Último verano en Stalingrado, novela

martes, 30 de agosto de 2011

¡¡¡Presentes!!!!

Ella trabaja de moza en un café del centro porteño y tiene dos hijas. Una ya está en la secundaria, así que ella se pone también a completar la escuela que abandonó en su momento para trabajar. Se pasa todo el día parada, sirviendo las mesas, después (cuando no hace horas extras) se va a la vespertina, luego a casa, prepara la comida, revisa las tareas de las chicas, descansa. Nunca pierde la sonrisa ni el saludo cálido.
La escuela no la hizo ni ella ni ninguna de sus hermanas. Son siete. Vienen del norte argentino. Es que al padre, que era delegado sindical en una famosa fábrica, lo desaparecieron en el 76. La madre se volvió al pago con las siete chicas. Las crió como pudo. No se hablaba de la desaparición del padre. Ella es de esas personas de las que uno dice: es de buena madera.
Me cuenta que está feliz haciendo la escuela, que varias de sus hermanas están haciendo lo mismo, que después quiere seguir derecho. No tengo dudas de que va a lograrlo. Tiene la fuerza, la inteligencia y la perseverancia.
La conozco hace unos años. Pero la historia del padre me la contó hace poco, cuando ambas nos dimos cuenta, a raíz de una charla sobre el matrimonio igualitario, que estábamos del mismo lado. Del lado de los que queremos más derechos para todos. Del lado de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Por su padre, por los 30.000, por las familias de ellos y por cada uno de nosotros y nuestros hijos.

sábado, 20 de agosto de 2011

Memorias de un enfermo de nervios

Memorias de un enfermo de nervios (Denkwürdigkeiten eines Nervenkranken), de Daniel Paul Schreber (1842-1911), es de esos libros de los que hemos escuchado hablar en varias oportunidades, en especial a los que tenemos algún amigo psicoanalista, por el que sentimos curiosidad, del que sabemos vagamente algo (como que influyó definitivamente en las teorías sobre la paranoia de Freud, o en Jung, luego en Lacan y sus sucesivas interpretaciones y revisiones), sabemos que Deleuze, Melanie Klein y Elias Canetti escribieron acerca de él, que es un texto ineludible de la cultura del siglo pasado, etc.
Pero cuando lo leemos,(¡al fin!), como en mi caso, en esta maravillosa edición de Sextopiso (2008, 656 págs.), que incluye una Presentación de Roberto Calasso, las memorias propiamente dichas, las Observaciones psicoanalíticas de un caso de paranoia, de Freud, y El caso Schreber, de Elias Canetti (1949), es un chispazo en el cerebro. (Y una tras otra van cayendo las piezas del dominó.)
Obra de profundo impacto en algunas de las mentes más lúcidas del siglo XX,ofrece a los lectores contemporáneos tal multiplicidad de interpretaciones que parece inagotable. Como relato, el delirio de Schreber te sumerge (y atrapa) en la mente de un paranoico culto, brillante, fóbico y muy inteligente, que maneja el lenguaje como si sus palabras pudieran intervenir como los "rayos" de Dios y de las "almas probadas" que lo torturan en su duelo de ocho años de enfermedad, en nosotros mismos. Al mismo tiempo el sistema, la estructura de su delirio, ofrece varios paralelismos con diversas teologías, que pueden interesar tanto en sus lecturas estéticas como en las éticas. Desde el punto de vista de la política, Canetti interpreta la paranoia como "la enfermedad del poder", como lo más parecido al ejercicio del poder político, y lo compara con el nazismo. Ni que decir que Freud fundó gran parte de sus ideas sobre la paranoia a partir de este relato, del debate del mismo con Jung, y que las sucesivas revisiones a la interpretación de este caso en Freud (que veía en Schreber y su delirio paranoico una respuesta a la represión de su deseo homosexual) han hecho correr mucha tinta.
Imposible, en la Argentina de estos días, leerlo sin pensar en el discurso delirante de Elisa Carrió.
En su delirio de grandeza, su lucha contra Dios (el padre autoritario de Schreber, Flechsig, su psiquiatra, etc), único igual, su percepción de ser la medida de todas las cosas y el único sobreviviente humano en el universo (anuncios de catástrofes); el complot urdido en su contra, su decisión de someterse a la metamorfosis en mujer, las torturas y transformaciones que vive en su cuerpo, Schreber de alguna manera ha triunfado, en su deseo evangelizador, al difundir como "religión" su delirio, como se evidencia de algún modo en esos ríos de tinta que atraviesan los campos de la literatura, el psicoanálisis, la filosofía política del siglo XX que vuelven una y otra vez sobre esta obra escrita por un enfermo mental recluido en un manicomio durante casi una década.
Ha logrado que hablemos de él, nos interesemos en su palabra, observemos (legitimando de algún modo y por los caminos más inesperados) la importancia simbólica de los significantes de su lenguaje.

