Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 24 de octubre de 2011

Todos K

Hay un maremoto de palabras en los medios de comunicación, las redes estallan, los sms, las charlas improvisadas en los negocios, las oficinas, los medios de transporte. 
pingüirami diseñada por Ariel Tancredi
"Histórica", "demoledora", "arrasó", "peligro de hegemonía", "se autoinventó", entre otras.
Las redes sociales estallan.
Los corazones estallan.
Los militantes nos saludamos como sonámbulos, estamos cansados, estuvimos de acá para allá en la campaña, llegamos al final con el resto, (en especial los que ya somos grandes), laburamos en la larga jornada de ayer como fiscales,  encargados de edificios, cargando datos, coordinando información, recorriendo nuestros pequeños o grandes territorios, lo cales, UB, festejos.
Sabemos que nos esperan más reuniones, análisis, tareas.
Varias veces entre ayer y hoy escuché, leí, percibí, la queja, adornada con una sonrisa, de los que la pasamos muy mal en estos años, cuando era completamente "out" ser K, cuando te peleabas con tus amigos de toda la vida por eso, te ibas de la casa de tus parientes sintiéndote un paria, te insultaban en las marchas de apoyo a NK y CFK,  éramos tan pocos, después fuimos creciendo. No existía 6, 7 , 8. Néstor sí estaba. Te llenaban la casilla de mail, amigos, conocidos y extraños, con una mezcla de patoteada, argumentación, insulto o persuasión, para explicarte que si estabas con los K eras una pelotuda (en el mejor de los casos), lo mucho que sufrían los pobres productores de soja, el déficit de AA, la censura que encubría "la ley de medios K", lo crispados que estábamos . Te decían que eras demasiado inteligente para comerte el discurso K. Que lo del campo se había manejado para el orto. Te corrían, como escribí tras la derrota del 2009, por izquierda y derecha.
Cuando Néstor murió aparecieron, desde debajo de las baldosas. Algunos de los que nos sentíamos tan solos nos empezamos a relajar, a sentir que no éramos tan  pocos. 
Por cierto, a veces da bronca que un boludo porteño (por ejemplo) con tarasca te arme una "agrupación" K como si fuera un producto de publicidad, te diga en la cara que se hizo kirchnerista después del 27 de octubre del  2010 y munido de un importante cotillón y un par de eslogan se suba excitado al carro de la victoria sin haber transitado ni una derrota, ni una pequeña humillación, ni una discusión dolorosa, ni un sacrifico, ni un acto o gesto de solidaridad social.
Que un conocido que te ninguneó o sopapeó en público finja demencia y te salude con la V en medio de una manifestación, sin hacerse jamás cargo de nada.
Sí.
Sobre todo por la volubilidad que se esconde detrás de esas conversiones repentinas, fanáticas, fundamentalistas, que señalan acusadoramente nuestras contradicciones (sí, las nuestras, que venimos poniendo el cuerpo desde hace años incluso con esas tremendas contradicciones).
No hablo de los que nos equivocamos, de los que tenemos contradicciones. Hablo de los cínicos. De esos que da rabia ver cómo se quedan de nuevo con una parte del poder, (siempre se quedan con una parte), y sobre actúan su filiación al proyecto, (todos son hijos o padres del modelo y del proyecto, pero algunos son de esos hijos o padres tan abandónicos, ¿no?). Más que rabia, hay que estar atentos, porque esos son como el cáncer que corroe desde adentro y ya están pronto agazapados tramando cómo quedarse con una parte más de poder, traicionando al que sea. Esos no son ni kirchneristas, ni compañeros, ni nada. Son mercenarios y cortesanos sin convicciones, siempre los hay y siempre los habrá, saben hablar, pueden tener buen aspecto, se camuflan y reciclan en toda época y lugar. También están los "dueños de la verdad", con sus peronómetros, kirchnerómetros y medidores de convicciones. (Yo de esos medidores no tengo, pero reconozco a mis compañeros/as no sólo por sus dichos sino por sus acciones, porque no son egoístas, ni individualistas, compartimos las tres  banderas, nos sentimos comprometidos con un proyecto colectivo de inclusión.)
Todo eso está. Estamos hechos, los seres humanos, de una materia tan blanda y dura, influenciables,  generosos, corrompibles y a veces inconmovibles ante el dolor.

Pero hoy, al menos por unas horas, celebremos compañeras y compañeros.


1 comentario:

Daniel Zanfagnini dijo...

Recordemos estos años y celebremos compañera, celebremos.