Último verano en Stalingrado, novela

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Es propicia la perseverancia

 "El mayor triunfo del Diablo es habernos convencido de que no existe".
 (Giovanni Papini El Diablo)

El hecho de que él pudiera gozar en medio de aquella definitiva devastación, en medio de esa inapelable renuncia al amor por el otro, la caridad, le abrió un abismo en la línea de tiempo. Que es también la del espacio.
Como si el Libro de las Mutaciones macara el final, sin ninguna línea mutante.
De este lado, nosotros con nuestra devastación, con los amenazados, con los vulnerados, con los violentados, como siempre.
Ustedes, allá, en su planeta de altos consumos y preocupaciones configuradas por el Amo $ en sus diversas versiones.
Durante un breve momento, un instante efímero de más de un década, creímos que podíamos ser felices todos, ustedes con sus prvilegios de clase casi intactos, y el resto, con un poco de goce repartido. Nosotros no queríamos tanto, pero ustedes no se conforman sino tiene todo.
Y bueno. Acá estamos de nuevo en un hexagrama estructurante: el Antagonismo.
No lo inventamos ahora, ni nosotros, ni siquiera el marxismo.
Los chinos lo vienen analizando desde hace milenios.
Tal vez por eso sean la potencia mas futurable de todas.
Comprender cómo funcionan tus antagonistas te ayuda a conocerte a vos mismos, sin duda.
De los errores se aprende y se vuelve.
Hay que procurar abrir todos los sentidos al mundo, a los discursos y las voces, las señales, hay que valerse del saber de los artistas intelectuales y no sólo de los mentistas.
Es propicia la perseverancia.
El amor trae ventura.
Los mercaderes en el Templo sólo creen en odiar y estafar. Por lo tanto, esa línea se ha roto ya no hay puentes, porque él ha cruzado del lado de los predadores: aguiluchos, buitres, cuervos.
Y nosotros hemos quedado del lado de las presas. Todo lo demás es casi anecdótico y, lo dice el sabio I Ching: "los pájaros de la misma especie se agrupan porque comparten un trasfondo.
común."
Puede que los contrarios se atraigan, pero aun así,  cualquier presa sabe que de los predadores hay que defenderse: o luchar, o huir, como todos los mamíferos.
Nuestro amor no reducirá el dolor, pero lo volverá cada día más soportable, hasta que un día aprendamos de él.
Y su odio terminará por arruinarles el festín de gula, avaricia, lujuria, la pereza, la ira y la envidia.
Y aunque nosotros pagaremos cara la soberbia, 6 de 7 pecados capitales son suyos.
Es propicia la perseverancia. A la larga, trae ventura

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