Pero claro, a veces uno se cansa.
La mayoría la vamos llevando. Por cierto, nos enfermamos de estrés, melancolía, intolerancia a la injusticia, resentimiento, como sea, que se expresa en adicciones, neurosis y dolencias (me gusta esa palabra, "dolencias", es vieja, pero muy precisa) como el cáncer, la esclerosis, la hipertensión, la artritis, el sida, la endometriosis, la infertilidad (es), el hipotiroidismo, el asma, las infecciones crónicas, la diabetes, la celiaquía, los problemas prostáticos, la obesidad, la anorexia, y un largo etcétera.
El cuerpo y el alma, separados ya por los griegos, (como bien dice E) se chumbean como perros que tratan de amigarse pero se desconfían porque se desconocen.
A veces uno se harta.
A veces se vislumbra el día de furia que amenaza quebrantar los diques, irrumpir bajo la forma de la locura, la ira, la venganza.
Recuerda esa frase y se tranquiliza un poco: no se vuelve loco el que quiere sino el que puede.
Pero a la vez uno se sospecha habitado por mil demonios, maníacos, depresivos, suicidas, asesinos, brutales.
Mira al ciruja que tambalea su borrachera en medio de los colectivos y coches de la gran avenida porteña. Nadie lo registra más que como escoria, marginal, un caso perdido, un loco, un border que ya cruzó la línea.
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¿Será que él simplemente un día se cansó de comer mierda, tanta mierda, se puso incorrecto, dijo lo que no debía, tuvo su jornada de furia, quemó las naves, dejó su palacio-hogar, abandonó a su Penélope, y en el camino naufragó para siempre?
Se acerca con una libretita, huele a alcohol y a pis, y a transpiración y a mugre, y saca de un bolsillo de un saco roído como por las lauchas una birome y con sus dedos retorcidos de artritis y sus uñas largas y negras de suciedad escribe, me mira, me dice: acá anoto todo, todo, todo,todo,todo,todo. Acá anoto los nombres de todos, los que me robaron, los que le robaron a usté, y a ella, y a aquella, y a todos. Todos, todo. De mí no se salvan, por más que esté loco. Me dicen loco, porque anoto todo. Los nombres de todos. Todo todo, para llevárselo al Juez, al de arriba, al que los juzga a todos, a todos, a usté, a ellos, a mí. Hay que portarse bien, por eso, hay que anotar todo y no olvidarse. Todo, todo.
Y yo le digo, esperanzada: decime, si yo te doy un par de nombres, ¿vos no los anotás por mí? Es que yo soy medio cobarde, tengo miedo.
Todo, todos, todo.
Y anota los nombres que yo le digo.
Y ya no los olvidará ni él, ni yo.
Porque a veces uno tiene que empezar a largar algo de toda la mierda que se ha tragado, aún a riesgo de volverse loco.
4 comentarios:
no se si será un cuentito, una anecdota o que, pero es muy lindo...
Cuentito, anécdota, observaciones, siempre ficción, al final. Gracias!
me encantó..sobre todo eso de que en algún momento uno se harta y empieza a largar tanta mierda...
Y SI A VECES UNO SE CANSA DE COMER MIERDA Y LA VERDAD DAN GANAS DE ANOTAR TODO PARA NO OLVIDAR... PERO LUEGO TE VIENE EL MIEDO DE "SI TE LO GUARDAS EL CUERPO TE LO COBRA!Y ENTONCES DIGO MA´SI QUE SE VAYAN TODOS A LA MIERDA Y SOY FELIZ, JODER QUE ESTOY VIVA, SANA Y DEMAS
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