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sábado, 30 de noviembre de 2019

Hasta el cuello, de Aula 20 FBA


"Cristalina misión del agua 
recordar el cuerpo
cuya huella se hace líquida.
Imprevisto destino del cuerpo
vivir para siempre
en la memoria del agua".
Eduardo Rezzano

Con estos versos del poeta platense se presenta el programa de la última obra de Aula 20 FBA cuyo nombre ya es convocante: Hasta el cuello.
Hasta el cuello, metáfora que hace metonimia a la vez con varios hasta. (hasta la raíz, por ejemplo, hasta el fondo).
Estar hasta el cuello es estar prácticamente hundidas, apenas asomando la cabeza.
O su contrario, puede ser interpretarlo al revés, estamos bajo el agua pero la cabeza asoma.
Todavía.

De modo que depende del movimiento, de los movimientos siguientes, hundirse, ahogarse, o salir a la superficie a respirar.
Foto tomada del Facebook de Mariana Estévez
Estar hasta el cuello puede ser como hundirse en arenas movedizas, en pantanos, en suelos traicioneros que nos arrastran a algunos abismos.
Es como vivir en América Latina, es como estos tiempos, es como ser mujer.
¿Cómo sabemos de los límites del cuerpo, de nuestro cuerpo, cuando han sido siempre otros los que disponen de nuestros cuerpos como si fuéramos tan líquidas que no pudiéramos quedarnos, permanecer, o detenernos, o huir sin necesariamente seguir una huella ya trazada, como hace el agua de deshielo, que encuentra el cauce y lo retoma, pero nunca es el mismo.
Como el agua que gotea lento, hasta horadar la piedra.
Pacientemente, con la disciplina de una coreógrafa atenta a cada movimiento.
También las bailarinas de la obra están hasta el cuello.
Sus melenas se hunden en una pecera cristalina, sus cabeza en el agua, sus cuerpos afuera. Sacuden lo mojado, lo húmedo, el peso del agua con fuerza, como brujas, como Nereidas, como habitantes de otros tiempos más dionisíacos.
Pero solo un instante.
Porque la coreografía es más apolínea.
Impecable en lo formal, perfeccionista, como M., que cuida los detalles como los pulsos del ritmo pero....
Cuando los músicos y las músicas invaden la escena, descalzes, cuando los vientos se dejan sentir, yo presiento a Dionisio, yo adivino a esas mujeres de las montañas que ruegan por el agua para sus cosechas, para alimentar a sus familias, para lavarse la sangre que una y otra vez la vida nos pone entre las piernas, o la muerte en todo el cuerpo y en los cuerpos que amamos.
Sacuden sus cabelleras.
Sus melenas.
Sus ropas aguamarinas y luces me engañan por momentos, como si fuera un sueño shakespereano o un cuadro renacentista, pero estamos acá, muy acá, en el Sur, en las tierras asediadas donde los cuerpos a veces se diluyen como el agua.
Las luces juegan con las gotas sobre el escenario.
La música se enamora de las bailarinas y se cortejan.
La obra es muy formal, pienso. ¿Y qué quiere decir eso? 
Eso estoy pensando.
Me dejo llevar y punto.
Pero no hay punto.
Porque la forma se rompe y se desdibuja como el agua.
Ya no sé si son una bailarina con muchos brazos y piernas, una bailarina con cuerdas y vientos, o varios músicos y músicas que hacen bailar sus instrumentos.
No será nunca el mismo río donde te bañes, dijo un sabio hace mucho tiempo.
Yo veo a una doncella guerrera.
Y a una joven virgen que se baña para su amado.
Y veo a quienes se ahogaron.
Y veo a una anciana que limpia el cuerpo de sus difuntas.
Y veo unas chicas que se preparan para salir a escena.
Y veo a las pibas que se empoderan y no quieren ser sirenas sino mujeres completas.
Hasta el cuello.



Ficha técnica:
Idea y dirección general
AULA20 FBA
Interpretación
Aula20 FBA + Proyecto en Bruto
Julia Aprea, Maria Bevilacqua, Cirila Luz Ferron,
Mariana Provenzano, Carola Ruiz, Mariana Sáez
Música
Ramiro Mansilla Pons, Julián Chambó
Ensamble de Música Popular de la Facultad de Bellas Artes
Micaela Juan Baraybar, Katherine Sotomayor Arancibia,
Rocío del Cielo Longobucco, Jazmín Mazzuchelli
Cappello, María José Fernández Molina,
Libertad Centeno Di Luciano, Paloma Manriquez,
Cristopher Manzano Malla, Juan Sebastián Azparren,
Fedah Mihojevic, Germán Díaz, Julián Mandrino,
Jonathan Victor Estrada Ríos
Dirección del Ensamble
Manuel Gonzalez Ponisio
Dirección de arte
Gonzalo Monzon
Realización de vestuario
Ropa para circo
Coordinación general
Mariana Estévez, Diana Montequin
AULA 20 - Facultad de Bellas Artes



