Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 15 de abril de 2016

La Plaza baleada

 
"Hemos dado a la nueva capital el nombre del río magnífico que//
la baña, y depositamos bajo esta piedra, esperando que aquí queden//
sepultadas para siempre, las rivalidades, los odios, los rencores, y todas //
las pasiones que han retardado por tanto tiempo la prosperidad de nuestro país"
(Dardo Rocha, en el discurso fundacional de la ciudad de La Plata,
al colocar la piedra fundamental en la Plaza Moreno. 19 de Noviembre de 1882)

I . La plaza
 La plaza, nos enseñan los estudios de historia de la arquitectura urbana, tiene su origen en el ágora griega, es decir, un lugar de asamblea, de reunión, de intercambio de ideas y sentires entre los ciudadanos. Me atrevería a decir que incluso, un espacio donde circulaban también, invisibilizados y silenciados, los esclavos de los amos griegos, que no gozaban de los derechos de ciudadanía.
La plaza y la ciudadanía, como instituciones, se han ido resignificando, pero son aún significantes potentes que conservan algo de estos orígenes.
Foto propia

Las plazas, nos recuerda el arquitecto colombiano Jorge Bichara Bitar Ramirez, según las leyes de Indias, implicaba que a su alrededor "se la construcción de los edificios del poder, está grabada en nuestra memoria histórica como símbolo de la fundación de las ciudades y cuya actividad multifuncional se tornaba en el eje de la vida ciudadana."*  Y sigue: "La plaza refleja en su marco, el pensamiento de la ciudad, su historia, sus trasformaciones, su morfología, sus ambiciones y su identidad. Cada plaza a pesar del carácter homogéneo que imprime su tipología fundacional, está llena de particularidades impregnadas por la suma de cotidianidades, que cambian el significado, por un nuevo significante marcado por la imagen de la ciudad que se desea."
Foto propia
Hay plazas y Plazas.
Está esa plaza o esas plazas que pueblan mis novelas, plazas que pocos conocen, plazas imaginadas o soñadas.
Nosotros hablamos de la Plaza del Pueblo, nuestra Plaza, la Plaza de las Madres, esa que algunos bombarderon en el 55  en nombre de la lucha contra la corrupción y el "restablecimiento de la República y la democracia". Los cadáveres de 300 civiles, en su mayoría niños y niñas, fueron olvidados por la historia oficial durante décadas, lo mismo que las responsabilidades de dirigentes políticos civiles del radicalismo, como Zavala Ortiz, que participaron de esos vuelos que, sin que nadie pudiera imaginarlo, anticiparon otros vuelos de la muerte.
Y nunca fueron juzgados, algunos como el mencionado, que yo sepa, ni siquiera por su propio partido, done se sigue aún hoy alimentando la leyenda de que todos los hechos ominosos tienen su origen en el "hecho maldito del país burgués".
Leyenda que, curiosamente alimentan los que con frecuencia son o responsbales directos o socios de los crímenes más aberrantes contra el pueblo.

II- Plaza Moreno
En la ciudad de La Plata, se tejen mitos urbanos, leyendas fundadas en investigaciones y otras que circulan de modos subterráneos, acerca de los masones que fundaron nuestra ciudad, los símbolos ocultos, el modelo de esta utopía pensada y planificada desde cero, como pocas ciudades en el mundo.
Cargada de simbolismos, hija del paradigma positivista y liberal del Siglo XIX, nacida ya en conflicto con la ortodoxia eclesiástica, nuestra Plaza Moreno es polisémica y dueña de mil historias.
El 8 de enero de 2016 todo cambió, y vaya si cambió.
En enero nuestra ciudad se transforma, las calles se vacían de estudiantes y su dinámica vitalidad, no hay clases, los autos y transeúntes disminuyen, el que puede se va de evacaciones y el que no, igual anda más calmo. 
Pero este enero todo fue diferente.
Y desde el 8 de enero, han ocurrido dos sucesos que merecerían un análisis más profundo que este boceto, merecería que lo pensaran arquitectos, sociólogos, escritores, políticos, legisladores, abogados, jueces,  comunicadores, incluso, psicólogos.
La gigantesca Plaza Moreno, cruzada por el significante del nombre del patriota expulsado,  nuestro joven robespierriano, una mañana se convirtió en el escenario de la represión a balazos a trabajadores municipales despedidos sin causa y por las dudas.
Foto diario Clarín
Y ya nadie habla de eso, aunque todavía no pasaron cuatro meses.
¿Qué hizo posible que la policía recibiera órdenes de disparar sobre personas, sobre sus conciudadanos, en el corazón de la capital bonaerense? ¿Qué hizo posible que tantos ciudadanos miraran para otro lado o justificaran la represión, o la negaran, o la minimizaran, en nombre de sus filiaciones políticas coyunturales, o por miedo, o por conveniencia o tal vez por ignorancia?
Fuente
Esas preguntas no cesan. Se abren como diques y sólo crecen, arrasando a su paso con las pocas certezas que teníamos acerca de los límites que no se podían pasar en democracia.
Pero eso no sería todo.
Una vez abandonada la ley, la Plaza se vuelve su contrario, del orden al caos, de la ley a la violencia, o más bien, a las leyes no escritas del neolibealismo: la única ley es la fuerza de quien puede imponerse a los más débiles para apropiarse de sus bienes, la ley del capital inescrupuloso es la ley del egoísmo y la indiferencia.
Fuente
Impiadosa.
Todo lo humano le es ajeno.
Y entonces, un conflicto propio de la vida urbana, de la ciudadanía contemporánea, donde chocan intereses, un conflicto que supone debe tramitarse por las autoridades para garantizar la paz social, una marcha de trabajadores estatales que reclaman un aumento salarial que al menos se aproxime a la inflación (les dan el 15 %, la inflaicón sigue sin medirla el Indec del nuevo gobierno que prometió que lo haría pero según el Congreso es del 38%, es decir, una manifestación de estatales que reclaman no caer tan rápido en la pobreza) produce el disgusto de otros trabajadores y ciudadanos que circulan por la zona, ya que avanza sobre calle 50 en dirección a diagonal 74 y al ministerio de Economía provincial.
 Uno podría imaginar insultos, alguna agresión más que verbal, tensiones.
Pero sucede lo inimaginable, habilitado ya por la impunidad con que aceptamos que se puede disparar a la gente desde la Municipalidad, que no hay consecuencias por ese delito, más grave aún por ser causado por las autoridades, por el poder, los ciudadanos violentos se lanzan. Con la fuerza de sus colectivos y vehículos, escoltados incluso por una patrulla policial, avanzan por la plaza donde a esa hora juegan niños, niñas, descansan sus huesos y almas agotadas ancianos, pasean enamorados o se divierten adolescentes rateados de sus escuelas.

[video filmada por Pablo Bruzzone]
Cruzan apurados otros trabajadores, caminan ciudadanos que van a hacer trámites a ese municipio o a otras oficinas.
La Plaza ya no es centro ni asamblea, es calle, es escenario de la ausencia de ley, del caos, las autoridades se han retirado.
O responden con balas, o se esconden y ocultan. Menos gobernar, cualquier cosa.Menos las leyes de la democracia, todo es posible.
¿Qué más puede ocurrir, después de esto?
 En palabras del arquitecto Juan Carlos Pérgolis, “puede decirse que no se conoce una ciudad latinoamericana si no se conoce su plaza, o no se ha estado realmente en la ciudad si no se ha estado en su plaza, en el “parque principal” *


*Fuente: http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com.ar/2013/04/la-plaza-central-urbana-arquitecto.html