Último verano en Stalingrado, novela

martes, 7 de diciembre de 2010

La humanidad progresa

Para dirimir sus conflictos de poder o las revueltas opositoras, los autócratas y los poderosos reyes del Renacimiento y la Modernidad recurrían a métodos que hoy consideramos inhumanos. Invasiones, tortura, prisión, humillación pública, desprestigio fundado en mentiras, condenas a muerte con herramientas aberrantes.
Pedro el Grande, el zar que "modernizó" Rusia y reinó a comienzos del siglo XVIII, cuando creyó que su hijo, el zarevich Alejo, podía disputarle el poder, lo mandó torturar y luego lo condenó a muerte.
Enrique VIII, Tudor, rey de Inglaterra, fraguó pruebas y conspiró de diversas maneras para declarar nulo su matrimonio de 20 años con Catalina de Aragón, a quien redujo a un estado de exilio interno. Mandó a liquidar a su segunda esposa Ana Bolena, cuando se convirtió en un obstáculo político en sus planes para tener un heredero legítimo. Ordenó torturar y eliminar a varios miembros de la familia Pole, que podían reclamar legítimos derechos al trono y se habían  rebelado contra él, así como se deshizo de sus colaboradores de otrora por métodos similares (Thomas Moro, Cromwell, entre otros).
Eso, por mencionar ejemplos de autócratas famosos.
La humanidad progresa.

Los métodos para eliminar a los enemigos se han sofisticado bastante. Guantánamo y todas las guerras imperiales del siglo XX  y XXI de los Estados Unidos son instituciones " modernas" y "democráticas" de una época que consideraría inhumanos y fuera de toda ley la tortura, la invasión, el asesinato y el genocidio. Lo mismo que consideraría un retroceso no proveer gratuitamente al contienente africano de los medicamentos para tratar el HIV o las conspiraciones para voltear gobiernos democráticos en América Latina. Por eso debe ser que el Presidente Obama recibió el Premio Nobel de la Paz.

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