Último verano en Stalingrado, novela

sábado, 11 de agosto de 2007

Sin reproches

No logro entender cómo he podido ser tan necia, tan ciega y tan testaruda. A veces las palabras son como víboras, se enroscan en torno a nuestro cuello hasta asfixiarnos. A veces los músculos, como el corazón, sufren un tropiezo. Como la película, “Accidental Tourist” que acá se tradujo como “Un tropiezo llamado amor” y que por una u otra razón, te negaste sistemáticamente a ver, pese (o tal vez por eso mismo) a que te lo pedí un montón de veces. A veces las palabras, escritas (como la película “Escrito en el viento”, que seguramente tampoco verás, sólo porque yo te lo pediría) vuelan en el viento como pequeños y personales exorcismos. Para sacarte de adentro, te hablo, te escribo, imagino conversaciones y escenas del futuro.
Un futuro donde no me dolés, donde ya no hay reproches, donde sos el pasado. Un futuro donde no tengo que mentir, ni mentirme, TODO EL TIEMPO, hasta que uno ya no sabe quién es. Un futuro donde somos valientes y no te duele que te diga lo que pienso, no te duele que yo piense, en todo caso te duele que tus actitudes dieron cuerpo a mis pensamientos. Un futuro donde yo acepto, resignadamente, que tu no poder es mejor haberlo descubierto ahora. Sin reproches.

2 comentarios:

Elvira dijo...

Han muerto todos los hombre que amé. han muerto demasiado jóvenes y ya no recuerdo sus miradas y excepcionalmente su voz. Tengo que ver fotos que sólo me devuelven el pasado...y no se puede vivir sólo con el pasado...¿Habrá un futuro?

Elvira dijo...

Han muerto todos los hombre que amé. han muerto demasiado jóvenes y ya no recuerdo sus miradas y excepcionalmente su voz. Tengo que ver fotos que sólo me devuelven el pasado...y no se puede vivir sólo con el pasado...¿Habrá un futuro?