Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 31 de diciembre de 2012

Palabras a los lectores de este blog

Quiero agradecer a todos los lectores de este blog, a los de la primera hora, a los fieles, a los infieles, a los ocasionales, a los que dejan comentarios, a los desconocidos.
Este espacio comenzó por impulso, placer y necesidad, casi a mi pesar, como todo lo que tiene que ver en mi mundo con la lectura y la escritura. En este caso la necesidad de compartir impresiones,  opiniones políticas, obras de artistas de distintas disciplinas, imágenes, lecturas, retratos, películas, música.
Nadie encontrará acá crítica literaria o cultural, ni análisis político ni abordajes académicos de la historia; ni ideas muy elaboradas. Son apenas palabras cromáticas, impresiones fugaces, letras que corren por el teclado para conectar.
Todo es ficción, todo lenguaje es metáfora y todo proceso de comunicación es profundamente humano.
Que tengan un feliz 2013, les dejo este fragmento del poema clásico de JLB y esta imagen de Magritte:
"El cheque en blanco", 1965
Un lector (JLB, 1969)

Que otros se jacten de las páginas que han escrito;
a mi me enorgullecen las que he leído.
No habré sido un filólogo,
no habré inquirido las declinaciones, los modos, la
laboriosa mutación de las letras
la de que se enduerece en te,
la equivalencia de la ge y de la ka,
pero a lo largo de mis años he profesado
la pasión del lenguaje.
Mis noches están llenas de Virgilio;
haber sabido y haber olvidado el latín
es una posesión, porque el olvido
es una de las formas de la memoria, su vago sótano,
la otra cara secreta de la moneda. (...)






viernes, 28 de diciembre de 2012

Miente

Miente.
Tanto miente que ya no le sale decir la verdad ni aunque quiera. Ya ni sabe qué le conviene, olvida qué mentiras dijo a quién, se confunde, se traiciona.
Por supuesto que todos mentimos de un modo u otro, algunas veces, en ciertas situaciones, a determinadas personas. Omitimos, callamos. Evadimos verdades dolorosas, ocultamos, simulamos.
Sin ese recurso la civilización sería imposible, la sinceridad acabaría con los vínculos, con todos, dañaría. A ver, sin una dosis de hipocresía la humanidad no tendría ni un minuto de paz.
Pero me refiero a otra cosa.
Este MIENTE.
Mitomanía, se le dice. Vivir en, para y por la mentira.
Enfermedad en la psyche del mentiroso compulsivo cuya vida se funda en mentiras, como sus vínculos  sus poses, sus simulacros.
Adentro, detrás de las cientos de máscaras, puro vacío, inseguridad y dobleces.
Pasa límites. Usa la enfermedad, inventa pasados, especula en cada palabra y en cada gesto busca obtener del otro una ventaja.
Y al final de tanta sanata, el abismo de la nada, la ausencia de algo total de algo genuino, un pozo de mierda.
Como dijo el poeta Alexander Pope: "el que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera".

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Una misma tarde


"Y comprendo que la escritura es una manera única de iluminar la conexión entre el pasado y el presente. Y eso me alienta a empezar: no como quien informa, sino como quien descubre"
        (Leopoldo Brizuela, Una misma noche, p. 43)
"La amnesia es política de poder" 
(Pedro Lemebal, ESMA, 15/12/12)



La literatura es ambigua, dice de otro modo el narrador de Una misma noche.

Y hoy la realidad, quizá por hacer honor a las ideas de Oscar Wilde, se ha puesto a imitarla. 
1) El sábado visitamos la ESMA con P y C, fuimos a ver la performance del escritor chileno, "puto", "zurdo" y transgresor, Pedro Lemebel. Muy "querido" por la derecha neopinochetista que encarna Piñera (y su "piñerarte", el ministro de Cultura, al decir de Lemebel), por supuesto.
Y Lemebel leyó una crónica, ahí, en la misma ESMA, sobre el secuestro de los padres de Victoria Poblete.
Víctimas de la Casa de 30, fuente
2) Se sancionará esta tarde en la Cámara de Diputados de la Nación la molificación en la Ley de Trata de personas. Y quizá, sólo quizá, Susana Trimarco pueda recuperar la esperanza que los jueces tucumanos le picanearon la semana pasada con la sentencia absolutoria a los 13 acusados de secuestrar y esclavizar a Marita.
3) Habrá sentencia en la ciudad de La Plata en el juicio del "Circuito Camps", tan presente en el extraordinario relato de Leopoldo. Quizás esta tarde los familiares y amigos de las 280 víctimas puedan empezar sus duelos.
diciembre 2001, fuente
4) Recordamos a las 39 víctimas fatales de la represión ordenada por De la Rúa, Reutemann y demás cómplices y responsables políticos que intentaron acallar  los reclamos de los hambreados con balas.
5) Los representantes de los trabajadores agrupados en la CGT "moyanista" y la CTA (¿extraviada?) eligieron esta fecha para reclamar por impuesto a las ganancias e inflación. Rarísimo.
Y los lápices siguen escribiendo.