Contratapa de mi edición:
Memorias de un enfermo de nervios es una extraordinaria crónica de uno de los delirios más alucinantes que se hayan registrado en la historia de la humanidad, el del presidente de la Corte de Apelaciones de Dresde, Daniel Paul Schreber.
Presentamos la segunda edición de este libro canónico que incluye los siguientes textos: «Nota sobre los lectores de Schreber», de Roberto Calasso; «Observaciones psicoanalíticas de un caso de paranoia» de Sigmund Freud; «El caso Schreber» de Elias Canetti.
Schreber relata con detalle y precisión lo sucedido durante su prolongada estancia en el hospital mental de Sonnenstein, cuando tenía la plena convicción de ser víctima de un intento de almicidio por parte de Dios, con la ayuda de su psiquiatra, el Dr. Flechsig. En esta feroz lucha está en juego nada menos que el orden del mundo y el futuro de la humanidad, por lo que el presidente Schreber recurre a cuestiones extremas como transformarse en mujer para así intentar seducir a Dios y poder conjurar el peligro que se cierne sobre su persona.
Las Memorias han sido un texto esencial para diversos pensadores y escritores. En esta edición se incluye un ensayo introductorio de Roberto Calasso que permitirá al lector seguir paso a paso el impacto y trayectoria de este excepcional libro; como apéndices aparecen dos importantes textos: «Observaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia», famoso ensayo de Sigmund Freud en torno a las Memorias, que se erigió como la piedra angular de su teoría de la paranoia, y «El caso Schreber» de Elias Canetti, donde vincula con minucia la paranoica figura del presidente Schreber con la del poderoso por antonomasia.

lunes, 15 de agosto de 2011

La fuerza del amor

No intentaré fingir ningún análisis. No le pondré palabras seudo explicativas a lo de ayer. Otros lo han hecho y lo harán, sin duda, mejor que yo. Acá y en otros ámbitos he intentado reflexionar varias veces, en épocas más duras y de derrotas, respecto a lo que opino sobre  el kirchnerismo, Néstor y Cristina

Así que apenas unas palabras atrapadas al vuelo, entre el cansancio de las tareas de militancia del escrutinio y el regreso a las tareas diarias de los que ejercemos el derecho al trabajo y  vivimos de nuestro salario, hace apenas unos años, escaso privilegio que se escapaba de las posibilidades de gran parte del pueblo argentino.
Pero quiero decir que, entre las múltiples y variadas causas por las cuales la "gente", nuestro múltiple y diverso pueblo, votó ayer a CFK, no tengo dudas de que una que puede de algún modo sintetizar, es la de habernos devuelto la esperanza, que es: 

  • el deseo (la libido, la voluntad de vivir, desarrollar un proyecto, trabajar en lo que uno puede, quiere o sabe, amar, más tributos a Eros y menos culto a Tánatos);
  •  la expectativa de futuro (una concepción acerca del tiempo histórico que incluye una percepción del pasado, una interpretación del presente y una imaginación sobre lo por venir): la certeza de que nuestros hijos ya tienen un país mejor que el que tuvimos junto a la posibilidad de soñar que eso puede continuar mejorando.  
  • una ideología acerca del espacio y el territorio (con límites a la codicia y sin límites a los derechos) que habitamos y el que queremos construir: donde se pueda gozar del amor a nuestra familia (sea ésta cómo sea), nuestros amigos y compañeros de militancia, nuestra Patria. Donde no nos persigan, o nos restrinjan la libertad, no nos maten (a tiros, de hambre, de exilios, de desencanto, privándonos de la dignidad del trabajo, de aburrimiento, de exceso de consumismo). Donde quepamos, cómodos, todos. Los que son parecidos a nosotros y los que no lo son, los que nos gustan y nos caen bien y los que no soportamos.
  • la conciencia de que en la mayor parte del mundo, tanto países mucho más ricos como otros más pobres, la están pasando muy mal. Los gobiernos toman medidas que generan cada vez más injusticia y sufrimiento en la vida individual y colectiva de sus pueblos.Y acá es al revés.
  • la identificación positiva con el liderazgo, y la fuerza, de una mujer que se sabe reponer a los peores sufrimientos y sortear los más duros obstáculos que la vida y la política le ponen en el camino.
  • y tantas cosas más por las que ayer votamos a Cristina.


