viernes, 14 de marzo de 2014

Del oficio de escribir III




"Todo arte es completamente inútil "(Oscar Wilde, Retrato de Dorian Gray)




Escritura, trabajo y dinero
"Uno, quiero escribir una novela. Dos, estoy sin un penique. Tres, tengo que conseguir un trabajo. Cuarto, el trabajo me impedirá escribir. No veo una solución. No existe ninguna."
(Personaje del escritor Tom Haley, en McEwan, Ian, Operación dulce, Anagrama 2013. Regalo de Z.)


"El escritor tiene el doble infortunio de estar mal pagado mientras puede trabajar, y de no poder trabajar cuando envejece...Todo lo que honestamente puede esperar, si posee talento y disciplina, es tener iguales ingresos que un oficinista que invierte la décima parte de su energía nerviosa."
(R.L. Stevenson, citado por Vlady Kociancih en La raza de los nerviosos, Seix Barral, Buenos Aires, 2006)


Escritores



"Los escritores somos gente nerviosa, y no lo ignora quien nos observa en un congreso, en discusiones y lecturas, en distintas ferias del libro."
(Vlady Kociancih, en La raza de los nerviosos, Seix Barral, Buenos Aires, 2006, pág. 12)

"Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido".
(Marguerite Duras, Escribir, Tusquets, Barcelona, 1994)


¿Por qué escribir?

"1) Porque soy una cretina

2) Porque quiero darle una buen impresión a los chicos

3) Para darle gusto a mi madre

4) Para molestar a mi padre

5) Porque cuando hablo nadie me escucha

6) Para hacer la revolución

7) Para escribir la novela más grande de todos los tiempos y convertirme en millonaria

8) Porque soy una neurótica

9) Porque soy la reencarnación de William Shakespeare

10) Porque tengo algo que decir

11) Porque no tengo nada que decir."

(Según Natalie Goldberg, 1990)

"Escribo para evitar que al miedo de la muerte se agregue el miedo de la vida".(Augusto Roa Bastos)

"La única curación segura es escribir un libro." (S. Bellow, Carta de 1960).


Escribir
"Probablemente todos, escritores y lectores, empezamos nuestro exilio, o al menos cierto tipo de exilio, al dejar atrás la infancia. Lo que llevaría a concluir que el ente exiliado, la categoría exiliado, sobre todo en lo que respecta a la literatura, no existe. Existe el inmigrante, el nómade, el viajero, el sonámbulo, pero no el exiliado, puesto que los escritores por el sólo hecho de asomarse a la literatura lo son, y todos los lectores, ante el sólo hecho de abrir un libro, también lo son. 

(R. Bolaño, Entre paréntesis, Anagrama, 2004, pág. 51)

"Es el oficio el que mantiene cuerdo, bendito sea." (S. Bellow, Carta de 1969)

Marechal

"¿Entonces qué es realmente una escritura de calidad? Pues lo que siempre ha sido: saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura es básicamente un oficio peligroso."
(Roberto Bolaño, Tres novelas, (Amuleto, Estrella distante, Nocturno de Chile) Barcelona, Círculo de lectores, pág. 12, Prólogo de Rodrigo Fresán)

“A veces, la patria de un escritor no es su gente sino su memoria” (R.Bolaño, discurso de Caracas al recibir el premio "Rómulo Gallegos" en 1999, por su novela Los detectives salvajes, de 1998)


"Para mí, el mayor placer de la escritura no es el tema que se trate, sino la música que hacen las palabras." (Truman Capote)


Escritores, literatura y poder
"Los que tienen el poder (aunque sea por poco tiempo) no saben nada de literatura, sólo les interesa el poder. Y yo puedo ser el payaso de mis lectores, si me da la real gana, pero nunca de los poderosos. Suena un poco melodramático. Suena a declaración de puta honrada. Pero, en fin, así es."
(Roberto Bolaño, última entrevista)


"Pero a nosotros, que no somos ni caballeros de la fe ni superhombres, solo nos resta, si puedo así decirlo, hacer trampas con la lengua, hacerle trampas a la lengua. A esta fullería saludable, a esta esquiva y magnífica engañifa que permite escuchar a la lengua fuera del poder, en el esplendor de una revolución permanente del lenguaje, por mi parte yo la llamo: literatura.” (Soren Kierkegaard, Temor y temblor)


