Último verano en Stalingrado, novela

martes, 20 de julio de 2010

Matrimonio igualitario (1)

Debe haber sido hace unos diez años. Lo recuerdo más o menos así: cenábamos con mi amiga M. en una sandwichería de la diagonal 79 y discutíamos acerca de la igualdad de derechos para personas del mismo sexo, aunque entonces ninguna lo llamaba de ese modo. El argumento de M. giraba en torno a la necesidad de legislar para que los gay pudieran tener a cargo a sus parejas en las obras sociales y otras cuestiones vinculadas. Ninguna discutía la justicia de ese derecho, pero yo le objetaba que una sociedad que ni siquiera garantizaba ese derecho para otros sectores hetero que eran mayoritarios (que se pudiera tener a cargo a los concubinos/as independientemente de si el/la titular de la pareja era mujer o varón y de si estaban casados legalmente)  no estaba preparada para discutir eso. Es decir, ella argumentaba desde la justicia de su posición (alguna vez hay que empezar) y yo, creo, desde la viabilidad política (no estamos listos). Por entonces hacía poco tiempo que, gracias a iniciativas como las que había impulsado su madre en algún momento, ciertas cajas profesionales y obras sociales (excepcionalmente) empezaban a aceptar que una esposa  pudiera poner a cargo a su esposo, pero no todavía en caso de concubinato.
Ha pasado mucho tiempo. Creo que ambas llevábamos algo de razón. Ese tipo de luchas lleva años, así que M. no se equivocaba en que había que empezar como yo tampoco en que no estábamos preparados.
Intercambiando mensajes de texto desde distintas latitudes, el jueves a la madrugada ambas seguimos con exitación la sesión del Senado y un final que nos ha deparado una inmensa sensación de justicia y libertad.

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