martes, 9 de agosto de 2011

Maximiliano, Carlota, Alfonsín y Carrió

  "Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz." (Benito Juárez)

Lo malo de leer biografías acerca de personajes famosos de las casas reinantes europeas es comprobar cómo, una y otra vez, los poderosos del mundo resuelven, en sus bellos palacios veraniegos o en los bancos y las bolsas de Londres, Viena, Nueva York y París sobre el destino de millones de hombres, mujeres y niños sojuzgados en todo el planeta.
de Grecia, Miguel, La emperatriz del adiós,
Plaza y Janés, Barcelona, 2000.
Los intensos cambios que se produjeron en la Europa del siglo XIX, con las sucesivas alianzas y rupturas, guerras, revoluciones, golpes de Estado, breves triunfos de los sectores populares y nuevas imposiciones de las alianzas entre ricos y burgueses se expresaron en América Latina bajo la forma de nuevas expropiaciones de bienes, represión de los movimientos emancipadores nacionales y asesinatos masivos. Así es el caso de la forzada construcción del Imperio Mexicano (1863-1867), producto de la intervención francesa y cuya corona ostentaron brevemente y como títeres del emperador Napoleón III (1852-1863), Maximiliano Habsburgo-Coburgo (hermano del "eterno" y reaccionario emperador Francisco José de Austria) y Carlota de Bélgica (nieta del Rey Luis Felipe de Orleans que encabezó la monarquía constitucional francesa (1830-1848) luego de la caída de Napoleón I y el reinado de los borbones.
Son, por supuesto, entretenidos los aspectos románticos de esta curiosa historia, en la cual para ocultar lo que intuyo era la homosexualidad de Maximiliano se habló de todo tipo de variantes (mujeriego, impotente, melancólico) y la posterior locura de la emperatriz depuesta Carlota (a causa de haber sido envenenada en Yucatán por partidarios del perseguido Benito Juárez; o como resultado de la conspiración de los yanquis para frenar ese imperio que se había aliado con el derrotado Sur; o por instigación de Napoleón III de Francia como castigo por el fracaso de su marido o las deudas que no pagaron a Francia; o por los colaboradores del Emperador Francisco José para quedarse con el generoso patrimonio de Carlota y eliminar un posible sucesor a su trono, o por alguna o algún amante de Maximiliano, según las múltiples hipótesis que tejieron la prensa y los servicios diplomáticos americanos y europeos).
Carlota y Maximiliano
Pero no menos inquietante es indagar en los procesos en los cuales el cipayismo local (encabezado por el Partido Conservador Mexicano) buscó alianzas y préstamos impagables (deuda externa) en las casas reinantes europeas para imponer su proyecto y mantener en estado de sometimiento a las masas campesinas indígenas, a costa de la vida de miles de mexicanos y, por supuesto, de la posibilidad de desarrollo de su país y de las mayorías.
La invasión de Francia, España e Inglaterra en 1861 tenía como fin recuperar el dinero que Juárez no había pagado a sus acreedores de las potencias colonizadoras. Entonces, como ahora, el capital marcaba la política a seguir en las naciones débiles para favorecer los negocios de los banqueros que, a su vez financiaban a los gobiernos europeos como el suizo Jecker. Los mismos intereses que hoy hacen temblar a los gobiernos europeos (arde Londres, Obama está al borde de declarar el default, cae España, Francia ajusta y los bancos se quieren desquitar una vez más con los pueblos).
En medio de este conflicto, liberales republicanos hincados ante el poder europeo, nacionalistas traidores, buscando la protección económica y la intervención militar de Lincoln y sus sucesores (de la mano de la doctrina Monroe), espías disfrazados de curas y Papas enojados por la confiscación de los bienes de la poderosa Iglesia mexicana. Los ecos de estas voces parecen resonar en los discursos de muchos políticos opositores argentinos que añoran la intervención de las potencias imperialistas, que hoy llamamos "primer mundo", que reclaman romper el "aislamiento" que supone el ejercicio de relaciones internacionales fundadas en considerarnos, como Juárez, soberanos.
A falta de sentimientos monárquicos en nuestras culturas, pero con estrategias parecidas de propaganda y marcketing (mejoradas por el uso de una liturgia imponente y funcional al poder como lo es la de los mass media actuales), colocan como caras visibles de sus proyectos, como máscaras, a los nuevos Maximilianos y Carlotas que vendrán a salvarnos de supuestas "tiranías" nacionalistas y populistas que nos pretenden libres, justos y soberanos.
A veces Alfonsín (hijo) remeda, en clave bizarra, a un Maximiliano, frustrado segundón de un pariente poderoso y Carrió podría representar, sin forzarlo demasiado, a la pobre emperatriz, otrora capaz e inteligente, que se autodestruyó en medio de sus delirios de grandeza y va mendigando en embajadas extranjeras, invasiones y protecciones para su fantasmagórico sueño abortado.

