Último verano en Stalingrado, novela

sábado, 19 de diciembre de 2015

Vivir, pensar, danzar. Una bailarina argentina, de Diana Rogovsky

"Con frecuencia pienso que lo que en verdad necesitamos, lo que en verdad deseamos, al menos en mi caso, los coreógrafos es que las obras sean vistas. Pero, ¿por quiénes?" *
Esta es una de las numerosas preguntas que propone Una bailarina argentina, un relato ensayístico-biográfico de Diana Rogovsky. Artista y docente argentina, Diana es profundamente platense, sin que eso signifique que haya renunciado a tener, tanto en sus piezas como en su escritura, una perspectiva abierta, más allá de fronteras localistas. Será por aquello de "pinta tu aldea..."
Para que que las obras sean vistas...Y acá hay otra pista. Obras para ser vistas por otros....Otros que son ¿quiénes?Por lo pronto, diversos. Entonces, ¿cómo interesar a otro en la propia obra? ¿Cómo producir este encuentro con un público que no siempre está preparado para decodificar el lenguaje de la danza?
 Vivir, pensar, danzar, en este caso....resuena como una evocación del libro de Siri Husvedt** este texto, editado en La Plata por Malisia.
Diana prioriza siempre la vida: la matriz familiar, su matrimonio, la maternidad, las sociedades artísticas con colegas de la ciudad, son protagonistas del relato. También, por supuesto, un recorrido por los diversos trayectos formativos, institucionales, formales y alternativos a lo largo de las décadas, acompañados por un pensar este hacer y este sentir desde el campo intelectual y académico.
Todos/as estos compañeros/as de ruta están no sólo presentes en el texto, sino también en el reconocimiento de los agradecimientos.

Juliana Celle, Roxana Morales y Diana Rogovsky
2.
¿Por qué escribió este libro Diana?, me pregunté.
Ensayo a modo especulativo una posible explicación. Escribe, creo, para dar testimonio. Se trata de un textimonio (diría Leticia Carelli, neologizando mi más tradicional "testimonio"). Por aquello de que el lenguaje contiene mundos, el mundo del que testimonia Diana es un mundo que quizá ya no exista, pero que merece ser conocido y reconocido, no sólo para interpelando en la dimensión espacial desde la que se construye el campo de la danza, sino también en la temporal.
Hoy.
A pocos días de este acontecimiento político - en el sentido de aquello que irrumpe y tuerce el curso de la historia-, que ha sacudido la entraña de la Argentina, de fuerte impacto tsunámico en el campo cultural, educativo y político, el testimonio de Una bailarina argentina nos convoca, como un acontecimiento paralelo, en el campo artístico-cultural. 
No se trata de un libro para expertos o especialistas, no es (sólo) para baiarines/as, coreógrafos, músicos o artistas de la escena. Para nada. Muy por el contrario, el libro recorre desde una posición que se asume como subjetiva ("una bailarina argentina", esta, no cualquier otra), pero también una bailarina situada, ubicada en un contexto, hija de los 70, que crece y se forma en los 80, con el regreso de la democracia y la voracidad y el deseo de construir mundos.
[Una etapa que de algún modo acaba de terminar, con este triunfo político de una alianza de derecha que llega electoralmente al Gobierno (el poder siempre lo han tenido).]

Diana propone claves. Primero la vida, siempre la vida, y no (no sólo) un relato inerte acerca de técnicas, espacios formativos, historias de grupos de artistas platenses que trascendieron o no la dimensión del éxito" . eso también esta, el que quiera buscar ese costado más frívolo no saldrá decepcionado de la lectura.
Su carrera, como la de muchos de nosotros, su personal búsqueda de un lenguaje artístico capaz de hacer obra, de tomar una posición y hacer nacer lo que no existía, con los elementos comunicacionales del discurso de la danza, se inicia en los 80.
Transita junto a la pasión por la lectura, la escritura de poesía, el estudio de disciplinas como la acupuntura y el yoga, y el paso por la universidad y otras instituciones educativas de nivel Superior. También hay una elección por buscar buenos maestro, allí donde estén, y estudia en Buenos Aires, en espacios que, por una u otra raz´n, ya no existen más. Sobre estos finales algo abruptos de espacios y proyectos artístico pedagógicos, sin nostalgia pero sin evasivas, también reflexiona el ensayo.
Leticia Carelli, en El espacio-Malisia

3.
Miramos, recorremos los ochenta. Los años de la secundaria en el Liceo "Víctor Mercante" de la UNLP. El despertar de la vocación política.La ciudad en ebullición. La primavera alfonsinista. La familia partida, quebrada, sin un mango y sin un orden, apenas puede alojar este hambre, este deso de crear.  
Hay un antecedente protector, la "escuelita", donde bebimos, y comimos, y cultivamos el respeto por el otro, una educación fundada en el reconocimiento, potenciadora de universos vocabulares donde todos y todas tienen valor. Entonces, ahí , en ese primer rescate Diana se referencia,. Por más adversidades que  traiga la adolescencia, esta matriz es esperanzadora. Hay una potencia, es posible estudiar danzas, y es posible hacer obra.
La Plata bulle.
Los jóvenes nos empezamos a apropiar de los espacios públicos. Nuestros amigos (comunes) tiene bandas de rock, de jazz, estudian teatro, cine, clown , Bellas Artes, militan (mos) en política, en los barrios, con los pibes. Hacemos. Trabajamos de mozas en un bar, en otro. 
De la nada, no, pero partimos de muy poco.
Venimos de una generación eliminada.
Nuestros mayores están perdidos, partidos, quebrados.
Los apenas más grandes la buscan más por le lado político partidario y nosotros por el campo cultural, el arte y los derechos humanos.

