Último verano en Stalingrado, novela

martes, 21 de noviembre de 2017

Como ella quiere, y no sabiendo


"El saber no sabiendo es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo jamás le pueden vencer;
que no llega su saber a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo".
(Sor Juana De la Cruz)


"Es la ley de Lol. 
Una demanda que hace que ella reclame ser besada sin pedirlo. 
Hold lo dice: ella quiere estar con él, pero como ella quiere".
(Mónica Torres, "La solución Duras")

Leo del ser de a tres de Duras, según Lacan, según Miller,* leyendo ambos a Lol V. Stein y su arrebato de amor, del que ya he escrito aquí.
Noises off, P. Bogdanovich, 1992
Puede que no entienda casi nada, pero si leo a Duras soy allí, como Lol o como un personaje de Silvina Ocampo que ama desesperadamente porque imagina, y cuanto más imagina más cela, y cuanto más cela, más desea.
Y es por eso que nos resistimos al amor. Porque nos resistimos al dolor,y es imposible una cosa sin la otra, el precio a pagar con una libra de carne de nuestro corazón.
Son tiempos de retaceo y negociación, regateamos como si vendiéramos mercancías en una feria de un pueblo costero, un toma y daca que nos deja a todos más pobres, más solos, pero (otra falsa premisa) más seguros.
Y encima, en las redes, todo lo imaginario se amplifica: los pequeños comercios de afectos expuestos, puestos en escenas, escarceos y despliegues de plumajes propios y ajenos, cortejos semi públicos,mascaradas para encubrir los verdaderos romances, persecuciones torturantes, indiferencias extenuantes, espionaje detrás de cortinados y trampillas virtuales donde -por más que nadie roce a nadie, todos vemos y miramos-, e igual van a parar allí los cadáveres, los gusanos, los prejuicios, los deshechos y las entrañas heridas de muerte de los que se atreven a salir de libreto.
Un poco de comedia que hace llorar, un paso de tragedia que hace reír.
Una pieza dentro de otra pieza, como si fuera una comedia de enredos de Lubitsch, Bogdanovich o DaríoVittori.

John Everet Millais, Ofelia. 1851.
Óleo sobre lienzo, 76,2×111,8 cm. Tate Britain. Londres
***********
Pero a la vez no soy ellas, ni Lol ni los personajes de Silvina, (ni mucho menos ninguna Ofelia, aunque aveces pueda acudir en tu ayuda) que aveces recogen -y gozan de hacerlo aunque lo padezcan- las migajas que sus amantes les destinan luego de amar en otras.
Incluso, si sus amados (también, o más) aman a otras, estas Silvinas que nos habitan, arden más hasta consumarse y consumirse.

De amar sé menos cada vez, pero quiero hacerlo a mi manera, quizá sea toda la sabiduría amorosa (si es que tal cosa existe) que una mujer pueda encontrar.
Pero, acaso, amar, gozar, desear, ¿es posible vivir algo de esto como si no existiera toda la literatura y el arte que nos construyen (a nosotras, a nuestro deseo, al prisma a través del cual comprendemos y sentimos la experiencia?).
La otra, la escena temida, el ser de a tres, no sé qué es para los señores genios del lenguaje y del inconsciente deseante.
Apenas sé (yo) que en ese espejo puedo perderme, puedo pasar a un mundo más fantasioso que el de Alicia, puedo amarte incluso solo a condición de que sigas siendo de ella, pero, ¡ay de mí, ay de nosotras! Me he cansado.
No quiero saber más de ella, mi fantasma, tu goce, mi tortura.
Ser o ser, E. Lubitsch, 1942.

*********
¿Me atrevo?

Quiero estar en la escena,quiero ser yo sin esa otra.

¿Será posible?

Nada sé.

Pero por favor, haceme reír esta primavera, con eso bastará.







* Ver más en http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/002/template.php?file=arts/variaciones/torres.html

lunes, 20 de noviembre de 2017

Que todo sea música y poesía

Camille Claudel, El gran vals, 1905
"Had we but world enough, and time..."

(Andrew Marvell, A su esquiva amada, alrededor de 1650: "si tuviéramos tiempo y mundo suficientes")

