que las rodea. Suelen enamorarse de hombres inconvenientes, pasarla mal, vivir aventuras increíbles sin moverse del pequeño pueblo de Carstairs, en Ontario (Canadá), tener amigas locas de remate y conversar con ellas, perderse por un determinado escritor y a veces hacer el amor con un desconocido que va de paso.
Pueden escribir cartas durante años, encerradas en una Biblioteca de pueblo, como la Louisa del cuento "Entusiasmo", o convertirse en vírgenes albanesas y vivir de la caza y la limosna en una tribu perdida en Albania, como la Lottar de "La virgen albanesa". Pueden cometer espantosos errores y ser frías y egoístas.
Las mujeres de Munro a veces ni siquiera son vistas por los otros, se desloman en casas y cocinas, y trabajos, sin que nadie aprecie sus labores o intuya las pasiones que ocultan debajo de rostros comunes, quizá prematuramente avejentados y ni siquiera demasiado bonitos. En ocasiones son sometidas por maridos poderosos, brutos y desagradables en la intimidad, sin atreverse o sin fuerza para rebelarse. Otras veces, son muchachas que desaparecen sin que nadie sepa más de ellas. Algunas de repente resplandecen, abandonan sus aburridos vestuarios, se maquillan, se ponen tacos y salen a comerse el mundo. Sufren pero también gozan, mantienen un humor que puede ser ácido o naive. Son sabias, aún sin pergaminos ni buenos salarios. A veces se ahogan o se enferman.
Alice Munro hace lo que quiere con el tiempo en sus relatos, va y viene, cambia de voces, no se deja atrapar por las convenciones.
Los personajes de Alice Munro pueden acompañarnos gratamente en los viajes y los tiempos de espera, en medio del vértigo de nuestras vidas de madres, amantes, esposas y laburantes, porque son profundamente humanos, llenos de contradicciones y como dice la autora en una entrevista: "(...) sé que una idea sólo me interesa si tiene alguna complejidad moral, si tiene varias aristas. No es que me guste crear personajes que estén reflexionando sobre problemas morales, pero sí marcar cómo de las decisiones que uno toma, de las rutas que se elige, uno se puede arrepentir tiempo después. Al mismo tiempo pienso que hay momentos en la vida en los que hay que ser egoísta en un grado tal que, luego, de mayor, uno pueda condenarlo. De eso trata ser humano."

Alice Munro es canadiense y nació en 1931.
Secreto a voces, Del Nuevo Extremo, Buenos Aires, 2010, 318 pág.