Último verano en Stalingrado, novela

jueves, 30 de diciembre de 2010

Postales de diciembre

Son días que parecen creados por Horacio Quiroga o por algún escritor norteamericano del sur. Salen las arañas, zumban las moscas sobre los restos de migas en el mantel, giran las aspas agotadas del ventilador. Lo único que se puede hacer es dejarse caer en alguna reposera o hamaca paraguaya, con una copa llena de cubitos y un vino rosado, una novela cuyos renglones van zumbando también, al rayo del sol, y se lee espantando bichos de las páginas.
No es lo único, desde ya. En el barrio incluso a esta hora de desaforado sol, hay algunos albañiles trabajando. En este barrio y en otros. Los veo. Sobre una escalera enclenque, un pibe que no tiene ni 18, cubierto de polvillo, termina el fino de la pared-muralla con la que un  buen burgués (aún espero que alguien me obsequie una palabra más adecuada para esta  tan demodé) planea protegerse del ocasional asalto de algún pobre que se pueda violentar ante tanta opulencia. La televisión y la radio sólo hablan del alerta naranja, de ocupas, cortes de luz, faltante de nafta y dinero. Y de Fort y Tinelli, como siempre.
A mi me parece que hay cierta amoralidad en alguien que hace laburar a otro al mediodía, a pleno rayo de sol, con este calor.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Inmigrantes, Néstor y los ojos bien abiertos

El acto de homenaje a Néstor organizado por "Filo vuelve" ha sido emocionante. Todas las palabras dichas, correctas: las de Trinchero, el decano; las del siempre lúcido Galasso; las de Marcelo Mango, de la Ctera; las de Adriana Puiggrós; las del estudiante Gullo; las de Alberto Sileoni. Conmueve ver la cantidad de compañeros y compañeras en ese patio feo y un poco oprimente en el cual, no sé por qué, ni los jóvenes interrumpen para corear consignas, como si lo hicieron días atrás en el homenaje en la Universidad de La Plata y en tantos más. Igual se respira esperanza militante en los carteles pintados a mano, el video, la energía puesta por los organizadores, entre los cuales hay amigos y compañeros.
Ese día el gobierno de CFK ha salido, una vez más, por encima del laberinto que traman los conspiradores, con política y soluciones para los okupas del extenso baldío que unos caraduras llaman "parque" (Indoamericano, para mayor ironía).
El ministro Sileoni cierra su discurso con la consigna, tan escuchada en estos días: ¡Ni un paso atrás! (y no puedo evitar una lagrimita que baja hacia adentro al recordar un post que hice sobre ese tema cuando fui al acto de Néstor en el club Atenas, en mi ciudad, este año, y no puedo creer que ya no esté).
Salimos, rápido, con Elvira y G. Tenemos que alcanzar el subte para regresar a los hogares, de ser posible, antes de medianoche. 
Me estoy meando y en el hall de la facultad, le pregunto a un ordenanza por el baño. Me contesta con un español dificultoso que me permite adivinar un origen ruso. ¿Sos ruso?, no puedo evitar preguntarle. Asiente. Le digo, con ignorante y torpe pronunciación (sólo he leído una y mil veces la frase, pero no la he escuchado y del idioma ruso lo mío es sólo curiosidad  y analfabetismo): ni shagu nazad. No me entiende. Elvira se ríe y me chicanea, con gracia. El tipo piensa y me dice: ¡Ah, sí! Ni un paso atrás. Y pronuncia, en ruso y como corresponde, la orden que hizo famosa Stalin durante el sitio a Stalingrado. Le pregunto de dónde es. Ucrania. Calculo mal, yerro, porque sugiero que no soporta a Stalin. Por el contrario, un patriota, dice. Se han contado muchas mentiras. Me cuenta que su padre era militar y peleó en la Segunda Guerra, en la época soviética. (Hago un mezquino cálculo mental de edades, podría ser cierto y podría no serlo). El vino a la Argentina antes de la Perestroika.
Chango Spasiuk, nieto de inmigrantes ucranianos
Ya imagino toda la novela. Qué paradojas de la historia humana. Quizá fue nieto de un campesino kulak, que perdió todo en una purga. Su padre tal vez llegó a ser alguien importante en el ejército soviético y soñó con mandar a estudiar a sus hijos en las universidades e institutos a los que podía acceder cualquier trabajador soviético. En cambio, él termina limpiando la mierda de docentes y estudiantes, en su mayoría troskos, de una facultad de la UBA, en la Buenos Aires tilinga y gorila que gobierna la derecha. Todo eso puede ocurrir en apenas unas décadas, nada en la historia de la "civilización", pero vidas enteras robadas. ¿Cómo, para la mayoría de las mujeres y los hombres que han sido, que son y serán, se sube y se baja en la "escala social" casi de la noche a la mañana, se pierde todo en una noche de pogromo, de invasión o de exilio? ¿Cómo puede ser de fatal el destino que los poderosos construyen para los pueblos, a fuerza de guerras y exterminios? Y pienso en los diversos modos en los que también los pueblos luchan incansablemente para construir vidas más justas y mejores.
Me resulta increíble que tantos compatriotas vayan por ahí, pagados de sí mismos, orgullosos de sus privilegios que consideran derechos exclusivos, ignorando lo afortunados que son, despreciando a los otros, a los que sufren un destino tan injusto como el que ellos podrían sufrir, así, de la noche a la mañana.
Inmigrantes de la Patria Grande latinoamericana
Al muchacho ucraniano, como es rubio y alto, su condición de inmigrante extranjero y ordenanza no le debe ser tan difícil de sobrellevar como la de un quintero boliviano o un trabajador peruano. El altiplano pobre genera más miedos en los fachos que el eslavo pobre, al menos acá. El miedo que tan bien explica Alicia Dujovne Ortiz en un artículo reciente.
Por eso hay que tener los ojos abiertos para ver, la injusticia está a cada paso, lo mismo que la oportunidad de destruirla.