Cuando te pienso sos tan real que mi piel lo sabe antes que yo.
Sabe de qué estamos hechos, sabe del dolor que nos constituye, sabe de lo irremediablemente perdido que añoramos a veces, de los duelos que hemos hecho por lo que pudo haber sido.
Y del galope de los caballos salvajes.
Pero también sabe que estamos hechos, según dijo el poeta perro latinoamericano (y yo misma  tergiverso), de sangre, carne, semen, flujo, risas y lágrimas.
Cuando te pienso mis ojos saben antes que yo de qué estás hecho.
Se sosiega un poco el caos, hablamos, entonces pasamos de ese estar en medio de una pelea injusta y brutal de todos contra todos, para solaz de los amos, a un cierto orden de los cuerpos. No se trata de un orden controlado, es más bien una sustancia organizada por el deseo. Una pequeña tregua, un mínimo acto de arrojo.
Cuando nos abrazamos el mundo parece un poco más alegre, o menos triste, que es casi lo mismo pero distinto.
Cuando estás cerca hay más libertad. Hay más belleza en estos movimientos, la sangre fluye, nos desplazamos hacia alguna parte que puede ser externa a nuestro abrazo pero habita a la vez en nuestro sistema nervioso.
Ninguna ciencia sabe cómo explicar esto que estamos siendo nosotros y el mundo.
Nosotros somos también los nuestros y los que fuimos antes de encontrarnos. Y lo que imaginamos, incluso, todo eso que nada tiene que ver con este hic et nunc, que existe como posibilidad de un mañana que no podemos saber si llegará.
Somos todos los hombres y las mujeres de nuestros linajes, pero somos únicos.
Tu olor es como una propuesta que acaricia.
Suena The zombies.
No quiero saber más nada de los demonios por un tiempo.
Quiero irme al mar, al bosque, a la montaña, al río sin orillas.
Me hundo en el agua de un lago en la cordillera y el frío golpea mi pecho.
Eso fue en otro tiempo pero también es ahora, porque la palabra puede hacer esa magia.
(Inventarnos también a fuerza de decir: vos, yo, nosotros.
Necesitamos pronunciar nombres, enunciar una gramática que nos de forma y sustancia para escapar al vacío y a la nada que apenas sospechamos).
Paula Becker,
Niña en un bosque de abedules

Pero aun así, esto es la vida: zambullirse, emerger de un salto y llenar el pecho de ese aire que todavía conserva la memoria de sus remotos orígenes.
No quiero leer los diarios ni los portales ni mucho menos ver tele. Apenas las redes. Algo de radio.
Quiero que todo sea música.
Bailar hasta que me duelan las piernas.
Correr hasta que el cuerpo lo quiera.
Quiero leer poesía. Quiero escuchar las canciones que me envuelven cuando te pienso, te invento, te imagino, te encuentro, te detesto, te olvido.
Quiero una tregua que calme todo este asunto del vivir encarnados y ensartados por esta brutal manga de seres desalmados y enfermedades inventadas por la codicia.
Siento, como Paula Becker o la desesperada Camille Claudel y tantas antes que yo, que es preferible tomar riesgos a tener la vaca atada.
Es preferible escribir tonterías y deambular por ahí como las  artistas "locas" de principios de siglo que encadenarse a la muerte del desencanto y el desamor entre sábanas de seda y comodidades que enmascaran agonías.
No es romanticismo, lo juro, es supervivencia, es mi corazón que se niega a dormirse antes de tiempo.
Quienes están seguros y confortables quizá me miren con desdén o compasión. Nada saben del gozo (efímero, claro que lo sé), que muta a abismos profundos cuando el frío invierno llega; y aun así elijo cada vez.
Caer.
Prefiero caer, caer y perder, perder una vez más.
Sospecho que hay más calor en la caída que en  esas casas calefaccionadas rodeadas de alambres de púas y juguetitos TEC  para sentirse menos solos y menos angustiados.
Más calor en un abrazo de dos cuerpos que mienten lo menos posible, que se animan a quitarse las máscaras que usamos para no ir tan desarmados en medio de la jungla de predadores.
Respiro.
La libertad de llegar a ser quienes somos al menos un instante mientras el río sigue corriendo y el mundo escupe sus cadáveres.
Te miro. Sonreís. Sonrío.
Y eso a veces es suficiente para seguir: el movimiento de la vida en movimiento hacia todo eso que nunca sabemos.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Como esos astronautas

Ilustrador: lourenço mutarelli
Toda esa estética tan #RobberMiloLockett
todo robado, todo impostado, nada genuino.
Todo mentira y simulacro.
Todos esos ricachones de #cartónpintado, que ni para esnobismo les da el piné
y se ponen sus zapatillas hechas por manos de niños y niñas esclavas y se creen que eso les da estatus social y
son más esclavos que los esclavos, me dijo. Así, sin pausa, sin tomar aire para respirar.
Esclavos que gozan someterse al amo.
Entra un pibe, nos vende su mercadería: hilos de coser, pañuelos de papel, linternas que duran unos pocos días.
Todo hecho en China.
Él es una mercancía que vende mercadería.
Nosotros mercancías que compramos su mercancía para sentirnos menos peor.
Es la mercancía de cualquier gran urbe latinoamericana.
Fea, berreta, mugrienta.
Tiene un piercing en la nariz, no llega a los 10 o los 11, o tal vez sí, pero está desnutrido y eso confunde.
Sin embargo sonríe como si todavía le quedara un resto de inocencia oculta en las mitocondrias de las células de su epidermis.

Le pregunto algo para entablar conversación.
Nadie me mira, nadie me habla, me dijo una vez un vendedor callejero de medias.
Nadie nos registra.

Eso es lo peor.
Nadie te ve, nadie te ama, nadie se preocupa si no llegás a casa.
Si total sos una putita.
Un faloperito.
Si sos minita.
Si sos un negrito.
Es como cuando tu mamá no te da bola, pero mil millones de veces peor.
Es como si tu amante te ignorara, pero un trillón de millones de veces más doloroso.
Es como estar condenado a deambular eternamente en un desierto sin oasis, sin día, sin noche, sin tregua.
Como esos astronautas que arrastra la gravedad hasta el infinito.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Caprichito cariñito

I
Nada.
Eso queda.
Un vacío, un estertor.
Un pequeño nudo en la garganta pero, también
un anticipo de otra primavera.

