Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 26 de agosto de 2013

Despedidas: no te dejaré partir

 "Quiero quedarme, aún, cuando me vaya,
en la memoria de quienes me han querido,
en los versos triviales que repita
con su cantar algún desconocido;
o regresar en el perfil de un hijo
como ese amanecer que ha renacido..."
("Tiempo de partir"
Letra: Albérico Mansilla
Música: Eduardo Falú)


No quiero despedirme de ella.
No quiero más finales, más adioses.
Tarde o temprano a todos nos llega el "tiempo de partir", lo sé.
A veces uno se despide mal, cree que habrá otras oportunidades y esa engañosa porfía nos aleja para siempre.
Saber que lo perdido es irremediable. Que el tiempo a veces se petrifica y adquiere formas definitivas: para siempre.
Hay cosas que creemos olvidadas, pero la memoria es una tramposa, registra todo, retorna todo, nos cachetea cuando menos lo esperamos. Ponzoña, saudade, nostalgia, son sus nombres también.
Y rencor, por supuesto.
Pero también de una esperanzada, terca a veces, fuga hacia el futuro inexistente pero deseado.
Ayer vi una película francesa sobre dos hermanas que se aman y se odian, como todas las hermanas. La mayor, Clara, abogada, con un matrimonio "exitoso",  debe hacerse cargo de Lily, medio loca o inadaptada, incapaz de vivir en sociedad y cumplir normas, que vive en el campo y se ha quedado sola después de la muerte de su madre. Una bomba que esta por estallar, tal es la intensidad del amor entre ellas, a la vez que la ajenidad de sus mundos. "Tuve que ser la hija perfecta ", le dice Clara a Lily, ante su reproche, "porque vos eras un desastre, para compensar a mamá y papá." "Yo voy a salvarte", le promete Lily. (La película se llama Pieds nus sur les limaces)
Pensé en varias hermanas, y en esas amigas con las que me he hermanado.

Pienso estas cosas, en su dolor inenarrable y en que no puedo, no podré despedirme de ella.
Así que nada, no voy a dejarla ir .

jueves, 22 de agosto de 2013

"...y mi eterna risa que a todos engaña" (Trelew)


"Si se supiera algo de lo que se va a escribir, antes de hacerlo, 
antes de escribir, nunca se escribiría. No valdría la pena." 
(Marguerite Duras, Escribir, 1993)

Hace 41 años de Trelew.
(Emblemática y premonitoria tragedia de cómo se iba a ocupar de la juventud combativa y rebelde el Poder en la Argentina).
Leo unos fragmentos de Paloma Sánchez, escritora platense, en su Fragmentaria, precisamente.
Termino la novela Predicciones para los años que han pasado, de Marcelo Rodríguez Gaitán, escritor platense. Ambos coinciden en algo: no están en el "cenáculo", no pertenecen al mundillo de los consagrados, sea lo que fuere que quiere decir eso.
Se ganan la vida laburando en otras cosas, son docentes, tienen familias, parejas, hijos, amigos. Escriben, sobre todo, y leen.
Sospecho que les pasa lo que a mí, escriben porque no pueden evitarlo ni aunque quieran, porque no sabrían cómo vivir sin la escritura. Más allá de fantasías a futuro, de promesas en el viento, de las leyes del mercado e incluso, de la técnica, de la posibilidad de algún día, quizás, tal vez...Con tal de saber si alguien te lee, si a alguien le inventaste por unos segundos un mundo imaginario que decidió habitar...
Hablamos de libros con R, mi amiga pampeana, platense por elección, nos reímos, nos intercambiamos, nos leemos, nos seguimos, sus fotos iluminan la pantalla, en su imagen me reconozco no pocas veces.
Por ahí un amigo cuenta que sueña con LAS. Un sueño que aporta belleza, consuelo, celebración.
Estuvo P, con sus hermosa familia francesa, y pudimos visitar a su #vecinaamigadeEvita de Venturini que tiene un mausoleo en la casa de 62.
Me mando whatsapp con D, locos, desmesurados, mezclamos la novela del 13 con Lacan, con Don Draper, con chismes irreproducibles, nos hacemos el aguante al insomnio.
El hijo de E. trepa a las alturas de la genialidad musical.
M, con su nombre musulmán, y su serie de retratos fotográficos de las hijas; y la de los bañeros, que habilitan en mí el eco de la la playa como el lugar en donde todo puede ser.
Mientras tanto, las paredes se siguen descascarando, el dinero no alcanza, arremeten contra la Presidenta un grupete de actores que escenifican periodistas, farsantes, que simulan; las enfermedades adquieren dimensiones descontroladas, el dolor es un compañero de vida, los niños crecen, escuchamos cantantes que no conocíamos.
Leemos libros que nos sorprenden.
Empezamos un nuevo cuento, una nueva novela, vamos a mear con una libretita (y anteojos, Dios mío, es tremendo) porque estamos con un argumento en la cabeza. 
Escuhamos "Tiempo de partir" y "Tonada de un viejo amor" a cada rato.
Se nos acumula el trabajo. Corremos de un laburo a otro.
Les dije a mis amigas de LV, recién, siempre vuelvo a fojas cero.
Siempre dando examen. 
Como judíos errantes, fundando nuevos hogares después de cada pogromo.
Terezin 1942: Children's Deportation,  Leo Haas.
Siempre empezando.
Sobreviviendo a nuevos duelos, muertes, tragedias, pérdidas.
Los sueños van quedando en los rincones de lo imposible.
Los viajes que no haremos, las casas que no habitaremos, los amigos a los que ya no volveremos a ver, la familia que ya no existe, los padres/madres que murieron (ayer hablé con M, gestualiza cada día más parecido a su mamá, lo señaló L la otra noche y tenía razón); los vecinos que se ahogaron, las vidas que no viviremos, los libros que no escribiremos.
La revolución que nunca llega.
¿Es como un destino trágico de judeidad (que puede pasarle a un pibe palestino o a un villero de la 31 o a un rubio que habita en las favelas, eso no importa, es apenas una metonimia), que tarde o temprano nos alcanza, como a Sabina Spilrein, a Tsvetáieva, a D, a W.Benjamin?
La justicia que siempre es como un orgasmo que no se producirá, con el amante que nunca tendremos.
Pero.
Miro de nuevo la foto de los fusilados de Trelew.
La increíble tragedia de los tres sobrevivientes que no pudieron sobrevivir al siguiente cachetazo del terror de las bestias desaforadas. Como Sabina, que zafa en el 43, creo, de la primera matanza de los Eitzangruppen pero no de la siguiente.
Sonreímos, acá estamos, amamos, gozamos, sufrimos, nos ponemos nerviositas, pero de pie.
Y les pregunto a mis amigas, queridas, ¿es de eso mismo de lo que se trata, es el arte nuestro Plan de evasión?  Porque:

"A Alia
Algún día, criatura encantadora,
para ti seré sólo un recuerdo,

perdido allá, en tus ojos azules,
en la lejanía de tu memoria.

Olvidarás mi perfil aguileño,
y mi frente entre nubes de humo,

y mi eterna risa que a todos engaña,
y una centena de anillos de plata

en mi mano; el altillo-camarote,
mis papeles en divino desorden,

Por la desgracia alzados, en el año terrible;
tú eras pequeña y yo era joven."
(Marina Tsvetàieva, poema a su hija, 1925)


viernes, 9 de agosto de 2013

Antes del domingo

DG: Ariel Tancredi

"En nuestro lenguaje está depositada toda una mitología." (Ludwig Wittgenstein, Observaciones a la Rama dorada de Frazer)*


Cuando tengo dudas o contradicciones, hago el siguiente ejercicio mental: recuerdo cómo estaban hace 10 años mis compañeros de trabajo, mis amigos (los que son K, anti K, y todos los matices que hay en medio), cómo estaban mis familiares (idem); por no decir cómo estaba mi propia familia. Cuántos trabajadores sin aportes no se iban a poder jubilar, cuántos estaban afuera de todo sistema estatal, (AUH, gran tema), etc., y cómo estamos ahora. 
Y en todo lo que falta por hacer, corregir, cambiar, mejorar.
Y en quiénes se oponen a los proyectos populistas de América Latina y en América Latina.
Y en los mitos de autodesprecio o soberbia que, como bien analiza Alejandro Grimson en Mitomanías argentinas, atraviesan a nuestra sociedad.
Hablo con J, con E, amigos y docentes brillantes, luchadores y luminosos, de quiénes han sido capaces de llevar adelante este proyecto tan transformador, tan inclusivo, hacerlo, por voluntad política, coraje, inteligencia para construir colectivamente, etc. 
Me detengo a pensar en las objeciones que se hacen desde la izquierda a la matriz productiva, por sus efectos contaminantes, o las críticas por ciertas alianzas políticas. (También veo cómo "construye" política esa "izquierda" crítica, en cómo en la realidad se vincula con los sectores populares y con los poderes económicos.)Y en cómo no encuentro, aunque esté de acuerdo, otros modos de resolver esos problemas en el mundo actual, al historizar o poner en contexto la política, al pensar en los modos de construcción de poder.( Por ejemplo, no sé cómo se le daría trabajo a las miles de familias que quedarían en pelotas al modificar radicalmente algunas explotaciones y sistemas de energía; no encuentro ejemplos en otras sociedades que me parezcan aplicables al país, al menos, sin resolver otras cuestiones políticas más regionales, incluso, mundiales.)
Pienso que lo popular, categoría inasible por medio del lenguaje, incluye esa mitología de la cual el pueblo se apropia. Pienso en cómo han surgido nuevas subjetividades que construyen nuevos sujetos políticos.
Pienso en lo que ocurre en todos los países "ricos"; en cómo la máscara del "bienestar" impuesta con la hegemonía neoliberal cayó, y en el estrépito, arrasó con millones de vidas en todo el mundo, ya no sólo en las periferias del Imperio.
También trato de imaginar, en la amplia "oferta" electoral, qué harían otros para resolver los conflictos, las luchas por diversos intereses, para mejorar los niveles de inclusión social, achicar la desigualdad, lograr mayor justicia social. 