Una tarde de locos

Hace calor. Tomo el micro en la terminal de La Plata. Viajo leyendo un relato de Cleever, "La geometría del amor." La tristeza y el absurdo de la condición humana me parecen infinitos y fuera de todo cálculo geométrico. El aire acondicionado del colectivo, como siempre, está sobre dimensionado, así que cuando llego a Plaza de Mayo y me bajo, el calor, literalmente, me golpea. Prendo un cigarrillo. Una columna del Polo Obrero corta el tránsito y un militante me grita: ¡mamita, te hace mal fumar! Los policías, con sus escudos, me miran pasar como miran los hombres cuando hace calor, tienen poder, están en grupo. Prepotencia y lascivia mezcladas.
(Fantasmas subterráneos urden tramas siniestras para debilitar al gobierno de Cristina.)
Camino una cuadra y me encuentro con un conocido. Charlamos un ratito y cada uno sigue su camino. Decido tomar el subte en Piedras. Me detengo a mirar una vidriera de relojes y joyas usadas sobre Av. de Mayo, pensando en regalos navideños y en el personaje de la condesa de Inglaterra una fábula, de Leopoldo Brizuela. ¿Alguna de esas piezas exhibidas habrá pertenecido a admiradores del pasado de artistas ambulantes de compañías como el Great Will? Esa novela me ha sumergido en un estado de ánimo poblado con escenas de Conrad, de Henry James, de aventuras en los mares del sur y de pobres almas buscando el éxito futuro en la aventura transgresora. Con eso voy ocupando mi cabeza cuando observo que, en dirección contraria a la mía, en medio del río humano que va y viene por la avenida ardiente, un loco, o un borracho, o las dos cosas, se acerca. Cuando apenas nos separan centímetros, me golpea con la fuerza de un palo de béisbol, como en las películas. Mi sorpresa es muy superior al dolor, grito y me tambaleo hacia atrás, un hombre, grande, detiene mi caída. El loco sigue su camino, gritando también, como si en medio de una alucinación, le hubiera pegado a un invasor extraterrestre, a un bloque de hielo que avanza hacia su barco, a un fantasma del pasado. ¿Estás bien? Si te hubiera querida robar sabés cómo lo corro y lo mato, me asegura mi benefactor, sin convicción alguna, como para escuchárselo a sí mismo para contarlo luego en la casa. Estoy tan desconcertada que no sé qué hacer ni qué decir y, a medida que la sorpresa se retira, avanza un dolor que incluye muñeca, codo, brazo. Me meto en el subte a presión y mi cuerpo, brazo incluido como es obvio, viaja aplastado casi todo el trayecto de la Linea A. Llego al punto en el que quedé en encontrarme con E, que también está golpeada, visiblemente, por una cómoda que la agredió durante la noche. Me olvido del tema.
A la mañana siguiente el loco invade nuevamente mi privacidad. Me despierto y me duele desde el hombro hasta la mano. 
Me pregunto si esa es la manera de los alucinados de hacerse recordar, al convertirse en la alucinación de los otros.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Soldati, yo pago mis impuestos y otros argumentos muy zonzos