lunes, 8 de agosto de 2011

Los Borgia (series)

Pocas épocas y sagas familiares ilustran mejor las relaciones entre el poder y su liturgia como la del ascenso y caída de los Borgia en el Renacimiento europeo.
Tan atractivos resultan todos y cada uno de los personajes históricos que protagonizaron ese intenso proceso político, que acerca de ellos se han escrito cientos de biografías (más o menos serias, entre las que destaco O César o nada, de M. Vázquez Montalbán), se han pintado cuadros, se han filmado películas, entre otros, sin que el tema parezca agotarse nunca. Incluso, gente que desconoce por completo ese periodo histórico ha escuchado hablar de algunos mitos populares en torno a Lucrecia Borgia (o Borja) supuesta "envenenadora" (como mujer, víctima y carta de negociación en las tramas de alianzas tejidas por su padre en sucesivos y malogrados matrimonios); de las relaciones "incestuosas" de su padre Rodrigo, su hermano César, del sospechoso asesinato de su hermano mayor Juan, duque de Gandía, y del desigual matrimonio del pequeño Jofré Borgia con la sensual Sancha de  Nápoles, entre otros. Hablamos de los tiempos de Machiavelo, del monje Savonarola, del temible rey Ferrante de un Nápoles cuya soberanía disputaban Francia, España (como herencia de la Casa de Aragón, cuyo líder Fernando el Católico inspiró, junto a César Borgia, El Príncipe) y Austria; del emperador Carlos V (I de España), del invasor Carlos VIII y luego Luis XII de Francia; de los tratados secretos con el sultán de Constatinopla; de las alianzas del cardenal Della Rovere (que asumiría luego el papado como Julio II). Las contradicciones y controversias de la configuración de los estados modernos europeos, la sangrienta conquista americana, la persecución de los musulmanes y judíos de Sefarad (a muchos de los cuales el Papa Borgia daría asilo en Roma para aprovechar sus riquezas y capacidad para el comercio), del poder de los Sforza en Milán y de la república de Florencia de los banqueros Médicis. 
Es así que para quienes quieran ver una muy buena producción sobre esta saga familiar, es recomendable la Coproducción Irlanda-Canadá-Hungría; Mid Atlantic Films / Octagon Films / Take 5 Productions, dirigida por Neil Jordan (Creator), Simon Cellan Jones, John Maybury, Jeremy Podeswa, que consta de 9 capítulos que acá transmite I Sat los domingos a las 22 hs. Un verdadero goce estético no sólo por las actuaciones y el guión, (Jeremy Irons interpreta a Rodrigo Borja, por ejemplo) sino por el magnífico vestuario, las escenografías, la música y la fotografía.


viernes, 5 de agosto de 2011

Cada día tiene su afán 2

Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. (MATEO 6:25-34)


