Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 30 de diciembre de 2011

Palabras para los lectores de este blog

Los rituales festivos que celebran la terminación del ciclo suelen darnos buenas excusas.
Fin de año, balances, análisis, repasos.
Nada de eso habrá aquí.
Sí un saludo a los lectores de este blog.
En primer lugar, a los que van y vienen pero persisten.
También a los ocasionales, a los que llegan por otro camino y caen en un post, leen dos renglones y se van o hacen una recorrida y ya no regresan.
Algunos son por completo desconocidos. No sé qué encuentran en este espacio, ni siquiera sé si buscan algo.
A todos les agradezco su presencia, su constancia  inconstancia, su intervención y aportes en estos "diálogos" virtuales que completan los retratos, ideas, "cuentitos", impresiones, reseñitas de libros, chismes históricos, recomendaciones de espectáculos, impresiones.
Cada tanto me sorprendo al encontrarme con alguna persona que me dice: yo leo tus Palabrascromáticas. Sigo tu blog. O me dice una frase cómplice de la que fui autora, aunque ya no lo recuerde.  Me pongo medio tonta y pudorosa, y me lleno de alegría de saber que para algún lector/a he sido por un rato compañía.
A ellos y a ellas, ¡feliz año nuevo y ojalá nos sigamos encontrando en estos textos que se escriben solos sin corrección ni prolijidad, sino siempre con la urgencia de los ansiosos! ¡Vivan los  Beattles!

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Un poco de mierda

Imposible negarlo: "todos tenemos que comer un poco de mierda cada tanto" le dice un amigo a otro en la película Fast Food Nation .
Pero claro, a veces uno se cansa.
La mayoría la vamos llevando. Por cierto, nos enfermamos de estrés, melancolía, intolerancia a la injusticia, resentimiento, como sea, que se expresa en adicciones, neurosis y dolencias (me gusta esa palabra, "dolencias", es vieja, pero muy precisa) como el cáncer, la esclerosis, la hipertensión, la artritis, el sida, la endometriosis, la infertilidad (es), el hipotiroidismo, el asma, las infecciones crónicas, la diabetes, la celiaquía, los problemas prostáticos, la obesidad, la anorexia, y un largo etcétera.
El cuerpo y el alma, separados ya por los griegos, (como bien dice E) se chumbean como perros que tratan de amigarse pero se desconfían porque se desconocen.
A veces uno se harta.
A veces se vislumbra el día de furia que amenaza quebrantar los diques, irrumpir bajo la forma de la locura, la ira, la venganza.
Recuerda esa frase y se tranquiliza un poco: no se vuelve loco el que quiere sino el que puede.
Pero a la vez uno se sospecha habitado por mil demonios, maníacos, depresivos, suicidas, asesinos, brutales.
Mira al ciruja que tambalea su borrachera en medio de los colectivos y coches de la gran avenida porteña. Nadie lo registra más que como escoria, marginal, un caso perdido, un loco, un border que ya cruzó la línea.
Fuente imagen
Sus ojos miran si ver, dos globos vacíos, húmedos. Pasan por encima nuestro. Escalofríos. ¿No ha sido también él un niño, un joven, un hombre, con sueños, con derechos, con expectativas? ¿Sus proyectos valen menos que los del señor de la netbook o el turista alemán que lo observan sorprendidos desde la mesa de la cafetería? ¿No son los homeless y los marginales los habitantes de todas las ciudades, los locos del pueblo convertidos en anónimos ejércitos callejeros a los que nadie registra?
¿Será que él simplemente un día se cansó de comer mierda, tanta mierda, se puso incorrecto, dijo lo que no debía, tuvo su jornada de furia, quemó las naves, dejó su palacio-hogar, abandonó a su Penélope, y en el camino naufragó para siempre?
Se acerca con una libretita, huele a alcohol y a pis, y a transpiración y a mugre, y saca de un bolsillo de un saco roído como por las lauchas una birome y con sus dedos retorcidos de artritis y sus uñas largas y negras de suciedad escribe, me mira, me dice: acá anoto todo, todo, todo,todo,todo,todo. Acá anoto los nombres de todos, los que me robaron, los que le robaron a usté, y a ella, y a aquella, y a todos. Todos, todo. De mí no se salvan, por más que esté loco. Me dicen loco, porque anoto todo. Los nombres de todos. Todo todo, para llevárselo al Juez, al de arriba, al que los juzga a todos, a todos, a usté, a ellos, a mí. Hay que portarse bien, por eso, hay que anotar todo y no olvidarse. Todo, todo.
Y yo le digo, esperanzada: decime, si yo te doy un par de nombres, ¿vos no los anotás por mí? Es que yo soy medio cobarde, tengo miedo.
Todo, todos, todo.
Y anota los nombres que yo le digo.
Y ya no los olvidará ni él, ni yo.
Porque a veces uno tiene que empezar a largar algo de toda la mierda que se ha tragado, aún a riesgo de volverse loco.