El drama que se está viviendo en Soldati nos somete a escuchar toda clase de zonceras peligrosas. Estas son algunas:
Argumento 1: yo pago mis impuestos y eso me da derecho a vivir acá
Suponiendo que la ciudadanía y los derechos garantizados por la Constitución Nacional a los habitantes de nuestro país fueran el resultado de una relación contractual de ese tipo (soy ciudadano en tanto pago impuestos, garantizame mis derechos), lo cual es un reducción liberal y algo tonta, el argumento debe incluir a todas y todos, okupas, propietarios, extranjeros, nativos o nacionalizados que consuman alimentos, puesto que la principal fuente de la recaudación tributaria en Argentina es el IVA. Si vamos más allá, los adictos al tabaco, por ejemplo, deberíamos gozar de beneficios extras, ya que pagamos más impuestos al consumir cigarrillos y arriesgamos nuestra salud y nuestra vida para colaborar con el fisco. Unos patriotas.
Fuente: La Razón
[Entre paréntesis, esos mismo impuesto que la oposición no quiso prorrogar en la ante última sesión del Congreso y que va directo a la ANSES, es decir, a los jubilados y a los niños y niñas más pobres]
Argumento 2: yo no recibo subsidios y a esta gente (o "estos negros de mierda" o "bolitas", etc) le dan todo de arriba.
Eso podrá decirlo sólo quien no sea usuario de transporte público, ni agua de red, ni electricidad, ni cuente con servicio de gas, ni mande a sus hijos a una escuela privada con subsidio, ni estudie o haya estudiado en una universidad pública, entre otros. Es decir, sólo los más pobres. Porque los demás, clase media, clase alta, tenemos todos esos servicios subsidiados en un gran porcentaje por el Estado.
Argumento 3: encima gastan plata en "estos" y yo tengo que pagar una escuela privada para mis hijos. Considerando que la mayoría de las escuelas privadas del país cuentan con un subsidio (del 60, el 70 o el 80 %) del Estado, y que el Estado se sostiene con los impuestos, ¿por qué los ciudadanos argentinos más pobres, o los bolivianos, paraguayos, peruanos, coreanos, chinos, etc., que viven y trabajan acá deben pagar impuestos no sólo por la educación de gestión estatal sino también para sostener a las escuelas privadas?
Argumento 4: vienen de otros países y nos roban el trabajo y la tierra. 
Quien sostiene esto, o bien es hijo, nieto o bisnieto de unos pobres y muertos de hambre inmigrantes considerados la "escoria europea" en aquel momento (en general, italianos y españoles, pero también polacos, libaneses, rusos, irlandeses, sirios, etc), o bien, algo excepcional, proviene de varias generaciones de "criollos". Si es el segundo caso, desciende de okupas y apropiadores de tierras a sus legítimos dueños.
¿Por qué no usar todo ese enojo y esa energía para ir a reclamarle a los grandes evasores (tipo Macri y sus empresas) y a las multinacionales extranjeras (tipo las empresas de Macri) en lugar de atacar y asesinar  a unos pobres y desesperados compatriotas? ¿Por qué seguir siendo funcionales al árbol pedorro que tapa el bosque?