Escribir y leer en 2.0
"La velocidad de las cosas, que diría Rodrigo Fresán. Parece que haya transcurrido una infinidad de tiempo desde aquel marzo 2002 en que, en un ordenador ajeno, sentí que había quedado fascinado por internet o, más concretamente, por el narrador de historias que se ocultaba en el buscador de google. ¿Quién iba a decírmelo a mí, que tanto me había resistido a la Red?
Al día siguiente me compraba un ordenador, Internet por modem vía teléfono y Windows 98. Pero todo esto es hoy memoria extrañamente ya muy lejana. Y raro es decirlo, pero siento que respiro con una pulsión constante de lejanía, como si viviera a finales del XXI. Y es que todo, incluso lo más moderno, se me vuelve enseguida antigualla y recuerdo bien lejano”.
(Enrique Vila Matas, en su blog )


Libros
"No existen libros morales o inmorales. Los libros están bien o mal escritos. Eso es todo."
(Oscar Wilde, Prefacio en Retrato de Dorian Gray)

Literatura
"La literatura puede definirse como la historia de la respuesta humana a lo que está vivo" (Susan Sontag, "Literatura es libertad", discurso pronunciado en octubre de 2003, al recibir el Premio de la Paz de los Editores y Libreros alemanes)

"La literatura era la libertad. Y sobre todo en una época en que los valores de la lectura y la introspección se cuestionan con tenacidad, la literatura es la libertad."(Susan Sontag, Ibidem)

"Un mecanismo frecuente en la literatura, nace ésta de un rechazo o una nostalgia."
(J. Cortázar, "Un Adán en Buenos Aires", revista Realidad de marzo / abril de 1949)



martes, 11 de marzo de 2014

Padre mío


Dice John Berger en "Doce tesis sobre la economía de los muertos""1. Los muertos circundan a los vivos. Los vivos son el núcleo de los muertos. En este núcleo se encuentran las dimensiones del tiempo y el espacio. Lo que rodea al núcleo es infinitud [...] 12. ¿Cómo viven los vivos con los muertos? Hasta antes de que la sociedad fuera deshumanizada por el capitalismo, todos los vivos esperaban alcanzar la experiencia de los muertos. Era ésta su futuro último. Por sí mismos, los vivos estaban incompletos. Los vivos y los muertos eran interdependientes. Siempre. Sólo esa forma moderna tan particular del egoísmo rompió tal interdependencia. Y los resultados son desastrosos para los vivos, que ahora piensan en los muertos como los eliminados."
Yo digo hoy, 19 años después de decirte a vos:

Padre.

Padre mío.

Vivo en nosotros, en tus nietos, en la belleza del mundo que nunca conociste, o conocimos juntos

en las cosas que no nos perdonamos

en todos los no dichos

no estamos inertes

no todo se ha terminado.

La muerte, dijo alguien, acaba con la vida, pero no con las relaciones.

¿Y acaso entre los que nos amamos lo que importa no son los vínculos?

Vos en mí

a través mío en él.

Él.

De tu linaje: muchacho que ya corre hacia el futuro como si fuera cierto lo que dice JB

y el tiempo de los muertos no fuese finito sino infinito

y el espacio del encuentro fuera:

la plegaria,

el rito,

cada una de nuestras pequeñas o grandes herejías y diferencias,

estas palabras de conmemoración,

la pregunta que no encuentra respuesta,

el joven de la foto que nada podía saber de mí y sin embargo yo veo como memoria de un recuerdo olvidado,

la tumba que nadie visita

el rastro efímero de una cicatriz

el olor de la sangre del golpe final

y todo lo que no se puede decir en el idioma de los vivos

de los deudos

que es lo mismo.

lunes, 10 de marzo de 2014

Como Icaros o Freddys

Reg E. Cathey, Personaje de Freddy en  Castillo de naipes

# Freddy, Personaje de la serie Castillo de naipes, representante de algun Modo el arquetipo de la personalidad Común del pueblo humilde,
La Cercanía Con El Poder terminación dañándolo Tarde o Temprano.
El Poder toma de tareas, en venta en la perinola, al final, de Todo game.
El ganador se lo lleva todo.
El negro de es el negro,
y es la del muchacha Que se deja seducir Por El jefe, o porción el patrón.
Una Lourdes Di Natale, POR llamarla de algun Modo, cientos de heno aunque.
Es el peón Que se Hace enganar Por El estanciero Que se finge amigo y lo lleva una o Votar
El Militante porción Convicción Que cae en Las Redes del oportunista.

