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sábado, 30 de noviembre de 2019

Hasta el cuello, de Aula 20 FBA


"Cristalina misión del agua 
recordar el cuerpo
cuya huella se hace líquida.
Imprevisto destino del cuerpo
vivir para siempre
en la memoria del agua".
Eduardo Rezzano

Con estos versos del poeta platense se presenta el programa de la última obra de Aula 20 FBA cuyo nombre ya es convocante: Hasta el cuello.
Hasta el cuello, metáfora que hace metonimia a la vez con varios hasta. (hasta la raíz, por ejemplo, hasta el fondo).
Estar hasta el cuello es estar prácticamente hundidas, apenas asomando la cabeza.
O su contrario, puede ser interpretarlo al revés, estamos bajo el agua pero la cabeza asoma.
Todavía.

De modo que depende del movimiento, de los movimientos siguientes, hundirse, ahogarse, o salir a la superficie a respirar.
Foto tomada del Facebook de Mariana Estévez
Estar hasta el cuello puede ser como hundirse en arenas movedizas, en pantanos, en suelos traicioneros que nos arrastran a algunos abismos.
Es como vivir en América Latina, es como estos tiempos, es como ser mujer.
¿Cómo sabemos de los límites del cuerpo, de nuestro cuerpo, cuando han sido siempre otros los que disponen de nuestros cuerpos como si fuéramos tan líquidas que no pudiéramos quedarnos, permanecer, o detenernos, o huir sin necesariamente seguir una huella ya trazada, como hace el agua de deshielo, que encuentra el cauce y lo retoma, pero nunca es el mismo.
Como el agua que gotea lento, hasta horadar la piedra.
Pacientemente, con la disciplina de una coreógrafa atenta a cada movimiento.
También las bailarinas de la obra están hasta el cuello.
Sus melenas se hunden en una pecera cristalina, sus cabeza en el agua, sus cuerpos afuera. Sacuden lo mojado, lo húmedo, el peso del agua con fuerza, como brujas, como Nereidas, como habitantes de otros tiempos más dionisíacos.
Pero solo un instante.
Porque la coreografía es más apolínea.
Impecable en lo formal, perfeccionista, como M., que cuida los detalles como los pulsos del ritmo pero....
Cuando los músicos y las músicas invaden la escena, descalzes, cuando los vientos se dejan sentir, yo presiento a Dionisio, yo adivino a esas mujeres de las montañas que ruegan por el agua para sus cosechas, para alimentar a sus familias, para lavarse la sangre que una y otra vez la vida nos pone entre las piernas, o la muerte en todo el cuerpo y en los cuerpos que amamos.
Sacuden sus cabelleras.
Sus melenas.
Sus ropas aguamarinas y luces me engañan por momentos, como si fuera un sueño shakespereano o un cuadro renacentista, pero estamos acá, muy acá, en el Sur, en las tierras asediadas donde los cuerpos a veces se diluyen como el agua.
Las luces juegan con las gotas sobre el escenario.
La música se enamora de las bailarinas y se cortejan.
La obra es muy formal, pienso. ¿Y qué quiere decir eso? 
Eso estoy pensando.
Me dejo llevar y punto.
Pero no hay punto.
Porque la forma se rompe y se desdibuja como el agua.
Ya no sé si son una bailarina con muchos brazos y piernas, una bailarina con cuerdas y vientos, o varios músicos y músicas que hacen bailar sus instrumentos.
No será nunca el mismo río donde te bañes, dijo un sabio hace mucho tiempo.
Yo veo a una doncella guerrera.
Y a una joven virgen que se baña para su amado.
Y veo a quienes se ahogaron.
Y veo a una anciana que limpia el cuerpo de sus difuntas.
Y veo unas chicas que se preparan para salir a escena.
Y veo a las pibas que se empoderan y no quieren ser sirenas sino mujeres completas.
Hasta el cuello.



