Último verano en Stalingrado, novela

domingo, 28 de julio de 2013

Latidos


Lo que realmente me gustaría, dice, es que el cigarrillo no trajera cáncer ni rechazo social, que pudiéramos fumar un pucho juntos, después de una buena charla, o de un buen polvo, o de una buena aventura en la playa, o en la plaza, en un parque, después de trepar un morro, o un médano, o tal vez al cruzar un río pedregoso, o nadar unos segundos en un lago helado.


Sentarnos en la orilla, mirar el horizonte (que podría ser el puro océano, o la montaña, o hasta una medianera cubierta de enamoradas del muro o de parra virgen).
Sentarnos en un banco de la plaza y ver cómo juegan los nenes.
Nada, que escuches el latido de mi corazón, dice.
Pero él meta hablar de él.


martes, 16 de julio de 2013

Roberto Bolaño, a 10 años de aquella noche de julio de 2003

“Soy la típica imagen del poeta latinoamericano: mi esposa con tisis arrullando a la bebé recién nacida que llora, mi hijo con problemas de adolescencia y yo encerrado en el baño intentando acabar un poema”. (Roberto Bolaño, diario El País)

Hace diez años que murió. Casi me atrevería a decir que que este blog es parte hijo de las lecturas de Los detectives salvajes, Llamadas Telefónicas y otras bolañeadas que llegaron a mi vida allá por 2002, creo, o 2003 tal vez. El ejemplar de Los detectives que leí venía ya todo descuajeringado, era de M. y había pasado de mano en mano, de amigo en amigo, como si hubiéramos sido todos poetas real visceralistas. No lo éramos. No lo fuimos. Y aún así, no podemos dejar de soñar con esa literatura, con escribir alguna vez una sola puta linea que convoque a algún lector a nuestro mundo como nos atrapó Bolaño, para siempre, en el suyo.
retrato de Ariel Tancredi, serie Homenaje a escritores


"Para Victoria Avalos

Suerte para quienes recibieron dones oscuros
y no fortuna Los he visto despertarse
a orillas del mar y encender un cigarrillo
como sólo pueden hacerlo quienes esperan
bromas y pequeñas caricias Suerte
para estos proletarios nómadas
que lo dan todo con amor. "
(Roberto Bolaño, La Universidad desconocida)
















http://palabrascromaticas.blogspot.com.ar/2011/06/del-oficio-de-escribir-i.html;http://palabrascromaticas.blogspot.com.ar/2011/12/yo-pertenezco-un-mundo-que-se-fue.html
http://palabrascromaticas.blogspot.com.ar/2010/07/reflexiones-para-valientes.htmlhttp://palabrascromaticas.blogspot.com.ar/2012/07/para-estos-proletarios-nomadas-que-lo.htmlhttp://palabrascromaticas.blogspot.com.ar/2012/03/el-tiempo-en-que-dios-podia-volver.html

domingo, 14 de julio de 2013

Diez pensamientos de la política, de Roberto Esposito, cuando La Patria es el Otro

(vuelvo a publicar este post, hoy más que nunca, La Patria es el Otro, la Patria es Néstor)

