Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 16 de octubre de 2015

70 octubres de aquel 17 glorioso

Obra de Ariel Tancredi

 Una revolución, un proyecto transformador, es hija,  de la síntesis de contradicciones. Y la construcción de la Nación americana fue revolucionaria desde su origen, y estuvo por lo tanto atravesada por tensiones y contradicciones n osól oen el campo político o idelógico, sino también en el campo educativo y cultural.
Creo que se puede hablar de revolución cuando hay cambios en los dispositivos del poder, de distribución de la riqueza material y simbólica, pero en especial, y esa es, a mi entender, la gran enseñanza del 17 de octubre y del peronismo histórico:

  que retomaron y profundizaron Néstor y Cristina, que hay revolución cuando las subjetividades se transforman, cuando hay espacio para que lo diverso se exprese, se visibilicen los conflictos que son producto de la injusticia social, cuando el mundo se nos agranda a todos.

Gran parte de la izquierda en Argentina no entendió eso, en el 45.No entiende ahora, por ejemplo, que la AUH, que la SUBE, que el acceso a la vivienda o a la educación superior gratuita es una revolución. Lo es porque cambia la vida cotidiana de las personas, su subjetividad, su posición frente a los otros, su autoestima, su relación con el amor, con el trabajo, con la familia, con el ambiente.  Si yo soy un trabajador/a y puedo darme una ducha en mi casa, tengo cloacas, me puedo comprar una motito, puedo escuchar en la radio de mi ciudad que hablan del pronóstico y las noticias de mi espacio y no sólo de CABA, puedo salir de mi pueblo, puedo enterarme de lo que sucede en Cuba, Venezuela, o Brasil o Uruguay, y no sólo de lo que pasa en EEUU según la Fox, me puedo casar con alguien de mi mismo sexo si tal es mi deseo y mi elección, puedo llevar a mis hijos a un paseo recreativo, a Tecnópolis o a la playa cada tanto, ¿no se ha transformado el mundo?
Sí claro, falta mucho por hacer, hay mucha injusticia aún...Entonces, una vez que resuelvo eso, empiezo a pensar en la matriz energética, en el cambio climático, en el planeamiento futuro....
¿Las revoluciones siempre son culturales y políticas? ¿Pueden ser una cosa sin ser la otra?
Tal vez sea un aprendizaje que nos dejaron los bolcheviques: sabían que el triunfo de la revolución era insostenible en el tiempo si no creaban una nueva cultura y formaban los cuadros políticos y técnicos que sostuvieran el proceso. Por ello desarrollaron una pedagogía y un sistema de crianza para "el nuevo hombre", para lo cual se requería que los roles de la familia burguesa quedaran abolidos, y la educación de las élites del Partido estaba en manos de las instituciones ad hoc, además de la escuela. Se los educaba en valores de solidaridad, esfuerzo, disciplina, sacrificio, austeridad, amor a la Patria y al pueblo. Eso implicaba que las preocupaciones personales (hijos, parejas, padres) no podían estar por encima de las necesidades de la revolución. Se ejerció una fuerte vigilancia, que incluyó, a la larga, incluso a la conducta y la moral privada y familiar de los miembros del Partido, que debía ser intachables y dar el ejemplo. Después Stalin y sus purgas, una suerte del terrorismo de Estado para erradicar la crítica de los miembros del Partido, en primer lugar.
Eso es a la vez tan inhumano...


Tradiciones liberales no tan amigas de las libertades
La izquierda argentina intentó imponer un modelo parecido y salvo honrosas excepciones, no entendió la revolución justicialista. Yo creo que el peronismo logró una síntesis superadora, y  más acorde con nuestra identidad.Como si hubiera sabido “escuchar” mejor al pueblo. Por eso los de la Fusiladora usaron el nombre de “Revolución”.
Todavía hay quienes entienden sólo la tradición liberal de las revoluciones burguesas de las “democracias occidentales: imperio de la ley/libertad individual/ DDHH. Están en su derecho, porque hay que ver que nosotros, los negros de mierda, los populistas autoritarios, fuimos los que no sólo luchamos sino que construimos y  legitimamos un sistema normativo, político e institucional, y de gestión, que posibilita la circulación de la palabra, las ideas en los medios, con total libertad. Garantizamos que nadie vaya preso por decir lo que piensa, sin juicios por calumnias e injurias (como pasaba hasta hace poco).
Nosotros, los intolerantes.
Los que habilitamos los Juicios por la Verdad, la Memoria y la Justicia, de una manera que es modélica en toda la Región y en el mundo. Los que pudimos juzgar a los responsables militares del Terroriso de estado que habían sido indultados, somos los autoritarios. Curioso.
El peronismo entiende la revolución en el marco de una tradición democrática: soberanía del pueblo/igualdad/ identidad entre gobernados/gobernantes. Scalabrini hablaba de la necesidad de un jefe que conduzca al pueblo. Incluso, por supuesto que también en nombre de esa tradición democrática hubo expresiones del peronismo deshonrosas, desleales, horrendas. Esa historia también debe ser recordada, creo yo, para que no repitamos lo ominoso, ni olvidemos que hoy algunos defensores de ese pasado oscuro pretenden gobernar el país con dicursos disfrazados de supuestos cambios.
Hoy romper la lógica del mercado es revolucionario. Y creo que este Gobierno ha logrado meter una cuña en ese sentido con medidas concretas.
Estar con el pueblo, como estuvo Evita siempre, eso es revolucionario.

Cultura popular
Por eso este sueño colectivo no puede ser tan fácilmente derrotado como algunos pretenden y la disputa se da también en el campo educativo y cultural, desde ya. Como dijo Juan Perón:*
 "A la par de todas estas realizaciones de orden material, estamos también empeñados en promover la reforma cultural y la reforma educacional de la comunidad argentina. Queremos que en el orden de la cultura los grandes valores que esa cultura promueva, trascienda al pueblo. Nosotros no concebimos una comunidad donde haya veinte o treinta sabios muy sabios y muchos millones de ignorantes muy ignorantes; nosotros queremos una cultura para el pueblo, nosotros queremos que esa cultura esté al alcance de todos los hombres de este pueblo para que así cada uno pueda ser el artífice de su propio destino. Hemos de promover esa reforma, y en cuanto a las ciencias, a las artes, y a la cultura en general, cada argentino tendrá también en su mochila el bastón de mariscal prometido."
¡Viva la Patria!

* Discurso de J. D. Perón en el Día de la Lealtad - Plaza de Mayo (1952) Fuente: Juan Domingo Perón, Obras completas, Volumen 17, Parte 2, Buenos Aires, Editorial Proyecto Hernandarias, 2000. pág. 691. En línea en http://www.elhistoriador.com.ar/documentos/ascenso_y_auge_del_peronismo/discurso_17_de_octubre_52_peron.php