martes, 18 de diciembre de 2012

El fin de la inmortalidad

"La muerte de algo inmortal que vive en no-sotros: un oxímoron tan despiadado como la misma enfermedad."  


No sé por qué el cáncer sigue siendo algo tabú.
Gabriela Liffschitz, autorretrato
Quizás porque los enfermos, en general, se ponen pudorosos. Quizás porque se sienten un poco culpables, como con las enfermedades mentales, en razón de una bastante instalada tendencia a berretizar el discurso del psicoanálisis y de otras corrientes de pensamiento que creemos buscan que nos hagamos responsables de las enfermedades, y de los síntomas, como culpables.
Me golpeo el pecho y digo: mea culpa, tengo cáncer. 
Y ya se escuchan los prejuicios y los estereotipos y las univocas explicaciones.
Y ya se escuchan los bisbises e interpretaciones, sobreabundancia de empobrecidas lecturas de metáforas del cuerpo: hizo un cáncer porque se lo traga todo (el veneno, el rencor, el desamor); porque es mala/o. ¿Es de mamas? Tiene un problema con la maternidad. Es de garganta, es todo lo que calla, y bla, bla, bla. Mal leemos libros como La enfermedad como camino. Todos conocemos terapias alternativas, tenemos la posta en cuanto a los alimentos, lo sabemos todo de la biología molecular, el yoga,  la importancia de estar de buen ánimo (tomemos nuestra muerte a la ligera, che, no es para tanto, m`hija/o, ¡haga estos ejercicios y todo estará de perillas!).
Y miran unas miradas como si dijeran: ¿y cómo es posible que "esa" se arregle así las uñas y diga que está sufriendo, ehhhhh?  ¿Y por qué esa preocupación por la ropa con que irá al hospital si en el quirófano al fin todos somos cuerpos desnudos, casi anónimos (y eso por no mencionar la morgue)? No se haga la viva, jeje, Si usté está casi desahuciada. **
"En 2010 unos 600 mil estadounidenses y más de 7 millones de personas en todo el mundo murieron de cáncer. En Estados Unidos, una de cada tres mujeres y uno de cada dos hombres desarrollarán cáncer durante su vida. Una cuarta parte de las muertes estadounidenses, y alrededor del 15 por ciento de todos los fallecimientos en el mundo, se atribuirán a él.” *
¿Pueden todas estas personas enfermarse por lo mismo? ¿Pueden todos estos sujetos, diversos, afrontar del mismo modo la experiencia de la enfermedad?
Cuando al fin hayamos un diagnóstico, después de una temporadita en los infiernos del dolor y la especulación confusa, ¿acaso no nos aferramos a eso, al nombre, aún al más aterrador, porque el nombre ordena, organiza? Y entonces sabemos (creemos) saber cómo seguir, qué comer, qué medicamento tomar, si tenemos que modificar nuestras prioridades, ordenar  los bienes, despedirnos de la vida, tratar de renunciar a lo que amamos si aferrarnos inútilmente pero a la vez sin bajar los brazos.
(Ya estamos del otro lado, del lado de la enfermedad, en la frontera que nadie en general quiere traspasar. 
Allí estamos, irremediablemente solos, frente a nosotros mismos, sin palabras, sin puentes.
Mirar al hijo, al hombre que amamos, a los amigos, a la familia y pensarlos ya sin uno. 
El ciruelo recién plantado, el sobrino pequeño, el amor que ni empezó, la novela inconclusa,  el beso que nos faltó dar, el perdón no pronunciado, la piña escamoteada, las facturas si cobrar. Distantes. Bellos. Imposibles.
Nuestra vida sin nosotros, y nosotros sin ella.)
Y está el que ha perdido a alguien de un tiro, en un accidente, de un repentino paro cardíaco y dice: al menos ustedes pudieron prepararse, despedirse, hacerse a la idea. ¿A qué idea?
¿No es acaso posible que tengamos un poco de paciencia con los enfermos y con nuestras enfermedades, sin juzgar (nos) ni decirnos, definirnos, tan a priori?
La enfermedad y el riesgo de muerte es cotidiano, es estar vivo y lo que ocurre cuando estamos con un pie sobre el abismo es que lo recordamos. Nada más. Nada menos.
No tengo cáncer, al final. ¡Alegría! No moriré este año, no moriré de este dolor insoportable, parece. ¡Alivio! 
Pero moriremos. Somos mortales. Y nuestra ausencia hará sufrir a otros y es por eso también que ya no somos libres. Y debemos cuidar nuestro cuerpo como si fuera nuestro y como si fuera ajeno porque casi nada nos pertenece del todo. Y de pronto la enfermedad nos cachetea para que nos hagamos cargo de eso, de la vida, del soplo del alma que ya no recordamos cómo nombrar.
Pero recién ahora digo la palabra y creo que tuvo que ver conmigo. 
Digo la palabra (cáncer, maligno, benigno, tumor) que no me animaba, que otros tal vez dijeron cerca mío, que dije de otros queridos (amigos, compañeros, algunos vivos, otros muertos). No hay que tenerle lástima a los enfermos. Los enfermos son(mos) como los sanos. Quieren (queremos) ser amados, comprendidos, cuidados.
Gabriela Liffschitz, autorretrato
La gran diferencia de pasar una experiencia de enfermedad tan intensa es que el dolor físico enseña de su ausencia,  enseña de la potencia vital de la salud, que es la enfermedad, que es el cáncer y cualquier otra, la vida, y la muerte, que es estar y no estar, dejar de ir a los lugares, de ver a las personas, de militar las causas, de aprender. Cesar de sufrir,  de desear, de respirar. Dolernos por lo que nos han extirpado, mutilado, matado, para manteneros con vida. Y volver a reír, a leer, a hacer el amor, a escribir. Y una y otra vez. 
El cáncer, la enfermedad y la muerte están en nuestro adn (son nosotros), en nuestro genoma, diría Mukherjee, con toda la potencia latente de cualquier otra célula. Vivas.