Gran parte de la izquierda de clase media argentina atribuye la conducta política de los sectores populares a motivos prejuiciosos e injuriantes. ¿Por que no escuchan más, conversan, observan?
¿Y dónde están, fuera de sus cabezas, esas construcciones políticas capaces de sostener un proyecto que implique los ideales de la izquierda y nos de cabida a las mayorías populares y de clase media?
¿Por qué creen que sus motivos para sentirse representados por tal o cual en defensa de sus intereses son más "serios" que los de otros? 
Los sectores populares, los sectores medios, son diversos, complejos, críticos, no homogéneos. Hay sujetos políticos comunitarios inabordables mediante las categorías de análisis tradicionales, es como si el lenguaje de "la política" quedara siempre corto para hablar de la la política.
Toda vez que la izquierda se hizo "izquierda nacional", (y se incorporó, en el caso de nuestro país) al peronismo, las contradicciones no desaparecieron, ni los debates internos, ni las disputas por asumir la representación legítima del pueblo (único legitimador).Lo mismo pasa ahora con el kirchnerismo. Y pasa en otros países que viven procesos parecidos. Pero esos debates, esas críticas, encuentran un cauce, un espacio para hacer política con otros, ese hacer, el de la obra, que en su propio hacer de algún modo pone en cuestión la teoría. Y el hacer con otros obliga a ponernos en duda a nosotros, a nuestras ideas; nos lleva a negociar, a escuchar, a aprender, a bajar el copete también.
Sino, cuando la izquierda no se incorpora a los movimientos populares, a mi me impresiona ver que se quedan lejos (del poder, que es intrínseco al sujeto político y al colectivo capaz de transformar); señalando, acusando, desde el reinado de las respuestas y las certezas, marcando los errores (siempre de los otros) y moralizando, formulando las denuncias y, casi siempre, desde la comodidad de estándares de vida muy por encima de los de los sectores populares, también, dicho sea de paso. Es decir, sin asumir la responsabilidad, la culpa, el sacrificio por el otro de los cuales habla este libro.
No habla de las preguntas que formulé al principio, pero a mí me llevó a pensar en eso. 

De muchas categorías (nueve más precisamente) de la filosofía política, y la deconstrucción hecha desde la filosofía de los impolíticos (Simone Weil, Carl Schmitt, los franceses luego,etc.), habla Diez pensamientos de la política,(FCE,México DF, 2012) de Roberto Esposito. Está organizado en diez capítulos, sobre los "módulos disciplinarios del saber del siglo XX": Política; Democracia;Responsabilidad (existir para otro, yo digo "La Patria es el Otro"); Soberanía; Mito (ineludible y hoy Mito2, mito del mito); Obra; Palabra; Mal; Occidente; Comunidad y violencia.
Si fuera latinoamericao quizá hubiera incorporado otras categorías, no lo sé. A mi esta lectura, que por momentos me cuesta porque hay que tener un bagaje filosófico que no tengo, me resulta muy estimulante.

Cuando "La Patria es el Otro"
Ilustración de Ariel Tancredi
La filosofía política, sostiene Esposito, es incapaz de pensar la política, tal vez porque formula las cuestiones "sobre la base de sus propios presupuestos. Respuestas con las que sustituye las preguntas que no consigue plantear, o que plantea precisamente dentro de estos presupuestos, estos es, en el lenguaje del método, del medio y del objetivo: la plasmación del orden, del mejor régimen, de lo útil colectivo, según las necesidades de un criterio inhabilitado para pensar la política, porque está ya en el interior de una interpretación específica suya." (Esposito, 2012:35)
Del mito, como obra en común y comunidad en obra, y del mito que ya es mito del mito, siempre que sea popular, es decir, nacido del pueblo y para el pueblo, afirma, es "instrumento de educación y síntesis social" (2012: 147). 
Y como se da en la política, en la esencia "del actuar, que es llevar a cabo", permite plasmar colectivamente ese otro mito que es el del "destino histórico", siempre que lo habilite (al mito, al sueño colectivo, al léxico que lo asume como propio y lo describe a la vez que lo niega). Así que más o menos por eso me interesa este libro, por lo mismo que en la política mi mito es el peronismo: Perón, Evita, Néstor, Cristina, que son mi comunidad, mi lugar de construcción con otros y para otros, mi lugar de hacer política con otros, mi léxico político, que es nuestro, que es La Patria es el Otro.
Aunque muchos de mis amigos se ofendan, se violenten, o acusen.

jueves, 11 de julio de 2013

Megustas nomegustas

Mi amiga dice que ella, antes de poner un "me gusta" lo piensa muy bien.
Mi otra amiga, la estoy viendo, arrasa con el mouse a toda carrera, con veinte ventanas abiertas y haciendo varios trabajos a la vez, marca "me gusta" como quien dice "buen día".