Hubo quizá miles de cientos de partículas y moléculas que hicieron entre nosotros miradas.
Miel en bocanadas.
Agua en el desierto.
Todo lo que quisimos que hubiera, todo lo inventamos, todo lo que deseamos y lo que no deseamos, ¡ay! también...
Se pueden vivir mil vidas en dos días y mil muertes en un instante.

Mirame.
Quereme.
Cantame.
Cojeme.
Nombrame.
Y después, sigamos adelante.

II
Infancia entre las plantas, trepamos a los árboles como si no hubiera un final, la tierra en nuestras manos, caracoles, perros, inmensos cielos y frisos de castillos medievales poblaron nuestras imaginaciones de futuros dispersos.
Es como ser muchos contados por esta voz, es como ser otros y ser nosotros, los que fuimos, los que no pudimos o no quisimos ser, los que olvidamos.
Hermanados en nuestra desdicha y en nuestra esperanza, sucumbiendo a aquel cariño que crea filtros y engaños.
Puentes y abismos.
Creemos que los demás siempre viven en paraísos, que son amados y que el infierno es nuestro país cuando algo nos duele. Así lo siente la infancia, así se marca en esos pequeños corazones que tiemblan.
Tu casa se desmorona, tu padre te abandona, la muerte te visita, secuestran a los jóvenes.
Habitamos el planeta de lo oscuro y ominoso, tortura y cacería,
bombas y milicos genocidas, exilios, viajes, silencios, secretos, desapariciones.
Pero nuestras manos dibujan animales de colores, y nuestras miradas brillan puras  y expectantes.
Corremos en los jardines robados.
Teníamos el arenero y la infancia clandestina, la amada niña sin madre, el pibe Huckleberry Finn, la que tenía televisión en color, el que se murió demasiado pronto, la bella rubiecita, "las más grandes".
Ese calor nos habita todavía.
El caballo de los GS.
La tortuga mordedora.
Los gusanos de seda.
Seda: tu mano acariciando mi estío.
#Nuestrapiel.

III
(Ya la olvido, a vos, y a tu mano, a la caricia, pero no al deseo. Lo escribió el gran poeta florentino: "que en mujer muy poco el fuego dura como el tacto y la vista no lo enciendan", o algo sí, lo cito de memoria, no lo googleo)
Me vuelvo estatua de mármol, tus labios no me besan pero tampoco los anhelo.
Nada sobrevive cuando nadie lo cuida.

IV
Sabíamos las capitales del mundo, paralelos y meridianos y cuentos que eran como viajes intergalácticos.
Y a Poe, y al romancero español.
Y El país de las sombras largas.
Quise reír junto a vos, pero tu risa se escapa al inframundo.
No sé de qué sustancia además estamos hechos.
¿Vos te pusiste oscuro ni bien se te apagó la infancia o fue después?
Mucho tiempo pasó.
No me di por enterada, no sucumbí a tu encantamiento.
Teníamos sueños revolucionarios y mochilas livianas para irnos de viaje, y no para aplastar a otros con palabras venenosas y silencios cobardes.
Entonces, aunque ahora inventemos otra historia, me dejabas fría como la piedra, e indiferente.
Si claro, hay un poco de cariño, corazón, por los tiempos pasados.
Por esa, tu arrogancia adolescente que podía tener cierto atractivo para algunas chicas que no eran yo.
A mí, la nada misma.
Tal vez ahí intuía un dolor que me causaba empatía, una desesperación, un borde hacia alguna clase de abismo.
Todos éramos un poco parias, todos un tanto desesperados, sólo que todavía no lo sabíamos.
Después por suerte tuvimos bastante rock, y militancia para entender y desentender y olvidar lo que sabíamos.
Vos podrías creés que estás acá, en mis palabras que no leerás,
pero yo escribo para inventarte.
Tu ego te mutila.

V
Si no hay amor,
que haya al menos palabras.
Haremos un poquito de literatura tal vez, en otra vida.
Las canciones son armas de doble filo: a veces enamoran, a veces desencantan.
Los hombres casi nunca entienden el deseo femenino.
El arrebato.
La complacencia.
De pronto el éxtasis nos hace sucumbir: un tono, una palabra en el oído en el momento del amor, un olor que nos causa un escalofrío en la médula.
La nuca, territorio sensible.
Nada de lo que ustedes creen.
Todo distinto.
Y de pronto, ese gesto que todo lo destroza, cae el ángel, se vuelve un pequeño demonio de la legión de los turbios,
mientras tanto yo
escribo para poder quererte un poco.
Te dibujo con palabras que te hacen mejor y peor de lo que sos.
Más importante, (casi verdadero) de lo que nunca serás.
Caprichito.
Cariñito.
Te sentirás tan poderoso, así retratado
pero nadie es acá, somos palabras imaginadas.
Te invento así para poder quererte y después odiarte.
Y rápidamente olvidarte.
El maltrato no seduce a las personas, solo las envilece.
Pero está tan de moda
que dan ganas de zambullirse en el mar hasta que un tornado se lleve toda esta mala leche.



miércoles, 8 de noviembre de 2017

Una tuna en primavera






"Me he de comer esa tuna 
Me he de comer esa tuna 
Me he de comer esa tuna 
aunque me espine la mano".