 Mukherjee, Siddhartha,  El emperador de todos los males. Una biografía del cáncer, Taurus, España, 2011, 640 págs., en http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-7824-2012-04-01.html.
** evoco al escribir esto también recuerdos vagos de lejana lectura de Un final feliz, de Gabriela Liffschitz,publicado en 2004 post mortem.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Hasta que te encuentre (una primera lectura)

Si este fuera un blog de reseñas estaría en un problema. Pero como no lo es, van en caliente acá apenas  primeras impresiones al terminar Hasta que te encuentre, la última novela ("ladrillo" de más de 1000 páginas) de John Irving, a la que me aventuré por recomendación de A.F. y gestión de A. (Sé que la crítica en general no la recibió bien y remito a Rodrigo Fresán para quienes estén interesados en un buena). 

Quizá porque me acompañó en esta larga convalecencia con la cual la enfermedad crea universos paralelos, quedará probablemente asociada para siempre en el antes y después del quiebre que suponen los grandes finales/comienzos en la vida. Todavía en caliente me atrevo a decir que es de esas lecturas que nos marcan como los tatuajes. Tampoco podría decir por qué, desde un punto de vista de análisis (no es la estructura, ni el tono, ni la construcción gramatical), como no sea la propia narración, la historia que cuenta, las vidas de los personajes.
Fuente
Tal vez porque trata sobre la memoria, su capricho y subjetividad, el peso y las marcas que los relatos (la palabra y el silencio) de nuestros padres y otros que también nos crían y educan, adquiere en nuestros modos de comprender el mundo, de construirnos a nosotros mismos, de vincularnos con los demás.
¿Acaso es posible distinguir la vida, la memoria, la percepción, de otras ficciones con las cuales percibimos el mundo? ¿Acaso hay una novela que sintetice todas las novelas de un escritor, una en la cual éste emerge despojado de casi todos los artificios y simulacros, con la pureza y perfección de una partitura tatuada en la piel?
Jack Burns, protagonista de la novela, es hijo de Alice "la Hija", tatuadora escocesa que emigra a Canadá en los 60 y de William Burns, organista de muchas de las principales iglesias protestantes europeas (Copenhague, Amsterdam, Oslo, Helsinki...). Fruto de un accidentado romance entre una muchacha que ama hasta la locura y un músico apasionado por su arte, la religión, los tatuajes, pero no por Alice.
órgano en la Iglesia de Temppeliaukio, Helsinki
Los primeros años de Jack transcurrirán en la búsqueda a la que su madre lo somete, recorriendo una a una las frías capitales del Báltico en las cuales su padre toca el órgano, sin lograr jamás alcanzarlo, mientras su madre hippie se gana la vida "entre las agujas" de los estudios de distintos artistas del tatuaje que la contratan como ayudante o aprendiza. 
Al volver a Canadá, Jack se educará gracias a la generosidad de un colegio religioso casi exclusivamente femenino, y destacará al crecer, como actor y como luchador.
Hermoso Jack, hijo del mujeriego y bello William, pequeño, raro, nunca logra saber muy bien quién es ni porqué las mujeres, en especial las mayores, se sienten tan atraídas por él.