martes, 27 de diciembre de 2011

Cambios de paradigmas

Sería una tontería, además de una subestimación, analizar acá el sabido asunto de los paradigmas científicos en las distintas épocas.
Aclarado lo cual, sólo diré que como hay formas de interpretar la realidad y entender el mundo, cosmovisiones, de las que no sabemos o supimos nada, o que hemos olvidado, entregados al presente y al pensamiento contemporáneo como el único posible.
Olvidamos los mundos paganos y sus reglas, pese a que algunas de sus festividades populares y sus rituales perduraron hasta hoy, mestizándose con los rituales de otros paradigmas perdidos como los del cristianismo, en sus diversas formas, e incluso con los dominantes de marketing capitalista, todo lo cual podemos reconocer en estos días de Navidad.
Se ha explicado e inexplicado el mundo de tantas formas....
La teoría de las correspondencias retomada por Swedenborg ,   cuya noción más general puede resumirse en la idea de que en el orden natural y humano todo se corresponde con el orden espiritual, tanto sea que se las considere como conjunto como a cada cosa o persona en particular. El cosmos y la humanidad encierran por debajo de la apariencia un significado metafísico y cada planta, mineral, animal o asunto humano tiene un sentido interior y espiritual que coexiste con su realidad externa. Y desde ya, el orden interno y externo se corresponden.
Una gárgola barcelonesa. Foto de Xavier Vargas
Conocemos por supuesto otras explicaciones, hemos bebido de otras fuentes propias de la Modernidad (y sus "después"): el positivismo, el idealismo, el materialismo, el marxismo, el psicoanálisis, la Teología de la Liberación, la pedagogía del oprimido, la educación por las artes, el justicialismo, el New Age, el ateísmo militante, el ambientalismo, el hippismo, el punck, etcétera, etcétera.
Seguimos sin saber casi nada, apenas sospechamos y entonces nos sorprendemos  cuando el mal se expresa, en su versión más banal, demonios sin colas, ni formas, ni colores, ni voces, ni trucos de demonios. Se presenta el mal ya no en las formas colectivas de las grandes "tragedias" humanas/climáticas (tsunamis, hambrunas, guerras, terremotos, contaminación nuclear).
En medio del devenir cotidiano, de nuestra insignificante existencia (tan valiosa sin embargo para nosotros), una delación sin motivo, una traición inexplicable, una indiferencia salvaje ante nuestro dolor, una mentira que nos causa un daño irreparable, incapaces de explicar porque se nos quedan cortas las teorías modernas y no conocemos las antiguas...Y ya no creemos en nada, pero es mentira porque todavía nos aferramos a la amistad, al amor, a algunos valores éticos para regir nuestra vida, toleramos los errores ajenos y propios, tenemos algunos ideales políticos, somos sensibles a la injusticia hasta rozar la ingenuidad...
Cómo duelen las traiciones.
Cómo duelen ver convertirse en burócratas y besapies de los patrones de turno a quienes, junto a nosotros, como nosotros, vimos marchar y soñar con destinos no digo heroicos, no digo sublimes, ni siquiera nobles, pero sí dignos, si solidarios, sí colectivos.
Cómo duele ver excudarse y excusarse debajo de discursos de un republicanismo pacato y zonzo (que de paso es cómplice y funcional a todas las injusticias del contexto), o de un cinismo resignado y cobarde, a quienes hemos creído compañeros, en el más amplio y esencial sentido.
Y las gárgolas siguen asomadas y nos observan desde lo alto, riéndose de nuestra fatua incredulidad.



lunes, 19 de diciembre de 2011

Diez años es mucho (una pequeñísima anécdota)