Me comí una tuna,
o al menos eso intenté.
Me enseñaste el fruto,
moví la cola, perra al fin.
Mi deseo quedó a la vista.
A tu juego te llamé.
Rápido, demasiado rápido
me espiné la mano.
Un dolor superficial que convoca a otros dolores más profundos.
Una gotita de sangre roja como tus labios en mis sueños.

Ahora, a despinarse.
Saco una espina: tu risa se acalla.
La pulpa del fruto aún me tienta.
Saco otra espina: tu nombre estalla como una supernova enana, los fragmentos dan vueltas por el universo y se alejan hacia la galaxia de la nada.
Tal vez alguna espina se haya hundido debajo de la piel, (malditas canciones), pero estamos a tiempo de resolverlo.
Una espina hoy, otra mañana,
no hay daños mayores.
A pesar de eso, la primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido.

domingo, 29 de octubre de 2017

Deseo y seducción

 "El deseo es inconcebible sin una herida. 
Si hubiera alguien sin heridas en este mundo, viviría sin deseo". 
(John Berger, Esa belleza)

Podría escribir un mini road movie, que no sería exactamente un road movie, pero tendría algo de esa velocidad, de ese tiempo fuera del tiempo que constituye la materia de los viajes por carreteras y del deseo cuando este encuentra cauce. Como el dique que desborda, como el paroxismo de lo que nace como un pequeño gesto.
En los road movie y las historias de los poetas beatnik en dos días puede suceder una vida. Todo puede ser vertiginoso e intenso: dos ladrones que huyen de la ley, adolescentes en fuga hacia la muerte o hacia el futuro; un hombre que está a punto de pasar de largo y algo accidental lo detiene para que conozca a esa mujer con la que emprenderá una pequeña aventura.
Las pequeñas aventuras pueden convertirse en epopeyas, o simplemente en encuentros casuales en la carretera, nadie lo sabe, salvo los guionistas.
Y los guionistas son seres tan mitológicos como los que habitan cualquier otro panteón.
La gente puede dejarse tentar por la vanidad, o la ansiedad, la inseguridad, o por toda esa increíble gama de sentimientos que caben en los corazones humanos: incluso esos que todavía no tienen nombre porque nadie aún los ha sentido. Al tentarse, confunde ficción con realidad, se encuentra donde no está, se pierde en su propio hogar.
Se queda pegado en su propia trampa, telaraña auto tejida para protegernos de aquello que quema como el fuego pero también calma como un oasis inesperado en un desierto marciano.
Nos gana el miedo.
A veces somos incapaces de apreciar esas palabras que, mezcladas entre otras muchas, son como flechas que Artemisa (concedo que a vece es el pequeño diablito que acompaña a Venus, quién sabe) ha disparado exclusivamente para captar nuestra atención.
Fui al cine. A ver la de Sofia Coppola, El seductor. Debería de servirles de advertencia a esos magos de la conquista que no perdonan a ninguna presa.
El tratamiento que hace del deseo es extraordinario.
Pero es un deseo condenado por un exceso de racionalidad, de pragmatismo o especulación que mata cualquier amor antes de que empiece incluso a germinar.


Y aún así:
la mano que lava al herido.
(Tu mano que calma mi herida).
La luz mortecina de los rojos atardeceres sureños.
El canto de los pájaros cuando el mundo no conocía muchos más sonidos que los de la naturaleza.
Y esas mujeres que desesperan por un poco de placer, un simulacro de amor, o un amor que realmente las haga sucumbir.
Pero.
Llueve, siempre llueve en Ringuelet.
Las tormentas me asustan.
Algunos silencios pintan sombras que solo quisiera disipar.
Con canciones alegres, con melodías sencillas que hablen de la gente que viaja por carreteras primaverales, con el viento despeinándole las penas del pasado, con un roce de una mano y una pierna capaz de limpiar algunas heridas de esta guerra que es la vida.