Siempre acompañado por la presencia constante que es la gran ausencia de su padre, Jack no consigue  integrarse del todo en ninguna parte.¿Siempre estará actuando para su "público de un sólo espectador"?
¿Y cuáles son los territorios de esta vida novelada, las ciudades en las que vivirá Jack, los países que recorrerá, los ámbitos (el colegio religioso, en Canadá; la Universidad en Maine, los comienzos de la carrera como actor profesional y escritor  Los Ángeles  o bien los habitantes y ambientes de cada uno de esos lugares en los que, gracias a la rigurosidad perfeccionista y obsesiva  de Irving, vivimos con los personajes  los climas, los diálogos, los detalles, las descripciones,  las películas, la música?
Las charlas con su maestra en la capilla del colegio St. Hilda; las noches de descontrol en Santa Mónica, con sus travestis, sus parejas lesbianas y sus putas y sus "estrellas" y modelos en ascenso, las bulímicas, las  anoréxicas, los alcohólicos y sus agentes, los chantas, los que no lo logran, los que quedan en el camino, el circuito under, el negocio del porno, los guionistas; y una y otra vez, los adultos que se abusan de los niños, en la cama o e la escuela, o en la calle, lo mismo da.
La soledad de no poder amar a ninguna persona real.
En la novela están los temas clásicos de Irving: las marcas que deja no sólo el abuso, también las familias disfuncionales; las perversiones sexuales; la obsesión maníaca de algunos por corromper la inocencia; el cine, la literatura y el arte en general considerados como trabajos de tiempo completo y gran exigencia, sin romanticismo; las madres y los padres narcisistas; los cuerpos, sus marcas, las enfermedades, las pérdidas, el dolor y la muerte.
Están los maestros/as que nos enseñan en la infancia cosas valiosas, que confían en nosotros y nos permiten sortear los boicot, las enfermedades mentales, las depresiones, las inseguridades que los abandonos de quienes se supone deberían amarnos nos ocasionan.
http://respvblicarestitvta.blogspot.com.ar/2012/10/resena-de-hasta-que-te-encuentre-de.html
Rosa de Jericó, (fuente)
Están Emma Oastler, la (¿hermanastra?) de Jack, una suerte de guía en los infiernos, que lo acompañará desde la escuela primaria; en la "rara" nueva familia que arma la madre de Jack y que incluye a la menuda y bella Leslie Oastler y el odio a los hombres; y luego en el mundo adulto que compartirán en Hollywood, con sus buenas dosis de frustraciones amorosas y sexuales.
Esos amores tortuosos y torturados, que se forman a veces con nuestros compañeros de desdicha que son a la vez protectores y demandantes.
Ni un punto, ni una coma, libradas al azar, como si esta novela acerca de la búsqueda del padre, la búsqueda de nuestro verdadero papel (sin guiones de otros ni actuaciones travestidas); del deseo de saber quiénes somos, quién nos ama, la necesidad de sentirnos parte de algo más grande, de perdonar a quienes más nos lastimaron, el goce de poder amar y construir una pareja, una familia, formaran parte de la terapia del personaje (y del autor) y su diálogo con la psiquiatra, su recomendación de ordenar el relato por orden cronológico, sin dejarse tentar por los atajos.


Irving, John, Hasta que te encuentre, Fabula Tusquets, España, 2008, 1020 págs.