martes, 7 de diciembre de 2010

La humanidad progresa II, democracia argentina

En 1946 la coalición encabezada por Juan Perón ganó las elecciones con el 42,5 5 de los votos. La opositora Unión Democrática obtuvo el 35,8 %.
Esta Unión, tan "democrática", en seguida empezó a conspirar para voltear al gobierno peronista, al que solían acusar de autoritario y violento.
Para defender la libertad y la democracia, entre otras iniciativas, decidieron bombardear a los ciudadanos que el 16 de junio del 55 estaban en Plaza de Mayo, cientos de niños entre ellos. Más de 300 muertos civiles.
Entre los opositores civiles que quisieron participar desde los aviones junto a los marinos asesinos, se encontraba el radical Miguel Angel Zavala Ortiz (que luego sería Canciller del "demócrata" Illia).

La humanidad progresa

Para dirimir sus conflictos de poder o las revueltas opositoras, los autócratas y los poderosos reyes del Renacimiento y la Modernidad recurrían a métodos que hoy consideramos inhumanos. Invasiones, tortura, prisión, humillación pública, desprestigio fundado en mentiras, condenas a muerte con herramientas aberrantes.
Pedro el Grande, el zar que "modernizó" Rusia y reinó a comienzos del siglo XVIII, cuando creyó que su hijo, el zarevich Alejo, podía disputarle el poder, lo mandó torturar y luego lo condenó a muerte.
Enrique VIII, Tudor, rey de Inglaterra, fraguó pruebas y conspiró de diversas maneras para declarar nulo su matrimonio de 20 años con Catalina de Aragón, a quien redujo a un estado de exilio interno. Mandó a liquidar a su segunda esposa Ana Bolena, cuando se convirtió en un obstáculo político en sus planes para tener un heredero legítimo. Ordenó torturar y eliminar a varios miembros de la familia Pole, que podían reclamar legítimos derechos al trono y se habían  rebelado contra él, así como se deshizo de sus colaboradores de otrora por métodos similares (Thomas Moro, Cromwell, entre otros).
Eso, por mencionar ejemplos de autócratas famosos.
La humanidad progresa.

Los métodos para eliminar a los enemigos se han sofisticado bastante. Guantánamo y todas las guerras imperiales del siglo XX  y XXI de los Estados Unidos son instituciones " modernas" y "democráticas" de una época que consideraría inhumanos y fuera de toda ley la tortura, la invasión, el asesinato y el genocidio. Lo mismo que consideraría un retroceso no proveer gratuitamente al contienente africano de los medicamentos para tratar el HIV o las conspiraciones para voltear gobiernos democráticos en América Latina. Por eso debe ser que el Presidente Obama recibió el Premio Nobel de la Paz.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Progreso humano

La humanidad progresa, sostiene mucha gente aparentemente ilustrada.
Una tarde de verano en Valeria del Mar, mi madre leía una biografía que yo le había prestado sobre Catalina la Grande. La descripción de sus partos la llevó a la siguiente reflexión: ¡qué tremendo era parir entonces! ¡Cuántos chicos se morían antes de cumplir el año! Por no mencionar las mujeres que morían en el parto o el pos parto (fiebres puerperales, agotamiento, etcétera). Claro, no había antibióticos, ni condiciones de higiene mínimas (ni siquiera para las poderosas zarinas rusas), ni anestesias, ni cesáreas, ni monitoreos, ecografías, etcétera (por no mencionar agua corriente, cloacas o luz eléctrica, que sigue sin haber para la mayoría de los seres humanos).
La humanidad progresa. En Argentina actual, mientras se reduce la mortalidad infantil, crece la materna. Los abortos clandestinos  explicarían la causa. El 40 % de los embarazos terminan en aborto.
Y todavía hay quienes defienden la penalización en nombre de la vida.