jueves, 26 de octubre de 2017

El amor a veces es como dos islas

Encontré la cartera azul
y también un chat donde una vez más nos regalamos promesas como convites
porque ahí, a nuestro modo, nos comprendemos,
erotizando el teclado.
La imaginación coopera con recuerdos de vidas pasadas donde éramos bellos, y jóvenes alados que todo lo podíamos, incluso amarnos tanto como para subir a un bondi y dar cien mil vueltas para llegar a Plaza Italia en Palermo o en La Plata.
Siempre hay una Plaza Italia para los jóvenes enamorados.
Vos, asegurando que algún día me vas a escribir la melodía y la canción, el hitazo tantas veces reclamado entre sábanas y risas.
Yo, que te obsequiaría con eso que tanto conmigo te gusta.
Mientras tanto la vida sigue.
Encontré el pañuelo nuevo y las sandalias que me hizo L y me puse todo, con la esperanza de mejorarle al día su abrumadora catarata de palizas.
Fui la mujer herida y la indiferente, la que te deja sin haberte jamás tenido, la que se sonríe escuchando la música que nunca le pertenece, pero es de ella.
Encontré algunas de las fotos que resistieron al diluvio. Había bosques, fogatas, lagos, piedras y old boy friends.
Yo te dibujo con palabras y podrías creer que sos vos o que es otro, y en realidad, nada de eso tiene importancia.
Me preguntás si ya me quiere alguien nuevo.
Y cómo saberlo, nunca sé esas cosas, una vez me dijiste que me hubieras elegido como madre de los hijos que nunca tuvimos.
Y no tenías idea de cuánto lo había deseado, pero como un millón de milenios antes de que lo dijeras.
Aprendí hace poco que hay ambientes insulares donde la evolución sigue su propio ritmo.
El amor a veces es como dos islas: tan lejanas como para que no haya especies comunes, pero tan cercanas como para que esa ajenidad duela.
Yo te evoco en esas, tus mil caras, como si recordara las vidas pasadas por otras que no son yo, como si fueras ese que no sos vos.
Y nunca serás, ni seremos, tal vez fuimos.
Tal vez se trató solamente de una música que sonaba una mañana de sol.
Hay uno que sueña con ovejas eléctricas, y eso lo humaniza hasta que una lágrima rueda por su mejilla robótica. Hay quien sueña con anguilas congeladas.
Yo sueño despierta algunas veces en primavera.
Cae una noche enlloviznada de estrellas oriónicas.
Me escaparía con vos al campo
Me escaparía sola al fin del mundo.
Con un libro, junto al mar, sería yegua, caballo, tormenta de verano.
Encontré la cartera azul.
El mundo está estallando.
Un ejército de flores ponzoñosas ha invadido los corazones de los capitanes y la soldadesca, los conventos y las escuelas, la noche, el día, las casas de los gauchos insufribles y de los poetas rabiosos.
Las palabras se han cargado de veneno, la tele, la caricia que ayer te hizo gozar es pura hiel hoy.
Hemos destruido todo,
asesinaron a un pibe y lo escondieron 77 días.
Nos queda un poco de amor en el último cajón del placar.
Nos queda un refugio para el amor, allá, horneado en la infancia.
Los amigos nos cobijan y nos dan de beber en este desierto infinito de iniquidades.
Te haría el amor bajo las estrellas hasta quedarnos dormidos.
Y están los hijos,
que son como tsunamis de amor y de dolor por lo que viene.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Mirar allí donde la vida no es habitualmente mirada mientras preguntamos dónde está Santiago Maldonado

Ayer me detuve en un fragmento de un reportaje a Milagro en el que decía (no es textual) que cuidarla a ella era cuidar a la patria (que es el otro), y para eso había que estudiar y militar. 
Yo agregaría hacer obra. La que sea que nos convoque. De modo que estamos frente a una gran tarea y una gran responsabilidad, en especial quienes ya somos gente con alguna edad (como diría Soraya Polonara, o adaptando su decir).
En esta etapa me parece que no podemos darnos el lujo de quedarnos en casa y no ponerle el cuerpo a ciertos reclamos y tampoco podemos no intentar pensar, poner en cuestión nuestros saberes y discursos. Nuestras escasas certezas incluso. Leer y leer (ensayo, poesía, literatura, periódicos, escritura académica, series, canciones, guiones, pelis, posteos en redes, sin "o", más bien con "y"). 
Conversar, discutir.
Usar redes y las calles (no es "o").
Escuchar. 
Hablar con otras personas que no sean de nuestro palo y de nuestra tribu.
Mirar allí donde la vida no es habitualmente mirada (por ejemplo, como hace Cristian Secul Giusti, y desde ya Fernando Fernando Peirone. También sugiero Elvira RomeraAlejandro Donnantuoni) además de lxs autores que nos gusten y nos ayuden a reflexionar habitualmente.
Tratar de recordar en horas de desesperación que hay historia y prospectiva. 
Hubo Alejandros amando a sus conquistados persas.
Hubo siglos de Sefarad o Al andaluz, de hegemonía inca y azteca.
Hubo expulsiones, pogromos, conversiones forzadas y brujas quemadas.
Y zares déspotas y crueles y revoluciones ardientes y rojas.
Y japoneses torturando chinos.
Que hubo genocidio de pueblos originarios, Auschwitz, y Campo de Mayo también porque de algún modo se olvidó en la memoria colectiva.
Pero hubo Primo Levi y hubo juicios de la Memoria, la Verdad y la Justicia. 
Que si la policía amenza a un maestro y la Gendarmería secuestra a Santiago Maldonado, tenemos que poder sostener que donde vayan los iremos a buscar.

jueves, 28 de septiembre de 2017

The Handmaid's Tale, ¿el futuro es una pesadilla?

