Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 2 de mayo de 2016

No tendrías que

No tendrías que haberte ido
no tendrías que haber regresado en sueños
mucho menos deberías haber muerto.


Recuerdos como botellas con mensajes polifónicos en océanos sin fin,
barcos carboneros con negros marineros que no llegan nunca a puerto porque mientras navegan,
unos soldados enviados por algún hijo del mal bombardea sus ciudades, a sus hijos y a sus padres.
Y nosotros volvemos una y otra vez a la tragedia y a los poemas clásicos
mientras añoramos como bebés destetados antes de tiempo
los venturosos y bendecidos días del tiempo circular
y el eterno eterno
(de la vida).


nada hay más frágil que la memoria humana
nada hay más irrevocable que nuestros recuerdos
y la contradicción es libertad, no ignorancia.

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