En 2006 tuve oportunidad de participar de la Ronda de Consulta para la nueva Ley de Educación Provincial en la Dirección General de Cultura y Educación de la prov. de Buenos Aires. En una oportunidad nos reuníamos en un salón del edificio de la sede central, en La Plata, unas 60 personas, la mayoría adolescentes y jóvenes militantes. Recuerdo que un joven de unos 20 años, que militaba en uno de los tantos movimientos sociales que surgieron para cubrir el casi infinito vacío y abandono del Estado que había comenzado a gestarse en los 90, exclamó antes de hacer su exposición respecto a la Ley: ¡Pensar que la única y última vez que vine acá fue para prender gomas en la calle, en 2001, cuando pedíamos comida y zapatillas, ni siquiera escuela! Y acá estoy, hablando de la nueva ley para el futuro.
Se ha mejorado mucho desde el 2006. No sé dónde estará ese pibe. Tal vez estudiando en la universidad, tal vez trabajando. Seguramente mucho mejor que en 2006. Y en otro universo que el que habitaba en 2001.
No sólo hay que honrar a los que murieron a manos de la represión mandada por De La Rúa, Reutemann y otros que hoy gozan de total libertad y fortuna, en Rosario, en Buenos Aires. También a los miles que murieron de hambre, enfermedad, indignidad y tristeza. Para ellos, para nosotros, para nuestros hijos también, Memoria, Verdad y Justicia.

Informe revista La vaca 19 y 20: los días que parieron una década

Moralina apolillada

Máscara femenina teatro japonés
No pudo sostenerme la mirada.
Se amparó en las sombras, o más bien, en las sombras que eran para mí esas "amigas" en las que se apoyaba: gente que estaba al lado de ella mientras pudieran obtener algo a cambio.
Había estado argumentando por ahí en mi contra, me contó alguien que metió la pata, pues nos quería mucho a ambas.
Yo no quería creerlo antes y tampoco ahora, porque la quería. Incluso ante esas miradas furtivas fingí ceguera.
Sino, tendría que haber admitido que, en nombre de vaya a saber qué "ética", que en verdad no era ética alguna, sino un rejunte hecho de los restos inertes de una moralina pasada de moda que había heredado (¿de la familia?) como quien hereda un tapado de piel que ya no se usa y es políticamente incorrecto, sin entender su significado además. Una moralina que era como la piel  apolillada del animal muerto y no el símbolo de pertenencia a un determinado ambiente cultural, a la vida según ciertos preceptos éticos.
Ella, tal vez para sostenerse, se aferraba a los reglamentos como los milicos que no le hacen asco al robo y la tortura pero se escandalizan cuando alguien llega tarde al trabajo.  ¿Se había vuelto como ese tipo de personas que, aún con la responsabilidad de los funcionarios públicos (por ejemplo, docentes), se burlaba de quienes tenían faltas de ortografía pero no estaba dispuesta a hacer nada para terminar con el analfabetismo?
Para justificar sus ascensos junto a un ladrón de guante blanco o un malvado que explotaba a los trabajadores, se encogía de hombros y sonreía, entregada a un resignado cinismo que parecía decir: ¿qué puedo hacer yo? ¡Es la naturaleza humana!
Sin embargo, aplicaba esa extraña vara de moralina para golpear a aquellos a los que podía someter, castigar o temer.
Hace 10 años, cuando se incendiaba el país, ambas temíamos, repudiábamos y nos compadecíamos de las mismas cosas.
Yo no quería creerlo antes y tampoco ahora, porque la quise. Incluso ante esas miradas furtivas fingí ceguera.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Antípodas

Leo: "El Gobierno nipón y la operadora de la planta nuclear dañada de manera severa tras el tsunami de marzo pasado, anunciaron el "apagado en frío" de la central. Sin embargo, ecologistas aseguran que es una burda mentira."(http://www.cronica.com.ar/diario/2011/12/16/18292-casi-10-meses-despues-apagan-fukushima.html)
Esta madrugada la Cámara de Diputados Nacional, en Argentina, dio media sanción, entre otras leyes, a una que viene a poner fin a más de 30 años de expropiación de una empresa que fue, por un lado, robada a sus legítimos dueños mediante la tortura, el secuestro de una sociedad entre los agentes del terrorismo de Estado y los de La Nación y Clarín.
También dio media sanción a una Ley que pretende equiparar a los trabajadores rurales con seres humanos y ya no con los esclavos que muchos de ellos son aún hoy. Y otra ley que pone límites a la extranjerización de las tierras nuestras.
Cuando éramos chicos se nos decía que Japón estaba en las antípodas de Argentina. Antes de dormirme a veces me imaginaba que si trazaba una línea hacia el centro de la Tierra desde debajo de mi cama lograría llegar hasta el debajo de la cama de una niña japonesa, que a esa hora, como allá era de día, estaría levantada.
(Y el mundo sigue girando)

