Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 6 de diciembre de 2010

Progreso humano

La humanidad progresa, sostiene mucha gente aparentemente ilustrada.
Una tarde de verano en Valeria del Mar, mi madre leía una biografía que yo le había prestado sobre Catalina la Grande. La descripción de sus partos la llevó a la siguiente reflexión: ¡qué tremendo era parir entonces! ¡Cuántos chicos se morían antes de cumplir el año! Por no mencionar las mujeres que morían en el parto o el pos parto (fiebres puerperales, agotamiento, etcétera). Claro, no había antibióticos, ni condiciones de higiene mínimas (ni siquiera para las poderosas zarinas rusas), ni anestesias, ni cesáreas, ni monitoreos, ecografías, etcétera (por no mencionar agua corriente, cloacas o luz eléctrica, que sigue sin haber para la mayoría de los seres humanos).
La humanidad progresa. En Argentina actual, mientras se reduce la mortalidad infantil, crece la materna. Los abortos clandestinos  explicarían la causa. El 40 % de los embarazos terminan en aborto.
Y todavía hay quienes defienden la penalización en nombre de la vida.

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