Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 24 de mayo de 2010

Todo fluye, de Vasili Grossman

"...no ha visto con claridad nuestro pájaro-troika. La historia de los hombres no está en la carrera de la troika sino en el caos, en el eterno paso de una forma de violencia a otra" le dice a Iván Grigórievich, protagonista de esta novela, su compañero en el campo de trabajo, en el barracón del Gulag. El más bien piensa, aún con cierta dosis de esperanza al observar lo dura que ha sido su vida después de 30 años de reclusión y trabajos forzados, que "todo lo que es inhumano es absurdo e inútil".
La novela Todo fluye, de Vasili Grossman (1905-1964) quizá no pueda ser comprendida en su totalidad sin haber leído antes Vida y destino. Toda la inmensa tragedia que representó para la humanidad el totalitarismo, el nazi y el soviético, que terminó devorando no sólo a sus propios hijos sino también a sus propios padres, es presentada aquí en la intimidad y el pensamiento de este hombre que ha perdido su vida y su mundo en los confines de Siberia.
La novela comienza en los años 50 después de la muerte de Stalin cuando, tras esos 30 años de prisión, el protagonista regresa a las ciudades en las que vivió en su juventud, como enamorado y estudiante, (Moscú y Leningrado) que parecen iguales y a la vez, tan ajenas a sus recuerdos. En esas calles, como si vieran a un fantasma que ha vuelto a la vida, cada persona de su pasado con la que se topa volverá a rechazarlo. En él ven, como un reproche andante que sin embargo él jamás formula, el precio que han pagado por su confort y su comodidad actual. Es como un testigo vivo y molesto de la sangre derramada en cada purga, las delaciones absurdas e infundadas, traiciones, indiferencia y cobardía sobre la que han fundado su vida, su paz y su tranquilidad. Tratarán de sacárselo de encima para no enfrentar a sus propias conciencias que les reclaman sus acciones del pasado (los cadáveres de los niños campesino muertos de hambre en los kulak, en los trenes de deportados, en las calles de las ciudades), los amigos y parientes a los que dieron vuelta la cara (científicos, obreros, estudiantes, héroes rojos de la guerra civil y de la guerra contra los nazis), las solicitadas que firmaron sin convicción, la ceguera con la que se convirtieron en cómplices de tanto dolor.
La presencia de Iván los llevará a redoblar su propia tragedia, mantener la negación y el silencio, esquivar la verdad y la justicia para no perder una paz que descansa en cementerios repletos de NN condenados una vez más por el silencio.
La lectura de esta novela deja sin duda un sabor muy amargo y una visión desesperanzada acerca de lo que hay de humano e inhumano en las sociedades contemporáneas, pero aún así rescata la fortaleza de lo que él llama el "alma humana" en medio de los sistemas dominados por el terrorismo de Estado. Como periodista que ha sido, Grossman la aborda mediante un análisis crudo y no apto para fanáticos acerca de cómo se aprovechó el estado creado por Lenin y Stalin de la milenaria tradición rusa encarnada por los zares, de esclavizar a la gran masa campesina y someter a las otras naciones (ucranianos, chechenos, lituanos, polacos, judíos, tártaros), la máquina policial y burocrática que sobre la base de los ideales revolucionarios construyeron para oprimir cualquier intento de libertad (una libertad que no remite a las definiciones del liberalismo occidental y que hay que comprender en la tradición de los escritores y profetas rusos del siglo XVIII y XIX). La libertad no es en términos de libre comercio ni de capital, sino una pasión humana primordial como el amor. "A Iván Grigórievich no le sorprendía que la palabra 'libertad' estuviese en sus labios cuando, de estudiante, fue a parar a Siberia, que la palabra viviese en él y que ahora tampoco hubiese desaparecido de su cabeza".
Como varias de sus novelas y ensayos, su publicación fue prohibida por el régimen soviético de Jrushov y le costó, como al personaje, la condena al ostracismo. 




2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo estoy leyendo. Terrible, dramático. Y sé que tengo que leer el otro, Vida y destino, del que busqué sin encontrar algún post tuyo. Un besote, Emiliano.

Anónimo dijo...

Qué bueno encontrarte acá!!! No posteo de todo lo que voy leyendo pues para eso debería dedicarle más tiempo al blog y a ordenar la cabeza, dos tareas que sabrás, no me resultan fáciles. O al menos no como supuestas reseñas, quizá aparezca Vida y destino mencionado en post de otras cosas. Despertaste mi curiosidad y me busco a mí misma en huellas y acá van
http://palabrascromaticas.blogspot.com/2010/02/jose-pablo-feinmann-y-el-mayor-yershov.html
http://palabrascromaticas.blogspot.com/2010/03/falsa-candidez.html
Gracias Emi por tu comentario!