miércoles, 12 de junio de 2019

Néctar de liquidámbar

Estaba empezando la primavera, estación en la que me animo, es como si el renacer del ciclo ocurriera a niveles mitocondriales.
Se produce en mí una agudización de la contradicción: entre la animala arcaica, cuyo deseo despierta algo amorfo pero poderoso, y una nostálgica del romanticismo alemán o del apasionamiento melanco de las almas rusas, y mi sensibilidad estalla. Flores, nubes, atardeceres, discos de Blur, palabras pronunciadas o escritas poéticamente, manos rasgando cuerdas de guitarras, retratos modiglianescos, avenidas porteñas saturadas de autos, todo, o casi todo, me llega al corazón.
Sin filtros.
Venía de una pena de tango y bandoneón, algunos pianos resonaban todavía, pero no olvidaba la balalaika que invita a bailar en las estepas de nuestras almas de linajes campesinos y maestros, de buscadores de estrellas y poesía y resistidoras de diablos y pogromos.
Y chamamés litoraleños negados y reencarnados en amores que ya no cantan más.
Le cuento a mi amiga que X me invitó a cenar. Así, casi de la nada.
Omito el relato pormenorizado de idas y vueltas en el chat a lo largo de meses, tal vez un año o más. Lo omito no por engañarla, sino porque no lo registro, todavía, como lenguaje amoroso.
Nunca le di importancia. Siempre estoy muy ocupada.
Me advierte: si te gusta salí, pero con X no se puede tener nada.
Tener.
Recuerdo esa palabra.
Tener, sostener.
Yo no soy de tener.
Y tampoco me gusta que me tengan.
Prefiero amar a mi manera. Que no es despojada ni filantrópica, es solo así: menos libre de lo que quisiera, pero mucho menos prisionera de lo que el confort recomienda.
Y sino hay amor, que al menos haya literatura. O música. O dibujos.
O nada.
No vamos a regatear.
Tener tal vez sea para gente más prolija, más estable, más correcta.
Yo no quiero tener nada, le digo.
Ella se refería a la fobia que atravesaba a las relaciones muy comprometidas. Síndrome de Cenicienta, a las doce salir corriendo.
Era primavera.
Venía de una relación de mucho tiempo. De esa intimidad que es Cielo e Infierno, y que al romperse nos deja extrañadas en un cuerpo y una vida que parece ajena, algo muerta.
El flaco está bueno, lo conozco de siempre (eso creía, no tenía idea). Hay cierta confianza. Incluso cuando me invita, descreo o niego sus intenciones seductoras.
Es un conocido, pienso, y hay cariño. Podría llegar a convertirse en un amigo.
No me arreglo.
Mejor dicho, me desarreglo y me pongo de entrecasa para salir con él.
No quiero mandar mensajes equivocados.
Ni siquiera sé qué mensaje quiero mandar.
Mi amiga cree que solo empiezo a verme con X porque con X no se puede tener nada.
Y que yo no quiero tener nada.
Pero me gustaba bastante. Eso también lo sé, aunque en ese momento no había reparado en eso, ni en él. Todavía no sé si es un cínico, un bipolar o un alma rota, como la mía, como casi todas.
Mi amiga insistía: te enganchás porque sabés que con él no se puede tener nada.
Y eso le preocupa o le molesta, según la ocasión.
Ella nunca estuvo sin pareja, no le va esa forma de vivir.
Dice que el amor para ella esto y aquello.
Yo la vida sin un amor tampoco la concibo, objeto. Pero la pareja... cuántas veces no es el amor, ¡ni de cerca! Eso de estar por estar no me va.
Me aburre. Me mata. Me hace ser mala. Me embrutece.
En el medio todo el trabajo que se hace leyendo buenas novelas, escuchando (a otros, a otras) y hablando en un diván.
En el medio un no amor que no llega a nacer y ya muere.
Demasiado fuego para tan poco sexo.
Demasiado sexo para tan poco amor.
Demasiadas canciones y palabras.
Hasta que me doy cuenta que tampoco quiero tener a X.
Ni una historia con X.
Y y Z, menos. Ni pena ni gloria.
X es la parte de la ecuación, la incógnita a despejar (en mí). X era cómodo.
A X tal vez yo le gustaba la mitad de lo que me dijo que le gustaba y es un montón.
X me rompió el corazón, pero no mucho. Lo suficiente para recordarme que tenía uno. Quise ser leve como las chicas que le gustan a X, pero la levedad no es lo mío.
Mi amiga tenía razón.
Con X nada.
Pero X te hizo salir de la covacha.
Gracias X. Chau X. Empezó el verano, otra vez más.
Estamos en otoño.
Y mientras camino escuchando canciones y viendo persianas bajas de comercios tristes y abandonados, mientras me distraigo bebiendo del néctar de belleza que proponen los liquidámbar, sonrío en el nivel celular, sonrío sin saber por qué, por lo que vendrá.
Por Dionisio desmembrado, y todas las diosas de la vida, y por los gauchos cuchilleros que aún resisten.
Porque otra vez llegará la primavera.
De regreso a Oktubre.

miércoles, 30 de enero de 2019

Un poco de paraíso

(publicada en fanpage Facebook 15/1/2019)

