Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 26 de julio de 2010

Una visita de Lenin

Cuando llegó el papá de V. a buscarlo estábamos tomando mate con R. y hablando de libros y películas.  Los chicos jugaban en el fondo, inmunes al frío como sólo puede estarlo quien tiene las hormonas a tope.
El papá de V. es lo más parecido a Lenin que he visto (cara eslava, ojos chiquitos, expresión inteligente y concentrada, pelado, barbita en punta). No sé cómo salió la charla, me cuenta que su abuelo vino de Ucrania en el 37. Ah, le digo yo, sumergida en los libros de Figes, Zweig, Grossman, ¿era kulak o comunista? Se sorprende. Nos miramos: el año de la Gran Purga estalinista. El abuelo era trotskista.  Me habla del genocidio en Ucrania, de Aushwitz, los nazis y Stalin. Me recomienda ver Holodomor, sobre la gran hambruna. Yo, a mi vez, In tranzit y Enemigo al acecho. R., cinéfila como es, anota todo y surge una invitación colectiva para comer barenikes en Berissso.
A la noche nos disponemos con A. a ver una película que nos prestaron pero justo cuando enciendo la tele están dando Leningrado. Los coletazos de la muerte, el terror y las guerras se sabe cómo empiezan, pero nunca cómo terminan.

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