Obispos y Papas en el siglo XXI  
Leo por ahí que un grupo de conservadores, especialistas en teología, denuncian que el Papa Bergoglio ha cometido varias (siete, para ser más precisos, número cabalístico seguramente con una carga especial) herejías en su última encíclica,  Amoris Laetiti (La alegría del amor).
Habla allí  precisamente de aquellas cuestiones vinculadas al matrimonio, al divorcio, a los castigos, perdones y leyes que regulan lo que la Iglesia (católica romana) acepta, espera, aprueba de sus feligreses. Es decir, la moral que rige la vida común y también la vida privada, la moralidad de las costumbres seculares como causal superior a cuestiones espirituales y éticas más propias de la vida religiosa y los verdaderos preceptos cristianos, como el amor al prójimo, la compasión, la vida ligados a otros y religados. Pareciera un baño de espiritualidad, ya que lo del Papa refiere a principios humanizantes y humanizadores que no tienen que ver con por dónde la pasa el goce sexual a las personas sino con cómo entiende los vínculos humanos, cómo entiende la humanidad y el lazo de amor que puede establecerse para afrontar los males del mundo, los males del mal. De esta materia todavía están hechas las discusiones del siglo XXI, parientas lejanas de aquellas de siglos pasados, aunque ahora convivan con problemas globales y complejos relativamente nuevos que auguran apocalípticos escenarios. O tal vez por eso mismo. En tiempos de hegemonía de un monoteísmo totalitario como es el capitalismo en su fase actual, retornan preguntas y debates acerca de qué es aquello que nos hace humanos, de qué está hecho nuestro espíritu, nuestra identidad, nuestra unicidad, y en todo caso, el sentido de nuestra vida.
Tengo para mí que hay más herejía (o al menos, perversión) en la regulación pormenorizada de los actos sexuales propios y ajenos que en la tolerancia a la violencia, a los genocidios, a la explotación de los hombres por parte de otros hombres, a la trata de personas, a la pedofilia, a la destrucción del planeta y de las millones de vidas consideradas "prescindibles". Es decir, a casi todos los aspectos estructurales del capitalismo.
También leo por ahí que el obispo ultra conservador de La Plata una vez más lanza diatribas contra los homosexuales. Los desprecia, los estigmatiza, se obsesiona con ellos de un modo que da lugar a sacar más conclusiones respecto de los oscuros deseos de este hombre que de los preceptos de la institución eclesiástica en el siglo XXI, cuando además la religiosidad de millones de católicos ha sido capturada por iglesias de lo más diversas, la mayoría posiblemente más vinculadas a los negocios y las matrices ideológicas estadounidenses que a las tradiciones cristianas más ligadas al mundo latinoamericano, sobre todo en sus versiones emancipadoras: esas tradiciones cristianas tercermundistas ligadas a la Teología de la liberación y los movimientos de sacerdotes que optan por defender a los pobres y se preocupan bastante menos de si los fieles cojen entre personas del mismo sexo o distinto sexo, siempre que no sean niños/as y que consientan.

 Mujeres, sexualidades y libertades
Las redes sociales y las plazas explotan semana semana con noticias de femicidios, de pibas secuestradas, de mujeres abusadas, de cuerpos femeninos devenidos objeto, ya sea para explotarlas sexualmente, ya sea para explotarlos laboralmente, ya sea para explotarlas como úteros andantes, ya sea para los múltiples y diversos fines en los que el poder patriarcal somete a las mujeres, a la par que las condena (a veces incluso a muerte directa o indirectamente) cuando estas deciden libremente sobre sus cuerpos, su sexualidad, su reproducción, su progenie.
Te mato/condeno/acuso si cojés, sino cojés, te mato/condeno/acuso si te embarazás, te mato sino lo hacés, te mato si abortás. 
También el espacio público y discursivo empieza a alojar y visibilizar formas de organización y resistencias de las mujeres, múltiples feminismos que hacen acto, que hacen palabra, que hacen música, que hacen política.
Pero todos (o casi) son de algún modo hijos de un dolor, de una herida, de una tragedia.
De una chica desangrándose en una camilla de un hospital por un aborto ilegal.
De una mujer madura mutilada en un quirófano porque para la ciencia y para los médicos es más fácil extirpar un útero que escuchar, o que investigar las causas de las muchas enfermedades que las mujeres padecemos no a causa de una maldición bíblica sino a causa de una serie de políticas empresarias y médicas.
Mujeres violadas, mujeres que ya ni cojer por placer pueden de tan exigida que tienen la vida, tan a la vista todo, tan señaladas por ser demasiado jóvenes, o demasiado viejas, o demasiado gordas, o demasiado flacas, o demasiado intelectuales, o demasiado bellas, o demasiado verborrágicas, o demasiado histéricas. osea, demasiado mujeres.
A la vez, no sé si por cuestiones ligadas a la estadística, a la alimentación, a las condiciones de vida urbana en el mundo actual, cada vez más parejas tienen problemas con la fertilidad. Las personas ricas compran soluciones a este tema, como se vende y se compra cualquier otra mercancía en el mundo capitalista. Los estados más democráticos, debaten estas cuestiones con tiempo, construyen sistemas de regulación ligados a los derechos humanos, controlan mejor la voracidad de las empresas, aunque desde ya no por eso se libran del negocio de la salud, del negocio del deseo de satisfacer las necesidades personales aunque eso implique el avasallamiento del otro, su explotación, su uso, su destrucción.