Me estaba curando.
De una enfermedad, o de varias. También de un hombre.
No de un amor, porque aunque el amor también duele, aunque el deseo arde hasta enfermar cuando no es correspondido, no era eso.
Era de un hombre en particular.
La gente me decía: pero qué bien se te ve, y qué linda estás, y qué rejuvenecida.
Y yo apretaba en la cartera las recetas de medicamentos, los resultados de laboratorios, lo autobiográfico y sus derivas ficcionales en estas escrituras.
Sobre todo la angustia.
La muerte y sus merodeos.
Vos tenés que poner menos el cuerpo, me advertían. Amigxs, astróloga, médicxs.
Sí sí, decía yo. Pero nunca entendía qué exactamente me estaban pidiendo.
A veces, en el diván, alguna verdad intentaba subir a la superficie. Algo de mí.
Podía entender que me sugirieran trabajar menos, hacer más deportes, más tiempo de placer, de descanso, de atender la salud.
Pero poner menos el cuerpo era como si dijeran que fuera otra.
Amar menos.
Reír menos.
Leer menos.
Ser menos madre, hija, tía, hermana, ex, amiga.
Bailar menos.
Coger menos.
Comer menos.
Marchar menos.
Pintar menos.
Limpiar menos (ahí sí que entiendo y te doy cien likes).
Cocinar menos.
Preparar menos las clases.
Dibujar menos.
Estudiar menos.
Escribir menos.
Ver menos series.
Conversar menos.
Viajar menos.
Militar menos.
Besar menos.
Escuchar menos música.
Nadar menos.
Correr menos.
Abandonar la bicicleta, la jardinería, la huerta, la escritura, los paseos.
Escribir es poner el cuerpo.
Bah, la verdad es que a veces lo entendía.
Me quedaba tirada en la arena, pasto, tierra, la noche boca arriba, una copa de vino, unas flores del bien.
No era poner menos el cuerpo.
Era ponerlo distinto.
Andaba varios días descalza, cerca de niñxs y jóvenes, árboles, amimales sueltos y libres, espinos de Proust y horizontes de Molina Campos y Martínez Estrada y el cuerpo se me iba descontracturando.
Qué bien se te ve, me decían.
Pero no cuando me cruzaba con alguien después de unas horas de amor, con esa expresión que es mejor que cualquier maquillaje y cualquier droga, sino cuando había pasado horas sin dormir pensando en la salud de lxs que quiero, cómo pagar las cuentas, dolores de enfermedades, decisiones laborales pendientes, el infierno de este gobierno y este país de injurias e injusticias hambrientas, y etcétera.
Cada cual ve lo que quiere o lo que puede.
Me estaba curando de un hombre de esos que laceran, que lastiman, quizá porque no puede evitarlo, quizá por puro goce.
Me curaba de mi, de mi empecinamiento, de haber sentido esa urgencia de manual de la histeria del siglo pasado por alguien que nunca quiso conmigo nada. Justamente.
De tener que fingir por cálculo (siempre errado, como toda estrategia amorosa, irremediablemente condenada al fracaso) que no me importaba lo que me estaba asfixiando: la foto de su amor tierno y compañero, deseante y admirativo, con la novia que afirmaba no tener.
La imagen que te excluye (del amor) y a la vez te enseña tu deseo, porque hasta ese momento podías jurar que vos también solo querías sexo y nada más.
Las Palabras (poema, declaración, misma canción) con las que el seductor showman conquista en el escenario de un shakespearismo devaluado por las redes sociales, pero igualmente teatral. Y eficaz.
Su mano abrazándolo, descansando en el pecho, peor que la mirada de él juntándose con la de ella en una diagonal como de cuadro barroco pero con más luz.
Las amigas que aconsejan seguir el mismo simulacro, fingir que no querés, que te resulta indiferente, que lo tuyo con él es solo cuerpos. Porque es mostrarse débil y si te percibe débil, te hará más daño. O peor, si se da cuenta del tamaño de tu deseo, te lo hará parir con dolor.
Como si el alma y el corazón, sublimes o devaluadas metáforas, no fueran cuerpo. Como si la sangre que anuncia problemas al salir él de tu cuerpo, no fuera alma.
Como si esa última vez (que entonces no sabías que sería la última) no hubieras sentido por primera vez con él lo que sentiste al mirarte en sus ojos mirándote.
La añoranza de un recuerdo magnificado por el cachetazo de la mentira negadora, ese de los chat y las invitaciones persistentes, ambiguas para vos, directas para él, que vienen a decir que no es todo autoengaño, que hubo de su parte alguna vez un deseo de vos.
Y no importa decir porque ya no hay temor al poder que le de mi confesión, si alguna vez supiera lo que ya sabe, de lo que ya hizo uso, lo que ya perdió. Ya no tiene poder sobre mí y mi voz vuela sin medir consecuencias.
Y queda esa certeza de haber escapado a tiempo, de alguien tan oscuro como una noche sin luna, incapaz de un gesto de afecto hacia quien ha causado un daño consciente mientras juega el juego del superhéroe y el looser a la vez, usándonos como piezas de ajedrez.
Lo siento, acabo de coronar a este peón. Ahora soy reina.
Pero qué linda estás, vos debés estar en algo, dice la voz del machismo que no cree que liberarse un poco de la culpa y otros pesares pueda hacernos ver más relajadas a pesar de los tratamientos y violencias, ¿o es la voz de quien reconoce que a nosotras la mirada del Otro deseante nos enciende?
El deseo es el deseo del Otro, y claro, no de otros.
Pero no vamos por ahí detallando resultados de laboratorios ni insomnios de desamores.
Dice el poeta que si mi voz muriera en tierra, llevadla al nivel del mar, y nombradla capitana de un barco de guerra.
Lo dice más lindo.
Mi voz es tanto mía como de otras historias que se cuentan por medio de ella. Acá está, para quien la quiera. Pero debe quererla.
Y fue el mar, siempre es el mar, el que realmente cura.
No fue el sexo improvisado para eliminar su recuerdo, ni eliminarlo de las pantallas para no ver más su romance promocionado.
Fue el mar, y el campo.
(Y escuchar música con vos, también.)
Así que en el mar, hundiendo la cabeza bajo la ola, flotando, dejándome llevar, comprendiendo mi pequeñez una vez más, aún en la persistencia de algunos dolores, me sentí sanada de ese hombre.
Su marca, que intenté borrar con otras marcas, por fin allí. Quedará como una cicatriz, ni hay que intentar borrarla. Se irá desdibujando sola. Casi ha desaparecido.
Allí, en el mar.
Pienso al fin en otro abrazo y una sonrisa.
Ranchadas improvisadas donde se comparte comida, guitarreada, canciones, política, abriendo.
Limpiando la sangre, dejando drenar heridas.
Y sí, tal vez me vea bien para quien mira con ternura, para quien no juzga.
Tal vez podamos poner el cuerpo distinto.
Tal vez el infierno nos dé una tregua y hagamos un poco de paraíso.

martes, 1 de enero de 2019

Mientras podamos

"Ahora que he escrito muchas palabras,
Y abandonado tantos amores, 
Y siendo por entero para muchos de ellos, 
Lo que siempre he sido
-una mujer de excesos, celosa y codiciosa,
Encuentro inútil esforzarme".
(Anne Sexton, Cigarros y whiski y una salvaje, salvaje mujer)


Después todo se precipitó, como las piezas del dominó que van cayendo empujándose unas a otras.
Las coordenadas del año que había pasado le parecieron absurdas, como al despertar de un sueño que no podemos interpretar.
Todas las advertencias desoídas, todas las señales pasadas por alto, le parecieron tan obvias, que de haberlas visto en un plano secuencia en un policial clase b le hubieran resultado exageradas.
Ella se había comportado como la chica que huye de Freddy Krueger adentrándose en el bosque, mirando para atrás por encima del hombro mientras todos los espectadores esperan el momento del tropiezo y la caída.
Cuando llega el final, el monstruo es lo que es, lo que siempre ha sido y no conserva ningún rasgo de la máscara veneciana con la que conquistó las noches de carnaval.
Había estado tan concentrada juntando las partes de varias tramas que se le había escapado unir esas piezas.
Los malos tratos, los cambios de humor, las agresiones, eran como peces de colores que acompañan como personajes secundarios la danza acuática de los escalares y otros depredadores.
De pronto, los detalles emergen como vistos bajo una lupa.
Y todo adquiere sentido.
Es como si fuera una niña en la orilla de algún mar, en cuclillas, juntando berberechos con sus hermanos y su padre, como si la vida entre de todo lo que vive cupiera en ese instante.

Intentó la salida fácil, agarró una madera que pasaba flotando, el agua del naufragio era fría, la noche oscura y sin estrellas.
Anduvo unos metros y se soltó.
Hay abismos que deben recorrerse hasta el fondo.
Mientras bailaba y giraba sobre la pista, supo que todo eso había quedado definitivamente atrás.
El futuro es una alucinación.
El pasado a veces pesa como piedras atadas al cuello, a veces se vuelve insoportable nostalgia.
Vivamos hoy, dicen los pies, la cadera, el pelo.
Vivamos mientras podamos, y también olvidemos.

miércoles, 20 de junio de 2018

Como la escarcha

No te hablaré más
no seré la cháchara que persigue tu adiós
no me obstinaré más
entre nosotros habrá ese silencio que pediste
me callaré
(también yo)
la música y las canciones sonarán solo adentro mío

olvidaré tu nombre

ya me olvidaste

seremos como la escarcha de la mañana
que rápidamente el sol derrite.