H. Matisse, Icaro, collage, 1944.
Una margarita silvestre deslumbrada Por El vertiginoso colibrí,
Que al final, no hay sino-Hace chuparle el néctar.
El Soldado Que se Hace matar Para Qué el empresario sí enriquezca Más y humille una familia do,
El Poeta Que se desangra Sobre la hoja, enamorado y comprometido estafa do causa,
MIENTRAS LOS BUITRES Y Venden compran Palabras y Libros de Como SI fueran ACCIONES DE UN Pozo de Petroleo de Que contaminaciones ALLA LEJOS del los mares,
o telas Donde sí cosen en el los talleres de Esclavos Los Sueños de esnobismo de las Adolescentes de la ciudad.
Como Icaros Demasiado Cercanos al sol,
entusiasmados, deslumbrados Por los reflejos dorados y el Calor, el fuego naranja Que nos encandila y nos Calienta
Destruye Y nos.
De Cuando ya es Demasiado Tarde Para Qué podamos Regresar
Ninguna de una parte.

jueves, 27 de febrero de 2014

Poder, Gloria, series, novelas e inmortalidad

“A un paso de la presidencia y ni un solo voto emitido a 
mi nombre: la democracia está tan sobrevalorada”.
(Frank Underwood, House of Cards)

Que en el poder no es posible conservar (o tan luego, tener) a los amigos;
que en el poder las relaciones familiares y amorosas se deterioran;
no es ninguna novedad.
Que House of Cards muestre con crudeza, belleza y distancia ese vacío de un erotismo (o libido, o deseo) puesto más allá del propio objeto (el Poder desea el Poder, algo así) no es tampoco una rareza.
Muchas películas, literatura, series, dan cuenta de esa característica del Poder que se lleva de sus amantes todo. Todo lo promete, a veces todo lo da, y todo lo pide.
El poder y sus dispositivos no son, desde ya, exclusivos de la política ni de las grandes ligas. El poder se ejerce en todas las relaciones y vínculos humanos y circula, otra verdad de Perogrullo.
La ambición de poder no es condición suficiente pero sí necesaria para escalar posiciones en esa jerarquía, en la estructura que fuere. La frialdad, cierta amoralidad, ayudan mucho.
Las personas poderosas necesitan para su goce, justamente, la adrenalina del poder que implica una entrega absoluta. Y suponen (por aquello de que todos solemos caer en el error de creer que nuestros deseos son los de todos) que los demás quieren lo mismo. El poder. Así que suelen mirar con suspicacia (la sospecha y la desconfianza hacia los motivos de los otros, el disimulo, el ocultamiento de las intenciones, son parte desde ya de la gestualidad del poder) a quienes habiendo tenido poder lo abandonan voluntariamente: serán considerados cobardes, por ejemplo, o débiles.
Subestiman, muchas veces, a quienes no aspiran ocupar el poder. Si otro elige por el tiempo (para la familia, el sexo, a creación artística, el deporte, el dinero), lo juzgarán como tímido, escrupuloso, miedoso, cómodo...Creen que en el fondo estas personas los envidian.
El poder es como el Diablo, y como Dios. Está en los detalles. No se puede ejercer con medias tintas y, tarde o temprano, se queda con todo.
El poder y la gloria.* O el Poder o la Gloria, ¿ambos es posible?
Es cierto que para algunas personas es el aire, el agua, la tierra que pisan y el sol que ilumina. No hay nada que valga la pena más allá de él. Todo lo distractivo (los hijos, en particular, y eso se muestra muy bien en House of Cards), son un obstáculo. Se puede ignorar a una pareja, a los amigos, a los padres, a los hermanos. Pero los hijos, ay, los hijos....tremenda debilidad. No pocos han caído por eso. Es el talón de Aquiles y la diana pintada en el corazón.
House of Cards
La serie, como bien plantea esta crítica de Beau Willimon, uno de los guionistas, es entretenida además porque desenmascara cierto acartonamiento hipócrita con el cual suele revestirse la política. Es cierto que el poder, en la política en particular, exige sacrificarle todo, como un dios egoísta del Antiguo Testamento. Es cierto que se roba la vida, el tiempo...¡Pero es tan patético escuchar las quejas de muchos "servidores" públicos que se lamentan por esos sacrificios mientras una y otra vez eligen ese dulcísimo mal! (Y sus privilegios materiales, desde ya, con los cuales es un poco más fácil sobrellevar esos "sacrificios").
