Último verano en Stalingrado, novela

sábado, 11 de agosto de 2007

Cuestión de números

Con un par de desengaños amorosos, un escritor mediano escribe una novela decente.

Con una sola imagen, un buen poeta modifica el mundo que percibimos.

Con diez citas célebres, un buen orador elabora un discurso entretenido.

Con un solo chiste, un orador brillante embellece el mundo y nos ayuda a pensar.

Con un gesto breve y efímero, un buen actor nos roba el alma.

Con tres acordes, un buen músico nos sumerge en el océano y nos produce un cosquilleo en la espina dorsal.

Con una hora y media de película, un buen director de cine nos modifica para siempre.

Con mucho esfuerzo y muchas lecturas, un escriba pago pero con convicciones produce resultados aceptables.

Con tres palabras ajenas, un loco inteligente hilvana como sinapsis metáforas y sintetiza un enredo de discursos en palabras sencillas. Y un par de imágenes reveladoras. Y una sonrisa. Y un pensamiento que nos parece no había sido pensado antes (de esa manera)

Con una vida, (TODA una vida) un hombre dormido o distraído no hace más que sombra en la pared.

Pero todos necesitan al menos un oyente (espectador).

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