Último verano en Stalingrado, novela

miércoles, 1 de agosto de 2007

Una amiga libriana que vive en City Bell

Qusiera decirle algunas cosas a una amiga libriana que vive en City Bell (mis precisiones obedecen a un deseo antagónico de mantenerla en el anonimato pues no sé qué pensaría si es aquí nombrada y de identificarla, para que ella sepa que es de ella de quien hablo, agradecida por su comentario y en la secreta esperanza que vuelva a leerme y se encuentre).
Y de pronto, caigo en la cuenta de que este comentario podría ajustarse a dos amigas librianas que viven en City Bell, aunque sólo una me ha hecho un comentario aquí, que refiere a edades y cambios físicos.
Si tuviera que describirla a ella, de la que particularmente hablo acá, o a mi interpretación de ella, o de nuestra relación, podría decir que es una persona que siempre me recuerda lo florido, los colores primarios, la curiosidad por las estrellas y cierto aire de reservado misterio femenino. Una persona de una lealtad sacrificada incluso, que ha hecho de la coquetería un arte exquisito, como si sospechara que la frivolidad es, en definitiva, un asunto muy serio al que hay que prestarle la merecida atención, cultivandoel buen gusto.
Rara. Anda por el mundo con casi todos los atributos de una mujer moderna: independiente, profesional, que cuida su cuerpo mediante el ejercicio y la alimentación sana. Y siempre sospecho que, por el contrario, recorre el camino del amor con la tenacidad casi anacrónica de una heroína romántica: enamorada, fiel, sufriente a veces, aburrida, encantada, pero siempre vislumbrando la presencia de lo divino en su entrega amorosa.
Creo que sería un buen momento para que compartamos un gin tonic.

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