A veces, en política sobre todo, la injusticia del mundo ofrece realidades inquietantes: personas que nunca han hecho por la política nada, que no han militado en ningún ámbito, con ninguna o escasa conciencia social, terminan convertidos de la noche a la mañana en engranajes estratégicos de la maquinaria del poder. A veces esto obedece a la portación de apellido (por matrimonio o relaciones filiales, por carga simbólica o historia familiar); a veces porque a los candidatos a ocupar ese lugar dijeron que no, eligieron otra cosa, se enfermaron, murieron. Lo he visto muchas veces.
Hay gente que florece y en el poder, despliega talentos y virtudes que antes permanecían ocultos. Hay quienes se vuelven despiadados. Hay de todo. También aquellos que prometían mucho y una vez empoderados, se dedican a perder lo ganado.
Game of Thrones
El poder, a fin de cuentas,  es la posibilidad de elegir, de hacer, de no depender de otros para todo. Es el nene que suelta la mano y se larga a caminar solo, aunque eso implique riesgos de caídas. Sin algo de poder, los seres humanos no somos nada. Con mucho poder, ¿qué se pierde de la escala humana? El grado de egoísmo y de fortaleza en la autoestima que se requiere para ocupar altos lugares de poder, y sobre todo, permanecer, sostenerse y crecer, ¿es compatible con otros goces humanos?
El problema del poder -como en la novela antes nombrada de G. Greene-es también el de la libertad. Poder elegir el mal, el pecado. Un enfoque clásico del arte y la literatura, la pedagogía, la religión, la filosofía, acerca del cual ya casi no nos permitimos reflexionar quizá por temor a ser catalogados de antiguos.Como si uno dijera: okey, el Poder es Tuyo, pero no pretendas también la Gloria. (Mi amiga E. lo entiende muy bien).
Lo que la experiencia me ha mostrado es que, y allí una diferencia con la serie, la casualidad, el caos y lo imprevisible puede influir mucho más de lo que parece. Sin menoscabar el peso de las intrigas cortesanas, los murmullos y rumores, las trampas y traiciones; las operaciones mediáticas;  la cara del amigo que se convierte en enemigo y daña el alma; las acechanzas de los otros poderosos...En fin.
Broadwalk Empire
El juego del poder en el que se juega la vida, pura adrenalina, Vida y Muerte, (como en Game of Thrones, Boardwalk Empire, El Padrino) que no nos priva de cachetearnos con la espantosa crueldad de la guerra y la injusticia, la trampa y el engaño que el poder requiere.
¿Y qué quiere el Poder poder? Dice Foucault en esta entrevista: "-Alcanzar la inmortalidad es la máxima aspiración del poder. El hombre sabe que es destructible y corruptible. Se trata de taras que ni siquiera la mente más lógica podría racionalizar. Por eso el hombre se vuelve hacia otras formas de comportamiento que lo hacen sentirse omnipotente. A menudo son de naturaleza sexual."
Otra vez la Gloria, quizá, el Reino.
(Pocos, muy pocos son los que lo logran, eso del Poder y la Gloria.  Es decir, que a través de ellos, de su obra, podamos contemplar la gloria que emana del Creador. Pienso en Evita...)
Y si bien es cierto que nadie sin ambición de poder y astucia e inteligencia política llega a ciertos lugares, no es menos cierto que a veces los acontecimientos crean condiciones muy extrañas que ponen a los sujetos en situaciones impensadas.Porque sencillamente un Frank Underood, sin votos y no muy visible, decidió eso.

*novela de Graham Greene, 1940.

martes, 25 de febrero de 2014

Si supiera cómo

Carlos Alonso, serie Camitas, 2012, acuarela sobre papel
Si supiera cómo decirlo no escribiría,
tal vez me dedicaría al dibujo o la pintura o tal vez sólo caminaría por ahí,
hablando con los desconocidos y cruzando las fronteras que la palabra no habilita.
Aunque intuya, sugiera y quiebre.

