Último verano en Stalingrado, novela

domingo, 27 de diciembre de 2015

"Pefiero los milagros a los bacilos"

 "Si hay que creer en algo que no se ve, prefiero los milagros a los bacilos." (K. Krauss)



Hace 77 años Orson Wells demostró hasta qué punto los medios pueden construir "realidades", apelando a la imaginación del público. Cientos de teorías de la comunicación, intelectuales e investigadores lo han explicado y se han hecho preguntas y elaborado hipótesis al respecto, desde el campo del lenguaje, de la comiencen, la educación, el psicoanálisis, la política, los estudios culturales, el análisis del discurso. Aún así, es asombroso cómo seguimos dejándonos engañar por las manipulaciones mediáticas que han hecho posibles, por caso, que el país más violento del planeta invadiera Iraq con la excusa de que había armas químicas, que jamás fuero encontradas, y el mundo no sólo lo toleró, sino que no pidió explicaciones.

Según el Ministerio de Salud iraquí, esa invasión causó 151,000 muertes violentas de 400,000 muertes debido a la guerra;otras fuentes mencionan: 601,027 muertes violentas de 654,965 (a junio de 2006, Encuesta Lancet; y 1,033,000 muertes violentas como consecuencia del conflicto (agosto 2007, Opinion Research Business.*
Una explicación básica, es que todos/as en alguna medida tenemos (por nuestras matrices culturales y habitus), explicaciones previas de cómo comprendemos el mundo, verdad de Perogrullo que a veces conviene repetir. y aunque hay quienes, ingenuamente, se sostienen en un discurso que pretende ser racional, nuestra interpretación de lo que nos rodea es condicionada por los sentimientos, los sentidos, el modo en que se estructura nuestra psiquis.
Mirar, ver, pensar, son acciones siempre cargadas de subjetividad.
Negamos lo que nos causa dolor.
Ayer recodábamos en una charla familiar cómo hay quienes todavía, en Argentina, sostienen que los desaparecidos están vivos y paseando por Europa, y no hay cuerpos, evidencias, ciencia, leyes, que los hagan cambiar de opinión.
Son creencias arraigadas y profundas.
A veces, montado en un discurso positivismo y racionalista, hay quienes se burlan de la credulidad o ingenuidad de las religiones, y sin embargo creen en el capitalismo y el discurso mediático con un fanatismo que supera al de muchos fanáticos de (otras) religiones.Es por eso que muchos publicistas han utilizado para crear a sus candidatos políticos como productos de consumo, porque saben que muchas personas no se sienten ciudadanos, sin consumidores y desean comprar ilusiones.





