Último verano en Stalingrado, novela

jueves, 16 de junio de 2016

No se puede no haber amado lo que ha sido

“Lo efímero no es lo opuesto a lo eterno. 
Lo opuesto al o eterno es lo olvidado. 
Hay quienes viven pensando que lo olvidado y lo eterno son la misma cosa. 
Se equivocan.” 
(John Berger, De A para X. Una historia de cartas)


Creyó que había olvidado
su llegar en la noche, un chocolate, tal vez un vino
un deseo que los quemaba 
un incendio que daba calor a su calle, su casita, sus treinta años poblados de futuros.

Creyó que al recuerdo de él se lo había tragado la noche 
del olvido.
Eternidad de lo olvidado, la nada, lo que nunca ha sido.

Pero el santo lo dijo y el poeta lo escribió,
ni Dios puede hacer que lo que fue no haya sido.

La muerte se propaga como los huracanes
arrasa con los olvidos poco olvidados, derriba las precarias defensas de los castillos sitiados y de las mujeres maduras.

Su llegar en lanoche,
su partir en lamañana, el rasguido de su voz como un tañir de guitarra en los apodos que teje el amor,
(ella por entonces todavía fumaba y él tenía aún la piel tersa, la barba oscura, el alma vieja pero aún esperanzada).
Cantaba un chamamé,
no sabía nada de rock pero le hacía el amor hasta el amanecer y se iba entre promesas en las que no creía.

Pasó una breve eternidad.

Un viento trajo la noticia de su muerte
y arrasó con todos los olvidos.
La mortaja no vista guardará para siempre lo que no pudo ser y ya nadie recuerda.
No se puede no haber amado lo que ha sido.
Lo que ha sido amado en una noche de tormenta.
Y ahora la muerte de él seguría sucediendo una y otra vez.