Si supiera más cosas importantes,
si supiera algo
olvidaría tantos momentos y personas que ocupan espacio y pesan en la espalda.

Y me tiraría panza arriba a dibujar con las nubes que hoy arrastra el viento sur.
Compondría melodías
y me acostaría con algún extraño que me guiñara el ojo en una parada de micro o en una librería de usados, en una gran ciudad lejos de casa donde todo suceda con rapidez y no deje huellas.
Y no tendría este nudo en la garganta cada vez que los veo a esos pibes chorros, tan pibes.
Ni este olor a puerto, putas y pobreza adherido en el pelo desde hace décadas.

jueves, 20 de febrero de 2014

Al menos te prometo

Un día vengaremos a todos los muertos
(a todos todos, los que fueron asesinados, los que murieron de hambre, de pena, de injusticia y de enfermedad, los que se acostaron a dormir y al tratar de abrir sus ojos para el día nuevo ya no vieron luz)
y liberaremos a todos los esclavos
(en especial a los niños y a las niñas martirizados y violados)
y cantaremos una marcha mientras avanzamos encolumnados, caminando con los pies desnudos sobre un frescor de pasto ordinario, en verano.
Todo eso,
te
prometo.
Pero si no puedo cumplirte, si no puedo nada, si apenas puedo con este cuerpo mío tan obstinado,
al menos te prometo que
meteremos los pies en la espuma iodada del mar
fumaremos un cigarrillo juntos, sin hablarnos,
mirando al horizonte de ese indomable océano que nos trajo y nos llevará de vuelta
a lo profundo del abismo
W. Turner, marina
del que todos nacemos.

Como si te viera

Como si te viera detrás de una copa de vidrio ordinario
la luz de la ventana y un poco de vino tinto presentan recortes y obturaciones y yo
ya no puedo decir con certeza nada de lo que veo.
Ya no sé
si esa mirada tuya que una vez creó en mí un momento definitivo
(pesado, denso como un gobelino de castillo medieval  y a la vez indispensable como respirar, comer, besar)
o si solo es una mancha parduzca como otras manchas
angulares y deformes
vagas
confusas.
Si es por lo que leo
si sueño despierta e imagino cuando duermo.
Si es por lo que miro,
los cuadros, las series, las fotos que quedan cuando el barro se va.
Será que la vida se escurre como el agua y pesa como piedras
a veces.
Veo, miro, observo y de aquella mirada
no queda más que un recuerdo lacerante
como si acabara de quemarme o lastimarme la piel
como si lo que pasó una vez pudiera repetirse y como si las cosas que vemos
y olvidamos
tuvieran sentido.

lunes, 17 de febrero de 2014

Ron Mueck y la metáfora encubierta

Vamos con R, S y J a ver la muestra del artista australiano Ron Mueck, en Buenos Aires. Más precisamente, en La Boca.
Considerado como uno de los artistas más destacados del llamado hiperrealismo, Ron Mueck creció "en la fábrica de juguetes de su padre, de ahí trabajando desde televisión, efectos especiales en películas, hasta imágenes animadas en publicidad, hasta que llega a ser escultor a tiempo completo." (Fuente: Taller de Crítica Cultural)
 ¿Es acaso el hiperrealismo, o el realismo, sinónimo de "realidad"? ¿Cuántas veces la historia del arte y la crítica cultural se hacen, hicieron y harán estas preguntas? ¿Hay algo objetivo, acaso, que pueda ser captado, representado, subjetivado por vía sensorial?
Woman with shopping, 2013
El nivel de detalle en las obras de Mueck es realmente impactante. Como los tamaños. Nada hay de real en la pareja gigante de ancianos en la playa, cuyos cuerpos viejos y relajados parecen conocerse y sostenerse con el entendimiento la materia que se acomoda en el espacio vacío, de la materialidad que sabe, como la escultura de Mueck, más de sí que el propio discurso acerca del cuerpo. Y asombrados, nosotros, ante la maravilla de estas obras, exclamamos: "¡Parecen reales, cómo si los pudieras tocar!". Creemos en ellos, como de niños creemos en los juguetes, y su capacidad de trasladarnos a otros mundos. Entonces nos detenemos ante los poros de la piel en la cabeza gigante, los pelos, las pestañas, las arrugas en unos labios que ningún ser humano tendría, tan solo por lo irreal, (pero tan verosímil, casi palpable), de su desmesurado tamaño...
Man in boat, 2002.
¿Acaso hay realismo en la mujer del afiche que desnuda, cual deidad dionisíaca o enferma mental campesina, carga ese hato de ramas que laceran su piel, blanquísima?
La desolación que surge en la desproporción de tamaños, en la desnudez y en la posición encorvada, entregada, del hombre del bote, no es acaso toda una propuesta estética que no se ajusta a ninguna otra realidad que no sea la del diálogo entre el artista y el espectador por medio de su obra?

