Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 20 de julio de 2007

Memoria y rencor

A veces me pregunto acerca de las similitudes y diferencias entre la memoria y el rencor.

La memoria repara, rescata, melancoliza, alegra, resguarda, protege y, desde ya, engaña. Todos saben que el rencor envenena y miente y a veces se apodera del corazón de las personas hasta el extremo que ya no podemos distinguir si una persona es ella o su rencor. Una opinión común sostiene, con orgullo: no soy rencoroso, pero no me olvido. Me he escuchado repetirla hasta aburrirme de mí misma. ¿Aquello que no se olvida, aquello que se resguarda en la memoria y se atesora como un bebé, es recuerdo o es rencor?

No olvido tu traición, tu agresión, tu irreverencia. Si permanece en la memoria, acompañado de una sonrisa- aunque sea amarga- de una posibilidad de devenir relato, si se esfuma de pronto y regresa cuando estamos pensativos, tal vez sea recuerdo.

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