Último verano en Stalingrado, novela

sábado, 2 de enero de 2016

Almabellismo en mí, en vos, en ellas, en ellos, en nosotros

“Para Lacan, esto sólo puede facilitar que el sujeto se escude en la posición paranoica del  'alma bella' que denuncia el desorden del mundo sin poder advertir su implicación en ese desorden."
(José Eduardo Tappan Merino)



Y al final llegaba a la conclusión de que tal vez era más simple: era eso, era debido a eso, a tu gozosa posición de alma bella, que no podíamos más que encaminarnos una y otra vez hacia nuevos desencuentros.
Donde vos alzabas (de nuevo) el dedo acusador, parapetado en el  mangrullo de tu moral:
a veces señalabas hacia mí, como en espejo, pero en el reflejo sólo cabía tu imagen, que iba de la autocomplacencia a la vanidad, pero nunca se tomaba un descanso, nunca querías mirar hacia el otro lado oscuro: el tuyo.
Y se armaban esos enredos, que tanto podían ser de moralismo mezclado con política, como de sexo mezclado con reclamos y grandes penitencias, y castigos, y rencores que crecían como hongos en humedales.
A veces eras un ella, y te entregabas a una autocomplacencia de un progresismo intachable, que nunca tocaba lo sucio, lo feo, y aunque se servía de los beneficios de estas prácticas, te sentabas en la poltrona cómoda de ver tele, en el confort de tu hogar bien equipado, sin frío ni calor.
A veces eras en mí, ese almabellismo que culpaba a los otros, que la miraba de afuera y decía: yo no fui, yo no tengo nada que ver, yo no estoy implicada...Y ese arrebatada pasión acusatoria sólo venía a encubrir lo que sospechaba: que yo sí era, que yo estaba implicada, que no estaba a salvo.
Nacimos caídos, pecadores, dice el saber tradicional de las religiones.
Te enfurecen esas metáforas. No importa, hay otras, tenemos también a Freud y a Lacan.
(No hablaré del peronismo, para que no cierres tus oídos con membranas refractantes.)
Te propongo que lo pensemos  así:
"La conciencia de clase puede no ser revolucionaria, puede no ser socialista, pero siempre es algo. De ese ‘algo’ parte el trabajo político, el tuyo y el mío.Y ésta es la cuestión. Tanto para los doctrinarios como para los poéticos. Si las almas bellas se interesaran por esta trama, descubrirían que un genial observador de nuestro mundo, Antonio Gramsci, diseñó con maestría la índole de los escenarios en los que transcurre la política. ¿Cómo articular con los más un espacio que pueda efectivamente disputar el territorio a los de arriba? La manera no puede provenir de mis sueños y aspiraciones. Ni provenir de rígidos principios. Tendrá que nutrirse de los complejos y contradictorios entrelazamientos que las mayorías han conjugado para negociar condiciones de vida que suponen mínimamente aceptables en el marco de ciertas condiciones. Las mayorías son portadoras de una vasta sabiduría que recorre generaciones y continentes. Y no son poéticas ni aventuradas. Pero son los protagonistas. Los protagonistas de la política y de los cambios posibles. A veces pueden equivocarse en toda la línea. Pero sólo desde su experiencia puede buscarse un nuevo camino."*

No soy yo, no es el mundo, no son los otros...Y chau. Listo.
¿Nunca en vos, nada? ¿Ni una duda, ni una pregunta, ni la sombra de una implicación que dijera: este es un hombre, una mujer, un adulto, y podemos tener una conversación?
(Prometo que cuando asome en mí esa alma bella, esa pequeña Dora, la miraré a la cara: vete de mí, cuervo negro.)

* Mario Toer, en Página 12, 2009, http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-126672-2009-06-15.html




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