Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 9 de agosto de 2013

Antes del domingo

DG: Ariel Tancredi

"En nuestro lenguaje está depositada toda una mitología." (Ludwig Wittgenstein, Observaciones a la Rama dorada de Frazer)*


Cuando tengo dudas o contradicciones, hago el siguiente ejercicio mental: recuerdo cómo estaban hace 10 años mis compañeros de trabajo, mis amigos (los que son K, anti K, y todos los matices que hay en medio), cómo estaban mis familiares (idem); por no decir cómo estaba mi propia familia. Cuántos trabajadores sin aportes no se iban a poder jubilar, cuántos estaban afuera de todo sistema estatal, (AUH, gran tema), etc., y cómo estamos ahora. 
Y en todo lo que falta por hacer, corregir, cambiar, mejorar.
Y en quiénes se oponen a los proyectos populistas de América Latina y en América Latina.
Y en los mitos de autodesprecio o soberbia que, como bien analiza Alejandro Grimson en Mitomanías argentinas, atraviesan a nuestra sociedad.
Hablo con J, con E, amigos y docentes brillantes, luchadores y luminosos, de quiénes han sido capaces de llevar adelante este proyecto tan transformador, tan inclusivo, hacerlo, por voluntad política, coraje, inteligencia para construir colectivamente, etc. 
Me detengo a pensar en las objeciones que se hacen desde la izquierda a la matriz productiva, por sus efectos contaminantes, o las críticas por ciertas alianzas políticas. (También veo cómo "construye" política esa "izquierda" crítica, en cómo en la realidad se vincula con los sectores populares y con los poderes económicos.)Y en cómo no encuentro, aunque esté de acuerdo, otros modos de resolver esos problemas en el mundo actual, al historizar o poner en contexto la política, al pensar en los modos de construcción de poder.( Por ejemplo, no sé cómo se le daría trabajo a las miles de familias que quedarían en pelotas al modificar radicalmente algunas explotaciones y sistemas de energía; no encuentro ejemplos en otras sociedades que me parezcan aplicables al país, al menos, sin resolver otras cuestiones políticas más regionales, incluso, mundiales.)
Pienso que lo popular, categoría inasible por medio del lenguaje, incluye esa mitología de la cual el pueblo se apropia. Pienso en cómo han surgido nuevas subjetividades que construyen nuevos sujetos políticos.
Pienso en lo que ocurre en todos los países "ricos"; en cómo la máscara del "bienestar" impuesta con la hegemonía neoliberal cayó, y en el estrépito, arrasó con millones de vidas en todo el mundo, ya no sólo en las periferias del Imperio.
También trato de imaginar, en la amplia "oferta" electoral, qué harían otros para resolver los conflictos, las luchas por diversos intereses, para mejorar los niveles de inclusión social, achicar la desigualdad, lograr mayor justicia social. 

Y pienso en los que se disfrazan, en los oportunistas que fingen ser parte de un proyecto para resolver sus quiosquitos, y en la rabia que da que se los habilite desde nuestro espacio (¿y cuándo no están estos personajes cobijándose cerca del poder, de  este poder y de todos?), pero me hago cargo de que hay cuestiones más generales, más importantes.
Pienso en mi hijo y en todos los derechos adquiridos que tiene esa generación, y en cómo estaban la mayoría de los pibes de 16 hace 10 años, más allá del eslogan #décadaGanada, que enoja a muchos pero que expresa tan bien esa potente realidad. 
Observo que muchas de esas características del comportamiento de mucha dirigencia política, que me generan rechazo, son comunes a todos los ámbitos (sindical, judicial, académico, barrial, comercial, obrero, doméstico, deportivo, artístico, familiar) y partidos, son constitutivas de lo humano: el egoísmo, la falta de escrúpulos, el uso del servicio público para beneficio personal, etcétera.
También pienso que esa instalación permanente de la desconfianza y la sospecha hacia la política esa una estrategia para despolitizarnos, restarnos fuerza social, empobrecer nuestros derechos de ejercicio de la ciudadanía,
Y concluyo que todas las cosas que no me gustan pesan muchísimo menos de las cosas que se han hecho y se pueden hacer. 

* Epígrafe en Grimson, Alejandro, Mitomanías argentinas. Cómo hablamos de nosotros mismos, Siglo XXI, Avellaneda, Argentina, 2012.

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