Ficha técnica:
Idea y dirección general
AULA20 FBA
Interpretación
Aula20 FBA + Proyecto en Bruto
Julia Aprea, Maria Bevilacqua, Cirila Luz Ferron,
Mariana Provenzano, Carola Ruiz, Mariana Sáez
Música
Ramiro Mansilla Pons, Julián Chambó
Ensamble de Música Popular de la Facultad de Bellas Artes
Micaela Juan Baraybar, Katherine Sotomayor Arancibia,
Rocío del Cielo Longobucco, Jazmín Mazzuchelli
Cappello, María José Fernández Molina,
Libertad Centeno Di Luciano, Paloma Manriquez,
Cristopher Manzano Malla, Juan Sebastián Azparren,
Fedah Mihojevic, Germán Díaz, Julián Mandrino,
Jonathan Victor Estrada Ríos
Dirección del Ensamble
Manuel Gonzalez Ponisio
Dirección de arte
Gonzalo Monzon
Realización de vestuario
Ropa para circo
Coordinación general
Mariana Estévez, Diana Montequin
AULA 20 - Facultad de Bellas Artes



martes, 22 de mayo de 2018

El roce, de Mariana Estévez

"As the river flows gently to the sea
Darling so we go, some things were meant to be
Take my hand take my whole life too
'Cause i can't help falling in love with you".

(Can't Help Falling In Love With You, de
George David Weiss, Hugo Peretti y Luigi Creatore)


Voy a ver El roce, la nueva obra de Mariana Estévez.
Como ya saben quienes siguen el blog, aunque he sido toda la vida público frecuente de obras de danza contemporánea, siempre el lenguaje de esta disciplina me deja un poco afuera. Con los años aprendí a no inquietarme por eso, como cantaba Federico Moura: tomo lo que encuentro en cuestión de amor, y en cuestión de danza también.
Eso no limita mi disfrute, a pesar de esa sensación de que algo se me escapa como espectadora, debido a mi ignorancia.
Así que allí estoy, frente al escenario,  o más bien, frente a la escena esperando a ver qué sensaciones me transmite la obra.
Y de pronto.
¡Oh! ¡Sorpresa!
Un nuevo lenguaje me convoca a mí, plenamente.
Frente a nosotros, el público, un trío. Dos chicas, un chico, todos bellos. Tres de un par perfecto.
En todo enamoramiento, en todo fall in love, en todo primer roce o cruce de miradas que anticipa por un instante esa caída en el amor, hay tres, por lo menos. Dice esa primera escena. El fantasma de la otra de la histeria, la puta y la amada inalcanzable del obsesivo, lo que sea.
Tres.
Por lo menos.
La obra avanza en otro registro que nos dice ya de la libertad, la experiencia (del oficio, de la vida) y la seguridad de la coreógrafa: se anima a contar desde el humor.
La música también le imprime un aire diáfano que aporta cierta idea de levedad (muy presente también en los movimientos del trío) al melodrama del ciclo de encuentro/desencuentro del amor/odio, del sexo apasionado a la frialdad indiferente, pasando por diversos registros del romance en diferentes edades y circunstancias.
Nunca encontré la cita exacta que mi memoria cree recordar de Proust, pero es algo sí como que la frivolidad requiere bastante seriedad, ver hondo, profundo digamos, y algo de esa frivolidad está presente en la escena todo el tiempo, incluso en los momentos más dramáticos de la obra. Todo el dolor del drama amoroso (celos, abandonos, rechazos, sexo desenfrenado, tibias caricias, besos que nos hacen perder la cabeza, manipulaciones, histerias, obsesiones, coqueteos, tríos, miradas por las que cruzaríamos un continente y abrazos que nos hacen perder la inocencia para siempre), visto desde el prisma del humor, es mucho más soportable, nos genera  empatía, esos guiñes, ese desparpajo en los relatos y las frases de los intérpretes, nos vemos en ellos, en algunas de esas escenas que evocan situaciones que hemos transitado, o estamos transitando, o conocemos.
Incluso, en algunos casos, no es solo una metáfora, estuvimos allí [querida amiga, qué gran humorada, vos tan vos, yo tan yo, ellos tan ellos].
Los cuerpos se mueven en el espacio, la música nos da treguas y pinchazos, las luces juegan la apuesta de lo sensual y vemos: el goce y la locura del perseguidor perseguido, el cazador cazado, la bella inalcanzable que sucumbe al encantamiento del ingenuo muchacho, o de la muchacha de las caderas sugerentes, el agotador y encantador hechizo del juego de seducción que engendra romances, matrimonios, desventuras, aventuras, cogidas olvidables, nadie de antemano sabe todas las promesas que puede esconder un roce, de esos roces.
El comienzo, con el clásico Can't Help Falling In Love With You, cantado por una de las bailarinas, Natalia Maldini,que ya nos había  predispuesto al placer. Un tema icónico del pop romántico que hace que las endorfinas bailen también en mí como si fuéramos por un instante la novia de Elvis.
Excelentes los tres bailarines, nos convocan a su juego, y desde ya, jugamos.


