Último verano en Stalingrado, novela

miércoles, 21 de julio de 2010

La vida que aquí perdiste, novela de Marcelo Rodríguez Gaitán

Si siempre es difícil recomendar un libro u opinar acerca de éste, lo es más aún cuando se trata de un escritor conocido. Nos asaltan desde el temor de equivocarse o lastimar a alguien que uno aprecia hasta las inseguridades de la propia falta de sapiencia crítica y de cómo puede repercutir en otros, que también conocen al autor. Con esas aclaraciones, me adentro en el comentario acerca de La vida que aquí perdiste, del platense Marcelo Rodríguez Gaitán.
Las primeras líneas están muy bien escritas, desde el punto de vista del estilo y por la velocidad con que nos introducen en los personajes y el clima en el que está el narrador-protagonista. Sin embargo, confieso que me dije: es una clásica novela “iniciática” (opera prima), la que todo escritor platense de cierta edad debe escribir para exorcizar ciertos fantasmas literarios. Después, mi propia reserva, mi propia duda, se convierte en tema de la novela y entonces todo cambia. Al avanzar en la historia me fui olvidando del escritor y entré en el mundo del narrador y su entorno y eso, creo yo, es el primer logro de esta novela. Acepté a la ciudad (de La Plata, en este caso, carcelaria por momentos, contradictoria siempre, que genera a todos expectativas muy altas y una buena dosis de frustración) como un personaje más de la obra y eso está muy bien planteado en todo el texto. El lector, después de todo, se identifica en este aspecto con Félix, el joven  protagonista, se apropia como él de los lugares, o los rechaza, recorre (y re interpreta) los territorios urbanos con su misma asfixia, su expectativa, su desilusión, su incomprensión, sus deseos.
Si el clima de época son los noventa y cierto “reviente” platense, eso está muy bien logrado y allí habitan Félix y sus amigos, su ex novia Inés, artista plástica; Malena, una mujer poco convencional y siempre caminando en la cornisa con sus dos hijos, su ex esposo y su amiga Isabel; Miriam, su compañera de vivienda, y todos van vinculándose en una trama algo perversa en la que Malena suele llevar la voz cantante. 
Hay aspectos clásicos en la aventura que emprende el personaje de Félix que me interesaron desde el comienzo, impulsado quizá por su falta de recursos materiales, su crisis interior, el conflicto acerca de su vinculación con el arte, quién es, qué espera de la vida. Climas de Auster (no encuentro otro modo de nombrarlo) en su caída del sistema, su vagar por la ciudad, la pérdida del empleo, la casa y la novia, tocar fondo y abandonar los atributos burgueses.
Los diálogos son buenísimos. Con giros humorísticos y alternancia de un lenguaje algo impostado (como clasicismos u homenajes literarios, no sé si conscientes o no y no tiene importancia) y otros muy contemporáneos, pero siempre cada personaje habla por sí mismo, en su hablar nos dice quién es, cómo ve el mundo, dónde está. Quizá predomina en toda la novela una mirada (palabra medio feita) masculina. Hay algunos rasgos que comparten Félix y sus amigos, que así lo muestran: la búsqueda del éxito social o el prestigio, la aprobación (el propio escritor, valiente, que escribe y publica y se expone al juicio ajeno), la pregunta que sobrevuela todo el tiempo, acerca del valor artístico de la obra (en primer lugar, de esta propia novela), luego, de las crónicas de Félix, la pintura de Inés, la vinculación con el establishment cultural. La ironía acerca de ciertas “consagraciones”, la envidia, la preocupación por el dinero. No digo que sean atributos o preocupaciones exclusivamente masculinos, pero sí lo es el modo en que estos se presentan y cómo los viven los personajes. Se convierte en tema, de este modo, me parece, el temor del escritor de la obra respecto al juicio de los lectores. 
¿De qué habla la novela? ¿De la falta de fe, de la salida tanática a la imposibilidad de conectarse afectivamente con los otros, del sufrimiento de un joven que no transita el paso a la adultez en las mejores condiciones internas y externas? ¿Ya desde el comienzo hay señales que anuncian cuál será la salida a la angustia que encontrará Félix hacia el final de la novela? 
Un mundo pequeño, irrespirable por momentos, con muchas exigencias de un entorno que se cree muy superior a la media, muy soberbio, muy platense...Pero a la vez común para cualquier lector contemporáneo.Me encantó la novela. Quisiera leer la próxima, la espero.

Ilustrada por Juan  Soto y publicada por El Amanuense Ediciones, se consigue en Librería Atenea (49 # 467, La Plata) o se puede contactar al autor, en Facebook.

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