Y pienso en los que se disfrazan, en los oportunistas que fingen ser parte de un proyecto para resolver sus quiosquitos, y en la rabia que da que se los habilite desde nuestro espacio (¿y cuándo no están estos personajes cobijándose cerca del poder, de  este poder y de todos?), pero me hago cargo de que hay cuestiones más generales, más importantes.
Pienso en mi hijo y en todos los derechos adquiridos que tiene esa generación, y en cómo estaban la mayoría de los pibes de 16 hace 10 años, más allá del eslogan #décadaGanada, que enoja a muchos pero que expresa tan bien esa potente realidad. 
Observo que muchas de esas características del comportamiento de mucha dirigencia política, que me generan rechazo, son comunes a todos los ámbitos (sindical, judicial, académico, barrial, comercial, obrero, doméstico, deportivo, artístico, familiar) y partidos, son constitutivas de lo humano: el egoísmo, la falta de escrúpulos, el uso del servicio público para beneficio personal, etcétera.
También pienso que esa instalación permanente de la desconfianza y la sospecha hacia la política esa una estrategia para despolitizarnos, restarnos fuerza social, empobrecer nuestros derechos de ejercicio de la ciudadanía,
Y concluyo que todas las cosas que no me gustan pesan muchísimo menos de las cosas que se han hecho y se pueden hacer. 

* Epígrafe en Grimson, Alejandro, Mitomanías argentinas. Cómo hablamos de nosotros mismos, Siglo XXI, Avellaneda, Argentina, 2012.

domingo, 4 de agosto de 2013

La enfermedad de los "perdedores"

"El tuberculoso podía ser un proscrito o un marginado; en cambio la
personalidad del canceroso, lisa y condescendientemente, 
es la de un perdedor." (Susan Sontag, La enfermedad y sus metáforas, 1978)


¿Hasta qué punto caló hondo el liberalismo salvaje, hegemónico, dogmático? No lo  sé. 
Sólo sé que a pesar de diez años de gobiernos latinoamericanos que han puesto en debate público muchos de los postulados de esta filosofía, devenida en culto profano, siguen habitándonos, deglutiéndonos, como si tuviéramos un enano liberaloide egoísta y berreta encarnado en nuestros cuerpos.
El Bosco, El jardìn de las delicias, tríptico al óleo sobre tabla,
 220 x 195 cm, la tabla central y 220 x 97, hacia 1480/90,
Museo de El Prado, detalle.
Personas formadas en ideologías, de base marxista, compañeros peronistas, gente de origen radical (sea lo que sea que ello quiera decir, se supone que hay una base de creencia política que aspira a la justicia social, en la construcción colectiva del desarrollo, supongamos); personas que han tenido acceso a una educación pública generosa y de calidad y aún así...
Escuchamos de sus (nuestras) bocas afirmaciones del sentido común liberal todo el tiempo. Temerarias. Despreciativas. 
Un poquito de filosofía alemana por acá, mezclada con una dosis de el american way of life, al que se le agrega, siempre subrepticiamente, una dosis de ingenuo voluntarismo, que pretende ocultar la injusticia con el lenguaje de los merecimientos y la actitud, con el discurso infantilizado del egoísmo y la autoayuda...
Tal o cual persona, castigada, atravesada por una historia familiar de desamparo, por condiciones sociales de injusticia, por todas y cada una de las crisis sociales, más las personales (pérdida de trabajo, de bienes, de capital cultural intergeneracional; víctima de accidentes, catástrofes, delitos; pérdidas familiares, enfermedades), es todavía instigada a tener "una actitud positiva", todo es la actitud, no lo tomés así...
Se exige, se reclama, se amenaza.
Importamos los residuos de teorías pseudoliberales del campo "científico" positivista, las pasamos por un tamiz berretizador, con ingredientes de marcketing publicitario, las tiramos sobre la mesa en cualquier ocasión, (la resiliencia, la voluntad como un absoluto). Cunden los ejemplos de hombres y mujeres que salieron adelante a pesar de... (siempre se describen circunstancias más difíciles que las de quien es conminado a esta suerte de moralina evangelizadora, enunciadas por sujetos que llevan una vida muy confortable y que creen merecer como gratificación a sus esfuerzos. Como si los demás, los que "no lo logran" no se hubieran esforzado lo suficiente).
Se nos proponen técnicas de respiración de alimentación, de gimnasia, no para sentirnos mejor, lo cual no estaría mal, sino, entregados por completo al discurso liberal y al recetario de las metáforas de la enfermedad que describe Susan Sontag en  La enfermedad y sus metáforas, se nos interpela para que venzamos así tumores malignos, enfermedades terminales, pérdidas de trabajo, injusticias sociales, duelos por la muerte de familiares, pérdidas de oportunidades, hijos, abandonos....De no salir airosos, la culpa es nuestra. Gana el discurso de Ayn Rand, simulado, suavizado. Caiga sobre nosotros el desprecio que merecen los cobardes, los que, darwinianamente, no son aptos para vencer en la batalla, gloria y loor a los que se curan, emergen triunfantes, como si estuvieran imbuidos -al igual que quienes (nos) reclaman superar la angustia, el duelo, el tumor.