Una tercera amiga especula preguntándose por el valor de cada "me gusta" dado o recibido. Incluso, saca conclusiones acerca de vínculos ajenos en función de la cantidad de "me gustas" que ponen acá o allá.

El "me gusta", en algunos casos, hasta influye en la configuración de la autoestima.
Ya es una categoría del léxico de las relaciones políticas, sociales, filiales, publicitarias, profesionales, de amistad, laborales, amorosas, el megusta.
¿Cuánto vale un megusta?
Nadie lo sabe.
¿Es un "significante vacío" laclauniano?
Hubo un tiempo en el cual los usuarios del Facebook reclamábamos (¿a quién, al Big Brother, a la CIA, a Zuckerberg?) que hubiera un "no me gusta". 
¿Cómo poner un megusta en un comentario sobre Videla, ponele?
¿Pero qué significa el megusta si el comentario dice que murió preso el tremendo genocida malparido? ¿El megusta es referido siempre al contenido posteado o bien al posteador, o a alguien allí mencionado?
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Si hay que reforzar la idea una pone megusta y hace un comentario.
Si está con ganas y tiempo de debatir, lo mismo.
¿La forma en que megusteamos es reveladora de nuestra personalidad?
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Megusteadores desaforados, que quieren ser amables y punto (y pueden, y suelen, ser malinterpretados). 
Lo usan (lo usamos) como saludo, como señal de que aunque no te llamen, no te conozcan incluso, no tengan tiempo o ganas de leer todo lo que publicás, o solo a veces, tienen buena onda.
A veces generan explicaciones, cataratas de chat por privado, caras de orto.
Hay megusteros belicosos, que megustean sólo para habilitar la agresión, o el lucimiento personal, o hablar de algo que no tiene nada que ver pero en un muro concurrido.
Fuente imagen
Hay quienes le dan tanta pero tanta importancia a los megustas que antes de poner uno se lo piensan tanto que el ritmo vertiginosos de las redes les pasa por encima y cuando al fin clickean, ya nadie se entera, ni siquiera el megusteado/a. O sí.
Porque cada uno, en el fondo de su cuore, le da más valor a ciertos megustas.
Habrá que esperar que algún periodista se haga rico con el bet seller del significado de los megustas. (Los megustas y el psicoanálisis, La liturgia de los megustas; Redes, megustas y clandestinidad; Política y megustas; Babasónicos y el "me gustas tanto", ¿una canción premonitoria?, etcétera)
Ensayos sobre el léxico en las redes por supuesto ya hay, buenos, malos, algunos que realmente me gustan (así, separado). Y otros que decididamente, no me gustan.
Pero yo por estas cuestiones no me hago ningún drama, observo curiosa y atenta, y me divierto.

martes, 9 de julio de 2013

"Quereme entonces", un amor para toda la vida

Un amor para toda la vida, nuestro Kittredge, ese muchacho del cual se enamoran todos sus compañeros y compañeras en Personas como yo, de John Irving.
Un amor que nos sostenga hasta la muerte, que nos permita decir jamás: "Ahora magia no me queda".*
Un amor que nos acune en la agonía y en la enfermedad, que no esté hecho del trabajo de los días de la pareja, de la familia, sino de esa sustancia dulce de los sueños, los recuerdos y las fantasías, e incluso las tristezas por lo que pudo haber sido.

Un amor en el cual mirarnos cuando estemos por partir, por aquello de que "Los espejos son las puertas por las que va y viene la Muerte" que dijo Jean Cocteau.
Nuestro conde Vronsky, por el cual lo hubiéramos arriesgado todo. Nuestro Kttiredge, por cuyo amor nos hicimos adultos (sufriendo el rechazo, el anhelo, la postergación  y el desplazamiento del deseo).