Falsas promesas de felicidades imposibles

Converso y leo por acá y allá, vemos surgir empresas que disfrazan su afán de lucro con discursos seudo espiritualistas que venden el trajo espiritual como quien vende una pastillita para dormir. Todo ese new ageismo nefasto, vinculado a los negocios transformacionales que atraviesan todos los dispositivos de poder, sobre todo, el de la política-espectáculo. Ya no sabemos si nos gobiernan pastores de cartón pintado mezclados con show man televisivos o políticos. Manipulan emociones con el principio de venta del discurso publicitario y nada tiene que ver eso con cualquier trabajo o recorrido espiritual verdadero, que implica un esfuerzo, un trabajo de toda la vida, algo de lo que los griegos implicaban en el oracular "Conócete  ti mismo". ¿Quién prometió que sería un trabajo sencillo, y sin costos no comprables y vendibles con dinero?

Leo a Siri Hustdvedt, que se define como feminista, como novelista, y muy interesada en la ciencia, preguntándose por qué se le asignó un papel preponderante a la ciencia (¿tal vez por la facilidad para percibir los resultados directos de su aplicación, sean estos buenos o malos?) y no así al arte, a la literatura. ¿Acaso, se pregunta Siri, no produce efectos, no produce grandes transformaciones en las personas la lectura de una novela, la vista de un cuadro, el escuchar determinada obra musical?
Hace unos cuantos años leí una novela que se salía del registro habitual de su autora, famosa por sus policiales: me refiero a Children of the men, de P.D. James, distopía situada en un futuro donde la humanidad se ha vuelto masivamente infertil, y de la que luego se hizo una película muy buena también, dirigida y co guionada por Alfonso Cuarón.

Dicho todo lo anterior y en esa misma línea, provocando quizá por eso una inevitable  fascinación empecé a ver  The Handmaid's Tale (El cuento de la criada), serie  estadounidense creada por Bruce Miller y que se basa en la novela homónima (de 1985) de Margaret Atwood, que se transmite por una plataforma que aún no se ve en América Latina,  Hulu, y cuenta con una temporada de 10 episodios estrenados en 2017, y con una segunda temporada que se estrenará el año próximo.

Al igual que en Children...en un futuro no lejano cae drásticamente la natalidad y estallan una serie de conflictos como los que en la actualidad estamos atravesando: contaminación ambiental, cambio climático, enfermedades epidémicas de transmisión sexual, guerras ... Para afrontar estos problemas una parte de Estados Unidos, bajo la conducción de una secta que enarbola los principios conservadores y una concepción de la mujer y la familia similar a la del obispo platense, se rebela, voltea al gobierno e impone una dictadura militarizada. Vivir en este mundo de Gilead,  gobernado por una elite de poderosos millonarios con doble moral y doble discurso (¿cuándo no?) que se sostiene mediante la delación, el espionaje, el disciplinamiento de los cuerpos femeninos mediante la tortura,  una violenta fuerza militar que elimina cualquier acto de rebeldía y una doctrina religiosa ultra conservadora,  (la clásica unión entre los hombres ricos, el poder militar y la religión oficial al servicio de éstos) es una experiencia opresiva y muy difícil para quienes aún aman y recuerdan sus vidas pasadas. Vidas en las que el consumismo, la desigualdad social y los problemas mencionados (cambio climático, contaminación, infertilidad) creaban muchas dificultades, pero se ejercían derechos y había posibilidades de ser y elegir quien ser. De enamorarse, de cultivar la amistad y la solidaridad, de estudiar, de hacer política.

¿El futuro es una pesadilla?
El nuevo fanatismo  nada tiene que ver con la tradición compasiva de la religiones, sino que es deudora de un moralismo puritano que regula con perversos (muy perversos) rituales la vida sexual  y reproductiva de las parejas, y de las pocas mujeres fértiles, tomadas como "criadas" (handmaid), esclavas que mantienen relaciones sexuales con sus amos varones para garantizarles a sus amas mujeres un hijo/a.
Todo ese mundo está además regido por prácticas cotidianas de vestuario, alimentación, domésticas, que semejan el pasado, a la vez que toda clase de simbolismos autoritarios en la moda, la pérdida de la individualidad que incluye hasta la pérdida del nombre propio o la posibilidad de elegir un color para vestirse o un tema de conversación, de estas mujeres secuestradas y prisioneras del nuevo orden social.
El tema de la religión, el problema de la libertad, siempre en tensión con la seguridad, el amor como motor e impulso de vida en contraposición al control totalitario de los ricos (el amor como un vínculo humano subversivo y revolucionario) son estetizados con una elocuencia narrativa visual sofisticada y muy original, con guiñes hacia el comic y el animé. No es fácil, en la era de las series, producir una obra tan original en su fotografía, la música, el clima que logra sostener y el manejo del tiempo, que podría resultar muy lento para quienes no se deleiten en los detalles.
Entre monocromías del paisaje de una ciudad nevada, como Boston, entre mansiones victorianas, o bosques de arboledas grises y cielos nublados, los rojos del vestuario de las criadas, los verdes de las señoras, los marrones de las "Marthas" (las criadas de limpieza) difieren de los colores que propone la novela, pero causan la misma efectividad narrativa, y más aún. La sociedad en la que la protagonista y narradora June Osborne (Elisabeth Moss) renombrada como Offred, está organizada por líderes hambrientos de poder, un jerárquico fanatismo y nuevas clases sociales. En ella las mujeres son subyugadas, por ley no tienen derecho a trabajar, a leer, a controlar dinero o propiedades. De acuerdo a una "interpretación extremista" de un versículo de la Biblia, cada handmaid es entrenada y sometida  para luego ser "asignada" a los hogares de los altos gobernantes, donde serán mensualmente víctimas de una violación ritualizada por sus amos.
June Osborne (Elisabeth Moss, de Mad men y Top of the lake) es la sirvienta asignada a la familia del Comandante Gileadan Fred Waterford (Joseph Fiennes) y  a su esposa Serena Joy (Yvonne Strahovski), referentes importantes tanto del surgimiento como de la organizaicón política de Gilead, pero a su vez tienen tensiones con las condiciones de ese mundo que han ayudado a crear. Por supuesto, surgirá una resistencia, una rebeldía clandestina, la sororidad clama por batallar ante tanta muerte.
"Solo queríamos hacer un mundo mejor", le dice el Comandante Waterford a su criada. "pero mejor no significa mejor para todos. Para algunos siempre es peor".
Veremos en las próxima temporada donde queda la política y la resistencia.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Las Gárgolas, de Diana Rogovsky y Luis Menacho