Un proyecto político o candidato realista, es alguien imperfecto, que siempre satisface parcialmente, y que en algunos aspectos va a defraudarnos, porque es humano, porque los dispositivos del poder y la política implican el conflicto de intereses. y porque una identidad política colectiva implica articular demandas muy diversas, de modo que siempre habrá satisfacciones limitadas. Y no nos devolverán el dinero, como si fuese una licuadora fallada, somos responsables de lo que elegimos, desde ya. ¡Herida narcisista para quienes desean permanecer en una eterna adolescencia y encontrar el ideal! Yo yo yo yo, a mí, a mí, no me gusta cómo habla, no me gusta el pelo, no me gusta..¿Y es que acaso eso importa?
Lo explicaron los griegos, toda la tradición filosófica occidental, los chinos, Shackespeare, Kant, Spinoza, Marx, Freud, el arte en general y aun así, hay quien se resiste a admitirlo. Aunque el mundo viva en guerra y los seres humanos nos la pasemos destruyéndonos entre nosotros...
Nos venden candidatos como nos venden productos bancarios: nos prometen con eslóganes mundos armoniosos, felices, alegres. Ninguna experiencia humana individual o colectiva puede alojarse en esos mundos de fantasía....Lo sabemos, pero compramos. La pastilla para adelgazar mágica, el candidato que resolverá todo en paz y armonía...¿Cómo todo? Si sabemos que para que unos sean felices, supongamos, y tengan mejores salarios, otros deberían renunciar a ganar tanto? ¿Cómo todos, si hay una parte de la sociedad que cree que los responsables civiles de la dictadura deberían ser juzgados y otros que los consideran empresarios o funcionarios respetables y necesarios? ¿Cómo todos, si hay quienes creen que los procesos de selección y concursos de los jueces deberían ser públicos y con participación popular, y quienes consideran que hay que sostener un statu quo de origen decimonónico? ¿Cómo todos, si hay quienes creen que la retirada del Estado de ciertas funciones permite que el mercado en toda su avidez avance sobre los derechos ciudadanos? ¿Cómo todos, si algunos creemos que está muy mal que un Presidente- sea cual sea su signo político- no tome medidas inmediatas desde el Estado para asistir y hacerse presente cuando hay una catástrofe (climática, accidental, etcétera), y sostener políticas de inclusión y desarrollo financiadas con los impuestos de los más ricos?...En lugar de estas discusiones políticas, los debates se reducen a acusaciones y agresiones, a ironías y cinismos, a apelaciones a lo más ruin que hay en cada uno de nosotros. Es parte de la lógica de la sociedad del espectáculo ver quién le "gana" a quien una disputa en las redes sociales, exhibiciones narcisistas que no parecen contribuir a conrtsuir ideas...O tal vez sí, no lo sé.
Hay discursos hegemónicos muy eficaces, como el de la publicidad, que apelan a estos sentimientos y mecanismos empáticos. Vaya novedad.
Es como la gente que cree en la superioridad de ciertas razas. Están tan convencidos de eso que es imposible que alojen una duda, un argumento contrario. O que creen que la genética determina el destino de un sujeto. Uno creería que esos paradigmas ya habían superados, que es un pensamiento realmente racista, nazi, pero no. Lo creen. Como quienes están convencidos de la justicia de la pena de muerte. Su matriz cultural es tan dogmática, fanática, podemos decir, que no habrá argumento ni sentimiento que atraviese esa certeza.
La gente así de dogmática con frecuencia le atribuye el dogmatismo/fanatismo (que se hace equivalente en algunos discursos al "populismo" y otros "ismos", mezclando Biblias y calefones en un revuelto confuso) al otro, al discurso del otro.
El pensamiento crítico supone permitirse dudar, no quedarse con una versión de los hechos, poner en sospecha las propias certezas. Es arduo, trabajoso, puede implicar dolor y desilusiones.
Hay quien prefiere seguir ilusionado.
Gente buena, decente, bien intencionada, pero que no está dispuesta afrontar la pavorosa caída del velo.






La muerte de Ofelia, de John Everett Millais, 1852


La desilusión implicaría la emergencia de nuevas interpretaciones muy dolorosas. Porque, como escribía Nietszche:
"El conocimiento mata la acción, es preciso para ésta el espejismo de la ilusión: esto es lo que nos enseña
Hamlet ciertamente no es ésta la sabiduría de Hans el Soñador, que, por exceso de reflexión y como por un exceso de posibilidades, no puede ya obrar; no es la reflexión, no: es el verdadero conocimiento, la visión de la horrible verdad. Bajo la influencia de la verdad contemplada, el hombre no percibe ya por todas partes más que lo horrible y absurdo de la existencia [...] Y en este peligro inminente de la voluntad, el arte avanza entonces como un dios salvador que trae el bálsamo saludable: él solo tiene el poder de trasmutar ese hastío de lo que hay de horrible y absurdo en la existencia, en imágenes que ayudan a soportar la vida. Estas imágenes son lo sublime, en el que el arte doma y sojuzga a lo horrible y lo cómico, con el que el arte nos libra de la repulsión de lo absurdo."**



* Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_Irak
** Nietzsche, F, El origen de la tragedia, Espasa Calpe, Madrid, 2007, págs. 81-82.

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