Último verano en Stalingrado, novela

domingo, 15 de julio de 2007

Conversaciones con C

La imaginación y la conversación de C son algo bien sorprendente. Cuando yo creo que estamos conversando sobre cuestiones de madres, ella me demuestra que estamos hablando de libros, o de relaciones laborales, o de nuestra idea de la religión, o de nuestra común adicción al trabajo, o de la vida y la muerte, o de las relaciones laborales, o de política, o de Rita Lee, o de algún ex amante.
Y cuando yo creo que estamos hablando de relaciones laborales, o de nuestros maridos, o de Rita Lee, ella me demuestra que estamos conversando sobre nuestros hijos.
A veces, cuando hablamos por teléfono, las dos estamos muy cansadas y al mismo tiempo que hablamos, preparamos la cena, o retamos a los chicos, o atendemos la puerta, y esas interrupciones, en lugar de detener la conversación, se incoporan a ella, la alimentan, a veces la estiran hasta que no da para más, a veces forman espirales que nos elevan.
En ocasiones, pasamos largo tiempo sin vernos, porque la vida es así: ocupada y vertiginosa. Cuando yo estoy pensando en llamarla para ver cómo está, ella me llama primero. Otras veces, soy yo la que se adelanta.
Siempre me siento reconfortada después de verla o de hablar con ella, aunque a veces somos mounstrosamente retorcidas y densas.
Lo que más me relaja es que ella no juzga y sabe escuchar. Lo que más me sorprende es su capacidad de imaginar y asociar ideas y hechos entre sí. Y a veces, me inquieta: nada parece escapar a su escucha y observación.

1 comentario:

la vida abierta dijo...

Me parece muy buena la idea de que es la vida la que es ocupada y vertiginosa, no las personas, encierra para mí la verdad de una forma del mundo. No veo nada adolescente en este blog, tampoco me parece privado, porque hay cuidado por las palabras al mismo tiempo que frescura. Es comunicable este texto porque es interesante la forma en que se despliega la escritura, lo que se puede entrever de un vínculo. Soy llevada por tus frases y por la manera en que se encadenan, en ningún momento cabe la idea de abandonar. Construís una subjetividad y una forma de mirar un vínculo. Se vuelve prescindible saber quién es C.