"Tanto el mito de la tuberculosis como hoy el del cáncer sostienen que uno es responsable de su propia enfermedad. Pero la imaginería del cáncer es mucho más punitiva. No hay dudas de que, siguiendo los criterios románticos sobre el carácter y la enfermedad, estar enfermo por exceso de pasión no deja de tener su encanto. En cambio es más bien vergüenza lo que se tiene de una enfermedad atribuida a la represión emotiva; éste es el oprobio que resuena en las teorías de Groddeck, Reich y sus muchos seguidores. Atribuir el cáncer a una falta de expresividad equivale a condenar al paciente: muestra de piedad que al mismo tiempo es manifestación de desprecio." (S. Sontag, 21:1978)

En general, los más fanáticos en la difusión de estos postulados suelen ser aquellos de nosotros que están en posiciones materiales ventajosas, tal vez creen que sus experiencias de dolor (el dolor, por cierto, tanto físico como anímico, es incomparable entre unos y otros) son trasladables a los demás, "si yo pude, tal tiene que poder", incluso cuando se trate de situaciones incomparables. 
Usan(mos) metáforas bélicas, metáforas deportivas, competencia capitalista, "que gane el mejor".
Y así contribuyen a que crezca el abismo que se abre debajo de los pies de quien, por ejemplo, ha conocido desde muy temprano la orfandad, el abandono paterno/materno; el hambre, el frío, el sentirse siempre menos que los demás, las heridas en una autoestima que nadie se preocupó por curar; las expulsiones en sociedades y países que echaron a sus hijos a la muerte o al exilio en sucesivas oleadas; el látigo humillante de ser un pibe chorro, un villero, un looser que no puede mantener a su familia, el estigma del enfermo incurable, o del que padece dolor, alguien que no pudo (lo que sea que representan los emblemas del éxito burgués: ser saludable, bello, joven; completar sus estudios, hacer una carrera; formar una pareja estable); ser que no tuvo los contactos -¿o la falta de escrúpulos?-suficientes para ascender en un trabajo mientras se le dice, all the time, que es su culpa. Se lo/la acusa y se afirma:
que el cáncer es su culpa. 
Que ser desocupado es su culpa.
Que deprimirse por todas esas circunstancias es su culpa.
Miren a su alrededor.
¿Fueron amados, deseados, por sus padres?
¿Qué dones luminosos recibieron, como para poder alumbrar (al mundo, a los otros)?
¿No tienen, en verdad, más responsabilidad que cualquiera de los humillados y ofendidos por la desgracia y la injusticia?
F. Goya, Tristes premoniciones de lo que ha de acontecer,
grabado de la serie Los desastres de la guerra (1810/15)
¿Seremos, por una vez, capaces de revisar nuestros juicios? ¿De bajar el dedo acusador un instante, el dedo diagnosticador, el barómetro que se mueve en un universos de certezas creadas por nuestros privilegios?
¿Por qué seguir crucificando al crucificado, pateando al caído, abrumando al moribundo?
La inundación, la enfermedad propia, no es la ajena. El dolor y el duelo por la muerte de un ser amado (padre, madre, hermano, hijo), que es el nuestro, no puede ser vivenciada por quien no la ha transitado, no seamos tan necios, no creamos que sabemos todos, no creamos en todo el santoral del capitalismo, dejemos en nuestras almas algún resquicio para la duda, la compasión, el tratar de habitar un instante, con el alma, el infierno de otro que no ha recibido más que "oscuros dones" (diría R. Bolaño), la soledad infinita de quien no tuvo el pecho materno para entibiar sus primeros días.....Y así, hasta una enumeración que al menos nos permita acompañar, sin predicar como los sacerdotes e ideólogos de San Egoísmo, a favor del dios que a todos nos somete, nos esclaviza y nos separa.