jueves, 29 de marzo de 2018

Mudos

Todos los oráculos lo anticiparon, y las canciones también.
Pero aunque se viaja en máquinas del tiempo con piezas oxidadas, se busca tercamente renacer en nuevos planetas con mecanismos renovados.
Si fueras sol, seríamos verano.
Pero te vas poniendo invierno y la nave se hunde en un océano sin peces y sin palabras.
Hombres estatuas mudos, serán cubiertos de arena en desiertos olvidables.
Quedarán los poetas.
Pero yo sigo - ¿audaz o suicida?- esperando una palabra que disipe las nubes.

martes, 27 de marzo de 2018

Poetas del siglo viejo

"Sucedió entonces lo que nadie quiere entender. 
En ese botarate provocador me vi como en un espejo y me dio vergüenza. 
No sentí miedo; acaso de haberlo sentido, salgo a pelear".
(JLBorges, "Historia de Rosendo Juárez")


R, que es de una lucidez y erudición extraordinarias, señala que los poetas y prosistas de la generación del 37, y sus vecindades (agrego yo) huyen de la ciudad que empieza a volvérseles extraña cuando la "chusma" que baja de los barcos los "invade".
Corto maltés, Hugo Pratt
Unos huyen hacia el campo, otros a la selva, como Quiroga, otras al mar, como Alfonsina. R lo dice de una manera tan graciosa que merecería un gag en alguna comedia, si es que algún día la historia argentina se puede contar en tono de comedia y no de tragedia.
Borges, dice R, que no sé si está citando a Horacio González o a algún otro, o a sí mismo (tampoco importa), huye al siglo XIX.
Y claro, es ahí donde con frecuencia también a mí me lleva una nostalgia que incluso no me pertenece del todo, sino que es heredada, sobre todo, de la lectura.
Porque hay que ver que ya a esta altura soy más del XXI que del XX y sin embargo, fueron Dickens, Louise M.  Alcott (¡los dioses nos perdonen estos caprichos de infancia y juventud!) London, Poe, Dostoyevski, Tolstoi, Mc Cullers, Proust, Flaubert, Mary Shelley, mis primeros amores literarios, quienes despertaron esta anticuada pasión por la novela decimonónica o del joven siglo "nuevo",  tan olvidada, e incluso, vapuleada injustamente las más de las veces. Eran los habitantes de las bibliotecas legadas por abuelos y tíos abuelos, venidos de aquellos tiempos de lecturas en papel y vidas sin televisión.
Incluso en el cuento y la poesía, en los que tempranamente mi mundo fue habitado por obras más contemporáneas (sobre todo, ciencia ficción, género negro y grandes cuentistas argentinxs), incluso allí me siento más en mi tiempo, quizá porque Rafael Alberti, Hernández o García Lorca poblaron también aquellas lecturas de infancia.
Hasta en los cómics me siento más cómoda donde hay cierto "clasicismo" que me invita más, un Corto Maltés....Oesterheld&Breccia...

No al Martín Fierro de la Vuelta, sino al otro, insiste R.

R dice de memoria a Borges, a varios Borges, y se le nota en el gesto la apasionada admiración que siente tanto por el joven Borges, anarquista y cercano a Jauretche, como por el maduro, conservador, genio entre los genios y a la vez, convertido por su propia decisión en el poeta de los liberales conservadores argentinos y tan políticamente del lado de los enemigos del pueblo.
Borges se ha colado en la clase donde estaban Simmel, Nietzsche, y otros alemanes, y sobre todo Rousseau y algún que otro francés, inglés, suizo o italiano, por lo que se ha colado también un rato Darwin.
Pienso en Maquiavelo y en César (en Julio y en Borgia), príncipes de nuevos mundos y cambios de época, grandes conductores: uno con virtud y fortuna duraderas (hasta los Idus de marzo al menos), el otro con más virtud (virtú, como energía vital) que suerte.* Ambos latinos, de una Italia que todavía no era pero que se puede adivinar si tiene razón Borges y el futuro también ya está escrito.
Pienso en Bolivia y sus miles de lenguas que reconocidas y libres, aun así (o quizá por eso mismo) hacen nación, entonces quizás la idea de lengua y nación de Ernest Renan pueda ser correcta para la Europa occidental pero no para nosotros, que poderos pensarnos enlazados por lo diverso y tal vez hermanados por los mundos perdidos, arrasados, y lo porvenires soñados colectivamente por nuestros pueblos hoy, en canciones y lenguas que estamos siendo y diciendo.
Entonces en América Latina es siempre a nuestro modo. Puede haber nación sin una lengua única, porque la lengua única acá nos recuerda la opresión de una u otra forma. Nos nombraron, hacia atrás y hacia adelante, para hacernos ser lo que no somos y en una lengua que tuvimos que reinventar una y otra vez.
"La lengua" oficial siempre es de ese amo dominador, violador, machista, explotador...pero es también nuestro cuchillo para dar las batallas de las mujeres guerrilleras y guerreras, de los hombres que no quieren vivir en cuclillas sino cabalgar las pampas y trepar las montañas, orillar los mares a la carrera, ser libres y no solo esclavos en las fábricas de los hijos de los conquistadores.
Ilustración de Alberto Breccia para "Historia de
Rosendo Juárez",
 de Borges

Y pienso que vos también a veces, como Borges, quisieras huir no sé si al XIX, pero al menos quedarte a principios del XX. Borges, que es su propio personaje y uno de los mejores que ha creado, le canta al gaucho rebelde y anarquista, cuchillero, portador de esa libertad salvaje y primaria que los grandes poetas románticos reconocen como materia prima para sus poemas.
Y es allí (no en el viaje, si no en el sueño, no en el propósito, sino en tu afán) donde yo veo tu mejor versión.
Pero la veo ahora, en este presente, y considerando que hacés un esfuerzo para que tus peores versiones oculten aquella que nos podría llevar al viejo siglo donde se podía querer sin presentir.
Y esto podría convertirse en un  chiste si lo contara Borges, pero lamentablemente lo cuento yo, así apurada, para no olvidarme de algunas cosas que sin escrituras y sin lecturas nunca serían.