La mirada algo ausente de la mujer que carga a su bebé por delante, sin comunicarse con él con la mirada, mientras porta las bolsas de la compra, tan urbana, tan perdida, tan sola en su ensimismamiento...El gesto impotente y sorprendido del adolescente herido que sangra, el chico negro que parece haber sido cortado en una pelea callejera, suspendido para siempre en la eternidad del momento...Casi un arquetipo del guerrero urbano actual, que debe sobrevivir a la violencia. (De paso, respecto al montaje y la curaduría, ¿no está mal montada esta obra que no se puede recorrer en su totalidad, o se trata de un requerimiento del artista?)
¿No hay algo de happening en lo que ocurre en las salas de la Fundación Proa, en los movimientos, poses y expresiones del público que, como cuerpos al fin, intervienen el espacio lo mismo que las esculturas pequeñas o gigantes?
Drift, a la deriva, 2009.
¿Y es posible una obra como esta, Drift,  en el arte occidental, que no remita a una crucifixión? El crucificado  humano y del sacrificio del pollo (Still life, 2009), ¿qué vemos sino la pura metáfora y la contundencia material que la vehiculiza?
Nos hacemos estas preguntas, lo mismo que nos preguntamos por la técnica, por la vida del artista, por las cosas que nos pasan al recorrer la muestra. Observamos las figuras que encarnan instantes en la eternidad de momentos tan distintos de la vida: nacimiento, adolescencia, juventud, adultez, maternidad, vejez...Soledad, algo de la desmesura de la locura de quien se entrega a lo salvaje en la naturaleza.
Nada es igual, y aunque apenas lo notemos, algo en el mundo ha cambiado, hay obra, hay nuevos mundos. Reales, imaginados, imaginarios, proyectados. Porque como dice una cita que utilizan en la muestra, sabido es que "Dios y el Diablo están en los detalles. Según afirma el crítico Robert Storr, curador de la muestra, "el verosímil nos toca demasiado de cerca."