O por el que nos entregamos al sexo y al tormento de los celos todo junto, como le pasa a Irene con Leandro en La Promesa, de Silvina Ocampo: "-¿Qué preferís: que te quieran o querer? -interrumpió Leandro [...]. -Querer-respondía Irene. Y querer, en esas condiciones, es sufrir."
"El inocente", Visconti, 1976.
Porque.
Hay personas que olvidan a quienes desearon, hay personas que nos olvidan.
Hay personas que recuerdan con precisiones y detalles increíbles un beso que nos dieron debajo de un jacarandá en un verano de los ochenta.
Recuerdan cada detalle, cada dolor, de una conversación que tuvimos al volver de un recital de Spinetta, mientras el tren partía de la gran ciudad en la que todo pasa, y nombramos a otro.
Hay personas que recuerdan una mamada como si estuvieran viendo una porno: sienten mientras evocan cómo se reflejaba el sol en el pelo de ella, cómo se escabullía la tarde detrás de la medianera mientras los labios habilidosos, mientras el gato caminaba por el borde la pileta en la que se habían bañado.Y él acababa en la boca. De ella. Recuerdan eso y pasan veinte años, como en las novelas de Irving, igualito, y se encuentran y se miran y sonríen. Como en las películas de amor y de guerra, en las cuales los amantes se separan aún deseantes, desesperados, anhelantes, sin haberse arrimado siquiera al desencanto del otro y del mismo amor. En las películas en las que recordamos siempre y para siempre la belleza, como si hubiéramos sido personajes de Visconti. 
Como si hubiéramos amado cual jóvenes Marceles, como si todos nuestros amantes hubieran sido fugitivos, evasivos, imposibles de olvidar. Aviadores prematuramente muertos simulados en Albertinas, Albertinas en fuga, qué más da, si todos nos enamoramos y sufrimos alguna vez.
Y aunque sepamos que "todo todo se olvida", no podemos por eso resignar esa fe, esa locura que nos dice, nos late en los poemas, las canciones, las óperas, los tangos y los fados, la voz de una  Sinead O'connor o de un hermoso músico al  que imaginamos cantándonos con ese terciopelo de melodías en el oído (ese que ni nos sabe, nos ignora y nos desconoce), mientras conversamos y lo escuchamos en una velada de empanadas, estufa, y vinos con amigas entrañables, con llantos y con Felicidad.

* Próspero en Skakespeare, W., La tempestad, Epílogo.

martes, 2 de julio de 2013

Tres meses

Nosotros hemos seguido adelante, hemos recurrido a la solidaridad, a la organización, a la amistad, a la militancia, al apoyo psicológico, a la esperanza, a todos los recursos que las personas tenemos para afrontar las tragedias, sobrevivir y salir adelante. Algunos no han podido, han sido más golpeados, no han tenido apoyo, no lo lograron.
Para muchos ya somos un recuerdo lejano, un relato, un cuento, una noticia perdida en el mar mediático.
Para otro somos "utilizables"; hay quienes, por suerte, todavía se sienten responsables de dar solución a nuestros problemas, de hacerse responsables y reparar.
La vida sigue, la mayoría de la sociedad recuperó, sino su "normalidad", sí sus rutinas.
Es necesario, para seguir andando.
Nosotros llevamos las marcas en el estrés en el cuerpo, nos enfermamos, nos angustiamos, respiramos humedad, en nuestras casas se forman hongos, cae polvo, todavía buscamos en gestos inútiles, automáticos, objetos que ya no existen, tenemos una inmensa, profunda necesidad de justicia, de verdad, de saber qué pasó, de saber quiénes son responsables, cómo actuaron.
Nos sentimos agradecidos a todos los que nos acompañaron/an, ayudaron, ayudan.
Y somos perfectamente conscientes de quiénes nos abandonaron, claudicaron a sus responsabilidades, mintieron, fueron cómplices de la muerte, del ocultamiento, del desamparo.
No somos los mismos.