Foto Matías Adhemar
Ficha técnica:
El roce . Domingo 20 y 27 en El Escudo (10 Nro 1373 e/ )60 y 61) 20.30 hs

Intérpretes: Gabriel Lugo Parodi, Natalia Maldini, Julieta Scanferla
Música: Ramiro Masilla Pons
Vestuario: Agustina Bianchi
Diseño Visual: Agustina Bianchi
Diseño de luces: Martin Galle. Mate
Fotos: Matías Adhemar
Dirección: Mariana Estévez
Esta obra fue realizada mediante un subsidio del Instituto Prodanza – Ministerio de Cultura- Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

lunes, 11 de septiembre de 2017

Las Gárgolas, de Diana Rogovsky y Luis Menacho


Ayer fui a ver Las Gárgolas, obra de música y danza de Diana Rogovsky y Luis Menacho. Se trata, según lo que leo en su página de Facebook, de  "Una obra de música y danza entrelazadas desde su propia génesis; surgió de preguntas y diálogos artísticos desde las propias disciplinas hacia la pintura y la poesía, al misterio del cuerpo y sus superficies y sonidos enmarcados en la presencia constante que sobrevuela la catedral gótica de la ciudad de La Plata, ciudad donde vivimos.
La dualidad propia del gótico se reactualiza en la oposición y el contraste de elementos que transitan umbrales, del silencio a la sonoridad abrumadora, como asimismo en los materiales tímbricos escogidos: la linealidad vocal femenina y la percusión, lo acústico y la electrónica.
Las Gárgolas propone con estos elementos aludir y sugerir vínculos con diversas lecturas del cuerpo, el saber, las pesadillas y sus fantasmas y el amor en la historia del arte. Así sonido y cuerpo, piel, carne, sombras, luz y un universo sonoro de reminiscencias medievales invita a revisitar un pasado de actuales resonancias".
Foto de la página de Las Gárgolas
Los y las espectadores familiarizados con la historia del arte, la mitología y la arquitectura platense, o con estudios culturales, estéticos y biopolíticos la disfrutarán incluso no siendo habitués de la danza. La obra admite múltiples lecturas y entradas. No sólo por el notable trabajo de todos los intérpretes en escena (bailarines, cantantes, músico) o la iluminación, el vestuario, la puesta y desde ya, la composición y la dirección de música y danza. No sólo porque integra también al público en algunos momentos de clímax, sino también por el repertorio de referencias que implican a los diversos sentidos y a las diversas significaciones que estos convocan. Oímos, vemos, sentimos. Por momentos, la acción transcurre íntegramente en el escenario, por momentos, nos envuelve, se diluye, nos desespera.
Y al mismo tiempo que moviliza la dimensión sensible, se trata de una obra que indudablemente surge de un trabajo intelectual, de un esfuerzo creativo singular.
Con referencias múltiples en los diversos lenguajes entramados (danza, música, escenografía, canto, vestuario) a mitos clásicos de varias tradiciones, se puede ver allí también en clave metafórica una inquietante interpelación a la deshumanizacion de los vínculos en el mundo contemporáneo. La disolución de la subjetividad que imponen ciertos dispositivos algo caníbales de la desde sociales, que nos proponen una exposición extenuante que puede empujarnos a la intemperie y a la soledad; la violencia de los sátiros de la mitología griega reconvertida desde el gótico en la violencia machista que acaba con tantas vidas de mujeres.
Foto de la página de Las Gárgolas
Las gárgolas góticas, oscuras, congeladas, inertes, mutando, verbigracia del demiurgo musical, en payasos, en guasones, en caníbales, en perseguidores de una etérea ninfa nórdica celta y en adoradores algo brutales del florecer de una diosa pagana dionisíaca, con intervalos donde se vuelven amantes condenados al eterno encuentro/desencuentro con que el amor humano nos afecta. Las mujeres y lo femenino tienen un enorme protagonismo en esta obra que una y otra vez pone el cuerpo en escena sin eludir a Eros en su potencia, pero tampoco esquivando lo tanático.