2. Rita
Se levanta cansada y antes de saltar de la cama enciende la radio y el primer cigarrillo. Soñó con los exámenes que le falta corregir, con Nacho (y qué bueno sería volver a tener una noche de sexo con él), con una ciudad brumosa y con el regalo que tiene que comprar para el cumple al que irá su hija después de la escuela. La llevará Ana, la empleada, porque ella al salir de la oficina tiene una reunión política. Están en campaña. Sino gana Cristina será otra vez el infierno de 2001, cuando el papá de la nena se tuvo que ir del país, como varios de sus compañeros de laburo y facultad.
Después, quizá logre ir al dentista, hace tres citas que tiene que suspender porque el jefe le pidió un artículo para un seminario, porque la llamaron de urgencia del jardín, porque internaron a su amiga en medio de un brote. Ella corre atrás de todos los incendios. Toma la segunda taza de café y piensa si vale la pena. Envidia a las mujeres que tienen tiempo para el gimnasio y la peluquería. Todo para nada, ni siquiera puede pagar el crédito para comprar el auto y hay cada hijo de puta que se llena la boca hablando de ética y la levanta con pala.
Su madre está enferma, después de la escuela debería pasar a verla, cocinarle algo antes de rajar al otro laburo. Pero.
Prepara una tarta para la nena. Llega Ana, hablan del frío. Se pone el tapado nuevo, qué bien le queda. Al menos ahora se puede comprar buenas pilchas. Se siente culpable con Ana, tiene cuatro pibes que alimentar y ella se queja por la peluquería. Besa a la nena que duerme plácidamente en la habitación recién pintada y llena de peluches. Tiene la piel calentita y suave. Ojalá pudiera quedarse hasta que se despierte. ¿Se recupera todo es tiempo robado a la infancia de los hijos? Se ha hecho tarde. Llama a un taxi, carga el portafolios con las pruebas de sus alumnos. Le toca hablar de Virreinato. Pueden debatir de los maravillosos festejos del Bicentenario. ¿Habrán ido los pibes? Ojalá. Ya les repartieton las compus. Es increíble, Hace unos años ni para los sueldos había. Se la robaban toda, los mismos que hoy critican al gobierno de Cristina. ¡Qué ovarios tiene! Y ella está cansada. Pensar que la Presidenta se tiene que ocupar de todo un país, en medio de conspiraciones golpistas y medios opositores.
Da una buena clase. Charla con las compañeras en la sala de profesores. Toma otro taxi hasta lo de su madre. Le prepara un omelette. Otro taxi hasta la oficina. El jefe está con cara de culo porque ella llegó tarde. Total, él no tiene que hacerle la comida a nadie. Llama a Ana. La nena ya está en casa de nuevo y acaba de llegar la niñera. Una piba bárbara que estudia arte. Le gustaría pagarle mejor, pero no da. 
Le enchufan un montón de laburo. Se hace tarde. Suspende con el dentista y va a la reubión política con los compañeros. Suspende la cena con amigas. Revisa el mail, Nacho no ha dado señales.
Sale del laburo. Toma el micro. Ya no queda un mango para taxis, así no va a poder nunca comprarse un autito. Llega a casa. La nena la recibe toda sonrisas. Charla con la niñera. Prepara la cena, habla por teléfono por cosas del laburo, con una amiga y con la madre. Le lee unos cuentos a la nena. Se duerme en la cama de ella mientras miran el noticiero. Qué hijos de puta son estos de TN. Llama a Nacho. Contestador. Ducha rápida. Secador. Planchita. Se han hecho las doce. Cierra la casa. Tuitea un rato. Toma una copa de vino. Pasa a la nena a su cama. Le da de comer a los gatos. Fuma un pucho y se acuesta angustiada pensando en todo lo que tiene que hacer mañana. Hace diez años que murió su padre y todavía hay noches en que le gustaría hablar con él de sus cosas. Se acuerda de una oración de la infancia que le decía su abuela. Cada día tiene su afán.