* Esta concepción de la virtud renacentista la tomo de un texto de Althusser, El único materalismo, citado por Horacio González en Traducciones malditas. La experiencia de la imagen en Marx, Merleau-Ponty y Foucault, Colihue, Buenos Aires, 2017.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Un libro de poesía

"[...]  fueron reiteradamente perseguidos de muchas maneras distintas en repetidas ocasiones". 
(Reviel Netz, Alambre de púas, p. 213)*


Se fueron. Rompieron todo primero, las cosas lindas que usamos, los recuerdos, las máquinas y las herramientas.
Antes de irse cercaron todas las salidas, alambraron como se alambró en su momento al ganado, como se conquistó la tierra, como se segregó a pueblos enteros y se encarceló en grandes mataderos humanos.
Obra de James Coates
Se fueron, quemaron libros, se llevaron las llaves y las escaleras, y tras de sí quedaron las rejas y el humo, el miedo y la desazón. Cuando salían descubrí que en el revoleo (patearon a unos ancianos que ya estaban en el piso, eso les da mucho placer; escupieron la cara de los hombres maniatados previamente y toquetearon a las mujeres más jóvenes delante de sus madres, para que el abuso y la tortura fuera doble; a los bebés les negaron el alimento, la higiene y la medicina), olvidaron llevarse un libro. Lo vi allí, caído, junto a la puerta, y arrastré como pude mis huesos traumatizados por los golpes.
Dejé un camino de sangre, mis enemigos podrían olerlo. O los otros predadores. Pero no me importó, llegué hasta el libro, lo abrí al azar. Olía a papel recién salido de la imprenta, y olía al rastro de haber sido tocado por una mano amorosa que había temblado al leerlo. Leí un poema de una escritora rusa de los años 20 (milnueve) que murió de pena tras perder a su esposo, a amante y a su hijo en la Revolución Roja, el Gulag y la Guerra Patriótica, en ese orden. Leí otro de un latinoamericano que enfermó después de tempranos exilios y bibliotecas perdidas, un par de amores trágicos, unos compañeros reventados en un campo de muerte en las afueras de la ciudad de La Plata y varios laburos de mierda.
Y aunque me dolía todo el cuerpo recordé que soy humana. Que no soy un pedazo de carne y huesos a un paso de la tumba. Una osamenta abandonada.
Soy.
Y si soy, todavía puedo erguirme y amar, erguirme y luchar. Cantar, bailar sobre estos pies lastimados pero aún míos.
Ellos van regresar, porque siempre regresan y quieren más, hasta la última gota de nuestra sangre. Quieren quitarnos todo y vernos humillados, caídos junto al muro de nuestra amada Ilión perdida, una y otra y otra vez. Nuestra Warisata. Nuestra Pachamama. Nuestra Cuidad Eva Perón. Quieren todo.
Pero yo tengo mi libro de poesía y un puñado de hermosos recuerdo que me hacen hervir la sangre, y la sangre cuando hierve...


* Netz, Revel, Alambre de púas. Una ecología de la Modernidad, Eudeba, Buenos Aires, 2013.

martes, 21 de noviembre de 2017

Como ella quiere, y no sabiendo


"El saber no sabiendo es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo jamás le pueden vencer;
que no llega su saber a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo".
(Sor Juana De la Cruz)


"Es la ley de Lol. 
Una demanda que hace que ella reclame ser besada sin pedirlo. 
Hold lo dice: ella quiere estar con él, pero como ella quiere".
(Mónica Torres, "La solución Duras")

Leo del ser de a tres de Duras, según Lacan, según Miller,* leyendo ambos a Lol V. Stein y su arrebato de amor, del que ya he escrito aquí.
Noises off, P. Bogdanovich, 1992
Puede que no entienda casi nada, pero si leo a Duras soy allí, como Lol o como un personaje de Silvina Ocampo que ama desesperadamente porque imagina, y cuanto más imagina más cela, y cuanto más cela, más desea.
Y es por eso que nos resistimos al amor. Porque nos resistimos al dolor,y es imposible una cosa sin la otra, el precio a pagar con una libra de carne de nuestro corazón.
Son tiempos de retaceo y negociación, regateamos como si vendiéramos mercancías en una feria de un pueblo costero, un toma y daca que nos deja a todos más pobres, más solos, pero (otra falsa premisa) más seguros.
Y encima, en las redes, todo lo imaginario se amplifica: los pequeños comercios de afectos expuestos, puestos en escenas, escarceos y despliegues de plumajes propios y ajenos, cortejos semi públicos,mascaradas para encubrir los verdaderos romances, persecuciones torturantes, indiferencias extenuantes, espionaje detrás de cortinados y trampillas virtuales donde -por más que nadie roce a nadie, todos vemos y miramos-, e igual van a parar allí los cadáveres, los gusanos, los prejuicios, los deshechos y las entrañas heridas de muerte de los que se atreven a salir de libreto.
Un poco de comedia que hace llorar, un paso de tragedia que hace reír.
Una pieza dentro de otra pieza, como si fuera una comedia de enredos de Lubitsch, Bogdanovich o DaríoVittori.

John Everet Millais, Ofelia. 1851.
Óleo sobre lienzo, 76,2×111,8 cm. Tate Britain. Londres
***********
Pero a la vez no soy ellas, ni Lol ni los personajes de Silvina, (ni mucho menos ninguna Ofelia, aunque aveces pueda acudir en tu ayuda) que aveces recogen -y gozan de hacerlo aunque lo padezcan- las migajas que sus amantes les destinan luego de amar en otras.
Incluso, si sus amados (también, o más) aman a otras, estas Silvinas que nos habitan, arden más hasta consumarse y consumirse.

De amar sé menos cada vez, pero quiero hacerlo a mi manera, quizá sea toda la sabiduría amorosa (si es que tal cosa existe) que una mujer pueda encontrar.
Pero, acaso, amar, gozar, desear, ¿es posible vivir algo de esto como si no existiera toda la literatura y el arte que nos construyen (a nosotras, a nuestro deseo, al prisma a través del cual comprendemos y sentimos la experiencia?).
La otra, la escena temida, el ser de a tres, no sé qué es para los señores genios del lenguaje y del inconsciente deseante.
Apenas sé (yo) que en ese espejo puedo perderme, puedo pasar a un mundo más fantasioso que el de Alicia, puedo amarte incluso solo a condición de que sigas siendo de ella, pero, ¡ay de mí, ay de nosotras! Me he cansado.
No quiero saber más de ella, mi fantasma, tu goce, mi tortura.
Ser o ser, E. Lubitsch, 1942.

*********
¿Me atrevo?

Quiero estar en la escena,quiero ser yo sin esa otra.

¿Será posible?

Nada sé.

Pero por favor, haceme reír esta primavera, con eso bastará.







* Ver más en http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/002/template.php?file=arts/variaciones/torres.html

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Una tuna en primavera






"Me he de comer esa tuna 
Me he de comer esa tuna 
Me he de comer esa tuna 
aunque me espine la mano".



Me comí una tuna,
o al menos eso intenté.
Me enseñaste el fruto,
moví la cola, perra al fin.
Mi deseo quedó a la vista.
A tu juego te llamé.
Rápido, demasiado rápido
me espiné la mano.
Un dolor superficial que convoca a otros dolores más profundos.
Una gotita de sangre roja como tus labios en mis sueños.