Ficha técnica:
Máquina Secreta presenta a Diana Rogovsky en dirección de danza y Luis Menacho en composición musical, con Anyelén Demichelis, Ludmila Lobato, Alejandro Lonac, Gabriel Lugo, Mónica Menacho como bailarines; Alejandra Cabral, Alejandra de Olano en canto y Daniel Viera en percusión, en Las Gárgolas, una obra de música y danza.
Con material de danza de los bailarines y Leonor Martorell, Victoria Parada y Florencia Riafrecha.
Diseño y realización de vestuario: Sofía Camparo.
Diseño gráfico: Adán Cohen.
Video y fotos: David Menacho
Diseño de Iluminación: Paula García.

Fechas
Domingo 10/9 20hs.
Viernes 29/9 21.30hs.
Domingo 1/10 20hs.
En el Galpón de La Grieta, calle 18 y 71 La Plata.
Con el acompañamiento del Programa PAR Secretaría Arte y Cultura UNLP.


sábado, 19 de diciembre de 2015

Vivir, pensar, danzar. Una bailarina argentina, de Diana Rogovsky

"Con frecuencia pienso que lo que en verdad necesitamos, lo que en verdad deseamos, al menos en mi caso, los coreógrafos es que las obras sean vistas. Pero, ¿por quiénes?" *
Esta es una de las numerosas preguntas que propone Una bailarina argentina, un relato ensayístico-biográfico de Diana Rogovsky. Artista y docente argentina, Diana es profundamente platense, sin que eso signifique que haya renunciado a tener, tanto en sus piezas como en su escritura, una perspectiva abierta, más allá de fronteras localistas. Será por aquello de "pinta tu aldea..."
Para que que las obras sean vistas...Y acá hay otra pista. Obras para ser vistas por otros....Otros que son ¿quiénes?Por lo pronto, diversos. Entonces, ¿cómo interesar a otro en la propia obra? ¿Cómo producir este encuentro con un público que no siempre está preparado para decodificar el lenguaje de la danza?
 Vivir, pensar, danzar, en este caso....resuena como una evocación del libro de Siri Husvedt** este texto, editado en La Plata por Malisia.
Diana prioriza siempre la vida: la matriz familiar, su matrimonio, la maternidad, las sociedades artísticas con colegas de la ciudad, son protagonistas del relato. También, por supuesto, un recorrido por los diversos trayectos formativos, institucionales, formales y alternativos a lo largo de las décadas, acompañados por un pensar este hacer y este sentir desde el campo intelectual y académico.
Todos/as estos compañeros/as de ruta están no sólo presentes en el texto, sino también en el reconocimiento de los agradecimientos.

Juliana Celle, Roxana Morales y Diana Rogovsky
2.
¿Por qué escribió este libro Diana?, me pregunté.
Ensayo a modo especulativo una posible explicación. Escribe, creo, para dar testimonio. Se trata de un textimonio (diría Leticia Carelli, neologizando mi más tradicional "testimonio"). Por aquello de que el lenguaje contiene mundos, el mundo del que testimonia Diana es un mundo que quizá ya no exista, pero que merece ser conocido y reconocido, no sólo para interpelando en la dimensión espacial desde la que se construye el campo de la danza, sino también en la temporal.
Hoy.
A pocos días de este acontecimiento político - en el sentido de aquello que irrumpe y tuerce el curso de la historia-, que ha sacudido la entraña de la Argentina, de fuerte impacto tsunámico en el campo cultural, educativo y político, el testimonio de Una bailarina argentina nos convoca, como un acontecimiento paralelo, en el campo artístico-cultural. 
No se trata de un libro para expertos o especialistas, no es (sólo) para baiarines/as, coreógrafos, músicos o artistas de la escena. Para nada. Muy por el contrario, el libro recorre desde una posición que se asume como subjetiva ("una bailarina argentina", esta, no cualquier otra), pero también una bailarina situada, ubicada en un contexto, hija de los 70, que crece y se forma en los 80, con el regreso de la democracia y la voracidad y el deseo de construir mundos.
[Una etapa que de algún modo acaba de terminar, con este triunfo político de una alianza de derecha que llega electoralmente al Gobierno (el poder siempre lo han tenido).]