Ayer fui a ver Las Gárgolas, obra de música y danza de Diana Rogovsky y Luis Menacho. Se trata, según lo que leo en su página de Facebook, de  "Una obra de música y danza entrelazadas desde su propia génesis; surgió de preguntas y diálogos artísticos desde las propias disciplinas hacia la pintura y la poesía, al misterio del cuerpo y sus superficies y sonidos enmarcados en la presencia constante que sobrevuela la catedral gótica de la ciudad de La Plata, ciudad donde vivimos.
La dualidad propia del gótico se reactualiza en la oposición y el contraste de elementos que transitan umbrales, del silencio a la sonoridad abrumadora, como asimismo en los materiales tímbricos escogidos: la linealidad vocal femenina y la percusión, lo acústico y la electrónica.
Las Gárgolas propone con estos elementos aludir y sugerir vínculos con diversas lecturas del cuerpo, el saber, las pesadillas y sus fantasmas y el amor en la historia del arte. Así sonido y cuerpo, piel, carne, sombras, luz y un universo sonoro de reminiscencias medievales invita a revisitar un pasado de actuales resonancias".
Foto de la página de Las Gárgolas
Los y las espectadores familiarizados con la historia del arte, la mitología y la arquitectura platense, o con estudios culturales, estéticos y biopolíticos la disfrutarán incluso no siendo habitués de la danza. La obra admite múltiples lecturas y entradas. No sólo por el notable trabajo de todos los intérpretes en escena (bailarines, cantantes, músico) o la iluminación, el vestuario, la puesta y desde ya, la composición y la dirección de música y danza. No sólo porque integra también al público en algunos momentos de clímax, sino también por el repertorio de referencias que implican a los diversos sentidos y a las diversas significaciones que estos convocan. Oímos, vemos, sentimos. Por momentos, la acción transcurre íntegramente en el escenario, por momentos, nos envuelve, se diluye, nos desespera.
Y al mismo tiempo que moviliza la dimensión sensible, se trata de una obra que indudablemente surge de un trabajo intelectual, de un esfuerzo creativo singular.
Con referencias múltiples en los diversos lenguajes entramados (danza, música, escenografía, canto, vestuario) a mitos clásicos de varias tradiciones, se puede ver allí también en clave metafórica una inquietante interpelación a la deshumanizacion de los vínculos en el mundo contemporáneo. La disolución de la subjetividad que imponen ciertos dispositivos algo caníbales de la desde sociales, que nos proponen una exposición extenuante que puede empujarnos a la intemperie y a la soledad; la violencia de los sátiros de la mitología griega reconvertida desde el gótico en la violencia machista que acaba con tantas vidas de mujeres.
Foto de la página de Las Gárgolas
Las gárgolas góticas, oscuras, congeladas, inertes, mutando, verbigracia del demiurgo musical, en payasos, en guasones, en caníbales, en perseguidores de una etérea ninfa nórdica celta y en adoradores algo brutales del florecer de una diosa pagana dionisíaca, con intervalos donde se vuelven amantes condenados al eterno encuentro/desencuentro con que el amor humano nos afecta. Las mujeres y lo femenino tienen un enorme protagonismo en esta obra que una y otra vez pone el cuerpo en escena sin eludir a Eros en su potencia, pero tampoco esquivando lo tanático.


Ficha técnica:
Máquina Secreta presenta a Diana Rogovsky en dirección de danza y Luis Menacho en composición musical, con Anyelén Demichelis, Ludmila Lobato, Alejandro Lonac, Gabriel Lugo, Mónica Menacho como bailarines; Alejandra Cabral, Alejandra de Olano en canto y Daniel Viera en percusión, en Las Gárgolas, una obra de música y danza.
Con material de danza de los bailarines y Leonor Martorell, Victoria Parada y Florencia Riafrecha.
Diseño y realización de vestuario: Sofía Camparo.
Diseño gráfico: Adán Cohen.
Video y fotos: David Menacho
Diseño de Iluminación: Paula García.

Fechas
Domingo 10/9 20hs.
Viernes 29/9 21.30hs.
Domingo 1/10 20hs.
En el Galpón de La Grieta, calle 18 y 71 La Plata.
Con el acompañamiento del Programa PAR Secretaría Arte y Cultura UNLP.