Último verano en Stalingrado, novela

jueves, 22 de agosto de 2013

"...y mi eterna risa que a todos engaña" (Trelew)


"Si se supiera algo de lo que se va a escribir, antes de hacerlo, 
antes de escribir, nunca se escribiría. No valdría la pena." 
(Marguerite Duras, Escribir, 1993)

Hace 41 años de Trelew.
(Emblemática y premonitoria tragedia de cómo se iba a ocupar de la juventud combativa y rebelde el Poder en la Argentina).
Leo unos fragmentos de Paloma Sánchez, escritora platense, en su Fragmentaria, precisamente.
Termino la novela Predicciones para los años que han pasado, de Marcelo Rodríguez Gaitán, escritor platense. Ambos coinciden en algo: no están en el "cenáculo", no pertenecen al mundillo de los consagrados, sea lo que fuere que quiere decir eso.
Se ganan la vida laburando en otras cosas, son docentes, tienen familias, parejas, hijos, amigos. Escriben, sobre todo, y leen.
Sospecho que les pasa lo que a mí, escriben porque no pueden evitarlo ni aunque quieran, porque no sabrían cómo vivir sin la escritura. Más allá de fantasías a futuro, de promesas en el viento, de las leyes del mercado e incluso, de la técnica, de la posibilidad de algún día, quizás, tal vez...Con tal de saber si alguien te lee, si a alguien le inventaste por unos segundos un mundo imaginario que decidió habitar...
Hablamos de libros con R, mi amiga pampeana, platense por elección, nos reímos, nos intercambiamos, nos leemos, nos seguimos, sus fotos iluminan la pantalla, en su imagen me reconozco no pocas veces.
Por ahí un amigo cuenta que sueña con LAS. Un sueño que aporta belleza, consuelo, celebración.
Estuvo P, con sus hermosa familia francesa, y pudimos visitar a su #vecinaamigadeEvita de Venturini que tiene un mausoleo en la casa de 62.
Me mando whatsapp con D, locos, desmesurados, mezclamos la novela del 13 con Lacan, con Don Draper, con chismes irreproducibles, nos hacemos el aguante al insomnio.
El hijo de E. trepa a las alturas de la genialidad musical.
M, con su nombre musulmán, y su serie de retratos fotográficos de las hijas; y la de los bañeros, que habilitan en mí el eco de la la playa como el lugar en donde todo puede ser.
Mientras tanto, las paredes se siguen descascarando, el dinero no alcanza, arremeten contra la Presidenta un grupete de actores que escenifican periodistas, farsantes, que simulan; las enfermedades adquieren dimensiones descontroladas, el dolor es un compañero de vida, los niños crecen, escuchamos cantantes que no conocíamos.
Leemos libros que nos sorprenden.
Empezamos un nuevo cuento, una nueva novela, vamos a mear con una libretita (y anteojos, Dios mío, es tremendo) porque estamos con un argumento en la cabeza. 
Escuhamos "Tiempo de partir" y "Tonada de un viejo amor" a cada rato.
Se nos acumula el trabajo. Corremos de un laburo a otro.
Les dije a mis amigas de LV, recién, siempre vuelvo a fojas cero.
Siempre dando examen. 
Como judíos errantes, fundando nuevos hogares después de cada pogromo.
Terezin 1942: Children's Deportation,  Leo Haas.
Siempre empezando.
Sobreviviendo a nuevos duelos, muertes, tragedias, pérdidas.
Los sueños van quedando en los rincones de lo imposible.
Los viajes que no haremos, las casas que no habitaremos, los amigos a los que ya no volveremos a ver, la familia que ya no existe, los padres/madres que murieron (ayer hablé con M, gestualiza cada día más parecido a su mamá, lo señaló L la otra noche y tenía razón); los vecinos que se ahogaron, las vidas que no viviremos, los libros que no escribiremos.
La revolución que nunca llega.
¿Es como un destino trágico de judeidad (que puede pasarle a un pibe palestino o a un villero de la 31 o a un rubio que habita en las favelas, eso no importa, es apenas una metonimia), que tarde o temprano nos alcanza, como a Sabina Spilrein, a Tsvetáieva, a D, a W.Benjamin?
La justicia que siempre es como un orgasmo que no se producirá, con el amante que nunca tendremos.
Pero.
Miro de nuevo la foto de los fusilados de Trelew.
La increíble tragedia de los tres sobrevivientes que no pudieron sobrevivir al siguiente cachetazo del terror de las bestias desaforadas. Como Sabina, que zafa en el 43, creo, de la primera matanza de los Eitzangruppen pero no de la siguiente.
Sonreímos, acá estamos, amamos, gozamos, sufrimos, nos ponemos nerviositas, pero de pie.
Y les pregunto a mis amigas, queridas, ¿es de eso mismo de lo que se trata, es el arte nuestro Plan de evasión?  Porque:

"A Alia
Algún día, criatura encantadora,
para ti seré sólo un recuerdo,

perdido allá, en tus ojos azules,
en la lejanía de tu memoria.

Olvidarás mi perfil aguileño,
y mi frente entre nubes de humo,

y mi eterna risa que a todos engaña,
y una centena de anillos de plata

en mi mano; el altillo-camarote,
mis papeles en divino desorden,

Por la desgracia alzados, en el año terrible;
tú eras pequeña y yo era joven."
(Marina Tsvetàieva, poema a su hija, 1925)


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