Último verano en Stalingrado, novela

martes, 2 de julio de 2013

Tres meses

Nosotros hemos seguido adelante, hemos recurrido a la solidaridad, a la organización, a la amistad, a la militancia, al apoyo psicológico, a la esperanza, a todos los recursos que las personas tenemos para afrontar las tragedias, sobrevivir y salir adelante. Algunos no han podido, han sido más golpeados, no han tenido apoyo, no lo lograron.
Para muchos ya somos un recuerdo lejano, un relato, un cuento, una noticia perdida en el mar mediático.
Para otro somos "utilizables"; hay quienes, por suerte, todavía se sienten responsables de dar solución a nuestros problemas, de hacerse responsables y reparar.
La vida sigue, la mayoría de la sociedad recuperó, sino su "normalidad", sí sus rutinas.
Es necesario, para seguir andando.
Nosotros llevamos las marcas en el estrés en el cuerpo, nos enfermamos, nos angustiamos, respiramos humedad, en nuestras casas se forman hongos, cae polvo, todavía buscamos en gestos inútiles, automáticos, objetos que ya no existen, tenemos una inmensa, profunda necesidad de justicia, de verdad, de saber qué pasó, de saber quiénes son responsables, cómo actuaron.
Nos sentimos agradecidos a todos los que nos acompañaron/an, ayudaron, ayudan.
Y somos perfectamente conscientes de quiénes nos abandonaron, claudicaron a sus responsabilidades, mintieron, fueron cómplices de la muerte, del ocultamiento, del desamparo.
No somos los mismos.


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