Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 13 de julio de 2007

Retrato de una correctora

N. tiene una pluma de seda, pero precisa y paciente.
Para ella las palabras son un asunto amoroso y es fogosa en esas relaciones. Compartimos algunos secretos que podrían parecer, a simple vista, pequeños acuerdos profesionales, pero en verdad, son algo más fértil y laborioso que eso.
A ella le gusta embellecer el mundo, le interesan las personas jóvenes, los libros de poesía, los diccionarios y la rectitud profesional.
A veces me parece que se toma con demasiada solemnidad cuestiones que son simplemente serias. Esa es la judía que le aflora, aun a su pesar, la que extraña a los hijos y a un mundo donde el trabajo bien hecho era motivo de respeto. A veces me parece que ese mundo que extraña nunca ha existido, pero no se lo digo, porque no quiero que se entristezca (más).
En cambio, cuando se pone guerrera, la provoco. Me gusta verla combativa.
Aunque comprendo que las dos son necesarias, la que me gusta más y la que me dan ganas de abrazar hasta que llore y se descargue.