Último verano en Stalingrado, novela

miércoles, 6 de abril de 2011

Mar de Fondo

Ornamentos de urnas funerarias griegas
A veces soy un océano revuelto de incertidumbre. Allí habitan recuerdos, deseos y fantasmas que forman arrecifes de corales bellísimos y peligrosos. Tengo una pequeña colección de caracoles que encierran unas pocas certezas. Tienen que ver con los amores incondicionales, las amigas leales, ideales políticos y gustos literarios. Todas estas extrañas criaturas se ocultan en el mar de fondo y sólo a veces se dejan observar. Los deseos son como cardúmenes de peces de colores, en mares cálidos viajan juntos a gran velocidad y no resulta fácil distinguirlos. Se mezclan con predadores como el orgullo y un narcisismo siempre herido y siempre en proceso de reconstrucción.
L. tira una red y me pesca, saca a la superficie un deseo que está atrapado en ese mar de contradicciones y lo rescata, con palabras y cariños que tienen ecos de voces de la infancia. Me convierto en sirena, mamífera al fin, salgo a la superficie, tomo una bocanada de aire, lleno mis pulmones y me zambullo de nuevo a espiar entre los corales, entre sombras y luces, los espejismos del fondo del mar.

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