Toda pasión apagada

All pasion Spent, es el título original de esta novela inglesa de una de las escritoras del Grupo Bloomsbury, Vita Sackville West (1892-1962), a quien Virginia Woolf dedicó su Orlando.
¿Es posible no abalanzarse sobre un libro que se titula así?
No para mí. Tal vez por eso emerge a la superficie, victorioso, de entre la pila de libros pendientes de lectura, préstamos y regalos generosos de la post inundación. En este caso de PM, que lee todo, conoce a todos y mira todo. Está esperando hace unos meses imponerse a lecturas que surgen del capricho, las necesidades del trabajo, el estudio para las clases y las correcciones u obras que han generado más ansiedad, que se han impuesto por recomendaciones efusivas, préstamos con plazos más perentorios, las extrañas combinaciones de cómo se vinculan los acontecimientos, los deseos, los libros que leemos en un momento y no en otro.
Viuda a la edad de 88 años de quien fuera un marido autoritario, encantador e importante (ex Virrey del Imperio en la India, diplomático y político) Lady Slane se ve al fin emancipada de su esposo y sus seis hijos, todos mayores de sesenta.  
La "pobre mamá" al fin puede liberar sus pensamientos, tomar las riendas de su vida, elegir dónde vivir y regodearse en reflexiones que la han acompañado, aunque reprimidas, siempre, como la sensación de que "los acontecimientos tenían como consecuencia resultados aparentemente inconexos." (2005, 61). Tampoco parece muy dispuesta, para el asombro de sus hijos que siempre la han visto dócil y obediente bajo el mando del padre, a aceptar su propuesta de vender su casa para dejarse cuidar por ellos. En cambio, decide vender y mudarse a una alejada casita en Hampstead, para vivir lo que le quede a su manera, sin verse forzada a cumplir ninguna convención ni a hacer lo que se espera de ella. Elige, al fin dueña de esa posibilidad, recuperar sus sueños y hacer renacer, si es posible, la pasión perdida bajo el peso de las convenciones de un matrimonio victoriano y una pertenencia aristocrática. 
En la contratapa de la edición argentina de Alfaguara de 2005 (la primera es de 1931), Rosa Montero sostiene de la escritura de Vita: «Toda la elegancia, toda la ironía y, bajo una tersa superficie, una buena dosis de veneno. Una lectura muy sabrosa.»
Vita Sarkville West
La novela comienza con la muerte de Lord Slane, baluarte del Imperio. Le sobreviven su anciana viuda, seis hijos mayores y numerosos nietos ya adultos. Pero Lady Slane tiene sus propios planes: la sumisa esposa y complaciente madre quiere, al fin, vivir su vida. Con una escritura elegante e irónica, con ese estilo sarcástico de la literatura  inglesa del siglo XX temprano, la autora crea un clima íntimo, algo romántico e idealista, en que los detalles, los silencios, los gestos, hablarán más que las voces y los diálogos de los hermanos que se disputan el hacer con "la pobre mamá" las cosas al modo de cada uno.  
Con las limitaciones físicas, pero también la serenidad y  la libertad de 
hacer lo se quiere, la protagonista de la novela parece decirnos que a pesar de la pruebas de la vida, puede haber una revancha. Una oportunidad de ser libres. La posibilidad de sustraerse al poder con el cual a veces nos tiranizan y oprimen ciertos vínculos familiares; nos ofrecen falsas elecciones, para que nos sintamos responsables (también culpables) incluso de aquello que no hemos sido en absoluto libres de decidir. A pesar de las renuncias y sacrificios que en nombre del deber y de un modelo familiar esclavo del que dirán se hacen, bajo el nombre del "amor filial", que parece gritar al final de la vida que no puede ser sinónimo de tanto dolor,  tanto egoísmo e imposición de unos sobre otros. 
Khaleesi y uno de sus pequeños dragones (Game of Thrones)
Tal vez por su condición de lesbiana en la Inglaterra victoriana, Vita Sackville West comprende en cierta forma, y denuncia con su elegante estilo, lo opresivo de vivir de acuerdo a los deseos y necesidades de otros, las convenciones de una sociedad en la que no hay lugar para todos, ni reconocimiento ni respeto por las elecciones que no se comprenden. Pero también por su pertenencia a un linaje aristocrático y su matrimonio con un destacado diplomático, Vita puede permitirse ser quien es mucho más que otros, incluso, que su amada y admirada Virginia Woolf. 
Tal vez por eso, en pleno disfrute de la lectura, mientras a la noche me trago unos tras otro, deleitándome como si bebiera un vino atesorado por sabios bodegueros, los episodios de Game of Thrones, no puedo dejar de pensar en que esa es la vida de la mayoría de los seres humanos. ¿O acaso toda vida no requiere ser sostenida por la pasión de quien la vive? ¿O acaso alimentar a esos pequeños dragones de fuego no requiere de muchos esfuerzos, que en la mayoría de las vidas no encuentran recompensa alguna? ¿Y no está el margen de elección siempre condicionado, la libertad del sujeto, incluso la ética de la responsabilidad, por la situación material, los brutales niveles de injusticia y la estructura familiar en la cual nacemos?

