martes, 27 de marzo de 2018

Poetas del siglo viejo

"Sucedió entonces lo que nadie quiere entender. 
En ese botarate provocador me vi como en un espejo y me dio vergüenza. 
No sentí miedo; acaso de haberlo sentido, salgo a pelear".
(JLBorges, "Historia de Rosendo Juárez")


R, que es de una lucidez y erudición extraordinarias, señala que los poetas y prosistas de la generación del 37, y sus vecindades (agrego yo) huyen de la ciudad que empieza a volvérseles extraña cuando la "chusma" que baja de los barcos los "invade".
Corto maltés, Hugo Pratt
Unos huyen hacia el campo, otros a la selva, como Quiroga, otras al mar, como Alfonsina. R lo dice de una manera tan graciosa que merecería un gag en alguna comedia, si es que algún día la historia argentina se puede contar en tono de comedia y no de tragedia.
Borges, dice R, que no sé si está citando a Horacio González o a algún otro, o a sí mismo (tampoco importa), huye al siglo XIX.
Y claro, es ahí donde con frecuencia también a mí me lleva una nostalgia que incluso no me pertenece del todo, sino que es heredada, sobre todo, de la lectura.
Porque hay que ver que ya a esta altura soy más del XXI que del XX y sin embargo, fueron Dickens, Louise M.  Alcott (¡los dioses nos perdonen estos caprichos de infancia y juventud!) London, Poe, Dostoyevski, Tolstoi, Mc Cullers, Proust, Flaubert, Mary Shelley, mis primeros amores literarios, quienes despertaron esta anticuada pasión por la novela decimonónica o del joven siglo "nuevo",  tan olvidada, e incluso, vapuleada injustamente las más de las veces. Eran los habitantes de las bibliotecas legadas por abuelos y tíos abuelos, venidos de aquellos tiempos de lecturas en papel y vidas sin televisión.
Incluso en el cuento y la poesía, en los que tempranamente mi mundo fue habitado por obras más contemporáneas (sobre todo, ciencia ficción, género negro y grandes cuentistas argentinxs), incluso allí me siento más en mi tiempo, quizá porque Rafael Alberti, Hernández o García Lorca poblaron también aquellas lecturas de infancia.
Hasta en los cómics me siento más cómoda donde hay cierto "clasicismo" que me invita más, un Corto Maltés....Oesterheld&Breccia...

No al Martín Fierro de la Vuelta, sino al otro, insiste R.

R dice de memoria a Borges, a varios Borges, y se le nota en el gesto la apasionada admiración que siente tanto por el joven Borges, anarquista y cercano a Jauretche, como por el maduro, conservador, genio entre los genios y a la vez, convertido por su propia decisión en el poeta de los liberales conservadores argentinos y tan políticamente del lado de los enemigos del pueblo.
Borges se ha colado en la clase donde estaban Simmel, Nietzsche, y otros alemanes, y sobre todo Rousseau y algún que otro francés, inglés, suizo o italiano, por lo que se ha colado también un rato Darwin.
Pienso en Maquiavelo y en César (en Julio y en Borgia), príncipes de nuevos mundos y cambios de época, grandes conductores: uno con virtud y fortuna duraderas (hasta los Idus de marzo al menos), el otro con más virtud (virtú, como energía vital) que suerte.* Ambos latinos, de una Italia que todavía no era pero que se puede adivinar si tiene razón Borges y el futuro también ya está escrito.
Pienso en Bolivia y sus miles de lenguas que reconocidas y libres, aun así (o quizá por eso mismo) hacen nación, entonces quizás la idea de lengua y nación de Ernest Renan pueda ser correcta para la Europa occidental pero no para nosotros, que poderos pensarnos enlazados por lo diverso y tal vez hermanados por los mundos perdidos, arrasados, y lo porvenires soñados colectivamente por nuestros pueblos hoy, en canciones y lenguas que estamos siendo y diciendo.
Entonces en América Latina es siempre a nuestro modo. Puede haber nación sin una lengua única, porque la lengua única acá nos recuerda la opresión de una u otra forma. Nos nombraron, hacia atrás y hacia adelante, para hacernos ser lo que no somos y en una lengua que tuvimos que reinventar una y otra vez.
"La lengua" oficial siempre es de ese amo dominador, violador, machista, explotador...pero es también nuestro cuchillo para dar las batallas de las mujeres guerrilleras y guerreras, de los hombres que no quieren vivir en cuclillas sino cabalgar las pampas y trepar las montañas, orillar los mares a la carrera, ser libres y no solo esclavos en las fábricas de los hijos de los conquistadores.
Ilustración de Alberto Breccia para "Historia de
Rosendo Juárez",
 de Borges

Y pienso que vos también a veces, como Borges, quisieras huir no sé si al XIX, pero al menos quedarte a principios del XX. Borges, que es su propio personaje y uno de los mejores que ha creado, le canta al gaucho rebelde y anarquista, cuchillero, portador de esa libertad salvaje y primaria que los grandes poetas románticos reconocen como materia prima para sus poemas.
Y es allí (no en el viaje, si no en el sueño, no en el propósito, sino en tu afán) donde yo veo tu mejor versión.
Pero la veo ahora, en este presente, y considerando que hacés un esfuerzo para que tus peores versiones oculten aquella que nos podría llevar al viejo siglo donde se podía querer sin presentir.
Y esto podría convertirse en un  chiste si lo contara Borges, pero lamentablemente lo cuento yo, así apurada, para no olvidarme de algunas cosas que sin escrituras y sin lecturas nunca serían.

* Esta concepción de la virtud renacentista la tomo de un texto de Althusser, El único materalismo, citado por Horacio González en Traducciones malditas. La experiencia de la imagen en Marx, Merleau-Ponty y Foucault, Colihue, Buenos Aires, 2017.

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