Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 18 de abril de 2011

La "escuelita"

"(...) y nadie está dispuesto a entrar en una casa donde está seguro de que lo van a herir", escribe Carson Mc Cullers en El corazón es un cazador solitario, cita que no recordé textual al conversar con Delfina y Lucía hace un par de días, en una extraña noche en la que los arcanos del tiempo y la memoria se desanudaron hasta lograr que una parte de las personas que fuimos en la infancia se encontraran en nuestros cuerpos y actualidades de adultos. (Voy a la biblioteca, busco el libro, aún está marcada la frase leída hace ya unos años.¿Casualidades?)
Esa noche fue al revés. Estábamos todos seguros de haber entrado a una casa donde nadie nos iba a herir, sino llenarnos de cálidos momentos. Incluso, se verbalizaron disculpas y reparaciones de sucesos tan lejanos en el tiempo (ese que se mide arbitrariamente en días y años) pero que, quizá, dejaron más huella en quienes cometimos(ieron)  las faltas que en quienes sufrieron(imos) las heridas. O no. Quién puede saber de estas cosas.
Siempre he creído que la memoria es un capricho, una selección tan subjetiva como cualquier otra idea, pensamiento o sentimiento. Al confrontar los recuerdos propios con los de los otros uno puede llegar a creer que nunca estuvo en el mismo lugar ni vivió la misma experiencia, o también lo opuesto. De pronto lo que era oscuro se llena de chispas, lo inexplicable encuentra su relato, lo que era heavy se desvanece en el aire y nos aliviamos de mochilas que no deberíamos haber cargado. Saber, no saber, trampas mentales y juegos de la psiquis. Qué bien hace reírse tanto.
Una foto, un deseo que encuentra otros deseos, serendipity y celebración.
Miro las caritas en blanco y negro, y en las expresiones de las mujeres y hombres que hoy somos, descubro el mismo gesto, la curiosidad, alguna lejana huella de inocencia y la capacidad de sorprendernos en la alegría, incluso con todas las muertes y pérdidas que cada uno ha tenido que atravesar en estos años.
Miro los perfiles en Facebook y encuentro, como en la charla, coincidencias en gustos cinematográficos, musicales, literarios. No sé como cada cual procesó la increíble experiencia de "la escuelita", ese mundo paralelo y cerrado en que nos movíamos en los años en que el país era una mierda total. Qué atesora o rechaza cada uno, cuántos romances y madrigales acunaron sus noches de infancia o se volvieron pesadillas, cuánta disciplina o caos aplicaron a su vida, a criar a sus hijos. Cuánto hay de amor a las plantas, de respeto por el trabajo intelectual y manual, de vocaciones artísticas, de caballitos blancos y de otros colores. No sé si se han preguntado qué hacíamos allí, quiénes eran los maestros, por qué nuestros padres eligieron ese camino, cuántos se fueron o se quedaron. Si han tenido que dar en su educación posterior extrañas explicaciones acerca de la escuela a la que fueron, los métodos pedagógicos que se aplicaban o si guardaron la experiencia en el cajón del olvido de lo incómodo.
Un tema de La Chicana  se llama "Ayer, hoy era mañana".Nadie conoce el futuro y el pasado también de algún modo es fantasía, de modo que sólo resta desearles:
¡Salud y hasta prontito!

2 comentarios:

diana dijo...

Las palabras son tus amigas. No las dejes ir y haceles su homenaje

Palabrascromáticas dijo...

Gracias hermana!!!