Ahora, a despinarse.
Saco una espina: tu risa se acalla.
La pulpa del fruto aún me tienta.
Saco otra espina: tu nombre estalla como una supernova enana, los fragmentos dan vueltas por el universo y se alejan hacia la galaxia de la nada.
Tal vez alguna espina se haya hundido debajo de la piel, (malditas canciones), pero estamos a tiempo de resolverlo.
Una espina hoy, otra mañana,
no hay daños mayores.
A pesar de eso, la primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido.

jueves, 16 de junio de 2016

No se puede no haber amado lo que ha sido

“Lo efímero no es lo opuesto a lo eterno. 
Lo opuesto a lo eterno es lo olvidado. 
Hay quienes viven pensando que lo olvidado y lo eterno son la misma cosa. 
Se equivocan.” 
(John Berger, De A para X. Una historia de cartas)


Creyó que había olvidado
su llegar en la noche, un chocolate, tal vez un vino
un deseo que los quemaba 
un incendio que daba calor a su calle, su casita, sus treinta años poblados de futuros.

Creyó que al recuerdo de él se lo había tragado la noche 
del olvido.
Eternidad de lo olvidado, la nada, lo que nunca ha sido.

Pero el santo lo dijo y el poeta lo escribió,
ni Dios puede hacer que lo que fue no haya sido.

La muerte se propaga como los huracanes
arrasa con los olvidos poco olvidados, derriba las precarias defensas de los castillos sitiados y de las mujeres maduras.

Su llegar en lanoche,
su partir en lamañana, el rasguido de su voz como un tañir de guitarra en los apodos que teje el amor,
(ella por entonces todavía fumaba y él tenía aún la piel tersa, la barba oscura, el alma vieja pero aún esperanzada).
Cantaba un chamamé,
no sabía nada de rock pero le hacía el amor hasta el amanecer y se iba entre promesas en las que no creía.

Pasó una breve eternidad.

Un viento trajo la noticia de su muerte
y arrasó con todos los olvidos.
La mortaja no vista guardará para siempre lo que no pudo ser y ya nadie recuerda.
No se puede no haber amado lo que ha sido.
Lo que ha sido amado en una noche de tormenta.
Y ahora la muerte de él seguría sucediendo una y otra vez.

viernes, 13 de mayo de 2016

Los combates que más importan

Podrán festejar la caída de una Presidenta votada por 54 millones de personas a manos de unos Brutos conspiradores, matadores a traición, con discursos catonistas y vidas de corrupción y grandes latrocinios.
Podrán imputar a una Presidenta traficantes de datos de la AFIP, moralistas cómplices de los Cresos ajustadores demasiado pusilánimes como para asumir la responsabilidad. Podrán inundar las tapas de los diarios y esconder las marchas multitdinarias de obreros, de estudiantes, de trabajadores de todos los sectores.
Podrán insistir con todos los trucos del discurso publicitario: la mentira, la repetición, la falsa empatía, sus eficaces recursos para generar "entusiasmo" y vender sus espejitos de colores ya empiezan  cansar, porque aunque hayan logrado que a casi todos nos guste la comida basura, sino podemos pagarla la cosa se pone fea, sucia y mala.
Podrán esconder que en el mundo nos insertamos, cierto, y también nos ensartaron, millones de deudas y como un país que resignó su bienestar para entregarlo al gobierno de unos empresarios evasores y fugadores de divisas, mega corruptos, sostenidos por un remanente del conservadurismo radical y unos moralistas laicos que trafican con espías en nombre del....¿progresismo o procesismo?
Aún así, con todo el dolor que están causando, la violenta promoción del odio y la injusticia, eso no impedirá que el pueblo se defienda.Como diría el poeta perseguido y proscrito, Leopoldo Marechal, en su Megafón, 
"- Los combates que más importan -me dijo Megafón- nunca salen a la luz del mundo, ya que permanecen en el subsuelo de la Historia".
Casas en Alto, 1922, acuarela sobre papel,
Museo Xul Solar, 
Buenos Aires

lunes, 2 de mayo de 2016

No tendrías que

No tendrías que haberte ido
no tendrías que haber regresado en sueños
mucho menos deberías haber muerto.


Recuerdos como botellas con mensajes polifónicos en océanos sin fin,
barcos carboneros con negros marineros que no llegan nunca a puerto porque mientras navegan,
unos soldados enviados por algún hijo del mal bombardea sus ciudades, a sus hijos y a sus padres.
Y nosotros volvemos una y otra vez a la tragedia y a los poemas clásicos
mientras añoramos como bebés destetados antes de tiempo
los venturosos y bendecidos días del tiempo circular
y el eterno eterno
(de la vida).


nada hay más frágil que la memoria humana
nada hay más irrevocable que nuestros recuerdos
y la contradicción es libertad, no ignorancia.

viernes, 25 de marzo de 2016

#VíaDolorosa


"Claro, no hay libertad mientras haya ricos 
mientras haya libertad de explotar a otros 
libertad de robarle a los demás mientras haya clases no hay libertad. 
No hemos nacido para ser peones ni para ser patrones 
sino para ser hermanos sino para ser hermanos hemos nacidos. "
(Fragmento de  Canto nacional, de Ernesto Cardenal, en La Jiribilla, febrero de 2005).
Giotto di Bondone, 1302-05, Capilla de los Scrovegni,
Fresco
 "¿Qué es Dios? Pues es amor mutuo y compartido que encarna en nosotros.
 ¿Si el cristianismo es amor? 
Sí claro, no es otra cosa más que eso puesto en práctica como debe ser,
aunque naturalmente que muchas veces se realiza como egoísmo, odio o violencia. 
¿Y el marxismo? 
No es lo mismo, pero son muy compatibles. 
Perfectamente se puede ser cristiano y marxista (como yo) o científico", resume.
(Ernesto Cardenal, poeta inspirado en la Teología de la Liberación)*
#VíaCrucis. Yo sé que a muchos no les gustará esto que digo, pero creo que la tradición del liberalismo, y el progresismo que se nutrió en parte allí, es de rechazo a las creencias religiosas, y a las creencias populares en general, en nombre del paradigma científico como único modelo de conocimiento. Este pensamiento, heredero del positivismo, suele desconocer y/o despreciar otras formas de conocimiento como el arte, las religiones, la mitología. La conducta histórica, controladora y represiva de instituciones del poder, de vigilancia y control, como es el caso en Occidente de la Iglesia Romana, abonaron esos rechazos. Mucho menos se han revisado las conductas de otras iglesias, asociadas al desarrollo capitalista tanto en el siglo XVI y posteriores , como en la actualidad, donde la liturgia del poder está al servicio de la "religión" más totalitaria y hegemónica: el capitalismo. Sus profetas nos han visitado en estos días y han hechos sus rituales y sus "misas". 
En nombre de la religión se han cometido genocidios y toda clase de guerras y crímenes. 
En nombre de la ciencia también.
En la metáfora del Vía Crucis, más allá de las creencias que cada uno tenga, encontramos un mensaje que me parece de una potencia simbólica muy significativa para América Latina y para nuestro país hoy. Ayer, en cierta forma, millones de argentinos transitamos la conmemoración ritual, colectiva, de nuestra vía dolorosa.
Mientras tanto, los mercaderes del templo hacen negocios, de espaldas a este pueblo. Y los enviados del Emperador, que son los que castigan la herejía y la disidencia de una religión (religar) de amor, que condena el mercantilismo y el egoísmo individualista, se lavan las manos del crimen que ayudan a cometer.
La resurrección es otra idea que nos colma de esperanzas, es la vida que se sobrepone a la muerte en manos de estos criminales.
No importan tanto las expresiones de esas creencias religiosas ni el comportamiento institucional de los poderes, si cientos de miles de argentinxs estamos dispuestos a atravesar el Vía Crucis en nombre de la paz, el amor, la justicia. Cielo e Infierno, pensaba Swedenborg, están acá, en la tierra, en nosotros. Felices Pascuas a los que elegimos el Cielo, seamos cristianos, judíos, musulmanes, agnósticos, ateos, budistas, hunduistas, politeístas, etcétera.