Cada día tiene su afán

Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. (MATEO 6:25-34)




1. Ana
Se levanta a las 4 y media, el chiflete del viento frío entra por las hendijas de los tablones de la casilla. Se abriga sin hacer ruido para no despertar a los chicos que duermen bien tapados. Enchufa la estufa eléctrica. Calienta agua en el anafe, total la garrafa es nueva. Prepara el mate cocido y lo pone en el termo, después de tomar una taza. Le deja la campera más nueva a la nena más grande que ya está despierta (ya las dos tienen el mismo talle, cómo se pasa la vida y los chicos se vienen grandes),  le da instrucciones para el desayuno y para llevar a los hermanos a la escuela. Se emponcha bien, camina por la calle embarrada las cinco cuadras hasta la parada. Viaja parada y apretada. Se baja en la estación de tren. Sube al segundo que pasa. Viaja apretada. Baja. Camina seis cuadras, el sol empieza a calentar la mañana, los porteros barren las veredas, los negocios levantan las persianas. Toca el timbre, le abre la patrona. Se saludan, comentan del frío que está haciendo. Se cambia la ropa. Trabaja hasta las dos. Come un sanguche con los nenes de la casa y una sopa. Se despide. Camina hasta el subte. Viaja apretada. Llega a la casa vacía, abre. Limpia el baño, la cocina, los pisos que le quedan tan lindos que se siente orgullosa. Plancha las camisas del patrón, le quedan como para ir a una fiesta. Se sienta en la cocina que huele a lavandina. Se toma un té. Llega la patrona. Conversan del tiempo, le paga el día  y le da una bolsa de ropa para los chicos. Cae la tarde, el sol ya no calienta. El hijo de la patrona la acerca hasta la estación de trenes en su auto. Toma el tren. Espera  una hora el colectivo. El frío es una tortura. Llega de noche a la casa. La nena más grande ya está preparando un guiso con las verduras que les compró el vecino en el mercado. Los chicos revisan la bolsa de ropa. Hay un buzo rojo hermoso para la Marta y una campera rosa para la Lucy, que es perfecta para la escuela. Zapatillas casi nuevas para el chiquito. Que buena es la patrona de la tarde. 
Cuando los más chicos se duermen, calienta un poco de agua, se higieniza. Revisa los cuadernos de la escuela y mira la novela con la nena más grande. Sale de la casa, fuma un cigarrillo y se va a acostar, satisfecha y agotada. En la cama que comparte con el chiquito y la Lucy, en silencio, reza una oración que aprendió en la parroquia, piensa en qué lindo sería que el papá de los nenes volviera (¡cómo lo extraña!) y consiguiera un buen laburo. La angustia que le agarra a veces cuando no tiene un mango para darles de comer a los chicos, qué suerte lo de la asignación. Lo bueno que es el vecino, cómo los cuida cuando ella no está. Lo inteligente que es la nena mayor, ojalá le den la computadora en el colegio. Cada día tiene su afán.

Literatura y ambición

Este post está dedicado especialmente a la sabia Felicitas.

"La ambición de propósitos puede ser reprobable en muchos campos de actividad, no en la literatura. La literatura sólo vive si se propone objetivos desmesurados, incluso más allá de toda posibilidad de realización", escribe Italo Calvino en el capítulo "Multiplicidad" de sus Seis propuestas para el próximo milenio, (1990), lo que me lleva a asociarlo con un libro que compré hace poco y todavía no he terminado de G. Steiner, Los libros que nunca he escrito (2008).
Como es mi costumbre, me fui por las ramas. Las frustraciones y fracasos que supone el riesgo del hacer (escribir, en este caso, pero creo que puede ser válido para otras cosas) tienen sus particularidades y a veces nos envenenan la vida como esas bacterias que una vez radicadas en el organismo son indestructibles y van dañando de a poco pero sin pausa.
Basta con obrar, (gestionar, el oikónomos, diría Agamben si lo forzamos un poco) para equivocarse, no alcanzar las expectativas, desilusionarse. 
¿Pero qué ocurre, no ya con los libros que no escribimos, sino con los deseos a los que no nos atrevemos, por ambiciosos, irrealizables o por simple cobardía?
Una de las ventajas de la madurez (aunque no sepa muy bien qué es eso exactamente) es que uno va a aprendiendo un poco más a renunciar a lo superfluo y se concentra un poco más en emprender esas desmesuradas obras que son, creo que para todos los seres humanos, los intentos de hacer lo que deseamos, aun cuando sepamos que nos aguarda, al final y siempre, la posibilidad del fracaso.
Porque, como le comentan al propio Steiner en una entrevista acerca de su último libro, "Había una pintada en Ecuador que decía: 'Cuando por fin teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas'.