"Fierro", Diana Rogovsky, obra de 2012
"Nuda", 2005

 4.
"Cómeme, bébeme", 2002.
¿Por qué escribe este testimonio Diana?
Hay una vacancia (Ro dice en lenguaje psi, hay una falta, hay un vacío). 
Escribe para legitimar el campo de la danza.
Escribe porque es una tarea, porque es parte de nuestra tarea también como educadores, como trabajadores de la cultura.
Contarles a los otros que hay que hacer un recorrido propio, que hay que tomar riesgos, sostener el deseo, formarse, estudiar. Trabajar mucho. Trabajar con otros, Pensar con otros, Producir con otros. Reclamar al Estado el lugar que el Estado nunca había tenido para nuestra generación, y tuvo por doce años. Reclamarle si se retira. Decirle a los estudiantes, a los jóvenes,  que hay que intentarlo y no dejar de intentarlo, que no se puede renunciar de antemano. Habrá un precio a pagar, habrá un sufrimiento, posiblemente, pero en el sentido romántico, en un sentido humano, en un sentido del precio que se paga por elegir, tal vez.
Diana no se queda en Buenos Aires, aunque a lo largo de los años recibe becas, gana concursos, monta obras en teatros porteños. Aunque La Plata mirar, y siga mirando a su espejada Gran Metrópoli como en un espejo que agranda su falta, un espejo que casi siempre la ignora y le da la espalda.
Diana lucha. Sigue adelante. Va encarnando el saber del hacer. Aprende que si bien producir, auto gestionar, siempre es en términos de Creso,  a pérdida, conlleva otra ganancia.
Aunque se pueda caer en las redes de los que en todas partes, se sirven del trabajo y las ideas de otros/as.
En esa praxis, en eses hacer, hay un saber, un saber producto, un saber no acreditado, un saber que  es discurso significativo, que configura sentidos estético-polítcios, éticos.
Hacer grupo y hacer colectivo.
Diana cuenta las distintas experiencias formativas, los maestros que buscó (y muchas veces encontró) en la danza, en la música, en el pensamiento, tanto en Buenos Aires como en La plata, y los saberes de aprender con sus pares, en los distintos colectivos artísticos que integró, desde los largos años con La Marea hasta la actualidad.
¿Por qué leer este libro?
Además de lo ya acá dicho, creo que este libro puede ayudar mucho a quienes están comenzando una carrera en el campo artístico, desde ya en la danza, pero también en cualquier arte escénica, la música, y otros lenguajes. 
La palabra escrita, el testimonio, también es parte de la tarea del artista que piensa, del hacedor que es capaz de distanciarse de su misimidad, y reflexionar acerca de lo que ha hecho, de cómo lo ha hecho, con quienes lo ha hecho, para quienes lo ha hecho.
Abre una puerta al futuro en este recorrido del pasado/presente, recupera la memoria siempre hecha también de olvidos, para que no nos dejemos vencer por la adversidad del momento.
Hoy más que nunca, aunque quieran que sintamos que habitamos tierra arrasada e infértil, los artistas lo desmienten con su obra, y con la palabra que comunica en un nuevo lenguaje.
El ensayo de Diana, su vida, su obra, nos recuerdan que:
"Todos los movimientos del ser humano surgen de la necesidad de atacar o defenderse. Esa es su causa y su estímulo básico e instintivo, aunque olvidado la mayor parte del tiempo [...] Todo artista que quiera pintar [danzar, digo yo en este caso] lo que yo pintado, no tiene más remedio que reflejar una acción que es un conjunto de [...] muchos movimientos, y ese movimiento concentrado acaba inevitablemente por delatar la impronta de su verdadero origen, el ataque y la defensa, la ira y el miedo."**



* Rogovsky, Diana, Una bailarina Argentina, Malisia, Francisco Magallanes, La Plata, 2015, pág. 88. Presentado el 18/11/2015 en El Espacio, diag. 78 esq. 6, La Plata, por Roxana Morales, Juliana Celle y Cintia Rogovsky. Con espectáculo musical y canciones a cargo de Leticia Carelli.
* ** Ivo Andric, Conversación con Goya, citado por Husvedt, Siri, Vivir, pensar, mirar, Anagrama, Buenos Aires, 2013, pág.356)

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