Diana propone claves. Primero la vida, siempre la vida, y no (no sólo) un relato inerte acerca de técnicas, espacios formativos, historias de grupos de artistas platenses que trascendieron o no la dimensión del éxito" . eso también esta, el que quiera buscar ese costado más frívolo no saldrá decepcionado de la lectura.
Su carrera, como la de muchos de nosotros, su personal búsqueda de un lenguaje artístico capaz de hacer obra, de tomar una posición y hacer nacer lo que no existía, con los elementos comunicacionales del discurso de la danza, se inicia en los 80.
Transita junto a la pasión por la lectura, la escritura de poesía, el estudio de disciplinas como la acupuntura y el yoga, y el paso por la universidad y otras instituciones educativas de nivel Superior. También hay una elección por buscar buenos maestro, allí donde estén, y estudia en Buenos Aires, en espacios que, por una u otra raz´n, ya no existen más. Sobre estos finales algo abruptos de espacios y proyectos artístico pedagógicos, sin nostalgia pero sin evasivas, también reflexiona el ensayo.
Leticia Carelli, en El espacio-Malisia

3.
Miramos, recorremos los ochenta. Los años de la secundaria en el Liceo "Víctor Mercante" de la UNLP. El despertar de la vocación política.La ciudad en ebullición. La primavera alfonsinista. La familia partida, quebrada, sin un mango y sin un orden, apenas puede alojar este hambre, este deso de crear.  
Hay un antecedente protector, la "escuelita", donde bebimos, y comimos, y cultivamos el respeto por el otro, una educación fundada en el reconocimiento, potenciadora de universos vocabulares donde todos y todas tienen valor. Entonces, ahí , en ese primer rescate Diana se referencia,. Por más adversidades que  traiga la adolescencia, esta matriz es esperanzadora. Hay una potencia, es posible estudiar danzas, y es posible hacer obra.
La Plata bulle.
Los jóvenes nos empezamos a apropiar de los espacios públicos. Nuestros amigos (comunes) tiene bandas de rock, de jazz, estudian teatro, cine, clown , Bellas Artes, militan (mos) en política, en los barrios, con los pibes. Hacemos. Trabajamos de mozas en un bar, en otro. 
De la nada, no, pero partimos de muy poco.
Venimos de una generación eliminada.
Nuestros mayores están perdidos, partidos, quebrados.
Los apenas más grandes la buscan más por le lado político partidario y nosotros por el campo cultural, el arte y los derechos humanos.