lunes, 10 de febrero de 2014

Herejes, de Leonardo Padura


Es un esquema clásico de la novela de suspenso: un personaje que contrata, en 2007, los servicios del detective Mario Conde a fin de descubrir enigma representado en un objeto muy valioso. Nada menos que un Rembrandt original traído de Europa por una familia judía que huye del nazismo hacia Cuba a fines de los 30, desaparecido de la isla misteriosamente y que acaba de salir a subasta en una galería inglesa.
Desde ese presente situado en 2007, la trama avanza y retrocede en el tiempo en varios saltos que se van relacionando por medio de la pintura, el judaísmo y sus diversas herejías; los exilios y sufrimientos que la intolerancia acarrea y la riesgosa búsqueda de la libertad. Viajaremos con los Kaminsky y sus antepasados desde la actualidad, a los años 40; iremos a la Cuba pre y post revolución, a la Polonia del Siglo XVII y  la Nueva Jerusalén (Amsterdam), en los años en los que el Maestro Rembrandt deslumbra a sus contemporáneos con un arte que a él no lo salvó de la ruina ni de la pena, pero que hoy se vende por millones de dólares.
En una Nota del Autor anticipatoria, así como en las citas de Hauser, del Talmud y una sentencia rabínica (cuya presencia molestaría probablemente a algunos editores que están enemistados con este recurso), Padura aclara que la inspiración para esta novela le surgió al leer documentos como Javein mesoula (Le fond de lábime), de N.N. Hannover, que narra la historia de uno de los más tremendos pogromos de los que se tenga noticia antes del siglo XX: las matanzas de judíos a manos de los cosacos y tártaros entre 1648 y 1653 en Polonia.
La historia se funda, también, en otro hecho histórico: el malogrado viaje que en 1939 realizó el barco S.S. Saint Louis, con novecientos judíos a bordo que habían logrado huir de Alemania. (Barco, viaje y situación que inevitablemente me recuerda al comienzo de Lisboa. Un melodrama, de Leopoldo Brizuela, publicada.)
Objeto de negociaciones entre diversos funcionarios y diplomáticos corruptos en la isla, en EEUU y en la misma Alemania nazi, la nave pasó varios días fondeado frente al puerto de La Habana en espera de que se permitiera el desembarco de los refugiados, observado con ansiedad y enormes expectativas por los familiares que los esperan en la Cuba pre revolucionaria. Y los visitan con sus pequeños botes cargados de una desesperada esperanza. Entre ellos, el pequeño Daniel Kaminsky y su tío José (rebautizado en la isla Pepe Cartera), que aguardan en el muelle a que desciendan los padres y la hermana de Daniel. Su esperanza se basa en el conocimiento secreto del tesoro salvador, pasaporte a la vida por medio del soborno a funcionarios: el pequeño retrato atribuido a Rembrandt que pertenecía a los Kaminsky desde el siglo XVII. La leyenda familiar atribuía su origen a un legado de un extraño judío seferadí que, un poco  antes de las tremendas matanzas en Polonia, llegó allí desde Holanda transportando varios lienzos entre los cuales portaba el retrato de un Cristo con cara de judío. ¿O la prueba de un pecado: un judío que se atrevía a representar figuras humanas? O algo quizá peor. 
Pero el fin trágico de los judíos del Saint Louis es conocido: el plan de los Kaminsky, como el de casi la totalidad e los refugiados, fracasó y el barco regresó a Alemania, llevándose consigo toda esperanza de reencuentro y futuro. Casi todos los judíos del viaje volvieron a los lugares de los que habían partido y si bien Holanda recibió a algunas familias, el destino terminó por encontrarlas y casi ninguno sobrevivió a los campos de exterminio alemanes.
Muchos años después, en 2007, cuando ese lienzo sale a subasta en Londres, el hijo de Daniel, Elías, viaja desde Estados Unidos a La Habana para aclarar qué sucedió con el cuadro y con su familia. Sólo alguien como el investigador Mario Conde podrá ayudarle para averiguar que a Daniel le atormentaba un crimen. Y que ese cuadro tiene mucho para revelar del pasado familiar, las identidades y las herejías, antiguas y nuevas, como las expresiones de las tribus urbanas, las culturas juveniles emergentes de la crisis que los 90 y la caída de la URSS. Nacidas de la generación perdida, como el autor, que creció creyendo en la revolución y hoy ya no creen en casi nada. Tan solo en la amistad, el sexo, la literatura
y el arte, tal vez porque ahí la lealtad todavía resiste a los avances de la corrupción, la traición y el desencanto.
La recomendación de lectura se la debo a Daniel H, quien parece habitar, como yo misma, el mundo de los herejes, siempre en los bordes de todos los territorios demasiado cerrados: protegidos, seguros, pero asfixiantes. Quizá el tema de la novela, junto al cuadro y las herejías (separar, elegir, decidir, interrogarse acerca de la verdad), sea la búsqueda de la libertad y el precio que se paga por eso. En ese camino se puede perder a la familia, o la patria, o el dogma, el sistema de creencias, el calor de un hogar que puede someternos, pero nos preserva del miedo que supone vivir con nuestras propias decisiones y reglas.


Padura, Leonardo, Herejes, Tusquets, España, 2013. 520 pág.