jueves, 24 de marzo de 2016

Punto

quise escribir de tu pelo de  tu abrazo y de las mariposas tuyas, mías y nabokopianas que amabas
de la noche de la caminata desde la vieja estación hasta Tolosa
las sandalias gastadas y el alma iluminada
del deseo que ardía en tu noche mirada y todo eso
pero las palabras insisten en apartarse
como si se ordenaran sólo en consignas y urdieran rituales
como si a este mar de sangre lágrimas y bla bla bla bla
no se lo pudieran escribir con palabras.

Punto.


[como si detrás de algún espejo mágico o de esos ojos de la piba en los que fulguran tus ojos me dijeras
pero che, pero cómo, pero otra vez,
y entonces, ¿a dónde iremos?]
Carlos Alonso, aguafuerte para  Bajo la lluvia ajena, de Juan Gelman, Libros del Zorro Rojo, Madrid, 2009.


miércoles, 23 de marzo de 2016

A los ojos del horror, mirar

 Mirar a los ojos al horror, a lo irremediablemente perdido
exterminado de la chispa que es la mirada que vive y proyecta,
sueña, desea, ansía.
No es una consigna, no es un eslógan,
no es un número pérfido emparentado con el First Bigger Genocida mata paraguayos y argentinos heroicos.
Mirar a los que vendrán, a los hijos/as posibles,
a las madres/padres/hermanos que ya no nos acunarán, nos dormirán, nos robarán la pilcha para ir a bailar o a laburar a la básica o al barrio o a la facultad o a la mierda porque llegan los verdugos,
los verdugos siempre llegan (sin puntos ni comas ni respiro)
primero llegan de traje y maletín de negocios
llegan en aviones que son negros y que parecen blancos o blancos que parecen aves
pero son los Robber Barons, you know my friend,
tovarich
compa,
iunou.
Y después mandan a sus esbirros, feos, malos torturadores pateadores violadores cobardes
para que los verdugos de traje no tengan que mancharse
con la sangre de nuestros hijos, hermanos, amigos, padres, madres, tíos, compañerxs, maestros, delegados, bibliotecarios, profesores, periodistas, escritores, artistas, pianistas de manos de estrellas torturadas y poetas de hijas secuestradas
y escritores de entrañas y simientes arrasadas cuatro veces, eternautizadas...
Siempre compañerxs
Presentes.
Ahora.
y siempre.
Porque oh juremos con gloria morir
y nosotros queremos vivir, vivir y amar y vivir y trabajar y vivir y hacer familia y patria
pero vivir, con gloria.
Que sino es como morir.


http://cosecharoja.org/registro-de-extremistas/

viernes, 19 de febrero de 2016

No me vengas a decir en unos años que vos no sabías

"Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Carlos Alonso, serie Alonso en el Infierno, 2004
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.[....]
(Primo Levi, Si esto es un hombre)


I
Escalofríos me provoca leerlos en las redes y en los medios, escucharlos clamar mientras gritan y gozan, al ver echar a los supuestos  "ñoquis", portadores de estrellas, frases que evocan significantes del horror: "el trabajo los hará libres", el regreso de las lista de quién se salva y quien queda afuera. El perverso disfrute de la humillación del otro. Esa adoración por la repetición de los gestos y significantes del fascismo y el nazismo, con las herramientas de comunciación del Siglo XXI y una estética descontracturada.


Cuando era adolescente, en los comienzos de la recuperación democrática, plena “primavera” alfonsinista, la hegemonía en política estaba en manos del radicalismo y entre los jóvenes, la Franja Morada. Si te interesaba la política y no eras de "la Franja", además, quedabas afuera de muchos circuitos y muchos beneficios.
Tanto en esos años de colegio (secundario platense de la Universidad Nacional de La Plata), como luego en los años de la facultad y los primeros trabajos, me sentía siempre en minoría. Si eras peronista, de izquierda, progresista, estabas, o al menos así nos sentíamos en el ambiente de clase media urbano en el que me movía, medio out. Fueras de la tribu que fueras, y como en el tema de los Twist, anduve por varias tribus.
Pero sobre todo, en el Centro de estudiantes, el Barrio Nueva York de Berisso, Max Nordeau, el Taller de la Amistad, el PJ, y muchos otros espacios formales e informales en los que me iba formando, me sentía profundamente convocada por la injusticia que vivíamos quienes creíamos, desde el lugar que fuera, que los crímenes del terrorismo de Estado debían ser juzgados y que la causa de las Madres, las Abuelas y “los organismos”, como los llamábamos, era nuestra causa.
Seguramente para muchos que eran mayores que yo, o que venían de protagonizar el horror en sus cuerpos, el reclamo de "Juicio y castigo" era más una bandera o una utopía que un proyecto realizable.
Pero para quienes éramos jóvenes, era algo posible y alcanzable, a pesar de que la realidad se empeñaba en mostrarnos una y otra vez que las relaciones de fuerza no estaban justamente de nuestra parte.

