Último verano en Stalingrado, novela

miércoles, 8 de agosto de 2007

La Tana

Le conté a L. que tenía un blog. Albergaba dos intenciones: una, explícita, que leyera estas impresiones que no escribo, sino que vomito. La otra, más solapada, contagiarle mi entusiasmo.
L. es una mujer muy particular: en ella se conjuga la sensualidad, desbordante, de una tana paradigmática, curvilínea, apasionada, expresiva, curiosa, (y un interminable etcétera) y la inteligencia de una mujer mundana. Ha viajado mucho y ha vivido, en su "otra vida", en muchos países. Cuando habla del Hermitage, en San Petesburgo, tengo la impresión que hubiera sabido desenvolverse con naturalidad en la corte de Catalina.
Esta mañana supe que me había estado espiando. Vino a verme, me abrazó como una osa rusa y me estmpó un beso de tana que volvió innecearias las palabras.

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