"Fierro", Diana Rogovsky, obra de 2012
"Nuda", 2005

 4.
"Cómeme, bébeme", 2002.
¿Por qué escribe este testimonio Diana?
Hay una vacancia (Ro dice en lenguaje psi, hay una falta, hay un vacío). 
Escribe para legitimar el campo de la danza.
Escribe porque es una tarea, porque es parte de nuestra tarea también como educadores, como trabajadores de la cultura.
Contarles a los otros que hay que hacer un recorrido propio, que hay que tomar riesgos, sostener el deseo, formarse, estudiar. Trabajar mucho. Trabajar con otros, Pensar con otros, Producir con otros. Reclamar al Estado el lugar que el Estado nunca había tenido para nuestra generación, y tuvo por doce años. Reclamarle si se retira. Decirle a los estudiantes, a los jóvenes,  que hay que intentarlo y no dejar de intentarlo, que no se puede renunciar de antemano. Habrá un precio a pagar, habrá un sufrimiento, posiblemente, pero en el sentido romántico, en un sentido humano, en un sentido del precio que se paga por elegir, tal vez.
Diana no se queda en Buenos Aires, aunque a lo largo de los años recibe becas, gana concursos, monta obras en teatros porteños. Aunque La Plata mirar, y siga mirando a su espejada Gran Metrópoli como en un espejo que agranda su falta, un espejo que casi siempre la ignora y le da la espalda.
Diana lucha. Sigue adelante. Va encarnando el saber del hacer. Aprende que si bien producir, auto gestionar, siempre es en términos de Creso,  a pérdida, conlleva otra ganancia.
Aunque se pueda caer en las redes de los que en todas partes, se sirven del trabajo y las ideas de otros/as.
En esa praxis, en eses hacer, hay un saber, un saber producto, un saber no acreditado, un saber que  es discurso significativo, que configura sentidos estético-polítcios, éticos.
Hacer grupo y hacer colectivo.
Diana cuenta las distintas experiencias formativas, los maestros que buscó (y muchas veces encontró) en la danza, en la música, en el pensamiento, tanto en Buenos Aires como en La plata, y los saberes de aprender con sus pares, en los distintos colectivos artísticos que integró, desde los largos años con La Marea hasta la actualidad.
¿Por qué leer este libro?
Además de lo ya acá dicho, creo que este libro puede ayudar mucho a quienes están comenzando una carrera en el campo artístico, desde ya en la danza, pero también en cualquier arte escénica, la música, y otros lenguajes. 
La palabra escrita, el testimonio, también es parte de la tarea del artista que piensa, del hacedor que es capaz de distanciarse de su misimidad, y reflexionar acerca de lo que ha hecho, de cómo lo ha hecho, con quienes lo ha hecho, para quienes lo ha hecho.
Abre una puerta al futuro en este recorrido del pasado/presente, recupera la memoria siempre hecha también de olvidos, para que no nos dejemos vencer por la adversidad del momento.
Hoy más que nunca, aunque quieran que sintamos que habitamos tierra arrasada e infértil, los artistas lo desmienten con su obra, y con la palabra que comunica en un nuevo lenguaje.
El ensayo de Diana, su vida, su obra, nos recuerdan que:
"Todos los movimientos del ser humano surgen de la necesidad de atacar o defenderse. Esa es su causa y su estímulo básico e instintivo, aunque olvidado la mayor parte del tiempo [...] Todo artista que quiera pintar [danzar, digo yo en este caso] lo que yo pintado, no tiene más remedio que reflejar una acción que es un conjunto de [...] muchos movimientos, y ese movimiento concentrado acaba inevitablemente por delatar la impronta de su verdadero origen, el ataque y la defensa, la ira y el miedo."**



* Rogovsky, Diana, Una bailarina Argentina, Malisia, Francisco Magallanes, La Plata, 2015, pág. 88. Presentado el 18/11/2015 en El Espacio, diag. 78 esq. 6, La Plata, por Roxana Morales, Juliana Celle y Cintia Rogovsky. Con espectáculo musical y canciones a cargo de Leticia Carelli.
* ** Ivo Andric, Conversación con Goya, citado por Husvedt, Siri, Vivir, pensar, mirar, Anagrama, Buenos Aires, 2013, pág.356)

