Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 5 de agosto de 2011

Cada día tiene su afán 2

Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. (MATEO 6:25-34)


2. Rita
Se levanta cansada y antes de saltar de la cama enciende la radio y el primer cigarrillo. Soñó con los exámenes que le falta corregir, con Nacho (y qué bueno sería volver a tener una noche de sexo con él), con una ciudad brumosa y con el regalo que tiene que comprar para el cumple al que irá su hija después de la escuela. La llevará Ana, la empleada, porque ella al salir de la oficina tiene una reunión política. Están en campaña. Sino gana Cristina será otra vez el infierno de 2001, cuando el papá de la nena se tuvo que ir del país, como varios de sus compañeros de laburo y facultad.
Después, quizá logre ir al dentista, hace tres citas que tiene que suspender porque el jefe le pidió un artículo para un seminario, porque la llamaron de urgencia del jardín, porque internaron a su amiga en medio de un brote. Ella corre atrás de todos los incendios. Toma la segunda taza de café y piensa si vale la pena. Envidia a las mujeres que tienen tiempo para el gimnasio y la peluquería. Todo para nada, ni siquiera puede pagar el crédito para comprar el auto y hay cada hijo de puta que se llena la boca hablando de ética y la levanta con pala.
Su madre está enferma, después de la escuela debería pasar a verla, cocinarle algo antes de rajar al otro laburo. Pero.
Prepara una tarta para la nena. Llega Ana, hablan del frío. Se pone el tapado nuevo, qué bien le queda. Al menos ahora se puede comprar buenas pilchas. Se siente culpable con Ana, tiene cuatro pibes que alimentar y ella se queja por la peluquería. Besa a la nena que duerme plácidamente en la habitación recién pintada y llena de peluches. Tiene la piel calentita y suave. Ojalá pudiera quedarse hasta que se despierte. ¿Se recupera todo es tiempo robado a la infancia de los hijos? Se ha hecho tarde. Llama a un taxi, carga el portafolios con las pruebas de sus alumnos. Le toca hablar de Virreinato. Pueden debatir de los maravillosos festejos del Bicentenario. ¿Habrán ido los pibes? Ojalá. Ya les repartieton las compus. Es increíble, Hace unos años ni para los sueldos había. Se la robaban toda, los mismos que hoy critican al gobierno de Cristina. ¡Qué ovarios tiene! Y ella está cansada. Pensar que la Presidenta se tiene que ocupar de todo un país, en medio de conspiraciones golpistas y medios opositores.
Da una buena clase. Charla con las compañeras en la sala de profesores. Toma otro taxi hasta lo de su madre. Le prepara un omelette. Otro taxi hasta la oficina. El jefe está con cara de culo porque ella llegó tarde. Total, él no tiene que hacerle la comida a nadie. Llama a Ana. La nena ya está en casa de nuevo y acaba de llegar la niñera. Una piba bárbara que estudia arte. Le gustaría pagarle mejor, pero no da. 
Le enchufan un montón de laburo. Se hace tarde. Suspende con el dentista y va a la reubión política con los compañeros. Suspende la cena con amigas. Revisa el mail, Nacho no ha dado señales.
Sale del laburo. Toma el micro. Ya no queda un mango para taxis, así no va a poder nunca comprarse un autito. Llega a casa. La nena la recibe toda sonrisas. Charla con la niñera. Prepara la cena, habla por teléfono por cosas del laburo, con una amiga y con la madre. Le lee unos cuentos a la nena. Se duerme en la cama de ella mientras miran el noticiero. Qué hijos de puta son estos de TN. Llama a Nacho. Contestador. Ducha rápida. Secador. Planchita. Se han hecho las doce. Cierra la casa. Tuitea un rato. Toma una copa de vino. Pasa a la nena a su cama. Le da de comer a los gatos. Fuma un pucho y se acuesta angustiada pensando en todo lo que tiene que hacer mañana. Hace diez años que murió su padre y todavía hay noches en que le gustaría hablar con él de sus cosas. Se acuerda de una oración de la infancia que le decía su abuela. Cada día tiene su afán.

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