II Nuestra causa
Nuestra como sujeto colectivo, nuestra porque hasta que no hubiera memoria, verdad y justicia, no habría paz y proyecto futuro para Argentina, para este pueblo, no habría vida en su plenitud.
Cuando en esa época cuestionabas la Teoría de los dos demonios, o cuando empezaron a hacerse públicos los primeros casos de secuestro y apropiación de bebés, de robo de identidad, una se quedaba en general hablando sola en muchos sitios.
¡Cómo dolía escuchar a gente querida repitiendo las viejas y nuevas versiones del "algo habrán hecho"! Me acuerdo tremendas discusiones con compañeros/as de estudio y de trabajo que defendían a los apropiadores, que no querían saber nada con informarse, n i escuchar, que no querían correrse un milímetro de sus matrices ideológicas talladas con verdades a medias, o mentiras, o discursos hegemónicos de los que nos modelan a todos.
También a mí, por supuesto.

III Pensar con el cuerpo
Aprendí junto a muchos de mi generación a sospechar de los discursos digeridos, a tomarme el trabajo de estudiar, de leer, de escuchar a los demás, de revisar mis ideas.
Incluso esta.
Pero también, a pensar con el cuerpo y a sentir con el cerebro, a oler con las ideas y a mirar con la memoria. Un niño baleado por las fuerzas de seguridad estatales.
Es un límite insoportable para mis ojos, mi piel, mi cerebro.

IV "Yo no sabía"
Muchas de esas personas al correr de los años, me pidieron disculpas por sus posiciones. Adujeron ignorancia, necedad. Mucha gente decía, como les dijeron a las propias víctimas del terrorismo de estado: yo no sabía.
Como dijeron los alemanes vecinos de los campos de concentración: yo no sabía.
Como los italianos fascistas le dijeron a los huérfanos y viudas de los comunistas y la resistencia: yo no sabía.
Como los rusos estalinistas le dijeron a sus connacionales. 
Los brasileros y argentinos a los paraguayos: yo no sabía.
¿Pero es posible no saber,un genocidio se puede ocultar?
Tal vez no se supiera el alcance, tal vez para muchos fuera inimaginable la perversa modalidad de las torturas y escarmientos, pero no saber…
Tal vez cuando empezaron los primeros síntomas algunos pensaron que era justo, que había que darles tiempo (a los milicos, a MItre, a Hitler, a Mussolini, a Stalin, a los ingleses en la India, a los estadounidenses en Irán, a los isreaelíes en Palestina.......)
Es una posición que muchos eligieron.
No juzgo moralmente. Sí políticamente.
El miedo paraliza. Nos paraliza.
Los fascistas lo saben muy bien.
Y juegan con eso.
El miedo lleva a la autocensura y a la indiferencia, a la ceguera.
No tener una posición es una posición.
No tener una posición condenatoria frente a los síntomas del fascismo, en la Argentina de 2016,  es una posición al menos de complicidad.
Con lo que hemos aprendido como sociedad, con los modos en que podemos enterarnos - incluso en este contexto proclive a la censura fáctica del mercado-, de muchas cosas que los medios no informan, o deforman, u ocultan.
Incluso así.

V
Me sorprendía que alguien sintiera que debía disculparse conmigo por haber elegido no saber.
Por haber elegido la comodidad, el confort digamos, de la ignorancia que posibilita no tener que ponerle el cuerpo a ciertas cuestiones.
Pero me alegré cada vez que alguien que negaba el genocidio, o el terrorismo de estado, o el robo de niños y niñas, en los 80 y los 90, en el 2000 había revisado sus ideas.
Mucho antes del kirchnerismo.
Pensé que habíamos como sociedad alcanzado un grado de acuerdos importante, profundo y mayoritario, respecto a que queríamos vivir en un estado de derecho, después, algunos tendrían este proyecto político y estos estos otros. Están quienes gobiernan para los ricos y quienes gobiernan para los pobres. Las contradicciones, alianzas y complejidades constructivas que son las reglas de juego de la política en las sociedades democráticas occidentales contemporáneas, etcétera.
¡Cómo me equivoqué!

VI
Recuerdo que en mi infancia, mis padres, que no eran héroes ni guerrilleros revolucionarios, sino gente común de clase media argentina, pusieron en riesgo su vida -y la nuestra-  para proteger la vida de amigos (o conocidos) perseguidos por las patotas de la dictadura. Intuyo que ese ejemplo, esas experiencias, calaron profundamente, mucho más que la formación ideológica o doctrinaria.
No se le cierra la puerta en la cara a una pareja con hijos pequeños a quienes persiguen para secuestrar, violar  y matar.
Hay que sobreponerse al miedo cuando está en juego lo más sagrado: la vida. Y más aún, cuando es la vida de los niños y de los viejos.
Y una vez que uno abre esa puerta, ya no se puede cerrar.
Esa puerta queda abierta para siempre.
Pero uno elige qué umbrales cruzar y qué umbrales no.
Incluso cuando esas vidas salvadas se conviertan en encarnaciones de profetas de la muerte, hay que saber en cada célula de nuestra alma-cuerpo-mente que valió la pena.

VII
Ahora, que soy una mujer adulta, con un hijo de casi veinte años, veo las cosas de otra manera.
Puedo imaginar que dentro de unos años, quienes son hoy jóvenes pidan disculpas por haber fomentado, celebrado, negado o tolerado en silencio los avances de comportamientos fascistas.
Tal vez le pedirán disculpas a sus compañeros de estudio, de trabajo, a los familiares de los que quedarán en el camino.
Puedo discutir con pasión y respeto con muchos que piensan muy distinto a mí en muchas cosas, siempre que estemos dentro del límite de la defensa de las garantías y la soberanía de los derechos humanos, del humanismo. 
Cuando ese orden es violentado, cuando a un primer síntoma sigue otro, y otro, y se lo tolera, se lo celebra o se lo niega, quienes son mis coetáneos, o mayores que yo,  no me van a hacer creer en le futuro (porque la foto de hoy mañana ya es pasado) que no sabían, que no entendían, que no se dieron cuenta.
Todos ya vimos el rostro del Leviatán.
¿Acaso creen que vamos a creerles que otra vez no sabían? Que creyeron que los totalitarismos reales, genocidas, hambreadores, en toda la historia humana y en todas las geografías, surgen de repente? ¿No quieren ver el vientre de la ballena que vomita en el proceso? ¿Creen que esos demonios metaforizados en el arte y la religión de mil modos, apelan a algo ajeno a eso que está dentro de cada ser humano? ¿Se creen Frankenstein?
Quienes eligieron el fascismo, por acción u omisión, en nombre del liberalismo, del radicalismo, del socialismo, del peronismo, del hartazguismo, del indignadismo, del catolicismo, del judaísmo, del evangelismo, además de contaminar o tergiversar esas fuentes, cruzaron una puerta que no tiene retorno.

"[...] Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro."
(final del poema)