domingo, 29 de junio de 2014

Si no me mira, según Mariana Estévez mirada por mí

Si no me mira
Sí, No, me mira
sino me mira
Sí, No, me, mira
Y así.
Son pensamientos mirados en velocidad de fragmentos, que danzan frente a mi mirar de público semi analfabeto en "Si no me mira", obra de Mariana Estévez, interpretada por la histriónica Natalia Maldini (en clave Mad Men) y Julieta Ranno, dueña del tiempo coreográfico con sutileza pero mando.
Las mujeres, ¿quiénes somos sino nos miran? ¿Sino nos  mira quién? ¿Sino miramos a quién?
Una escritora dice que no puede escapar de la mirada de su madre (mirada con la que alguna vez sedujo a su padre y que hizo posible su existencia, existencia sometida al Ojo, poderoso y omnipresente, de ese mirar).
Pero están también esas madres que miran siempre un punto de fuga detrás nuestro, que nos nos miran. Nos hacen sentir invisibles. Aunque alguien más nos mire.
Imágenes que bailan.
Música de videojuego, animé japonés, la calle, el ambient, una percusión súbita y rítmica, alegría (bailemos, querida, que el tiempo es tan breve y la juventud tan efímera). Música como de película de ciencia ficción (la Nave Madre se aleja, gran plano que mira a las criaturas vulnerables, pequeñas como puntos, allá, en el lejano planeta que ya nadie mira. Ah, querida mía, la familia).
¿Son todas las imágenes simulacros, en el capitalismo?
¿Y en la familia?
Me veo en el espejo, y no se quién soy hasta que me veo en la mirada de esa otra que me mira y es: mi madre, mi hermana, mi amiga, mi maestra, mi hija, mi sobrina, mi prima, la extraña vendedora de la tienda, mi jefa, mi empleada.
La pintora, la fotógrafa, la coreógrafa,  que pone en el espacio la tensión , bajo la forma (siempre extraña para mí de algún modo) del lenguaje de la danza. El artista que hace obra de una alucinación o fantasía, para obligarnos más que a ver, a mirar. Aunque no tengamos, como en mí caso, las herramientas de comprensión del lenguaje.
Corren, se miran, se imitan, con esa estrategia imitativa de la imago-imagen de la infancia que juega al espejo para luego rechazarse, repelerse, se atraen, se buscan, se celan, compiten, se extrañan, se copian, se admiran, se lastiman.
Qué difícil es ser bella, tan mirada. Qué difícil es ser fea, tan poco mirada.
Le basta a Ella con verla (a la Otra) derrumbada para aplastarla, pisarla, pasarla por encima, "leña del árbol caído", para que sienta que (¿al fin!) es libre. Corre, escapa, pero no puede dejar de mirar atrás por sobre su hombro, la venganza no es dulce, es atroz, es como una cadena que nos une al amo aunque lo hayamos derrotado aparentemente.
Al Ama. Que nos ama, Ama que ama, pero, si no nos mira.
Todas las veces que nos nos miraron: la niña en el escenario del acto escolar que busca en el público la mirada de su madre.
La joven que busca ser mirada por su amante en el baile.
La mujer que es perturbada por la densa mirada de la señorita de Lesbos que no soporta no ser retribuida en su penetrante mirar.
La que sube una selfie tras otra en las redes sociales del anonimato infinito.
Bailan las bailarinas.
Su dúo de espejos.
Su asimetría simétrica, arriba, abajo, brazos, piernas, corre que te corro ("y nunca llego", decía la canción), que te alcanzo y ya no te quiero.
No te miro.
Vírgenes suicidas,ancianas que se detestan como en un cuento de Patricia Highsmith, intima y brutalmente.
"Los caprichos de la visión humana se aplican a las fotos igual que a todos los demás objetos que percibimos." (dice Siri Husvedt en"Fotos Antiguas")*
La percepción es compleja, requiere de la coordenada del espacio, pero sobre todo, me parece, del tiempo. De la memoria. Y de la palabra, luego, más temprano o más tarde, que nombra lo visto e invisibiliza lo que no se mira.
La memoria es caprichosa, lo sabemos, y hace que veamos apenas lo que podemos soportar, comprender, abarcar. Somos siempre ciegos frente al horror más primario de esas escenas que quedaron subterráneas. Se nos derrumba el mundo cuando el velo se corre y vemos lo que no hemos sido invitados a presenciar.
O nos ven.
Mi retina no retiene, veo, pero no miro hasta que evoco, asocio, el lenguaje de la luz y de las formas, del movimientode los cuerpos femeninos me atraviesa, me miran, ellas, que están en el escenario para ser miradas, cuando el viento que genera el remolino de su carrera mueve mi pelo, entonces, comprendo, que
allí, en la mirada,
está la vida.



*Husvedt, Siri, Vivir, pensar, mirar, Anagrama, Buenos Aires, 2013.