jueves, 1 de diciembre de 2011

El amor, la igualdad y Huckleberry Finn


Mark Twain cumpliría hoy 176 años y en varios sitios de Internet  se lo conmemora, por ejemplo, recordando su frase: Dicen que soy revolucionario por simpatías, nacimiento, crianza y principios. Me pongo siempre del lado de los revolucionarios porque jamás existió una revolución sin que existieran previamente circunstancias opresivas e intolerables contra las que rebelarse”.
(Esa frase de algún modo resume por qué me hice peronista, como tantos otros argentinos, y por qué me siento profundamente identificada e integrada con el proyecto kirchnerista.)
Anoche, cuando luego de varios debates en las comisiones, cuando después de años de luchas invisibilizadas, en las calles, las escuelas, los hogares, las comisarias, las cárceles, los centros clandestinos de detención de la dictadura, etcétera, se le dio en Diputados media sanción al derecho a la identidad de género, sentí ese alivio, esa alegría que acompaña los escasos momentos en que en las sociedades humanas se consigue justicia.
Y eso es algo que hemos experimentado, en estos años, varias veces. 
Al mirar en las gradas del recinto de la Cámara de Diputados y festejar a los militantes de las organizaciones de transexuales, gays, lesbianas, travestis, pensaba que estamos haciendo posible un país un poco más peronista, en el sentido del amor y la igualdad, en el sentido del amor cristiano, en el antiguo sentido del humanismo. Pensaba que no se trata de promover una política de vanguardia o posmoderna, hijas en tal caso del capitalismo de posguerra.
Pensaba más bien en la simpleza de la tradición peronista de estar con los más oprimidos y postergados. En la revolución, que ya se llevó mucha sangre y ha requerido mucha paciencia, de los derechos. De los pibes y pibas castigados por sus familias, por sus maestros, por cada uno de nosotros que les da vuelta la cara. Pensaba en la vida futura de esa pareja de pibes que me asesoró en materia de piercing, tatuajes y expansores, una vida un poco menos cargada de estigmas y dolores.
Si frente a cada uno de los grandes debates políticos actuales en materia de derechos, pensemos como pensemos, nos tomáramos realmente el trabajo, como ciudadanos responsables, de informarnos y de ponernos en el lugar del que sufre o tiene un problema (sea una mujer que no quiere parir un hijo, sea una pareja que desea gestar, sea un ciudadano que merece un DNI que lleve su nombre de acuerdo a su identidad, etc), dejáramos de lado nuestros pre conceptos, escucháramos, dispuestos a aprender de otros, a modificar lo que pensábamos...
Si pudiéramos imaginarnos vivir un día la vida de otra persona....Si nos entregáramos a la aventura con el Huckleberry Finn de nuestra infancia y ayudáramos a otro, y a nosotros mismos, a escapar de la esclavitud...

"Yo pertenezco a un mundo que se fue" (Nicanor Parra)

Yo pertenezco a un mundo que se fue
Yo todavía creo en el ser humano
Yo todavía creo en Dios y en el Diablo
Para decirlo todo de una vez
Yo soy
Uno de esos engendros modernistas
Que confundieron el Ser con el Ente
Ni progresista ni conservador
Sino todo lo contrario Sr. Rector:
Ecologista muerto de susto:
Una pulga en el oído del Minotauro:
¡Mi reyno x un par de muletas eléctricas!
Vivo no me pondrán en el ataúd:
Al cementerio x mis propios pies 

(fragmento del Discurso pronunciado por el poeta Nicanor Parra en la Entrega del Premio Bicentenario,
Salón de Honor de la Universidad de Chile, el 28 de mayo de 2001)

No sé nada de poesía, apenas tengo algunas debilidades, poemas memorizados por amor en la infancia, largos romances españoles, versos de rebeldes latinoamericanos, algo de un Borges apenas comprendido, que me sonó a música, o a cachetada.

http://garciamadero.blogspot.com/2008/12/caligramas-de-nicanor-parra-para.html
Así que como no sé nada, como he leído poca poesía, confío en las recomendaciones de aquellos escritores como Roberto Bolaño, que apasionadamente leía y recomendaba a Nicanor Parra. Y como hoy leí la noticia de que Parra se ganó el Premio Cervantes me emocioné al imaginar alguna ironía inteligente que podría haber dicho Bolaño para felicitarlo.

Y es curioso como uno puede apenarse por una ausencia que nunca fue presencia más que en los libros, es curioso porque una extraña a ciertos escritores contemporáneos como si fueran amigos que se han ido, una se queda esperando el próximo libro (que tal vez llega como negocio editorial u homenaje familiar, pero no se sabe bien con qué objeto) y una se queda haciendo su duelo por esas novelas y cuentos que ya no serán.
Porque, como Parra: " Yo pertenezco a un mundo que se fue//Yo todavía creo en el ser humano//Yo todavía creo en Dios y en el Diablo"